Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Pensar la transición al socialismo

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 27 marzo 2010

Por: Amílcar J. Figueroa S.

(Delegado al Congreso del PSUV)

El Congreso Extraordinario del PSUV ha iniciado la discusión sobre las Bases Programáticas para la presente etapa del desarrollo de la Revolución Bolivariana. Este es un tema central que supone una rica elaboración teórica. Se trata nada más y nada menos de prefigurar la vía venezolana para la edificación del socialismo en las condiciones del siglo XXI.  Al respecto, varios camaradas en distintos trabajos han asomado ideas para un debate que seguramente no se agota en este Congreso, tanto por la complejidad del tema como por la especificidad de la sociedad venezolana.  Entre otros, han expuesto elementos para el abordaje del problema: Jorge Giordani en La transición venezolana al socialismo; Jesús Faría en Economía Política de la Transición al Socialismo; Alí Rodríguez en Servir al Pueblo (el desafío socialista); Antonio Aponte en Transición: reformismo, Revolución y mercado; Sergio Sánchez y otros han elaborado varios materiales donde se aborda el tema; Haiman El Troudi y Jesús Faría en Propuesta de Bases Programáticas y Doctrinales, y por supuesto, las ideas que por distintos medios ha expresado el Cmte. Chávez.

Ordenar este debate, a nuestro juicio, pasa por esclarecer el punto exacto al cual ha arribado la sociedad venezolana en su desarrollo histórico -conocer en profundidad la sociedad que vamos a transformar- (Ver: Alí Rodríguez y Alberto Muller Rojas, El Socialismo venezolano y el partido que lo impulsará -ideas para el diálogo y el debate-); revisar el aporte teórico que ha dejado para uso de la humanidad el pensamiento socialista a lo largo de dos siglos y medio de forja -ir a los clásicos; ver cuáles cuestiones han de retomarse en las condiciones actuales y obviamente, estudiar los aciertos y errores de la experiencia práctica de la construcción del socialismo en aquellos países que han vivido tal proceso. Supone además, dando por un hecho indiscutible el carácter antimperialista de la Revolución Bolivariana, descubrir la mejor manera de cómo se combina éste con las tareas socialistas. Todo ello partiendo de la base que el socialismo es en todo caso una etapa de transición hacia una sociedad superior.

En cuanto al carácter anticapitalista de nuestro proceso podemos decir que se ha expresado en forma débil hasta ahora,  en el proyecto de estatutos que se nos ha presentado.´

Bien, al reflexionar sobre la transición, se nos cruzan de inmediato varios interrogantes y/o dilemas, a saber:

I.- ¿Se puede avanzar al socialismo sin que antes se produzca un salto en el desarrollo de las fuerzas productivas, que permita a su vez satisfacer las necesidades materiales de toda la población?

II.- Las experiencias socialistas que han conocido tal desarrollo de las fuerzas productivas, caso de URSS en el pasado, caso de China en la actualidad, ¿han roto con la lógica del capital?

III.- ¿La instauración del socialismo es sólo el cambio de propiedad de los medios de producción?

IV.- Un dilema que ha enfrentado el pensamiento socialista de todos los tiempos: ¿es posible la supervivencia del socialismo si éste es gobierno en un solo país?

Por otra parte, pensar la transición socialista en la Venezuela actual nos lleva a puntualizar que, sin obviar aquella sentencia temprana de Carlos Marx en el Prólogo a la Primera Edición de El Capital: …“Aunque una sociedad haya encontrado el rastro de la ley natural con arreglo a la cual se mueve (…), jamás podrá saltar ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo. Podrá únicamente acortar y mitigar los dolores del parto“ (1); tener presente que el proceso bolivariano se desarrolla bajo circunstancias que objetivamente le permitirán superar el etapismo. Ellas son: primera, nuestra Revolución surge en la etapa senil del capitalismo, en momentos cuando se ha iniciado el declive de la sociedad burguesa global; segunda, la Revolución venezolana es la única experiencia de su naturaleza que se desarrolla en un país con riqueza material. Ello le permite ahorrarse algunos pasos que a otras sociedades le costó un largo período histórico y enormes sacrificios; ejemplo de ello, al poseer Venezuela grandes reservas de recursos estratégicos en el mundo de hoy, estos pueden permutarse fácilmente por tecnología, maquinarias, insumos, en muchas latitudes del mundo, dándonos una importante ventaja frente a las limitadas fuentes de tecnología que tuvieron otros países con experiencias socialistas; tercera, varios países del continente viven en la actualidad procesos socializantes de distinta cualidad.

Al lado de estas circunstancias, indudablemente ventajosas para enrumbar la transición, existe una serie de problemas que necesariamente deben superarse para que el Socialismo en Venezuela sea una realidad tangible. Entre otros destacan:

1.- superar el rentismo y avanzar hacia una economía productiva

2.- superar la cultura petrolera y el “modo de vida americano” tan arraigados en nuestro país

Aparece entonces otro problema a resolver: ¿sobre cuál o cuáles fuerzas sociales descansa la construcción del socialismo en Venezuela? o ¿es acaso la transición un producto del ejercicio puro del voluntarismo? Se precisa, por tanto, establecer cual es el sujeto histórico del cambio, a sabiendas de que hasta ahora la Revolución Bolivariana se ha apoyado fundamentalmente en los excluidos durante años de dominación de un capitalismo rapaz.

Sobre este aspecto, hemos señalado en otros escritos: debemos revisar a la luz del examen de la composición de clases de la sociedad venezolana del presente,  cuáles son los actores sociales que sobre la base de un salto en la conciencia han de constituirse en el sujeto histórico que profundice los cambios. Revisión que, aún cuando tenga claro el papel fundamental de los trabajadores y trabajadoras en este bloque de fuerzas, debe despojarse de todo dogmatismo y no desconocer que la clase trabajadora del siglo XXI posee una amplitud distinta a la que poseía para la etapa del capitalismo industrialista en la cual Marx y Engels escribiesen el Manifiesto Comunista. Por lo demás, no debemos ignorar que el capitalismo globalizado explota, margina u ofende a casi la totalidad de los sectores sociales y ello incide en la conformación del sujeto histórico, tal como lo señala François Houtart: “Durante mucho tiempo la izquierda lo identificó de manera exclusiva con la clase obrera. Históricamente esto no había sido falso y los análisis de Marx lo mostraron. Pero lo que caracteriza en la actualidad a la hegemonía del capital no es solamente la sumisión real del trabajo por el capital, es decir, la sumisión dentro del proceso de producción, sino el hecho de que toda la población del mundo (cuya gran mayoría no es asalariada) está sometida a una sumisión formal del trabajo por el capital, es decir, a través de procesos jurídicos y financieros. Esta es la especificidad de la mundialización neoliberal, expresada por el Consenso de Washington y ningún grupo humano escapa a ella.” (2)

También deben tomarse en consideración las características de la composición morfológica de las clases sociales derivadas de la especificidad del desarrollo del capitalismo en Venezuela; con 100 años de economía petrolera rentista. De tal forma, al lado de los trabajadores y trabajadoras en Venezuela, existe un conjunto de capas sociales susceptibles de formar parte del sujeto de cambio.

Cuando estudiamos estos problemas debemos estar contestes de que nunca será exceso contemplar algunas advertencias de los pensadores clásicos. En una sociedad con las capas medias más numerosas de América Latina, tendencia que se ha incrementado en estos 10 años de Revolución, se hace necesario afinar una política hacia ese sector; teniendo siempre presentes los señalamientos expresados en el Manifiesto sobre el comportamiento de tales sectores frente al hecho revolucionario. Otro aspecto que debe ser objeto de estudio es la conformación en la Venezuela de los últimos 50 años de una lumpen burguesía cuya mentalidad es, objetivamente, un obstáculo para la Revolución.

Ahora bien, vistas posibilidades y dificultades de la transición, nos tocaría revisar ¿hasta donde hemos avanzado en estos 10 años de proceso y cuáles ideas marcan el debate de este período de transición?

En otros trabajos hemos pretendido resumir lo que la Revolución Bolivariana ha significado hasta el presente en los siguientes términos: “La Revolución Bolivariana irrumpe en un momento que (…) hemos denominado “de sequía revolucionaria”; era tal vez el momento de mayor retroceso de la Revolución mundial, y en lo particular, en la sociedad venezolana se vivía una gran podredumbre política. El primer mérito de este proceso fue precisamente la dignificación del hecho político; pero la cosa no quedó allí, ella trajo aparejado el rescate de la pertinencia de los cambios políticos, de la Revolución en el continente. Y más recientemente, ha logrado reinstalar a escala planetaria el debate sobre el socialismo. Esto -parafraseando al propio Chávez: no es poca cosa.

El proceso ha recorrido un camino complejo, inédito, como complejo y atípico ha sido el desarrollo del capitalismo en la sociedad venezolana, en el cual ha estado permanentemente enfrentada la Revolución a la Reforma. Eso marca las distintas etapas -ya diferenciadas- por las cuales ha transitado. Ahora está planteada la construcción de la sociedad socialista y se hace necesario un proceso de elaboración teórica y ejecución práctica” (3), donde por un lado la propiedad social gane espacio frente a la propiedad privada, egoísta, y por el otro la lucha por la hegemonía cultural conozca de un permanente ascenso de la cultura revolucionaria.

Para una correcta aproximación al problema de la transición al socialismo debe tomarse en consideración que en una etapa temprana el proceso Bolivariano se planteó saldar la enorme deuda social acumulada durante las décadas de la democracia burguesa, pero el combate contra la exclusión social no implicó, en aquellos momentos iniciales, medidas que en propiedad pudiésemos calificar como socialistas. Tal vez podremos ubicar el comienzo de la transición al socialismo en el momento cuando se pone de manifiesto por parte del líder de la Revolución y Jefe de Estado la voluntad política de transferir parte del ingreso petrolero al fomento de la economía social.

Transcurridos estos años se hace necesario, entonces, hacer un balance de cómo va la construcción de la economía social. Debemos revisar desprejuiciadamente los aciertos y errores en el fomento de esa economía. Y ahí constatamos que al lado de experiencias exitosas, pongamos por ejemplo el Consejo Comunal Agroalimentario NUDE “Palito Blanco” en el Municipio Lossada del Estado Zulia, que agrupa a más de un centenar de familias alrededor de procesos agroindustriales (cría de cerdos, producción de embutidos, cultivos), donde a la vez de obtenerse excelentes resultados en cuanto a la productividad, se ha avanzado en lo referente a que ya la mayoría de las iniciativas productivas se desarrollan como propiedad social; sin embargo, registramos que en muchos otros espacios -particularmente aquellos núcleos, cooperativas, comunas donde la actividad económica no se orienta a los sectores primarios-, los resultados dejan mucho que desear, reduciéndose en muchos casos a actividades temporales.

Ahora bien, ¿cuáles son las ideas sugeridas para adelantar la transición? Alí Rodríguez, entendemos nosotros, plantea las cosas de la siguiente manera: partamos de resolver el problema del agro para lo cual nuestro país posee inmejorables condiciones: abundantes suelos fértiles, agua, energía, comunicaciones, posibilidades de apoyo financiero por el Estado, posibilidades para la producción de fertilizantes químicos, entre otras.

Captamos en sus planteamientos que el desarrollo de la agricultura es una especie de pre-requisito que generará las condiciones para consolidar el socialismo en Venezuela. Algo así como emprender el camino recorrido por los países del capitalismo clásico para luego emprender las tareas socialistas. En sus propias palabras: “…un proceso capitalista de esas características (se refiere al venezolano) ha dejado pendientes como tareas inevitables, hablando en términos escolares, como ‘una materia de arrastre’ que, además, tiene prelación, la cuestión agraria y,  con ésta, la cuestión del mercado interno y el desarrollo industrial”…(4). No amplía bajo cuáles relaciones sociales de producción se resolverá la cuestión agraria.

Por su parte, Haiman El Troudi y Jesús Faría han presentado al Congreso del Partido una propuesta programática. Es una búsqueda que coincide con Alí en cuanto a la necesidad de la expansión de las fuerzas productivas. No puntualizan por dónde debe empezar ese proceso de industrialización, dejando constancia de que en esta etapa …”el desarrollo de las fuerzas productivas estará intoxicado por determinantes capitalistas”…(5) Incorporan aspectos dignos de revisión como “el mercado en el socialismo del siglo xxi”, “la base económica comunal”, “el comercio, los intercambios equivalentes y el consumo”, “el eco socialismo”; siendo a la vez ortodoxos en el tratamiento del sujeto histórico.

En varios ensayos breves, Jaime Corena, Rafael Enciso y Sergio Sánchez hablan de iniciar el Transito al Socialismo concentrando esfuerzos, recursos y creatividad en los eslabones estructurantes de las redes productivas y, bajo un proceso de planificación centralizado, desconcentrado y democrático, asignar cuotas de mercado al resto de los sectores capitalistas, cooperativos, familiares y mixtos de la economía (Período de economía híbrida), apalancándonos en la industria petrolera y el petróleo para la adquisición de tecnología necesaria.

En tanto, Antonio Aponte plantea acelerar el proceso, saltar etapas siendo categórico al afirmar: “Reafirmamos aquí la obligación de los socialistas: en lugar de andar buscando el socialismo por los rincones, debemos construir Zonas Socialistas. (…) La Clase Obrera sólo puede tomar la conducción de la Revolución en la práctica con el ejemplo, mostrando el camino, la nueva manera de vivir, de trabajar, los nuevos objetivos sociales, sólo así podrá dibujar un nuevo horizonte, conducirnos hacia el nuevo mundo. (…). De aquí se desprende que la Clase Obrera debe constituirse en columna vertebral de las Zonas Socialistas, zonas donde el Socialismo sea concreción. Allí debe haber hegemonía de la Propiedad Social de los Medios de Producción Administrados por el Estado Nacional, entrelazados con la Conciencia del Deber Social” (6)

Ese es el debate. Debemos afinar la conceptualización, porque con frecuencia en muchas consignas, opiniones, artículos, cualquier cambio, reforma, etc, es calificada de socialista. Ser cuidadosos. El estatismo no necesariamente conduce al socialismo. Algunas construcciones de naturaleza asistencialistas, tal vez necesarias para este momento y para las condiciones nuestras, que nos permiten palear la exclusión, no significa que son medidas socialistas. En este debate resurgirá con fuerza la polémica entre Reforma y Revolución y tengamos en cuenta que: “en realidad, la pugna entre posiciones revolucionarias y propuestas reformistas siempre ha estado presente en medio del proceso bolivariano, fenómeno poco advertido en tanto sucumbe frente al tremendo liderazgo del Comandante Chávez“(7) y él finalmente ha empujado las cosas hacia la profundización revolucionaria creciente.

Citas:

(1) Carlos Marx, El Capital, Tomo I, p. xv.

(2) Francois Houtart en Prólogo a Isabel Rauber, América Latina: Poder y Socialismo en el Siglo XXI, p.12.

(3) Amílcar Jesús Figueroa Salazar, “El imperialismo será cada vez mas violento” entrevista en la página web de Ocean Sur

(4) Alí Rodríguez Araque, Servir al Pueblo, p.37.

(5) Haiman El Troudi y Jesús Faría, Propuesta de bases programáticas y doctrinales, p.18.

(6) Antonio Aponte, Transición: reformismo, Revolución y comercio, en VEA (18/03/2010)  pp. 20-21.

(7) Amílcar Jesús Figueroa Salazar, ¿Reforma o Revolución en América Latina? El proceso venezolano, p.8.

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