Entrevista a Pedro Montes por Miguel Riera
Economista del Servicio de Estudios del Banco de España hasta hace poco, Pedro Montes es autor, entre otros libros, de La historia inacabada del euro. Desde hace años, Montes ha venido llamando la atención sobre el elevado déficit exterior español, el corsé del euro y el inevitable advenimiento de la catástrofe. El tiempo le ha dado la razón.
‑Tú has dicho que vamos a tener que escoger entre la catástrofe y el caos. ¿Qué quieres decir exactamente?
‑Hace unos meses, el premio Nobel de Economía, Paul Krugman, cuyo conocimiento de la economía española debe ser limitado, manejando algunos datos básicos ‑el déficit exterior y la tasa de paro fundamentalmente‑ e insertándolos en su esquema teórico, llegó a la conclusión de que nuestra situación era insostenible. Sobre el papel no veía más que dos soluciones. Una, que consideraba realista, Nevar a cabo un ajuste interno drástico y prolongado de precios y salarios, para ganar competitividad, que yo juzgaba como una catástrofe, dado el nivel desolador del paro. Y otra, impensable para Krugman, pero casi inevitable para mí, que sería desligarse del euro y, con un nueva moneda devaluada, intentar recuperar competitividad. Como no se me escapan los problemas de todo tipo que una salida del euro implica, a eso le llamé la alternativa del caos. Por supuesto, estoy dispuesto a calificar a ésta de catástrofe y a la del ajuste de caos, pero con este juego de palabras y utilizando la autoridad de Krugman sólo trato de expresar lo tenebrosa que veo la situación de la economía española. Con un matiz además en estos tiempos de zozobra, desconcierto del Gobierno, agitación mediática, histeria de los mercados y comparaciones odiosas con Grecia, Portugal o Italia: el caos y la catástrofe no es un dilema teórico para optar, sino que en cualquier momento se puede desencadenar un proceso financiero convulsivo, vamos, me refiero a un crash, con consecuencias incontrolables donde no quepa hablar de elección. Las grandes crisis tienen esos peligros.
‑¿Qué rasgos o cifras fundamentales te llevan a calificar nuestra situación económica de tenebrosa?
‑Para mí, el fondo de los problemas tiene que ver con el creciente y descontrolado déficit de la balanza de pagos, el llamado déficit por cuenta corriente, que se ha ido acumulando desde la creación del curo. Aquí reside la particularidad de mi análisis, tan distinto a las opiniones mayoritarias. Como era fácil de pronosticar, la economía española no estaba en condiciones de soportar la competencia de economías más potentes con un tipo de ‑cambio inamovible. Si a ello se une la euforia y el desquiciamiento económico general que ha tenido lugar, entre otras razones porque se pensaba que con el euro no había que preocuparse del déficit exterior ‑algo milagros( se había inventado‑ y la financiación externa llegaba sin lími te, el país se fue endeudando a un ritmo enloquecido, con la instituciones financieras como principal canalizador de lo fondos exteriores hacia los agentes económicos internos, entre ellos, y lo resalto, los promotores y especuladores inmobiliz rios. La posición exterior deudora bruta de la economía española ha pasado de 0,8 billones de euros en el año 2000, a 2, billones en el tercer trimestre de 2009.
‑ ¿Tres veces más?















