Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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¿Qué pasaría si ya no estuviera Chávez en Venezuela?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 21 marzo 2009

Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer.

Antonio Gramsci

 

Por Marcelo Colussi *

“Chávez, tú no debes hacer de alcalde de todo el país”, cuenta Hugo Chávez que le dijo alguna vez Fidel Castro de visita en Venezuela luego de ver cómo atendía cada uno de los asuntos puntuales de la política doméstica: un pedido de pavimentación de una calle aquí, un conflicto laboral allá, una madre soltera solicitando apoyo por un lado y la vacunación antirrábica en una comunidad más tarde. Eso que apuntaba Fidel –según relato del propio Chávez– define a cabalidad la dinámica instalada en Venezuela: no es tanto una revolución socialista sino “chavista”.

La figura de Hugo Chávez como presidente, como hombre político, como líder de un proceso revolucionario, está lejos de discusión. Sin lugar a dudas ya es hoy uno de los grandes referentes de la política de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Con todo el amor o el odio que despierta en propios y extraños –jamás resulta indiferente–, su presencia es incuestionable. Pero ahí radica justamente el tema a considerar: la revolución bolivariana asienta enteramente sobre sus espaldas, lo cual torna al proceso algo muy frágil.

Tanto la teoría como la experiencia de numerosos procesos revolucionarios, todo indica que es imprescindible una dirección política, una vanguardia en condiciones de conducir esas complejas coyunturas con claridad ideológica y con firmeza. La experiencia también enseña que todas las revoluciones del siglo XX contaron, además del partido revolucionario, con un conductor, una figura fuerte y aglutinadora que funcionó en todos los casos como resguardo de los procesos en juego, como su garantía ética. Muy probablemente ninguna de las construcciones socialistas se hubieran hecho sin esas figuras, legendarias ya hoy: Lenin, Mao Tse Tung, Ho Chi Ming, Castro o el Che Guevara. Quizá –valga esto como hipótesis– la magnitud del cambio en juego en una revolución socialista es tan grande que necesita del empuje de uno de estos titanes; no sólo de una estructura política como el partido revolucionario que juega de vanguardia sino también, quizá inexorablemente, de un conductor con estas características casi mesiánicas. No tengamos miedo a usar esa palabra: intentar transformar la historia, revolucionar la sociedad de clases con el peso fabuloso que ello tiene dado los milenios de historia que juegan en contra –”es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”–, es una tarea descomunal. No se trata de maquillar algo, de un pequeño cambio en las formas: se trata de una transformación de raíz, monumental, y probablemente eso no puede desligarse de figuras monumentales. Sabemos que la historia no la hacen los sujetos individuales, pero las individualidades cuentan. Y en algunos casos: mucho. Para cambios enormes, conductores enormes, a la altura de esos proyectos.

En Venezuela está intentando consolidarse un cambio de proporciones enormes; e igualmente enorme es la figura del conductor de ese proceso. Pero el tamaño del líder, por más enorme que sea, no basta para asegurar la obra transformadora. Eso, seguramente, es lo que puede convertirse en un factor de preocupación en la Revolución Bolivariana: por más grande que sea la figura del líder, Hugo Chávez para el caso, si no hay genuina participación popular, si no hay verdaderamente poder popular, nada está asegurado. Es importante aclarar que participación popular no equivale a la asistencia a un acto masivo en la plaza: es participar en la toma de decisiones de las cosas que suceden en una sociedad, incluso no sólo con el voto, o quizá aún, para nada con el voto que se deposita cada tantos años, sino con la práctica del día a día.

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