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Trotsky versus Stalin

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 13 febrero 2009

EHK-fidelvasquezPor  EHK -Euskal Herriko Komunistak

El Trotskismo es una tendencia dentro del marxismo y, por ende, del movimiento comunista internacional, desarrollada en gran parte por León Trotsky que, en términos generales, representa una contraposición a la visión que aplicó Stalin del marxismo-leninismo y a sus teorías sobre “socialismo en un solo país” y la “revolución por etapas”. Se sustenta, como principal motor teórico y político, en la Teoría de la revolución permanente. Otra característica que define la estrategia trotskista es el denominado “entrismo” en las organizaciones de masas de orientaciones socialistas, como forma de facilitar la inserción de los partidos adheridos a la IV Internacional en el movimiento obrero, atrayendo al sector más avanzado a su programa.

La lucha a muerte contra el trotskismo empieza con la política auspiciada por el estalinismo tras la muerte de Lenin. La fracción que encabezaba Stalin subordinó los intereses de la revolución proletaria en todo el mundo a los intereses de la URSS, representados por una nueva casta social, la burocracia, relativamente privilegiada en la Rusia aislada, atrasada y cercada por el imperialismo. Algunos principios del leninismo, como el del control de las masas sobre sus representantes, fueron abandonados.

Mucho se ha escrito sobre las dos tendencias- aparentemente opuestas- que han representado ambos pensadores y revolucionarios rusos. En el caso de León por lo que se ha difundido acerca de su tesis de la “revolución permanente” y en el de Stalin por la defensa ciega de la revolución soviética a costa de hacer orbitar en derredor suyo al resto de organizaciones revolucionarias de los demás Pueblos del planeta.

Decimos aparente contradicción, porque en realidad no hay tal. Para Trotsky “las fuerzas productivas actuales han superado hace mucho tiempo las barreras nacionales. La sociedad socialista es irrealizable dentro de los límites nacionales. Solamente una federación europea y después mundial de repúblicas socialistas, puede abrir el camino para una sociedad socialista armoniosa”. He aquí lo que dijo en la introducción a su libro La Revolución Permanente escrito en 1930: “La revolución socialista empieza dentro de las fronteras nacionales, pero no puede circunscribirse a ellas. La circunscripción de la revolución proletaria dentro de un territorio nacional no puede ser más que un estado transitorio de cosas aunque, como lo demuestra la experiencia de la Unión Soviética, sea prolongado. En una dictadura proletaria aislada, las contradicciones interiores y exteriores inevitablemente crecen junto con los éxitos. De continuar aislado, el Estado proletario más tarde o más temprano caería víctima de dichas contradicciones. Su única salida estriba en el triunfo del proletariado de los países más adelantados.” Todos los análisis le llevan a la misma conclusión: sin revolución en occidente el bolchevismo será liquidado por la contrarrevolución interna, la intervención extranjera, o una combinación de ambas. Lenin subrayó una y otra vez que la burocratización del estado soviético no era un problema teórico u organizativo, sino el comienzo potencial de la degeneración del estado obrero. La implosión acaecida en 1989 en la URSS y en todo el bloque denominado “de socialismo real” parece concederle razón en sus planteamientos.

Aunque parezca mentira, y a manera de paréntesis, también Stalin repitió esas ideas en 1924. En su libro “Lenin y el Leninismo” afirmó que “para derrocar a la burguesía, los esfuerzos de un solo país bastan. Pero para la victoria definitiva del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, y especialmente de un país agrícola, como lo es Rusia, no son suficientes. Para eso son necesarios los esfuerzos de los obreros de un cierto número de países muy desarrollados”. Pese a lo que dijo esa vez, Stalin enarboló más adelante la tesis del socialismo en un solo país, confirmando la ruptura con la tradición marxista y el afianzamiento del poder de la burocracia sobre el resto de la sociedad. Mucho se ha escrito sobre la derrota de Trotsky, pero lo cierto es que más que a Trotsky, fue a la Revolución Rusa a quien Stalin derrotó. Pues pretender que la “conciencia comunista,” per se, era suficiente para proteger a la URSS de sus enemigos no ya solo exteriores sino, los más peligrosos, los internos, era desconocer las leyes de la naturaleza humana. Algo parecido a lo que nos advierte el comandante Fidel Castro en sus más recientes escritos. Confiarlo todo a la firmeza de las convicciones, en la lealtad y en otras magníficas cualidades morales es todo menos una actitud seria en política. Algunos pocos poseerán cualidades morales magníficas, pero los problemas históricos son resueltos por las grandes masas, las cuales tratan a los pocos sin miramientos si éstos no les gustan. [Lenin, Obras completas, vol. 33, PP. 286-287J. En fin, el partido no es el único factor del proceso y, a escala histórica más amplia, ni siquiera es el factor decisivo.

En la proyección estratégica Trotsky fue más visionario, y su actividad práctica también fue decisiva, no sólo en la fase preparatoria y en la conducción misma de la insurrección, sino en la posterior creación del Ejército Rojo, que defendió victoriosamente la revolución de sus enemigos internos y externos. Trotsky fue, además, el mejor crítico del stalinismo. Es conveniente recordar que el legendario revolucionario ruso nunca negó la importancia de la polarización mundial, ni planteó la necesidad de esperar que los países desarrollados hicieran la revolución. Aunque su vida de revolucionario es una muestra irrefutable de ello, es útil que leamos lo que dijo en el Manifiesto de la Conferencia de Emergencia de la Cuarta Internacional, de mayo de 1940:
“.la perspectiva de la revolución permanente no significa en ningún caso que los países atrasados deban esperar la señal de los países avanzados, ni que los pueblos coloniales deban esperar pacientemente a que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. ¡Ayúdate a ti mismo! Los obreros deben desarrollar la lucha revolucionaria en todo país, colonial o imperialista, donde se hayan dado condiciones favorables, y, a través de ello, ofrecer un ejemplo a los obreros de otros países”.

Pero Stalin tenía problemas más inmediatos, impostergables: salvar toda una revolución asediada y acometida desde dentro y desde fuera. Su tarea no fue fácil, ninguna circunstancia le era favorable. Necesitaba dar de comer a millones de soviéticos y, a la par, desarrollar una industria que pudiera competir con sus adversarios occidentales. Lo que menos necesitaba eran consejos sobre actitudes morales.

Sin embargo, el factor subjetivo resultó insuficiente. Las “grandes masas” que, según Lenin, resuelven el resultado de la lucha, se cansaron de las privaciones internas y de aguardar a la revolución mundial. Su estado de ánimo decayó. La burocracia se impuso. El bolchevismo, bajo la forma de la Oposición de Izquierda, rompió con la burocracia soviética y su Comintern. Trotsky fué exiliado.
Hay quien considera, sin embargo, que el trotskismo siempre ha sido básicamente anticomunista, al ser una si no la principal y más peligrosa variedad del revisionismo pues, a su decir, nunca ha asumido el marxismo leninismo. Para estos sectores, aceptar las tesis trotskistas, junto a otras aportaciones, es entrar, sin más, en un eclecticismo en el que caben las más diversas teorías para analizar el capitalismo y el papel de la clase obrera y de su partido. “Pero en esencia el revisionismo no ha cambiado: sigue siendo el representante destacado de la influencia burguesa en las filas del movimiento obrero”. Pues ese eclecticismo – nos advierten- que tanto detestaba a Lenin, no sirve a nadie, salvo para desconcertar. Los modelos de sociedad deben analizarse y proponerse en virtud del proceso de análisis marxista-leninista, ciertamente, pero ni se debe aceptar toda y cada una de las ideas de Marx y Lenin como inapelablemente correctas, cual si fuera un catecismo, pues eso sería tanto como negar el análisis dialéctico de la realidad, ni por otra parte resulta fácil determinar qué tesis históricas o actuales se acercan más a estas ideas del socialismo de sus primeros autores. Dentro del socialismo y el comunismo caben muchas opiniones y modelos; ahora bien, es imprescindible el arsenal del socialismo científico para establecer la línea correcta de avance en la democracia real y la emancipación de los trabajadores. Y ese arsenal lo conforman muchos más autores que Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin o Rosa Luxemburg.

Así pues, y volviendo a nuestro análisis sobre la tensión dialéctica entre el trotskismo y el estalinismo, cabe decir respecto a la situación de división del Movimiento Comunista Internacional- la tercera, la cuarta-, que hay que tener en cuenta que algunas de las condiciones que posibilitaron esa división, ya han desaparecido. Nos referimos a que en la URSS se ha restaurado abiertamente el capitalismo y que buena parte de los antiguos partidos comunistas llamados “prosoviéticos” han pasado a adoptar posiciones claramente socialdemócatas. También han desaparecido bastantes de los antiguos partidos “prochinos”, que surgieron al calor de la disputa chino-soviética. No obstante, a nivel internacional, continúan existiendo numerosos partidos comunistas, con mayor o menor implantación, de obediencias y pasados distintos y sobre los que conviene trabajar por favorecer la unidad de las fuerzas revolucionarias. El proceso revolucionario iniciado en 1917 contuvo indudables éxitos y, obvio es decirlo, no pocos errores propios que sumados al acoso incesante del bloque capitalista, a la implosión y colapso de todo el sistema en 1989 y el regreso a un capitalismo depredador y salvaje.

Piénsese por un momento que ya ha habido revoluciones – México 1910/1920, o Nicaragua 1979-que resultaron también fallidas, antes o después. Otras, por el contrario – Cuba, Vietnam…- siguen procesos de permanente adaptación a las dificultades, que no son pocas, que se les plantean.La revolución soviética, sin duda paradigma del siglo XX, estuvo desde un principio saboteada y agredida. Eso, probablemente, le impulsó a utilizar mecanismos de autodefensa extremos, lo que derivó en deformaciones importantes y persecuciones en masa. A ello habría que añadir que la vieja estructura zarista de un modo u otro se transformó en la nueva burocracia estatal hasta degenerar en corrupción y abandono de los fundamentos del marxismo-leninismo. Es decir, que el Partido experimentó una serie de transformaciones o deformaciones burocráticas que reprodujeron en su seno nuevas situaciones de dominación y contradicción de clases, lo que lo convirtió en radicalmente opuesto a la filosofía autogestionaria y democrática del socialismo y las propuestas o prácticas llevadas a cabo por referentes como Lenin y el partido bolchevique.
Pero, en definitiva, y respondiendo a la gran diferencia entre uno y otro pensador marxista, sobre si la revolución es una cuestión de un solo país o de todos a la vez, si galgos o podencos, la respuesta más acertada sea aquella que dice que la revolución se hace en cada país, toma forma y se desarrolla según as particulares condiciones nacionales en que surge y sólo permanece y se desarrolla en plenitud mediante sucesivos procesos revolucionarios del resto de naciones, hasta convertir a todos los Pueblos del planeta en la gran familia socialista que soñaron nuestros clásicos, todos ellos.

La cuestión ahora no es “saldar” viejas deudas entre unas corrientes y otras sino analizar en qué se erró y por qué, para poder avanzar…

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