Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

¿Qué es el socialismo desde abajo?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 7 octubre 2009

Por Ussama Jandali

Pocas palabras a lo largo de la historia han sido tan mancilladas, tan tergiversadas y tan manipuladas como ésta. Por pocas se ha luchado con tanta sangre, sudor y tinta como por lo que llamamos “socialismo”. Aun así, tras más de dos siglos de luchas, la palabra “socialismo” sigue encerrando en sí misma un amplio abanico de ideas e interpretaciones. Un claro ejemplo lo tenemos en el actual Estado español, gobernado por un partido autoproclamado “socialista”. Por eso es hoy necesario, igual que lo fue ayer y lo será mañana, pararnos a pensar qué significa “socialismo”.

Desde sus orígenes, hay quien ha visto socialistas en personajes de la Antigüedad, los cuales poco o nada tenían que ver con ello (Platón, Pitágoras, etc.), simplemente por el hecho de que planteaban en sus ideas de Estado un cierto colectivismo. Sin embargo, sus concepciones se oponían a la libre elección entre iguales, apostando por el manejo del Estado por parte de una élite privilegiada, de la cual casualmente ellos formaban parte.

Estas ideas, muy tempranas en la historia de nuestro pensamiento organizativo, se han ido repitiendo a lo largo de los siglos, con distintos actores y escenarios. Sin embargo, no por ello varía su razonamiento, que radica en la idea de superioridad intelectual de unos pocos destinados a dirigir a la masa por el camino correcto. Esos valores de seres elegidos ante un populacho estúpido, influenciable y salvaje se mezclan con un paternalismo redentor. El socialismo bajo estos preceptos es el llamado “socialismo desde arriba”.

El socialismo desde arriba parte de la idea de que la clase trabajadora es incapaz de lograr su propia liberación y, en consecuencia, es una élite de iluminados la que debe tomar las riendas del pueblo para conducirlo hacia el socialismo. Dicha élite –burocrática o ligada al capital, según el caso- sale directamente beneficiada de la tarea para la que se autoproclama, al hacerse con las riendas del Estado. En este proceso, procura acabar con los sindicatos independientes o marginarlos activamente. Como resultado de todo esto, el poder no recae en el pueblo sino en el Estado, que controla todas las esferas de la sociedad.

En otras palabras: el socialismo desde arriba no podrá nunca conseguir la emancipación de la clase trabajadora, ni será un sistema que busque en última instancia la felicidad del pueblo y el bienestar general. Acaba siendo lo que la historia nos ha enseñado en más de una ocasión: un sistema generalmente corrupto, injusto y déspota.

En contraposición a los defensores del socialismo desde arriba, los que creemos en el socialismo desde abajo como auténtico garante de la felicidad de la sociedad consideramos que, para el triunfo del socialismo, el colectivismo es inseparable de la democracia. Por ilustrarlo de alguna manera: un sistema que garantice el colectivismo pero no la democracia deriva en una dictadura con pan. Por otra parte, un sistema que conceda cierta democracia sin colectivización sería un voto sin pan.

No podemos olvidar nuestra radicalidad democrática, eje principal de lo que entendemos por “socialismo”. Democratizar la economía, las decisiones sociales y la vida en general no es dar un voto cada cuatro años. Que nadie se confunda. Y no es sólo elegir a quien se encargue de todo aquello que en buena medida nos afecta, sino también tener la capacidad y el derecho reconocido a poder revocar a la persona que no cumpla con su encargo. Queremos que sea el pueblo el que decida y, como bien expresó Marx, tendrá que ser la clase trabajadora la que, tomando conciencia de su relevancia, decida apropiarse de sus derechos.

En definitiva, debemos luchar por conquistar el campo ideológico de los trabajadores sin más argumento que el que Marx contempló en su momento: que los trabajadores y trabajadoras del mundo sólo podrán conseguir su emancipación y total libertad conquistándolas con sus propias manos. No hay mesías, ni élite, ni vanguardia, ni político, ni Rey, ni Dios que les vaya a otorgar tal condición. Sólo las mismas manos, las mismas mentes y los mismos corazones que cada día se levantan, sustentando al sistema, son los que algún día puedan levantarse para dejar de sustentarlo.

Ahora llevemos esta teoría a la práctica: ¿Cómo es posible superar el orden capitalista y llegar a una sociedad socialista? ¿Qué papel juega aquí el Estado? Muchos autores han pretendido, a lo largo de la historia, equiparar el socialismo con la estatización; es decir, argumentar que el socialismo pretende que el Estado sea la única entidad que gobierne la sociedad. Sin embargo, en los trabajos de Marx esta supuesta adoración del Estado no aparece por ninguna parte. De hecho, si entendemos el Estado como un instrumento de dominación de clase, no puede haber socialismo mientras no se acabe con el Estado. En consecuencia, solamente cuando la clase trabajadora logra hacerse con el poder del Estado hasta llegar a derrocarlo –la llamada “dictadura del proletariado”-, se puede instaurar un nuevo sistema en el que no haya lugar para la explotación, donde las personas puedan decidir libre y colectivamente qué y cómo producir.

Por si no queda claro: el socialismo desde abajo solamente puede ser alcanzado por medio de una revolución socialista profundamente democrática.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: