Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Apuntes sobre el poder obrero y popular

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 14 julio 2009

Por Sebastián  Gómez*

A modo de introducción

Con el presente escrito abordamos la temática del Poder Obrero y Popular. Lejos de pretender una definición acabada y precisa de este concepto, intentaremos concatenarlo con un conjunto de temáticas y algunos autores de la vasta tradición revolucionaria (Marx, Gramsci, Guevara, Luxemburgo, Freire, etc.). Deseamos aportar al debate y a la discusión honesta y franca con las tendencias del campo popular que cotidianamente bregan y construyen Poder Popular en vistas a que este mundo sea, de una vez por todas, realmente nuevo, es decir, socialista.  

El trabajo está organizado en dos apartados. En el primero intentamos delimitar a la categoría Poder Popular. Luego de puntualizar dimensiones consideradas nodales en torno a dicha categoría, marcamos algunas de las tensiones principales que suscitan en su construcción. A lo largo de esta sección, planteamos un debate en torno a la conceptualización del Poder Popular que se encuentra en el libro Reflexiones sobre el Poder Popular editado por el Frente Popular Darío Santillán (FPDS) y Cimientos. En el segundo, vinculamos el Poder Obrero y Popular con las temáticas del Estado y con los Consejos de Fábrica. Establecemos distintos niveles de análisis y líneas de articulación. Con todo, desplegamos a la categoría Poder Obrero y Popular en diferentes planos y, bajo este despliegue, intentamos su comprensión y problematización.

Poder Obrero y Popular: Esbozos para su delimitación y tensiones en su construcción

 Es conocida la metáfora geográfica que establece Gramsci entre Oriente y Occidente y las consecuentes tareas revolucionarias que se desprendían de ella. Para el autor italiano en Oriente la Sociedad Civil era primitiva y gelatinosa, el Estado lo era todo (Gramsci, 2004). El modelo Jacobino de “toma del poder” resultaba adecuado para esa conformación societal. Se debía llevar adelante entonces, una guerra de movimiento que suponía el enfrentamiento directo con los aparatos coercitivos del Estado a través de explosiones violentas concentradas en un breve periodo de tiempo (Coutinho, 1986).

Por su parte, en Occidente para Gramsci existía una justa relación entre Estado y la Sociedad Civil: “bajo el temblor del Estado había una robusta estructura de la sociedad civil” (Gramsci, 2003b:194). Se estaba en presencia de un Estado ampliado, es decir, de un Estado que se convertía en masivo, complejo a través de creación de una red articulada de instancias que sostenía y promovía la hegemonía. Así, la dominación de la burguesía descansaba en la dirección intelectual y moral de la sociedad, aunque claro está también con la amenaza y ejecución de la coerción. Para estos países, Gramsci proponía la guerra de posición que suponía que lo esencial del combate se da en el seno de la Sociedad Civil, es decir, en la disputa por la hegemonía, en vistas a la toma del poder. El autor italiano caracterizaba a esta guerra como “comprimida, difícil, en la cual se requieren cualidades excepcionales de paciencia y espíritu de invención” (2004:292). Desde luego, es sustancial no concebir a los dos tácticas gramscianas (Guerra de posición y de movimiento) como excluyentes y opuestas, ya que demandan articulación específica.

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