Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Crisis del sistema capitalista mundial y sus consecuencias

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 agosto 2009

Por: M. Luis Miranda Reséndiz*

Las crisis de las economías de sobreproducción relativas al capitalismo que se manifiestan por medio de graves desequilibrios entre producción y consumo, fueron descubiertas y analizadas por Carlos Marx en el Capital. De ellos podemos comentar lo siguiente:

Se denominan de sobreproducción relativa; porque el desequilibrio entre producción y consumo que las desencadena, se genero no porque se hayan satisfecho las necesidades de toda la población, sino porque hay mas bienes producidos que las que la gente puede comprar.

a) No se conocieron los modos de producción previos al capitalismo, porque en ellos predomina el trueque, donde la compra-venta se realiza simultáneamente, y no puede haber desequilibrios entre producción y consumo.
b) Son producto de la contradicción fundamental del sistema capitalista: él carácter cada vez más social de la producción y la forma de apropiación cada vez mas privada de los resultados de la misma. Dicha contradicción se manifiesta a través de la anarquía de la producción —cada capitalista produce lo que quiere, en la cantidad que quiere, sin tomar en cuenta las necesidades reales de la economía—, y en el empobrecimiento relativo y absoluto de la mayoría de la población: los ricos son menos, pero cada vez más ricos, y los pobres son más y cada vez más pobres.

c) Las crisis son inevitables temporales y necesarios para el sistema; se repiten con cierta regularidad, tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados, aunque los efectos en unos y otros son diferentes en magnitud y en consecuencias sociales, y la economía siempre se restablece para continuar su marcha ascendente.

d) Son cíclicas y tienen fases determinadas, crisis, depresión, reanimación y auge.
e) No se presentan en los países que han iniciado el proceso de construcción de la sociedad socialista, porque ahí la economía está planificada, no hay desproporción entre producción y consumo, y no hay personas que se enriquezcan con el trabajo ajeno y acaparen riqueza.

f) Son propias y exclusivas del capitalismo. Nacieron y morirán con él.

A lo largo de la historia se ha podido constatar que las crisis económicas no son siempre iguales, cada una corresponde a las condiciones propias de su desarrollo y de su tiempo.

Antes de la globalización neoliberal, las crisis se generaban en los países desarrollados y afectaban a las economías de los países coloniales y dependientes. En la actualidad; pueden originarse en un país al margen del grado de su desarrollo, depende su interdependencia financiera con las demás economías del mundo.

Estamos sufriendo los efectos provenientes de una crisis financiera iniciada en una economía altamente desarrollada como la de Estados Unidos, en pleno auge de la fase de la globalización, para conocer la intensidad de sus repercusiones y la posibilidad de su transformación en una crisis cíclica mundial de gran profundidad y de duración imprevisible o cuando menos, en una larga recesión, como la que está en proceso en varios países importantes, incluidos los propios EU.

La llamada crisis hipotecaria, presente desde 2006 en los EU, se ha transformado en una crisis que afecta las bases del sistema especulativo mundial, al provocar la caída en picada de las bolsas de valores más importantes del mundo; en unos meses han quebrado importantes bancos en los EU, diversos sectores de la economía como el de la construcción y el automotriz han entrado en crisis y el desempleo alcanza índices alarmantes, cifras que no se veían desde 1994 en esa nación. La crisis también afecta a diversas naciones de Europa y Asia tanto en el ámbito financiero como en la economía real.

Por esa razón, los gobiernos de los países desarrollados organizan y ponen en acción planes de rescate por miles de millones de dólares, que se financian con recursos públicos en perjuicio y malestar del grueso de los contribuyentes.
La magnitud de la crisis actual y de sus efectos hace evidentes, para quien no lo haya podido notar, los aspectos más negativos del modelo globalizado neoliberal impulsado por Inglaterra y Estados Unidos desde fines de la década de los años setenta.

En el marco de los riesgos de una catástrofe económica que parece prolongarse y profundizarse de la magnitud de la crisis y de su duración algunos analistas y funcionarios de organismos financieros internacionales empiezan a plantear la necesidad de modificar las instituciones monetarias y crediticias producto de la postguerra e, inclusive ponerle fin al modelo vigente e iniciar una nueva etapa para la economía mundial.

¿Será el ocaso del sistema neoliberal y la vuelta a una versión retocada del estado benefactor? ¿Habrá cambios profundos en la economía mundial o solamente una sacudida dolorosa pero sin mayores consecuencias? Sólo el tiempo y sobre todo la lucha de los pueblos nos darán la respuesta. Porqué durante décadas, diversos economistas de las distintas escuelas de la corriente capitalista han fracasado en sus intentos por evitar los ciclos de su economía.
La rápida propagación de la crisis financiera desde unos pocos países desarrollados hasta absorber la economía mundial es una prueba tangible de que es necesario reformar a profundidad el sistema financiero y comercial internacional para que refleje las necesidades y las nuevas condiciones del sigo XXl. Es importante reconocer que esta crisis es también ética y socialmente justa.

La crisis ha puesto de relieve las deficiencias de las políticas de gobiernos entreguistas e instituciones internacionales que se basaban en doctrinas económicas según las cuales los mercados libres corregían sus fallas y eran eficientes. Estas hipótesis erróneas formaron también las bases de la globalización, también han permitido, que los efectos de un sistema económico se propaguen rápidamente por todo el mundo dando lugar a recesiones y a una mayor pobreza de los países débiles

La búsqueda de una estrategia común que nos permita amortiguar la crisis financiera y económica mundial que golpea con más fuerza a los países del Tercer Mundo; pasa por una ética global. El empobrecimiento de estas naciones subdesarrolladas ha permitido el derroche ajeno, hoy por fin pareciera terminar, al patinar la poderosa locomotora norteamericana. Este escalofriante frenazo descalabro la economía del mundo.

En la otra cara de la crisis está el contrastante Tercer Mundo, del cual formamos parte, donde sobreviven milagrosamente en la pobreza unas tres cuartas partes de la población mundial agobiada por el peso de la corrupción política, sin recibir renta ni beneficio de sus propios recursos naturales. Esta cara de la crisis asoma muy poco en los titulares del mundo. Estos países ni siquiera pueden darse el lujo de entrar en crisis porque simplemente nunca han salido de ella.

El 2% de la población mundial concentra en las opulentas elites económicas del primer mundo el 80% de la riqueza de la tierra. En estas potencias habita también una minoría de la humanidad, con envidiables estándares sociales de vida en estado paranoico de consumo, que devora los recursos del planeta a un ritmo implacable.

Los países ricos cuya abundancia es proporcional a la pobreza mundial, han multiplicado desde 1950 por tres y en algunos rubros hasta por seis el consumo global de madera, carne, acero, textiles, cuero y energía. Despilfarrando los fabulosos recursos naturales de las naciones empobrecidas en Asia, África y América Latina.

El cataclismo financiero también está ligado a la crisis ambiental. Él mundo se acaba pero no por el apocalipsis bíblico, sino por el consumo desapiadado de las naciones industrializadas donde se generan la mayoría de los gases tóxicos y desechos radioactivos que alteran el clima dañando el ambiente y la vida en general. Y son adicionalmente responsables de arruinar el único protector solar efectivo y gratuito que tenemos: la capa de ozono.

El desastre de la economía mundial tiene una paradoja que retrata al mundo en que vivimos, los ricos y poderosos causantes de la calamidad tienen primacía para salvarse, además con el dinero ajeno continúan derrochando en lujos y extravagancias. Al mismo tiempo, las elites de los países pobres, con contadas excepciones, se caracterizan por emplear los mismos métodos de acumulación de la riqueza.

Al mismo tiempo, las desigualdades económicas y sociales siguen siendo las principales causas que provocan en el mundo entero, la pobreza, el hambre, los conflictos, la violencia, las migraciones y la agresividad contra el medio ambiente. Esto muestra que la reflexión sobre los valores éticos es más urgente que nunca.

Si queremos sacar algún provecho de la actual crisis financiera, debemos pensar no sólo como salvar empresas, bancos y países insolventes, sino como cambiar el rumbo de la historia, yendo a la raíz de los problemas y avanzando lo más rápidamente posible en la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades humanas, de respeto a los derechos de la naturaleza y de participación de todos los estamentos de la sociedad en un contexto de libertades políticas.

La realidad del mundo y de México ha cambiado mucho con la globalización, derivado de la política entreguista de la clase gobernante nuestro país es mucho más dependiente de los designios imperiales, somos prácticamente una colonia del imperialismo, en esa lamentable estamos hoy, luego de más de un cuarto de siglo de políticas subordinadas y depredadoras que han ejercido los sucesivos gobiernos de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y el actual Felipe Calderon, a cual más peor que los demás.
Revertir ese proceso no es una tarea sencilla, no es fácil, pero ese y no otro, es el objetivo fundamental de la clase obrera y el pueblo, en la actual etapa de la vida del país. La correlación de fuerzas no nos favorece: los tres poderes de la Unión, el ejecutivo, el legislativo y el judicial están copados por las fuerzas derechistas, enemigas del desarrollo nacional con independencia y por lo tanto enemigos del pueblo y de su clase trabajadora. Los partidos políticos, en su, conjunto, no representan al pueblo, su diferencias son menores se convirtieron en grupos de intereses electoreros.

El desafío consiste en construir un nuevo modelo económico y social que ponga las finanzas al servicio de un nuevo sistema democrático, fundado en la satisfacción de todos los derechos del pueblo.

Qué hacer para enfrenar la crisis económica de nuestro país
Sólo el movimiento de masas vigorosos, resueltos y entusiastas que venimos construyendo diversos frentes, bajo el sistema de acumulación de fuerzas, para enfrentar a la actual crisis económica, política y social que golpea a nuestro país y cambiar el rumbo hacia una democracia del pueblo, que estamos decididos a no descansar hasta llevarla a la victoria, sin sectarismos, sin autosuficiencias de ninguna especie. Este gran movimiento frentista debe estar firmemente cohesionado y articulado; para que opere con éxito y surja triunfante de esta gran batalla, debe cumplir a nuestro juicio con las siguientes condiciones:
1. Anticapitalista; puesto que el régimen capitalista es en esencia un sistema de explotación y oprobio que convierte a los humanos en enemigos, unos de otros, explotadores y explotados; por lo que es necesario sustituirla por una nueva sociedad en la que impere la más elevada fraternidad humana, y ya nunca más la explotación ni la discriminación; una sociedad superior, por una razón más, porque el sistema capitalista es un sistema caduco y agotado carente de perspectivas.
2. Anticapitalista y antiimperialista, porque al ser nuestro país, como todos los de América Latina y el Caribe, una nación que esta convertida en neocolonia del imperialismo, en su conjunto, pero sobre todo el estadunidense; un país al que el imperialismo ha arrebatado su soberanía e independencia, al que saquea sus recursos naturales; un país del cual el imperialismo se ha ido apoderando de sus principales fuentes de riqueza y sus industrias fundamentales; un país al que sobre-explota su fuerza de trabajo extremadamente barata, un pueblo al que el imperialismo ha despojado de su derecho a la autodeterminación, no hay posición política anticapitalista que pueda serlo en serio, de manera consistente y firme, si no es, al mismo tiempo,claro,y decididamente anticapitalista.

3. Anticapitalista, Antiimperialista y por el Socialismo; porque ¿acaso se puede proponer hoy en día la vuelta al feudalismo o al esclavismo como alternativas valida al capitalismo?, ¿o existe otro tipo de sociedad que lo pueda reemplazar con un sentido de progreso? Es claro que no lo hay.

4. De izquierda, precisamente en la medida en que haga suya la lucha por la sustitución del régimen capitalista por uno socialista, en la medida en que esta sea la orientación histórica de su programa y de sus acciones, y en la medida en que agrupe, sobre todo, a los partidarios del socialismo.

5. Que la lucha sea civil y pacífica, porque consideramos que, siendo validas todas las formas de lucha, por hoy, en el caso de nuestro país, no existen las condiciones para una lucha revolucionaria exitosa por la vía de las armas, sino por la de la organización y la movilización de la clase trabajadora y el pueblo.
6. Que escuche y tome en cuenta la palabra de la clase trabajadora y el pueblo de México, que son quienes deben constituir el sujeto colectivo de la transformación revolucionaria de la sociedad, los arquitectos de su propio destino, los constructores de una sociedad diferente y superior; de una sociedad socialista y comunista, pasando por la edificación de una democracia del pueblo.

7. Que construya un Programa Nacional de Lucha anticapitalista, de izquierda, y antiimperialista, por nuestra segunda y definitiva independencia, la económica, y que siente las bases para la construcción de una sociedad sin explotadores, una sociedad socialista.

8. Que sea un movimiento nacional, conformado con trabajadores de la ciudad y el campo, indígenas, jóvenes, con todos los agraviados del neoliberalismo y el imperialismo, sin exclusiones.

9. El movimiento de masas, siendo un frente, no requiere de una estructura, sino de una amplia articulación que facilite la coordinación de los diversos, respetando su autonomía, y en la que quepan todos los damnificados por el neoliberalismo. El movimiento social puede desempeñar una función relevante en la lucha por la liberación y transformación revolucionaria de México sólo a condición de que no se sectarice; si mantiene el carácter de un frente amplio en el que quepan y se vean reflejadas todas las clases y sectores agraviados por el neoliberalismo. Para que así funcione, no puede ni debe ser una organización centralizada, jerárquica, vertical, ni rígida, porque se aislaría. Tampoco puede ser horizontal en grado de laxitud. Se deben establecer mecanismos que articulen a los diversos componentes que-en mayor o menor grado participen dentro del movimiento, en toda su variedad, y a muchos otros que todavía no lo han hecho. Los mecanismos de articulación deben ser agiles y eficaces, pero no excluyentes; deben recoger las experiencias de la organización regional, que en algunos casos ha sido exitosa-incluso muy exitosa-y en otras no; deben tomar lo positivo y buscar cómo superar los obstáculos. En ciertos lugares del país, en efecto, hay armonía y un alto espíritu de colaboración entre los grupos, organizaciones e individuos muy diversos, pero también en no pocos hay desencuentros y luchas por el control, por absorber, excluir o aniquilar a los demás, cuestión que hay que superar. Un mecanismo que establezca varios niveles de articulación entre todas las organizaciones que tengan presencia nacional; y las de tipo regional; las formas de articulación geográficas, por sectores y por afinidades, también deben considerarse, en fin hay que explorar toda la amplia riqueza de formas de organización y relación de los componentes del movimiento social.

10. Sobre las tareas comunes y los de cada uno de los componentes.se pueden dar múltiples iniciativas, con un amplia variedad en las formas y que deben corresponder a ciertos ejes fundamentales:

Promover y participar en un gran frente común que tiendan a impedir que la clase gobernante logre imponer nuevas acciones dentro del sistema neoliberal, como las privatizaciones, las mal llamadas “reformas estructurales”, las que tiendan a privar a la clase trabajadora de la ciudad y el campo de sus derechos, las que tiendan a sacrificar, aún más, a las masas populares y a beneficiar a un puñado de explotadores, los que tiendan a saquear a la nación en beneficio del capital financiero y corporativo internacional, las que afectan a la escuela pública y al contenido y orientación de la educación. Intensificar las acciones que conduzcan a la caída del gobierno ultraderechista e ilegitimo del PAN, pero no sólo este, sino todo el sistema político, toda la clase social dominante, que es un sector de la burguesía, el más negativo por ser la que se subordina los intereses de la nación y del pueblo a los del imperialismo, que nos saquea y avasalla.
*Miembro de la CEN del Movimiento de Liberación Nacional Integrante de la Dirección Política Nacional del Partido Popular Socialista de México

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