Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

El Nakba 60 años después…

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 15 mayo 2009

palestine-victory-Fidel Ernesto VásquezPor Fidaa Saleh Haammoud

El 15 de mayo de 2008 se cumplieron 60 años de la expulsión de la mayoría del pueblo palestino, y de la creación del Estado de Israel. Fidaa Saleh Haammoud, palestina y ciudadana israelí, argumenta que la única solución es un Estado para todos, palestinos y judíos.

En 1948, Palestina fue ocupada por el movimiento sionista. A aquel suceso, se le dio el nombre de Nakba, que significa “catástrofe”. Hoy, 60 años después, podemos reflexionar sobre los 60 años de catástrofes, que empezaron en 1948.

En este artículo no tengo la menor intención de empezar a explicar un suceso u otro por ser más o menos catastrófico en nuestra historia. Más bien quiero hablar de nuestro presente, considerándolo la suma de catástrofes pasadas y la causa de nuestro mal-estado o, mejor dicho, no Estado…

Nuestros 60 años sin Palestina representan 60 años con el Estado sionista. De esto habló Theodor Herzl, fundador del sionismo, en 1902, al animar a los judíos a que emigrasen a Palestina, con las palabras: “Si lo queréis, no será una leyenda”. Lo dicho ya es un hecho y ahora tenemos dibujado en nuestros mapas contemporáneos el Estado judío de Israel, en el corazón del mundo árabe.

La existencia de una población de 6 millones de judíos en el mundo árabe no es ningún problema, debido a que hay muchas comunidades judías en diferentes países árabes. El problema es mucho más complejo que eso y es la voluntad de los israelíes de controlar y ser el pueblo preferido: no de Dios, sino de los poderes occidentales.

Es bonito invertir más de 5 millones de euros para celebrar los 60 años de su fundación, invitando a mas de 6.000 artistas de todo el mundo para que vengan a apoyar al Estado judío, pero lo feo es ignorar los 60 años de ser refugiado, los 60 años de vida bajo un régimen de apartheid que sufren el 1,5 millones de palestinos del 48 (los que lograron no ser expulsados en 1948, y que viven dentro de Israel), los 40 años de la ocupación militar (el caso de los 5 millones de palestinos en Cisjordania y Gaza) o los 2 años de bloqueo total sobre Gaza.

Israel, hoy en día, posee un centro nuclear de los mejores, si no el mejor, del mundo. A la vez es pionera en muchos aspectos tecnológicos, científicos e industriales. Pero lo que le falta —y lo digo como una buena ciudadana de Israel— es la democracia como mentalidad civilizada para todos los ciudadanos del Estado.

Me explico, lo que debemos pensar tras más de medio siglo y un poco antes de que pase un siglo sin Palestina y con el Estado judío es ¿dónde está la solución?… No la llamo paz porque esta palabra perdió su peso, entre tantos acuerdos, papeles firmados, dinero dedicado a fotos, salas de reuniones y estancias bajo el sol en Sharm al Sheik, Oslo o Camp David.

¿Será la solución un Estado palestino hipotético, al lado del Estado de Israel, semi-respetando las fronteras de 1967? ¿Palestina será Cisjordania y Gaza, e Israel será todo el resto de la histórica Palestina?

Supongamos que existieran dos Estados: Palestina de un lado, en los territorios militarmente ocupados (Cisjordania y Gaza), e Israel del otro lado (con su 20% de población árabe, palestina).

En este caso la problemática seguiría sin solución o respuesta. Primero, porque hay millones de refugiados palestinos en el mundo (más que dentro de la Palestina histórica). Éstos querrían volver a sus casas, de las cuales fueron expulsados, y éstas están dentro de Israel. ¿Qué pasaría con ellos? ¿Los compraríamos con dinero? O postulamos que la vida y la dignidad de los humanos no se compra con dinero, sino con derechos humanos: una casa, educación y derechos civiles. Tienen todo el derecho a éstos. Recordemos que bajo la ley de retorno israelí, cualquier persona judía del mundo puede ir a Israel y disfrutar de estos derechos —cada año se acogen a esta ley miles y miles de emigrantes, para no perder la mayoría y el carácter judío del Estado— pero se les niega a un palestino musulmán o cristiano, nacido y expulsado de su tierra y de su casa.

Ése es el problema principal de Gaza: el 70% de los residentes de Gaza son refugiados, que quieren y deben volver a sus casas y tierras. Así que la crisis de Gaza —la estrella en los titulares de noticias— no se resolverá enviando sacos de harina o sumándola a otro trozo de tierra y llamándola Palestina. La medicina esencial de los palestinos de Gaza, o de cualquier otro refugiado palestino del mundo, se llama el derecho al retorno. Para ello hace falta que cada israelí acepte al otro, aunque se trate de un palestino.

Apartheid

El segundo punto que hace imposible la solución definitiva de dos Estados somos nosotros, los palestinos del 48. Somos el 20% de los ciudadanos de Israel.

En el caso de dos Estados, habría dos alternativas: una, trasladarnos a algún país árabe y otra, quedarnos en un Estado judío, sin representación ni en la bandera, ni en el himno, ni en la definición del Estado, pero sí sufriendo el régimen de apartheid. Éste aplica diferentes leyes y estrategias racistas y discriminatorias a nivel laboral, educativo, social y civil.

En el caso de que yo quisiera casarme con un árabe, debería renunciar a mi ciudadanía israelí e irme a vivir fuera, porque mi marido no podría entrar a Israel, ni ser un ciudadano israelí según la ley, añadiendo que mi hijo no podría ser nunca un piloto o cualquier otra cosa que de una manera directa o indirecta “dañara” hipotéticamente la sensación de seguridad de un judío u otro.

No olvidemos que estamos hablando de los palestinos del 48, que son los indígenas de esta tierra y los que quieren seguir viviendo en sus casas y aún más en un Estado propiamente democrático. Un Estado ni judío, ni musulmán, ni cristiano, ni laico sino democrático, para todos los ciudadanos, sin marcarles como diferentes y menos valiosos en los carnets de identidad, sin limitaciones y sin obstáculos. Somos los que queremos sentir pertenencia a un lugar y ayudar en su desarrollo.

En suma, la solución de los dos Estados crearía más separaciones y divisiones entre el pueblo palestino-árabe e israelí. Rompería la identidad colectiva de los palestinos y no conseguiría el objetivo de la lucha palestina.

A primera vista la solución de un Estado para todos los ciudadanos parece mucho pedir, porque siempre nos dijeron que la igualdad consistía en dividir el queso en dos trozos (uno para mí y el otro para el otro) y todo el mundo quedaría contento. Pues, 60 años después parece que no. Yo me pregunto: ¿por qué no podemos aprovecharnos todos del queso entero?

La respuesta a esta pregunta no llegará de ningún gobierno, Estado o proceso de paz, porque la democracia y el bienestar nacen, únicamente, de un útero, que no es más que la voluntad y la consciencia de cada uno, judío o palestino. La consciencia de que todos somos humanos, ciudadanos, semíticos, mediterráneos y que no pasaría nada si viviésemos juntos con las mismas oportunidades y con los mismos derechos y leyes, es decir, en un Estado para todos los ciudadanos.

Entonces, y sólo entonces, sería cuando el judío israelí y el palestino se podrían mirar a la misma altura, podríamos soñar con el final del conflicto y no sólo el conflicto palestino-israelí, sino el árabe-israelí en general, y quizás se abrirían finalmente las fronteras, para que pudiésemos ver cómo es la vida en el otro lado, que está tan sólo a un kilómetro de distancia (como Siria o el Líbano) y nos liberaríamos de estas grandes cárceles que hemos creado: Cisjordania, Gaza, Israel o los campos de refugiados.

Otro punto vital de reflexión que debemos tratar en 2008, 60 años después, es la del Estado judío y sus intentos de conseguir una tierra segura para los judíos del mundo. En este aspecto hay que saber que la mayoría de los judíos no viven en Israel y que los judíos que viven en Israel son los que están menos seguros del mundo, porque en Israel mueren más judíos que en cualquier otro lugar.

Una sociedad militarizada

A su vez el límite entre la sociedad civil y la militar en el Estado democrático-judío de Israel no existe; es otro gran obstáculo para la consecución de una democracia sana y para la libertad del individuo. Un ciudadano judío de Israel está obligado a hacer el servicio militar durante 3,5 años y después ha de quedarse en la reserva durante 30 años más. Es decir, todos los ciudadanos judíos de Israel son soldados “en potencia” y son una parte más del paisaje urbano de cualquier calle israelí.

Este ambiente militar no ayuda a llegar a ningún tipo de solución —ni de un Estado, ni de tres— porque cuando se militariza a una sociedad civil y se civiliza a una sociedad militar, se crea una sociedad casi inhumana cuya supervivencia se basa en guerras continuas. Una sociedad incapaz de resolver los problemas mediante valores y principios que son ajenos a una sociedad militar jerárquica en la que el poderoso y el fuerte ganan. Por lo tanto y hasta hoy no existe dentro de Israel un movimiento fuerte que exija la liberación de los territorios ocupados militarmente y el fin de la ocupación, auque todos saben, sin excepción, que son ocupantes y que están matando a otro pueblo.

El servicio militar en Israel es una estrategia más de represión y de control, que hace que todo ciudadano sea un cómplice del crimen de la ocupación. De esta manera le quitan la voluntad de vivir en una situación de igualdad ciudadana. Cuando se trata de un tema que tiene algo que ver con lo árabe todos se levantan al unísono, creando un frente de bloqueo, olvidando que su propia sociedad israelí tiene problemas sociales y económicos de todo tipo, relacionados con el régimen racista israelí y con su deseo de poder.

Por ejemplo hasta hoy no aceptan donaciones de sangre de los mismos judíos etíopes; los sobrevivientes del holocausto viven en una pobreza y soledad horrorosa; han aparecido grupos neonazis; los orientales judíos que emigraron de países árabes como Irak o Marruecos siguen en un nivel muy inferior en la escala política, social y económica israelí; o bien la mujer judía que sufre el mismo machismo que la palestina, no llegará a luchar junto a ella contra el mismo.

Acabo donde empecé e insisto en que no se trata de una historia tan negra que requiere soluciones históricas para nuestro conflicto, sino de un presente aún más negro que pone de manifiesto la ausencia de voluntad para buscar una solución actual y contemporánea, como la de un Estado para todos. ¡Qué vivan todos los judíos y los palestinos libres en un Estado para todos sus ciudadanos!

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