Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Hubo un día en que decir Miguel era decirlo todo. Ese día sigue siendo hoy

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 5 octubre 2009

Los revolucionarios no se queman como la paja, se templan como el acero.

miguel enriquez-Fidel Ernesto VásquezEl periodo histórico en que el Comandante de la Revolución Chilena, desarrolla su práctica revolucionaria, viene dado por un ascenso en la lucha de clases y una crisis del imperialismo en la región; conflictos que se ven reflejados en las características que adopta la institucionalidad burguesa y los variados intentos por recomponerla.

Como lo señala el acertado análisis marxista-leninista; si en la fase pre-monopolista o periodo de la libre concurrencia de los mercados, la ideología liberal dominante impone la Democracia como su forma de gobierno, al iniciarse la fase monopolista o imperialista del capitalismo, esa forma de gobierno se va transformando en Reacción Política. Así la Democracia, que a decir de Lenin, es una forma de gobierno en que cada cuatro años se cambia de tirano, va paulatinamente dando paso al Fascismo o Reacción Política como ideología fundamental del Estado burgués capitalista.

Ese es el desarrollo histórico, que está sufriendo el capitalismo y su institucionalidad, en esta región, en la década del sesenta e inicios del setenta. Al avance del movimiento popular y sus vanguardias políticas, el capitalismo le oponía una de sus estrategias mas crueles que la historia de la humanidad haya presenciado: las dictaduras militares fascistas, de matanza y exterminio, como paso intermedio al iniciado con la doctrina de infiltración desarrollada hacia el movimiento popular(1), por los aparatos de inteligencia imperialista, organizadores de estrategias (“alianza para el progreso”, “revolución en libertad”), orgánicas políticas (Democracia Cristiana y sus derivados) y diversos organismos(2), que hoy conocemos en la actual fase de dominio imperialista, que viene a ser la última parte de la estrategia de contención popular e implementación de la dictadura imperialista a escala planetaria, donde los Estados vienen a cumplir un rol fundamental imponiendo su doctrina de “represión democrática”.

La visión estratégica de Miguel Enríquez, tiene especial importancia en la actualidad, para los movimientos revolucionarios del mundo, ya que considerando como base ideológica al marxismo-leninismo, lo llevó a plantearse derechamente la toma del poder, estableciendo una disputa ideológica y política con el reformismo, haciendo una clara diferencia entre la toma del poder y la administración del Estado burgués que propugnaban y aún siguen concibiendo, estos últimos. En ese objetivo estaban diseñadas sus apreciaciones de las características y los problemas por donde atravesaba la revolución en Chile; Caracterización del capitalismo, del Estado burgués, visión sobre programas y tácticas, aliados estratégicos y tácticos y la conformación de la Vanguardia Revolucionaria que condujera al movimiento popular, al socialismo.

Acertadamente Miguel y el MIR, definieron a Chile, como un país capitalista dependiente, donde comenzaban a asentarse los primeros monopolios transnacionales y las oligarquías locales, se armaban para la competencia. La expresión política de estos dos bandos en disputa, Miguel las definía como el Freismo y el Jarpismo, que representaba a intereses imperialistas foráneos y locales respectivamente.

La creciente madurez del capitalismo en la realidad chilena, evidenciado por el avance de la fase imperialista, llevaba a plantear a Miguel, que era posible desarrollar una revolución socialista en Chile, sin tener que pasar por la etapa democrático burguesa, que en la práctica si fue necesario implementar en otras experiencias, donde el capitalismo estaba mas retrasado que en la realidad chilena. Ese viene a ser uno de los primeros dogmas, que viene a derribar, el planteamiento ideológico y político de Miguel; la revolución verdadera, viene dada por la apreciación de las condiciones y la realidad concreta y no por copias o calcos de otras experiencias; las revoluciones son por sobre todo, creaciones heroicas de los pueblos.

Ante esa realidad, es que Miguel es tan enérgico en su crítica, a la conducción del proceso de la Unidad Popular, estableciendo que el proyecto reformista que ensayó la UP se encarceló en el orden burgués, no golpeó al conjunto de las clases dominantes, con la esperanza de lograr una alianza con un sector burgués, no se apoyó en la organización revolucionaria de los trabajadores, en sus propios órganos de poder…La ilusión reformista, permitió a las clases dominantes fortalecerse en la superestructura del Estado y desde allí iniciar su contraofensiva reaccionaria…La ilusión reformista la pagaron y pagan hoy cruelmente los trabajadores, sus lideres y partidos, que trágica y heroicamente la defendieron hasta el último minuto, confirmando dramáticamente hoy, la frase del revolucionario francés del siglo XVIII Saint Just: “Quien hace revoluciones a medias, no hace sino cavar su propia tumba”.

Atendiendo esa experiencia, realiza un llamado de atención, que en la actualidad es mas atingente que nunca; Nos parece necesario que los trabajadores y la izquierda obtengan todas las enseñanzas que la experiencia chilena entrega, para nunca más incurrir en errores. Por ello preciso: en Chile no ha fracasado la izquierda, ni el socialismo, ni la revolución, ni los trabajadores. En Chile, ha finalizado trágicamente una ilusión reformista de modificar estructuras socioeconómicas y hacer revoluciones con la pasividad y el consentimiento de los afectados: las clases dominantes.

La realidad vivida en el proceso iniciado por la Revolución Cubana y el ejemplo del Che Guevara, nos permitían entender que en el imperialismo, no se debe confiar ni un tantito así, que lo fundamental pasaba y pasa por entender que la lucha de clases, es siempre una guerra encubierta, donde la clase dominante siempre utiliza el aparato del Estado burgués para reprimir y contener, ya que es el fiel reflejo de una estructura económica, que chorrea sangre por todos sus poros; Pensamos que no es posible hablar de lucha por el poder o del Poder Popular sin hablar del Estado –afirmaba Miguel-. Del Estado burgués, del aparato del Estado capitalista.

El Estado es en esencia un instrumento de dominación de clase. Busca y ejerce fundamentalmente una coerción, se trata de mantener una mayoría explotada dominada por una minoría explotadora. Lo hace a través de dos formas fundamentales: formas represivas: allí las masacres –Pisagua para los que lo olvidan-, los desalojos, la represión policial o militar en sus distintas instancias, y tiene también componentes y formas ideológicas, que son la moral, el derecho, la legalidad, etc. Todo está allí construido y justamente para mantener la explotación y la dominación de una clase por otra. Tiene varios componentes, entre ellos está el aparato ejecutivo, está el aparato armado, verdadero esqueleto del aparato del Estado, las FF.AA., está el aparato burocrático, está el Parlamento, está la justicia y una serie de otros componentes, cada uno encargado de específicas funciones.

La base fundamental de él en la sociedad capitalista, es el Estado de Derecho que se consagra por escrito en la llamada Constitución, en las leyes. Por escrito se representan los intereses de una minoría para explotar a una mayoría, por escrito se consagra el derecho a la represión y a la explotación de una mayoría por una minoría. La Constitución -y no hay ningún teórico capaz de demostrar lo contrario-, no representa los intereses de la nación, de todo el pueblo; representa los intereses de una minoría, y está y existe en función de explotar, reprimir y mantener la dominación, de una minoría sobre una mayoría.

El certero análisis planteado por Miguel, respecto a la institucionalidad burguesa, era uno de los puntos que separaba y sigue separando, las posiciones revolucionarias de las reformistas, revisionistas y oportunistas enquistadas en el campo popular. Miguel, interpretó como un gran avance, la administración del Estado burgués, por parte del conglomerado reformista que encabezaba la UP, pero advertía a no engañarse, ya que el hecho de conquistar el gobierno no permitía hablar de una cuota de poder al interior de la sociedad. Más bien, decimos, son posiciones que son valorables y hay que valorar como positivo, a partir de las cuales puede realmente combatirse, si se colocan en sentido correcto, por la conquista del poder. Pero no puede entenderse que toda posición que se tome en el aparato del Estado es una cuota de poder que se va tomando. Por la vía de la caricatura podríamos llegar incluso a decir que cuando Recabarren era diputado, hace muchas décadas, había ya una cuota de poder en manos del proletariado, o cuando tenemos a un suboficial de izquierda tenemos una cuota de poder al interior del aparato del Estado. Y si exageramos esto, cuando tenemos una oficina pública que controlamos, o tengamos algún funcionario público, tendríamos otra rebanada del salchichón llamado poder.

Nosotros no estamos con esto, subvalorando lo que puede entenderse como el uso del instrumento que pudiera haberse hecho del gobierno en manos de fuerzas de izquierda ni mucho menos. Pensamos que era de verdad un poderoso instrumento que, orientado en un sentido correcto, pudo haber permitido avanzar mucho, o por lo menos más de lo que realmente se avanzó ¿Qué entendíamos que había que hacer? Entendíamos que había que acumular fuerzas y la fuerza no se podía encontrar al interior del aparato del Estado. Esa fuerza no estaba en los pasillos del Congreso, en los pasillos del ministerio; esos eran instrumentos, posiciones que, colocadas al servicio de la búsqueda de la fuerza en la fuente fundamental, el movimiento de masas, podían permitir acumular realmente la fuerza a favor del pueblo. Esa era la tarea fundamental, es la tarea fundamental, y la relación entre el movimiento de masas y el gobierno debió haber sido y debe ser el uso del “instrumento gobierno” al servicio de las luchas del pueblo. Para acumular fuerza al interior del pueblo. No en su freno, no al contrario, el movimiento de masas detrás y teniendo al gobierno de la UP como meta única, incluso la última en oportunidad. ¿Cómo entendíamos que eso podía hacerse? Había que levantar un programa y hacer las adecuaciones al programa de la UP que fueran necesarias. Después habrían de emerger programas adecuados. Había al mismo tiempo que readecuar las tareas políticas, las alianzas, las movilizaciones del pueblo, identificar a los enemigos políticos y no confundirlos…ir estructurando órganos autónomos del pueblo, órganos autónomos de clase, que fueran independientes de las clases dominantes…. Se trataba de organizaciones de masas que fueran independiente del aparato del Estado y no que estuvieran sujetas a el. Sin temores y pacateces de ningún tipo, dicho claramente, caminar germinalmente hacia la dualidad de poder, que es el único camino que realmente podría ir construyendo un poder alternativo.

El planteamiento es nítido y certero; el avance cualitativo en la construcción del Poder del Pueblo, el Poder Popular, no pasa por “oficializar” posturas, ni “crear decretos de poder”: La revolución no se hace por decreto; se construye en el campo de batalla, día a día, destruyendo las bases que sustenta el poder del enemigo de clase y construyendo Poder Popular.

La única posibilidad de realizar avances para el movimiento popular, desde las estructuras del Estado burgués, es diseñar pasos tácticos para que el pueblo vaya adquiriendo fuerza revolucionaria, transformadora, a partir de eso entendíamos que se podían plantear las tareas de control del aparato burocrático del Estado en las cuales se levantara y reconociera la contradicción fundamental que había y hay entre el movimiento de masas y el aparato del Estado, entendido como el aparato burocrático del Estado , las tareas y la lucha antiburocrática que el pueblo vive minuto a minuto en la salud, en la vivienda, en la educación, y del cual se defiende y tiene el derecho y el deber de combatir, y es la única forma también de incorporar fuerza y capas del pueblo.

Esta es la gran enseñanza que deben sacar, todos aquellos que siguen pensando en la “destrucción del sistema desde adentro” o los que añoran la convivencia de clases; si de verdad lo que queremos es una revolución de las estructuras de explotación que sostienen a la FES Capitalista, los pasos tácticos desde el Estado burgués, deben ir focalizados a nutrir de poder real al movimiento popular, sólo ahí tiene algún grado de significancia gastar tiempo y recursos en querer administrar espacios de poder, en la institucionalidad burguesa; esto entendíamos que eran las tareas que tenían que plantearse alrededor de la generación de este tipo de organismo. Allí se encontraría la fuerza y la conciencia para enfrentar la burguesía, por un lado, y para ir generando órganos de poder ; y esto manejando la contradicción de que en la realidad el aparato del Estado capitalista estaba aún allí, que había un gobierno de izquierda; eso era real, y que al mismo tiempo teníamos que generar esos organismos.

Sobre esa misma base, el planteamiento de Miguel sobre la lucha electoral, es claro: En concreto para nosotros, el problema de la importancia de las elecciones no pueden llamar a confundir a nadie y no puede llamarse engaño a nadie. Por la vía electoral nadie puede conquistar el poder, pero sí es un hecho que en determinadas oportunidades es posible hacer uso de las elecciones como instrumento táctico que fortalezca las luchas del pueblo por la conquista del poder (3)… Desde ese punto de vista planteamos la necesidad de que tanto los revolucionarios como el pueblo participen dentro de ellas, pero sobre la base de dos cuestiones: la primera, es que lo hagan a partir y levantando un programa que quiebre las polaridades de oposición –gobierno y que levante polaridades y enfrentamientos de clase, y le quite el apoyo popular a la burguesía. Y por el otro, que declare no la consolidación del sistema de dominación burgués, no el apoyo o el aplauso al parlamento, sino la lucha por la Asamblea del Pueblo, coronación final del desarrollo progresivo de los Comandos Comunales.

Bajo esa consideración, estableciendo el retroceso de las fuerzas de izquierda, sobre todo las revolucionarias, en el campo popular, además del aplastante avance del imperialismo y su ideología reaccionaria; hoy día, ver como avances tácticos, la participación en los “circos electorales” de la burguesía, es un tremendo error; lo único que se logra es recomponer fuerzas a la institucionalidad burguesa en crisis, que se desangra en incentivar la participación del pueblo en sus comicios, buscando dar garantía y legitimidad a su aparato burocrático represor. Donde el reformismo, el revisionismo y oportunismo pequeño burgués, juegan el triste papel conciliante con el enemigo de clase; desmovilizando y atomizando al pueblo, planteándole siempre la prudencia, “que aun no es tiempo, que lo mejor es elegir el mal menor”, etc.

En esa instancia, lo valedero para nutrir de fuerzas al movimiento popular, es ayudar a deslegitimar las instituciones burguesas, no apoyando sus procesos, articulando resistencia, ya que a juicio de Miguel, el Estado burgués establece un compromiso en la defensa del Estado de Derecho, la paz social. Eso es exactamente lo contrario a lo que las revoluciones levantan como tarea, como meta y como objetivo. Si los Partidos de izquierda, no son capaces de valorar ese proceso, Miguel era muy claro al respecto: No le pidamos al pueblo, lo que los partidos políticos de izquierda no precisan.

Parado en el terreno de la lucha de clases, el Comandante de la Revolución Chilena, visualizaba el problema de la lucha por el poder, como el elemento central al que se debía prestar atención, individualizando las diversas tácticas y la relación con el Estado burgués en pos de la articulación popular. El problema de la lucha por el poder, -planteaba Miguel- llamado aquí popular, y toda lucha política es en última instancia una lucha por el poder, y la otra parte, la lucha por los comandos comunales, que es la forma concreta que está asumiendo acá la lucha por el poder, es una de sus formas.

La táctica de los Comandos Comunales implementada por el MIR y parte de la izquierda, durante el proceso de la UP, Miguel la entendía ideológicamente así: Los Comandos Comunales hay dos formas de desarrollarlos. Yo creo que las alternativas no son la idealista y la burocrática. Son, si están o no subordinadas al aparato burocrático del Estado, al aparato del Estado burgués, o si son autónomos.

Si se construyen como formas que caminan hacia la conquista del poder, y por tanto hacia la destrucción del Estado, o si están subordinados al aparato del Estado, y por lo tanto todas las negociaciones, conciliaciones y contradicciones que se den al interior de los distintos componentes del aparato del Estado controlado por distintas fuerzas sociales.

En lo fundamental, la idea fuerza radicaba en no confundir al pueblo, en la relación de su propio poder y la labor del Estado burgués como factor de contención al poder dual que desarrollaba el pueblo. Ante esa relación Miguel definía que, nosotros pensamos que en lo fundamental es de contradicción y lucha, y no hay posibilidad ninguna de subordinación, so pena de hacer desaparecer la perspectiva de la generación de un poder alternativo. Esto es, no podrá haber ningún tipo de relación de subordinación, sino que al contrario la generación de los Comandos Comunales en la perspectiva será la lucha en contra del aparato del Estado burgués.

Este es un problema de especial análisis, sobre todo para las vanguardias revolucionarias que intervienen en algunos procesos llamados progresistas, en este continente. Y pasa por entender, que estratégicamente a lo que debe tender el movimiento popular, es a buscar y construir su propio camino, utilizando los pocos espacios, que estas administraciones van dejando en sus alianzas con las clases dominantes. Estratégicamente esa construcción, se debe entender como un camino autónomo; si el llamado progresismo valida la institucionalidad burguesa a partir de los propios principios del enemigo, como lo son “el sistema democrático”, su Estado de Derecho, valida además las políticas imperialistas dictadas por el Comando Sur de someter y militarizar la sociedad, por medio de su mentada “lucha contra el terrorismo y el narcotráfico”. Las fuerzas revolucionarias no se pueden perder en el mar ideológico desarrollado por el enemigo de clase y sus particulares aliados; ante ello el marxismo-leninismo, hace algún tiempo nos advirtió que el fascismo es la organización de combate de la burguesía que se apoya en el respaldo activo de la socialdemocracia. La socialdemocracia es objetivamente el ala moderada del fascismo. No hay bases para asumir que la organización de combate de la burguesía pueda lograr éxitos decisivos en las batallas, o en el gobierno del país, sin el apoyo activo de la socialdemocracia… Esas organizaciones no se niegan entre sí, sino que se complementan mutuamente. No son antípodas, son gemelos. El fascismo… existe para combatir la revolución proletaria.

Ante esa realidad, no son casuales ciertas coincidencias entre estos sectores, ya lo hemos planteado anteriormente; si lo que los revolucionarios pretenden es avanzar en conciencia, organización y participación del pueblo; la Democracia no es el camino, la Democracia es una articulación enemiga, que desemboca necesariamente en el fascismo o la reacción política (4). A lo que las fuerzas revolucionarias, deben a tender es a la construcción del Poder Popular, que debido a como se viene desarrollando la lucha de clases, es contradictorio al concepto de Democracia y reacción política propiciado por el enemigo de clase. Parten de supuestos distintos, de objetivos distintos; a juicio de Miguel, el problema es que la generación de un Poder Popular, la generación de un poder dual en perspectiva, está planteado no sólo sobre la base de la conciencia de la clase obrera. No todos los movimientos que producen ascenso de las luchas de la clase obrera y sus capas aliadas, no todos los ascensos de las movilizaciones de masas generan dualidad de poder. Es necesario, para que se genere dualidad de poder, que esté planteada una crisis de dominación y en concreto, que el aparato del Estado esté en crisis; y en concreto que la clase dominante esté en crisis y que esta crisis se proyecte en que el aparato del Estado entre en crisis…Todo órgano de poder dual y todo órgano que pretenda generar Poder Popular, poder alternativo, en concreto, tiene como condición básica la unidad del pueblo. Si no la logra bajo la conducción de la clase obrera, en ese caso no hay Poder Popular.

Pero a su vez, para lograr estos mismos objetivos es imprescindible que el conjunto de las fuerzas que ofrecen conducción al pueblo, estén insertos en el pueblo, pero no en paz y armonía, sino en denodado combate ideológico, que por encima de la unidad del pueblo, al interior de estos Comandos, se dé el combate ideológico, la lucha –a nuestro entender- que debe ser contra el reformismo, contra cualquier desviación reformista que atente no ala constitución orgánica, formal, de un Comando Comunal, sino a la generación de un poder alternativo, de una dualidad de poder en Chile.

La configuración de NUESTRAS FUERZAS realizado por Miguel y el MIR, es uno de los factores notables que trasciende hasta los periodos actuales; considerando la experiencia de procesos en donde geográfica, económica, social y culturalmente, presentaban características similares; Lenin, el Che Guevara, Ho Chi Min y especialmente Mao Tse Tung, habían avanzado decididamente en la elaboración de una estrategia que implicara la necesaria confluencia, entre campesinos y proletarios, al cual Miguel agrega el aporte de los pobres del campo y la ciudad, como fuerza aliada estratégica, en el proceso revolucionario. Al respecto, el Comandante de la Revolución Chilena, plateó que entendíamos que en el caso particular de Chile, el decir alianza obrero-campesina era insuficiente, y había que establecer también la alianza con los que llamábamos los pobres del campo y la ciudad…Entendíamos que el pueblo estaba fragmentado por sector social, que los pobladores no estaban unidos a los obreros, que la clase obrera no podía ser vanguardia de las clases en forma global y plena en la medida en que estaban fragmentados campesinos de obreros, pobladores de obreros, que había que buscar un mecanismo unificador de todo el pueblo, un mecanismo que, al mismo tiempo que unificara, incorporara a capas que estaban mas retrasadas o que estaban pasivas, esto es lo que planteábamos alrededor de los Consejos Comunales.

La enseñanza de los postulados de Miguel Enríquez, para los pueblos que vivimos en países capitalista-dependientes, es que la gran alianza para desarrollar Poder Popular, el poder dual del pueblo consciente, es incorporar a la gran masa que le sobra al capitalismo, al desechado y vilipendiado. Esa gran Vanguardia, que llamamos pueblo, es la que debe dar los combates decisivos, desde posiciones ventajosas. Pero para que ello ocurra debe, necesariamente existir el Partido de Combate, revolucionario, orientador y conductor, una estructura político-militar que junto y desde el pueblo, orienten la lucha revolucionaria.

Esa es la construcción a la cual también se abocó Miguel Enríquez, siguiendo las orientaciones marxistas-leninistas y concepciones político-militares, que nutrieron a una serie de experiencias orgánicas en nuestra región, cuya finalidad era comenzar la lucha revolucionaria en Chile y proyectarla al resto del continente, práctica revolucionaria internacionalista que Miguel logró llevar a cabo, con la convocatoria realizada a otras fuerzas revolucionarias que confluyeron en la Junta de Coordinación Revolucionaria, JCR, que logró grandes avances en la confrontación del fascismo que se implantaba en nuestra Patria Grande.

Pero la construcción orgánica no fue fácil para Miguel, debió lidiar con el reformismo y revisionismo interno, que representaban las fuerzas tradicionales (comunistas, trotskistas), que mantenían una “bolsa de gatos”, grupos, fracciones, disputas, etc., no había niveles orgánicos mínimos, predominaba el mas puro “ideologismo”, no había estrategia y menos aún táctica, aislados de las masas. Ante esa realidad, la única forma de dar una conducción revolucionaria, era iniciar las disputas ideológicas al interior del partido, para ir orientando a la militancia. Se iniciaba así un periodo de maduración, educación y formación de los cuadros político-militares, disciplinarlos para que entendieran el carácter de una organización revolucionaria, aunque, a decir de Lenin, acabar con la indisciplina de los pequeñoburgueses es más difícil que acabar con mil tiranos. Así se logró generar discusión interna que lograra la separación con los otros sectores, redefinición de los militantes y selección en el ingreso, comenzar acciones, que rompiendo el círculo vicioso, nos permitieran ampliar nuestra penetración en los frentes de masas, reestructuración político-especial.

El crecimiento cualitativo y cuantitativo del MIR, como expresión orgánica revolucionaria, bajo la dirección de Miguel Enríquez, no tiene parangones en la historia de nuestro país. Eso lo llevó a un enfrentamiento ideológico y político con el reformismo insertado en la UP y que buscaba una convivencia con la burguesía, ante lo cual Miguel planteaba que esto que parece una disquisición teórica, establece el camino y el curso posible que puede tomar la generación de un Poder Popular, o el afirmamiento de un poder burocrático…. Para nosotros nace por tanto la necesidad por encima del acuerdo global que valoramos como positivo, la necesidad de establecer los campos y separar las aguas, entre las concepciones que consideramos en este aspecto vinculadas a otras evidentemente reformistas, y las que son revolucionarias… nosotros no estamos llamando a ni a luchar contra el gobierno, ni hacer caer el gobierno, ni colocar los Comandos Comunales en contradicción fundamental con el gobierno. Pero sí con el aparato del Estado. Única forma de generar Poder Popular.

Nosotros llamamos a no combatir al gobierno, sino a combatir todas las concesiones y todas las regresiones y todos los retrocesos. A apoyar todas las medidas que puedan resultar positivas al pueblo a recuperar iniciativa. Su propia iniciativa. A confiar más en sus propias fuerzas… En las fuerzas del pueblo finalmente, en las cuales el reformismo, nunca a confiado, ya que tarde o temprano termina buscando alianzas con el enemigo de clase. Por ello Miguel clarificaba que el reformismo es la introducción de la ideología de la pequeña burguesía en la clase obrera y es usada por la clase dominante en los periodos de “normalidad”. En los periodos prerrevolucionarios no lo necesitan para eso y usan otras formas: fascistoides, goriloides o cualquiera de las formas de ofensiva de la clase dominante. Sólo así podría explicarse que partidos reformistas pelearon en España, por ejemplo, denodadamente en contra de la clase dominante. O sea el sólo hecho de ser reformistas-si uno no quiere caer en el doctrinarismo- puede perfectamente colocarlo en la trinchera, y está en la trinchera en situaciones de este tipo, del campo de los trabajadores en contra del enemigo.

Puede cumplir otro rol, que es desarticular, confundir, desarmar al pueblo, pero no necesariamente deja de estar en el campo de los trabajadores en enfrentamientos cruciales.

Tal parece que el Comandante de la Revolución Chilena, no quedó corto en el análisis; la realidad que vivimos hoy, así lo demuestra: el reformismo en alianza con la socialdemocracia y la derecha chilena, tratando de mantener a flote, la podrida institucionalidad fascista, sobreviviendo de las limosnas y migajas que el capital les deja.

Pero las fuerzas revolucionarias debemos aprender de los errores y articular la lucha, que lejos de cancelarse, recién comienza. Será larga y dura. El movimiento de masas y la izquierda no han sido aplastados. En las nuevas condiciones, la fortaleza de los trabajadores, del conjunto de la izquierda y de los revolucionarios, primero golpeados, recomponiéndose después, tiende otra vez a acrecentarse.

Los revolucionarios debemos definir una direccionalidad estratégica, que aumente los niveles de actividad, organización, conciencia y disposición de lucha de la clase obrera y los pobres del campo y la ciudad. Debemos alcanzar un grado de organización de clase, al nivel de un Ejército constituido, decidido a luchar por sus intereses y a resistir la embestida reaccionaria. La clase obrera y el pueblo desde las fábricas y fundos, desde los Comandos Comunales y desde los consejos de campesinos, ya han notificado a sus direcciones políticas que la lucha salió de los pasillos y del Parlamento y que no permitirán retrocesos ni concesiones. Es aquí y ahora cuando las vanguardias, los líderes y los partidos serán sometidos a la prueba de fuego.

Los días que se avecinan serán decisivos. La clase obrera y el pueblo deben mantener las posiciones conquistadas y alcanzar otras. Los trabajadores deben exigir una conducción revolucionaria y decidida. Deben rechazar los retrocesos, a los vacilantes.

Instrúyanse, porque necesitamos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitamos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitamos de toda nuestra fuerza.

A 35 años de la caída en combate de Miguel Enríquez Espinosa, Comandante de la Revolución Chilena

Con el PUEBLO, como Fuerza Principal Político-Militar,

Con la Vanguardia, creando CONCIENCIA Revolucionaria y

Con el FUSIL, como guía de la lucha histórica y constante.

POR LA RAZON Y LA FUERZA, LOS TRABAJADORES AL PODER

SÓLO PODEMOS LA VÍA REVOLUCIONARIA

COMBATE O MUERTE

Movimiento de Izquierda Revolucionaria – Ejército Popular Revolucionario (Batallón Chile)

Notas:

(1) Esto primeramente lo llevan a cabo, insertando desviaciones ideológicas, con Centros de Estudios, supuestamente “marxistas”, auspiciados por la Fundación Ford, la Human Raig, la NED, etc. Allí se crean las condiciones para deformar el pensamiento revolucionario; se generan y potencian los sectarismos y se levantan los “monstruos come guaguas” de la URSS, las leyendas de las “bestias negras”. Aquí se incuban las traiciones que sufrirían los pueblos. Todas esas desviaciones fueron las que Miguel siempre combatió con intransigencia.

(2) Ver El Imperialismo y su ideología fascista, en la realidad chilena, en http://www.cedema.org/uploads/TrincheraMovil3.pdf

(3) Otra clara diferencia con el reformismo, ya que estos plantean lo contrario; entrar a jugar con las reglas de juego del enemigo, hacer concesiones, para desde ahí generar espacios o utilizar estos, para “mostrar el proyecto al pueblo”.

(4) Los revolucionarios, no nos podemos perder ideológicamente; buscamos la Dictadura del Proletariado, para derrotar y aniquilar a la clase enemiga; quizás no suena muy bonito a los “finos oídos” del reformismo y de los que traicionaron el proyecto revolucionario del pueblo chileno, pero esa es la única realidad, si nos queremos liberar como clase.

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