Fidel Ernesto Vásquez I.

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Ley del valor e independencia nacional

Publicado por Fidel Ernesto Vásquez I, en 12 marzo 2011

Por Iñaki Gil de San Vicente

Herria 2000 Eliza ha abierto una reflexión sobre el futuro del trabajo en el contexto de la crisis mundial. Hace falta este estudio para comprender el presente y para saber qué hacemos en el futuro. Ahora la parte de Euskal Herria bajo dominación española está entre las 40 zonas más ricas[1] de la UE las 286 existentes, pero tiene una tasa de paro del 13,83%, el 36,5% de los parados no reciben ayuda oficial alguna,el gasto de protección social está ocho puntos más bajo que la media europea, el 93% de los contratos nuevos son precarios, la tasa de temporalidad es de 8,6 puntos por encima de la media europea, el pueblo trabajador ha perdido 5,3 puntos de salario en los últimos 14 años, el 35% de los asalariado gana menos de 1100 € al mes y el 71% de las pensiones está por debajo del umbral de pobreza, 1,45% de la población controla el 44,78% de la riqueza, mientras que al 98,55% se reparte el 55,22%.

¿Quiénes son los responsables de esta angustiosa situación? ¿La “economía” a secas o el Estado como “forma política del capital”[2]? Sin duda, lo segundo. El Estado no es un ente pasivo, es una fuerza activa, y más en lo político, que es la quintaesencia de lo económico[3]. Por ejemplo, en 1997 el gobiernillo vascongado editó un insípido libro[4] en el que se recogían las ideas de la intelectualidad socialdemócrata. A. Touraine, volvió a repetir lo esencial de su idea sobre la sociedad post-industrial[5] anunciada en 1969, sin preocuparse porque había sido criticada como “engañosa”[6] por autores de la derecha civilizada de la época. A. Gorz también participó en el libro, repitiendo prácticamente lo mismo que en 1991[7]. M. Cetron[8], explicó que un robot sustituye a cuatro operarios todo el día, cometiendo un 1% de errores frente al 15% de los trabajadores, y los coches hechos por robots duran 90 meses contra los 42 que duran los hechos por trabajadores. Este investigador yanqui propuso recortar derechos laborales; educación tecnológica y abrirse a la tecnología extranjera; invertir en comercio y turismo, y pocos impuestos y muchas privatizaciones.

Este último autor ofreció una visión fieramente neoliberal con altas dosis de Schumpeter, comparada con otras que sólo denunciaban la “crisis laboral mundial”[9] sin proponer nada. O quecreaban pesimismo al sostener que nadie tenía respuesta ante la pregunta de “cómo hacer compatible con la era global la justicia social”[10]; o lo que peor, tras reconocer que se estában perdiendo decenas de miles de puestos industriales debido a la “globalización”, el mensaje no era otro que el de combinar la globalización con gobiernos socialmente responsables[11]. Y lo peor era cuando algún reformista huía de cualquier referencia al poder de clase mientras hablaba de“cambio radical en el mundo del trabajo”[12]. En los ’90 la socialdemocracia divagaba sobre la economía informatizada y desmaterializada[13]; sobre la supuesta “nueva economía” que había acabado para siempre con el capitalismo clásico, inaugurando el “postcapitalismo”[14], etc.; aunque no faltaron algunos estudios semi-críticos[15] sobre el deterioro y la precarización del trabajo. Releídos ahora estos y otros textos comprobamos su nulidad teórica y estratégica para no ya prever lo que se avecinaba sino siquiera para interpretar lo que entonces ya sucedía, y resistir un poco el contraataque burgués en vez de apoyarlo con todas sus fuerzas.

Pero no todo era desierto intelectual. La “crisis del trabajo” es efecto, entre otras causas, de la financiarización y mundialización del capital, y autores marxistas ya demostraron la larga base teórica[16] que confirmaba la solidez de método marxista ante la gravedad y complejizacióncrecientes de la explotación asalariada. El mito del “fin del trabajo” fue desmitificado al demostrarse que se ampliaba justo lo opuesto, el “trabajo sin fin”[17]. Se demostró que la destrucción del trabajo seguro y con derechos, y su sustitución por trabajos precarizados y sin derechos, incluso “invisibles” al estar en la economía sumergida, respondía a la contraofensiva del capital para salir de su crisis de fondo[18], a la vez que se llegaba a la raíz del problema: la incapacidad del keynesianismo y del marginalismo neoclásicopara conocer el funcionamiento del capitalismo[19]. Las intermitentes promesas del capital de que, por fin, saldremos de la crisis y entraremos en un eterno mundo feliz de pluriempleo y buenos salarios, han sido refutadas sin piedad[20].

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