Esa incisiva e irónica niña que supo ganarse el corazón de los argentinos y el mundo entero cumplió 49 años. “¡Paren el mundo, me quiero bajar!” , es una de las frases más recordadas de la eterna Mafalda.
El 15 de marzo de 1962 Mafalda surgió del trazo de su creador, Joaquín Lavado, más conocido como Quino. La famosa pequeña hizo su debut al ser presentada por su creador para una campaña de venta de lavadoras marca Mansfield, que nunca llegó a realizarse debido al rechazo de la empresa de línea blanca a la estrategia empleada por la agencia publicitaria.
Ante este fracaso publicitario, en 1964, Joaquín Salvador Lavado, que es el nombre real de Quino, decidió convertir a Mafalda en una caricatura que tuvo su aparición, primero, en el suplemento humorístico “Gregorio” de la revista “Leoplán” y, posteriormente, se publicó en la revista “Primera Plana”, donde Mafalda empezó a reflejar la conducta de la clase media ante diversos temas mundiales como la ecología, la democracia, los gobiernos totalitarios, la política, la educación, la familia y la sociedad en general.
Existen algunas contradicciones sobre esta niña, cuya ironía ante la vida es considerada para algunos la concreción de un pensamiento anarquista libertario, en el cual expresa su desilusión por el status que establecido en la sociedad y que es juzgado por ella como represiva, en cuanto a la imposición de una educación ideológica tradicional y contradictoria en muchos principios.
Para otros, Mafalda representa la ironía de un mundo contradictorio, una burla a una sociedad integrada por una clase media ingenua, que busca concretar un sueño del tipo estadounidense: una casa, una familia, un trabajo y hasta allí. Ese es el pensamiento de los padres de esta pequeña niña que será el juez del mundo por más de 10 años.
La última tira cómica de Mafalda, apareció el 25 de junio de 1973, ante la tristeza de sus fanáticos, pero dejando una huella profunda.
Al hablar del mundo de Mafalda, hay que recordar, que tiene seis años y tiene pensamientos utópicos e idealistas de construir un mundo más justo, donde se expresan las inquietudes sociales y políticas del mundo: Le gusta los Beatles, el Pájaro Loco y jugar con sus amigos en el parque. El papá, es un oficinista que trabaja para una compañía de seguros, conservador que no comprende los cambios que hay en el mundo. La mamá, representa una típica ama de casa de los 60, la cual abandonó su carrera de pianista para dedicarse al hogar.
Sus amigos: Felipe el soñador, ingenuo, tímido, perezoso y despistado, que vive eternamente agobiado por sus problemas de estudios.
Manolito, es otro amigo de Mafalda, representa al empresario, avaro de dinero, realista, materialista, ambicioso y no cree en las causas justas. En la escuela está considerado como el menos aplicado del salón. Susanita, la representante femenina de una clase media chismosa, intrigante, discriminatoria, racista y que sólo se preocupa por su imagen. A ésta la acompaña Miguelito, un ser dominado por su egocentrismo; enérgico, pero histérico y acomplejado, es el muchacho que vive rodeado por el mundo de la filosofía. Libertad, es la más pequeña del grupo de amigos, tiene una personalidad política incendiaria y contradice al sistema impuesto por la sociedad tradicionalista.
Por último queda Guille, el hermano menor de Mafalda, su nacimiento es considerado como un complemento de la personalidad de esta destacada niña.
Mafalda, es la ironía hecha niña. Su humor negro, su crítica contra una sociedad tradicional, que produce una sonrisa cómplice del lector, al considerar como verdadera sus burlas hacia un mundo dominado por las oligarquías que defienden sus intereses, a costa de la explotación, ya sea del ser humano o de los recursos naturales.
Su mensaje no ha pasado de moda. Mafalda todavía está allí, en los pensamientos de sus admiradores, que no olvidarán cómo una niña pudo arrancar a los lectores una sonrisa en momentos difíciles para el mundo, dando un mensaje, que si bien existe imperfección en nuestra existencia, también hay espacios para la felicidad.
Lo importante es que Mafalda no murió y sus historietas continúan vigentes y hoy día a quienes somos sus fanáticos se incorporan otros de las nuevas generaciones.