Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

¿Por qué Clarín está nervioso?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 19 agosto 2009

Por Juan Manuel Lucas

La vida política argentina no para de generar hechos asombrosos. Los eruditos sabrán si en algún otro momento de la vida nacional, un simple secretario de estado fue víctima de tan inusitada campaña mediática en contra.

La ofensiva con que el establishment comenzó ha liberarse del módico reformismo kirchnerista, se ha ensañado particularmente con un agente público que, al menos en el plano formal, no supera la segunda o tercera línea en cuanto a poder decisional.

Guillermo Moreno se ha transformado en el monje negro de la política nacional, el oculto responsable de las tribulaciones y calamidades de los últimos estertores k. El último y testarudo bastión de un desvarío absurdo.

Las tapas de los diarios lo denigran, el cagatintismo vernáculo lo crucifica, los trascendidos extraoficiales agigantan su leyenda nefasta, los académicos se indignan, los ecos y rumores sobre su inevitable caída se escuchan, inclusive, en las oficinas y pasillos del propio oficialismo.

Sin embargo, más allá de su anecdotario televisivo, la característica más destacable del secretario de comercio ha sido su bajo perfil y su indiferencia mediática. Rasgos respetables y poco frecuentes en una partidocracia vedetista y desinhibida que muere por sus 15 minutos de fama y que asocia exposición mediática con reconocimiento popular.

El núcleo del republicanismo hipócrita que lo acusa apunta al desfalco institucional al que ha sido reducido el INDEC, institución que sin demasiados fundamentos se presume como inmaculada hasta la llegada de la intervención.

Sin embargo, no hace falta ser un avezado observador de las sutilezas del poder, ni un curtido perito estadístico para sospechar que cada gobierno intenta manipular los datos para generar resultados favorables a su gestión, y que esa manipulación puede realizarse de distintas maneras: groseramente, al estilo Moreno, o metodológicamente, según la “transparencia” que exige el republicanismo cipayo en su ofensiva anti k. Ésta última, por ejemplo, computó siempre, con y sin Moreno, como “ocupados” a todos aquellos que declararan una labor semanal de, al menos, dos horas. Los estándares para medir variables sensibles como pobreza o indigencia que ha utilizado la institución durante los últimos años, tampoco dejan de ofrecer un margen ampliamente discutible.

Obviamente, sólo un gobierno popular, decidido a eliminar efectivamente las tragedias sociales de la dependencia semicolonial se animaría a cuestionar esas y otras muchas variables que, como todas, no escapan a las relaciones de poder.

¿Cuál es la principal acusación contra el secretario de comercio?

Moreno, pisa el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en relación a su base de medición de cuya diferencia surge el índice de inflación. Es decir, minimiza —como lo sospechan acertadamente millones de argentinos— el índice que mide el aumento general de precios.

Esa medida determina una larga serie de resultados que, básicamente, sobreestiman el crecimiento del Producto Bruto Interno Nacional, subestiman los niveles de pobreza e indigencia, y acotan los márgenes de las negociaciones salariales.

Sin embargo, es difícil entender porque razón los grandes grupos locales se ensañan con un secretario al que, en todo caso, deberían ponderar en tanto les permite minimizar sus costos salariales debilitando las posiciones de los sindicatos en las negociaciones colectivas y legitima la estructura social que los beneficia.

¿Por qué el multimedio Clarín, y por su intermedio la gran burguesía argentina, es tan ingrato con el secretario de comercio?

La clave resiste en la inserción que esa burguesía tiene a nivel global. Transnacionalizada en casi todas sus operaciones es una de las principales tenedoras de bonos de la deuda externa argentina ajustables por el Coeficiente de Estabilización de Referencia. El resto de esos bonos, después de la estatización de las AFJP se encuentra en manos del propio estado nacional en un porcentaje que varía, según las fuentes, entre el 50 y el 65% del total.

El CER hace que el rendimiento de esos bonos esté atado al incremento en los índices inflacionarios. Los grandes grupos locales eligieron esos bonos, por sobre aquellos que estaban atados al crecimiento del PBI, durante la renegociación kirchnerista del 2005 apostando al clima de híper inflación, y a su indudable capacidad interna para formar precios de acuerdo a sus intereses. Es decir, los grandes grupos transnacionalizados, Clarín entre ellos, apostaron a su propia capacidad de intervenir el INDEC “económicamente” y afectar el nivel general de los precios, aumentando su propia rentabilidad mediante la inflación. Sin embargo, la manipulación “económica” de la inflación por parte de los grandes formadores de precios locales se enfrenta en la coyuntura inmediata con la manipulación “política” de un gobierno sometido a una ofensiva conservadora integral, e incapaz de cumplir en el corto plazo uno de sus objetivos prioritarios: el pago de la siempre creciente y asfixiante deuda externa.

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