Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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PROHIBIDO OLVIDAR: LA DEMOCRACIA PUNTOFIJISTA MASACRO A “Motilón” JESÚS MÁRQUEZ FINOL

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 1 marzo 2009

Jesús Márquez Finol nace un 14 de agosto de 1936 en Cabimas, estado Zulia. Su madre, Laura Rosa Finol (Doña Luisa), es costurera y de oficios del hogar. Su padre, Maximino Márquez, chofer y mecánico. Al mudarse a la villa del Rosario lo inscriben en la Escuela Ziruma. Al verlo, el maestro lo apoda: “El Motilón”. En el liceo Simón Bolívar de San Cristóbal, Táchira, inicia la secundaria y su activismo contra la dictadura. Luego, estudia Economía en la Universidad del Zulia, se certifica como locutor y trabaja en una radio.

Destaca como líder estudiantil y asume la Secretaria de Acción Democrática, partido que abandona para unirse al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. En 1962 se muda a Caracas para impulsar al MIR, la guerrilla urbana y los Frentes Guerrilleros Ezequiel Zamora y Antonio José de Sucre. Vive en la residencia estudiantil de María Olivo, militante y madre de la guerrillera Olivia Olivo.

Con la Señora Olivo y su esposo constituye una célula política. En la residencia conoce a Gladys, estudiante de Historia, con quien se casa en 1964 y forma una familia de 4 hijos: María Luisa, Hildemar, José Manuel y Gladys Carolina, En la Universidad Central de Venezuela, retoma Economía. Para 1963, sube al Frente Ezequiel Zamora, donde están Américo Silva, Trino Barrios, los hermanos Víctor y Fernando Soto Rojas, Coquito González, El Chema Saher, entre muchos otros.

En 1964, funda la célula Nguyen Van Troy, en tributo al revolucionario vietnamita fusilado el 15 de agosto de ese año. En 1970, al dividirse el MIR y crearse Bandera Roja, se incorpora a este partido desde el frente Antonio José de Sucre. El 1 de diciembre de 1966, por una delación, el SIFA y la DIGEPOL, allanan su apartamento.

Los 8 detenidos son incomunicados y torturados. A Motilón le desprenden la mandíbula. A los 3 meses lo trasladan al Cuartel San Carlos, luego a la Isla de Tacarigua denominada por el pueblo “Campo de Concentración Rafael Caldera”, después a la Cárcel Modelo. Tras años de dolencias, le operan la mandíbula en el Hospital Militar. De allí, el 5 de diciembre en plena recuperación y cuando cumple 6 años de presidio, con una soga, se fuga del octavo piso y protagoniza el escape más espectacular del momento. Dos meses después, el gobierno de Caldera le quita la vida, pero jamás su inquebrantable firmeza y dignidad revolucionaria.

Jesús Márquez Finol, El Motilón, es asesinado el 1 de marzo de 1973. En caracas, avenida Los Jabillos de la Florida, 7 esbirros del SIFA, le acribillan y secuestran su cadáver. Su esposa, Gladys Azuaje, lo localiza en el Hospital Militar, justo antes de ser llevado a la Villa del Rosario, estado Zulia, para enterrarlo sin presencia familiar. “Sólo una sábana cubría su cuerpo, tenía hematomas y quemaduras de balar en la cara y toda la parte posterior de la cabeza esta rellena de algodón, por la pérdida de la masa encefálica”. El cuerpo es llevado e helicóptero hasta una finca zuliana militarmente custodiada. De allí al cementerio, donde niegan el paso a padres, familiares y amigos. El Gobierno de Rafael Caldera oculta el crimen político. Pocos medios informan verazmente. La mayoría tergiversa el hecho.

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Las líneas de Chávez Nr.12 / 01 de Marzo de 2009

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 1 marzo 2009

comandante-presidente-fidelvasquezFue tanto el empeño de Rodríguez Ochoa, el General, que por fin logró sacarme de aquellas profundidades del Cajón de Arauca, allá en las sabanas de Alcornocal, por donde pasa el caño Cubarro entre profundas barrancas, rumbo al Capanaparo. “Ya te me pareces a Lorenzo Barquero”, me había dicho un día cuando me consiguió por allá metido entre los Cuivas y los Yaruros, comandando una patrulla de soldados que más bien parecían guerrilleros. Y fue así como, de un día para otro, y sin que los Generales Alliegro ni Heinz Azpurua ni Peñaloza Zambrano, quienes me la tenían jurada, pudieran evitarlo, llegué al Palacio Blanco de Miraflores, como Mayor Ayudante del Secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa. Corría para entonces el mes de agosto del año 1988 y ya el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 era una extensa red, que tenía más de una década penetrando en profundidad la conciencia y el alma de la juventud militar venezolana; y desde 1982, a partir del juramento del Samán de Güere, mis camaradas de armas me habían reconocido y designado Comandante del Directorio Revolucionario.

De allí en adelante vendrían para mí unos meses tumultuosos, lejos de la tranquilidad de la linda población de Elorza y el heroico llano Apureño. A las pocas semanas me sacaron del país y fui a parar a Guatemala, como producto de las componendas del alto mando militar de entonces. En octubre ya estaba de regreso y la campaña electoral presidencial había entrado en la recta final. “El Gocho” y “El Tigre” eran los principales contendores en aquellos carnavales puntofijistas, donde la izquierda, mayormente atrapada por la pequeña burguesía y su pensamiento reformista, estaba relegada a jugar en el banco y sin la más remota esperanza de salir a coger ni un solo turno al bate. Apenas habían pasado dos o tres semanas de mi retorno al país, cuando ocurrió el hecho aquel, nunca aclarado, de los tanques de guerra que rodearon Carmelitas y llegaron a la esquina de Miraflores.

A pesar de que esa noche estábamos jugando una partida de softbol en el campo de Pagüita, sin embargo fui señalado como uno de los responsables de aquel movimiento de tropas sobre puntos sensibles del gobierno. Por aquellos días ocurrió también la masacre del caño Las Coloradas, por allá en el alto Apure.

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