Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

El 4 de agosto de 1789: la noche donde los privilegios fueron abolidos

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 4 agosto 2009

Es una de las escenas fundacional de la identidad francesa. En la noche del 4 al 5 de agosto, la Asamblea Constituyente derribaba al régimen social centenario construido sobre un sinfín de desigualdades, y edificaba un orden nuevo, regido por el principio de la igualdad de todos ante la Ley: tres semanas después de la toma de la Bastilla, el Antiguo Régimen era derrumbado.
A principio de agosto de 1789, las iglesias y los castillos son saqueados por los campesinos en prácticamente todas las regiones, desesperados por la crisis alimentaria causada por las malas cosechas de 1788. Los insurgentes toman las oficinas de impuestos, símbolos del Antiguo Régimen donde se protegen los derechos señoriales. El miedo a la reacción violenta de los “privilegiados”, aunado al rumor de la presencia de ejércitos extranjeros en el suelo nacional y al sentimiento de inseguridad provocado por las bandas de vagabundos lanzados a la calle por la crisis, crea un ambiente de pánico: el “Gran Miedo”. ¿Cómo detener la agitación sin llamar al ejército? ¿Qué hacer para reafirmar el carácter sagrado de la propiedad alivianando la situación? El margen de los diputados era estrecho. Los acontecimientos del 4 de agosto lo demostraron.

Todo empezó con la lectura de un balance de la situación por un diputado del tercer estado pidiendo no cambiar nada a las leyes y a los impuestos. Hasta que intervino el vizconde de Noailles, y todo basculó. Se propusieron cuatro resoluciones: igualdad ante el impuesto, acceso de todos los ciudadanos a todos los cargos, la recompra de los derechos feudales y la cancelación de las obligaciones y servidumbres personales. Ironía de la historia: la abolición de los privilegios fue solicitada por dos privilegiados.

El gran harakiri duró hasta las dos de la mañana. En una atmosfera de transe colectivo, los oradores se sucederían a la tribuna, despojándose uno tras otro de sus derechos ancestrales: renuncia a los derechos del rey, abolición de los privilegios eclesiásticos, abrogación de decenas de exención fiscales y derechos ligados a los estatutos particulares. El sacrificio de estos grandes cuerpos constitutivos de la sociedad francesa se sumó a él de algunas regiones cuyos privilegios y libertades fueron cancelados en nombre del principio de la igualdad en el suelo nacional.

La noche del 4 de agosto fue el fruto de un compromiso político donde no sólo los “privilegiados” (los nobles y el clero), sino también muchos “clase medieros” que gozaban de regímenes fiscales que les permitían escapar del impuesto y de la milicia, se despojaron, aunque fuera temporalmente, de sus privilegios, para asegurar esta igualdad sagrada que se llama la igualdad ante la ley.

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