Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

ANÉCDOTAS SOBRE EL CHE

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 8 octubre 2009

che-Fidel Ernesto VásquezCasi siempre la personalidad del Che se nos presenta como el médico que dejó atrás su profesión para abrirse paso hacia una quimera.

Es el Ministro de Industria, el presidente del Banco Central de Cuba, el impulsor y creador del trabajo voluntario, el amigo fiel de Fidel.

El Che es el hombre de Cuba, de América, de África y del Mundo. Es el hombre que saltó las fronteras de la esencia humana y nos legó un ejemplo difícil de superar.

En él convergen valores que lo hacen paradigma de solidaridad, entrega sin limites a las causas justas, desprendimiento, fidelidad y amor.

Hoy nuestra página Web pone a disposición de los amigos que nos visitan un grupo de anécdotas que reflejan el temperamento, el carácter, la valentía y disciplina  de este “soldado” como él mismo se llamó. 

                                      Anécdotas

 

1. Mi primer contacto con él, mi primera relación de trabajo, fue cuando se comenzó a construir el reparto Martí, a mediados del año 60, cerca del reparto Casino Deportivo, en La Habana.

Al compañero periodista José Vázquez y a mí, la dirección del periódico nos mandó muy temprano en la mañana a ese lugar, y a los cinco minutos de estar allí llegó el Comandante Guevara con un grupo de dirigentes y funcionarios.

– ¿Quiénes son ustedes? – Nos preguntó Che.

– Somos periodista de “Revolución”, Comandante.

– ¿Y ustedes vinieron a trabajar?

– Sí Comandante. Vinimos a cubrir la información, vinimos a hacer ese trabajo…
– No, no, yo digo a trabajar de verdad. A dar pico y pala,,, a cargar carretillas…
Y nosotros le respondimos: “Bueno, si hay que hacerlo, también lo hacemos”.
Entonces me mira y me dice: Bien, cuelga tus cámaras ahí, en cualquier lugar. Y acompáñanos!

Ahí nos pasamos toda la mañana. El Che llenándome una carretilla y yo llevándola de arena, de cemento, de piedra…

(Liborio Noval. Reportero del periódico Revolución)

2. Narra Carlos Alfara que en una ocasión se envió para Guanahacabibes a un administrador de una fábrica que había cometido malversación. Cuando el Che se enteró llevó el caso al consejo de dirección y especificó:

– De ninguna manera ese hombre va para Guanahacabibes. Ese hombre tiene que ir para la cárcel. Guanahacabibes es para los revolucionarios que se equivocan; para los ladrones está la cárcel.

3. Juan Valdés Gravalosa, uno de los cubanos que más cerca estuvo del Che rememora detalles de quien fuera su inolvidable jefe. Cuenta que siempre usaba el uniforme y las botas de soldado porque eran los más baratos del ejército. A veces no tenía ni noción del dinero que debía llevar en sus bolsillos. Una vez estaban en Nicaro, en alguna cafetería, tomando café y el Che le decía bajito Paganini, y él sacaba diez centavos, el medio del Che y el medio de él, porque Paganini era que pagara.

4. El Che tenía una gran humildad- nos dice Salvador Vilaseca-. Cuando fue nombrado presidente del Banco, llamó a un amigo para que fuera a trabajar con él en un cargo de importancia de esa institución. El amigo, asustado por la responsabilidad que el cargo significaba, le objetó no creía tener condiciones para desempeñarlo, puesto que no sabía nada de banca, a lo que el Che le contestó:

“Yo tampoco sé nada de eso y estoy de presidente”. Con esta respuesta dio dos lecciones al amigo, una de humildad y otra del deber que tiene todo revolucionario de ocupar el puesto que la Revolución le asigne.

5. Mariano Rodríguez cuenta en el libro Con la adarga al brazo que un día salían de Fomento en el Chevrolet del Che y este iba manejando, pero aparece en la carretera un viejito manejando una bicicleta que llevaba en la parrilla una guataca con el cabo  apuntando para la vía. El Che no ve el cabo de la azada y al cruzar toca con el guardafango derecho el palo y lanza al viejito y la bicicleta a la cuneta. Automáticamente detiene el auto y se preocupa por la salud del anciano quien está sentado mirando los golpes que se ha dado la bicicleta. Llega el Che y le pregunta:

-¿Se ha dado algún golpe? ¿Le ha pasado algo?

Levanta la cabeza el viejito y cuando reconoce que era el Che le dice:

-¿Pero fue usted quien me arrolló?

-Sí, por desgracia

Y el viejito decía:

“¡Qué desgracia de qué! ¡qué suerte tengo yo, que usted me haya arrollado! ¡Usted sabe lo que es que yo le diga a mi familia que usted me arrolló! ¡Qué suerte tengo yo de haber salido hoy…! ¡Si no salgo hoy usted no me arrolla! ¡Qué clase de suerte tengo yo!”.

El Che sonriente exclama: “Todavía este hombre me da un beso por haberlo arrollado…”

Le dice al viejito: “Deme acá su bicicleta para mandársela a arreglar”

Pero el viejito argumenta: “¿Arreglar? ¡No! ¡Qué va! Esta bicicleta yo no la arreglo ya nunca más, esta bicicleta la guardo para enseñarla a mi familia del día que tuve la suerte de conocer a Che Guevara…”

De todos modos el Che le envió posteriormente una bicicleta.

6. Cuando el Ministerio de Industria se trasladó para el edificio que hoy ocupa el Ministerio del Interior, cuenta Alfara que había un perro que todas las noches cuando el Che se retiraba salía corriendo y ladrando detrás de los carros. Un día uno de los escoltas se le acercó y le dijo:

-¡Mira que este perro molesta! Lo vamos a amarrar para que no ladre más, a ver si luego lo soltamos por otro lugar.

Y así se hizo.

A las dos de la madrugada el Che se marchó, pero para sorpresa de todos, regresó porque sencillamente había notado la ausencia del perro, pensó que la suerte que podía correr el animal era oscura, y de muy mal humor, obligó a los escoltas a ponerlo de nuevo en libertad.

7. Una vez, en aquellos días duros de la Sierra Maestra, pasó la columna junto a un naranjal, algunos compañeros tomaron naranjas contraviniendo la orientación del Che. Alfonso Zayas, cogió una y al conocer la orden del Che la arrojó. El Che dispuso que el que hubiera cogido naranjas no tomaría chocolate. Guiado por su intuición se acercó a Zayas:

–         Alfonso: tú cogiste naranja.

–         Sí Comandante, cogí una pero no me la comí, la boté al camino.

–         Bueno, no importa. Si cogiste una naranja no puedes tomar chocolate

Estas medidas respondían al doble propósito de respetar lo que poseían los campesinos e impedir que quedarán huellas de los rebeldes.

8. La primera vez que el Che habló en la escuela de reclutas de Caballete de Casas, todos estaban muy emocionados. Cuando terminó de hablar, Herrerita gritó:

 -¡Viva el Che!

 – Che preguntó:¿Quién gritó viva el Che?

 Herrerita sale de la tropa y afirma que es él. Al momento el Che le dijo:

–         Hay muchas cosas a las que se les puede dar vivas, como a la bandera, la patria, a Martí. Nunca se las des a un hombre que vive.

8- En el libro Descamisado, Enrrique Acevedo cuenta como el Che dio un ejemplo difícil de olvidar cuando un día en que se repartió una lata de leche por hombre, el de suministro dejó alrededor de cinco o seis latas sobrantes guardadas en una esquina. El ojo sagaz del jefe de la columna lo detectó y preguntó qué era aquello. El gran camaján le contestó con una sonrisa perruna:

–  Jefe, esto es una pequeña reservita para la comandancia o para lo que usted diga.

Con una elegante patada del Che las latas cayeron dispersas por el suelo:

–         Mira, guataca, dale y reparte ahora aunque sea a una cucharada. Que esto no suceda más.

Acostumbrados ya a ese trato tan justo, era difícil comprender el régimen que existía en este campamento.

8. Joel Iglesias Leyva contó cómo cuando el combate de Mar Verde cayó herido frente a los guardias y el Che tuvo que rescatarlo, se hizo las primeras curas y lo envió al hospital de La Mesa, pero antes de ello le sacó las pertenencias que llevaba en el bolsillo. Es por ello que vio una cartica de amor que le había escrito a una muchacha y supo entonces que ya sabía escribir por lo que lo ascendió a teniente.

9. En la revista Moncada en el año 1987, Ricardo Martínez narró que no podía olvidar la vez que hambriento y desfallecido ascendía la escarpada pendiente de una montaña, se había quedado rezagado, a la retaguardia de la tropa, y estaba solo. Sin fuerzas se derrumbó junto al trillo, permaneciendo inmóvil, como muerto. De pronto, unos pasos llamaron su atención, miró hacia abajo y descubrió al Che que con dos mochilas encima y ahogado por un fuerte ataque de asma subía la cuesta.

Lo observó con pena. Llegó hasta él, y al tiempo que le daba unas palmadas en el hombro, le decía con su acento argentino:

¡Vamos, muchacho, ya estamos llegando!

Las palabras animosas de aquel que no era cubano, y a pesar de su situación seguía adelante, lo conmovieron, sacando fuerzas de donde no las había y reanudó el camino. 

10. El cuadro como dirigente político, debe ganarse el respeto de los trabajadores con su acción. Es imprescindible que cuente con la consideración y el cariño de los compañeros a quienes debe guiar por los cambios de vanguardia”, así escribió el Comandante Ernesto Guevara.

Su sencillez, su absoluta ausencia de ambiciones personales, su modestia, su honestidad y su profundo amor hacia el hombre lo retratan como un extraordinario dirigente revolucionario.

El Che era el primero en todo. Al predicar con el ejemplo todos lo seguían sin vacilación.
Hay tantas cosas y tantas anécdotas para recordar su etapa de constructor como ministro de industrias. Por ejemplo: en una reunión que analizaba el informe de la Empresa consolidada de Productos farmacéuticos en 1963.
En la mesa que presidía la reunión llevaba largo rato un termo de café y al preguntársele por qué no lo ingería, que se iba a enfriar respondió secamente. “Caballeros, tienen que aprender muchas cosas, el café no alcanza para todos los que participan en la discusión del informe”.

Y allí quedó el termo, sin tocar, como una verdadera enseñanza de la sensibilidad de un dirigente.

11. Joel Iglesias se incorporó a la tropa del Che cuando era casi un niño y fue el comandante más joven al triunfar la Revolución.

Él cuenta como al marchar a la sierra para incorporarse, el Che, quizá desconfiado por su edad, le señaló uno de los sacos de yute lleno de magazines de ametralladoras que había llegado recientemente a la sierra y le dijo:” ¿Te atreves a cargar ese saco?”

Joel contestó que sí, y fue aceptado como ayudante de la ametralladora del Che.
Al producirse el combate del Uvero, victoria rebelde de gran importancia estratégica, se recuperaron varias decenas de armas, y las tropas enemigas sufrieron catorce muertos y 19 heridos.

El Che reconoció públicamente la destacada actitud de Joel en el combate, por lo que el joven dio por descontado que se le otorgaría una buena arma. Sin embargo otra cosa sucedió.

Narra Joel Iglesias, que el Che se le acercó y le dijo: “te portaste muy bien, te ganaste el uniforme”.

12. Pocos días después del ataque del Cuartel del Uvero, cuenta el combatiente del Ejército Rebelde Joel Iglesias, marchaban en grupo de 30 a 35 hombres bajo el mando del Che al reencuentro de la Columna 1 de Fidel, para lo cual tuvieron que desplazarse del este del Turquino, al oeste, bordeando la mayor elevación del país, en dirección al Naranjo.

Pasaron cerca de un bohío de un campesino y, el Che, Joel y otro combatiente lo visitaron.

Los campesinos acababan de comer y todavía quedaba en la mesa un verdadero banquete: congrí, malanga, carne de puerco, en medio de un hambre atroz. Mientras el Che hablaba con el campesino, su mujer le sirvió comida a los dos combatientes para que comieran mientras ella hacía la otra comida.
Entonces el Che intervino y dejó a todos con el gusto en la boca al dirigirse a la esposa del campesino: “Señora, por favor, coja una lata grande y eche toda la comida, y préstenos unas cucharas para repartir entre todos. El hambre es pareja y no vamos a comer nosotros solos”.  

13. El Comandante Ernesto Che Guevara era de esos hombres que creaban las anécdotas cotidianamente, en su quehacer diario y todos los que tuvieron la suerte de acompañarlo en algún momento de su vida aprendieron mucho de él.
En una de esas mañanas en que participaba en el trabajo voluntario llegó un periodista con su cámara dispuesta a tomarle una fotografía y el Che, con ese fino sentido del humor y de la ironía que le caracterizaba, al conocer el motivo de su visita le dijo:

“Qué bien, a las doce del día. Ahora tiras una foto y ya cumpliste. Mira no me opongo, pero el domingo próximo, sería mejor que vinieras con ropa de trabajo y compartieras con nosotros la jornada”.

El periodista lo hizo así y el domingo próximo trabajó tan fuerte que se le despedazaron las manos y no podía ni manipular la cámara fotográfica.
Esta situación apenó al Che, quien en un tono familiar le sugirió que dejara las fotos para el domingo venidero y que fuera sólo a captar las imágenes que quería.

14. El Comandante Ernesto Che Guevara fue sin dudas un hombre extraordinario, cuya integralidad de su pensamiento y acción nos brinda siempre la singular imagen del revolucionario que debemos imitar.
Siempre fue muy crítico ante cualquier deficiencia y era el primero en auto criticarse cuando cometía el más mínimo error.

En una ocasión, durante un recorrido por nuestra ciudad de Santa Clara, alguien le dijo al Che que él había expresado que en Cuba se podía meter la pata, pero no la mano, a lo que el Che con énfasis y muy en serio respondió:
“En otras ocasiones he respondido a esa tontería. Yo no le he dado permiso a nadie a equivocarse .Cualquier ser humano puede equivocarse y los revolucionarios también se equivocan. Dijo Lenin que hay que rectificar bien y pronto.
Tienen que aceptar el error y no pueden repetirlo. Y si no pueden o no saben superar sus fallas, sus debilidades, tienen que dar paso a otros más capaces, mejores. ¡Ni la mano, ni la pata! ¡Vamos a trabajar con inteligencia, conciencia, modestia y dedicación! Y vamos a estudiar.

15. El Che visitaba la zona de Yaguajay, al norte de la entonces provincia de Las Villas, para discutir con Camilo (Cienfuegos, legendario comandante desaparecido en el mar el 28 de octubre de 1959) pormenores de la ofensiva que llevaban a cabo contra el tirano Batista. La presencia del legendario guerrillero argentino provocó la lógica curiosidad y muchos pobladores del lugar se acercaron para verlo; se asomaban por todos lados.

En medio de la conversación, antes de iniciar la reunión que sería privada, Camilo, al notar la curiosidad de los campesinos, le comentó a Ernesto Guevara:

– Ya sé a lo que me voy a dedicar cuando triunfemos: Te voy a meter en una jaula y recorrer el país cobrando cinco kilos la entrada para verte. ¡Me hago rico!

16. Con pocos días de diferencia, la invasión rebelde al occidente de Cuba había comenzado. Las columnas del Che y Camilo se desplazaban casi paralelamente por los llanos orientales. Camilo cruzó detrás de la columna del Che el río Salado. Casi al amanecer arribaron al campamento de la “Ciro Redondo”. Che dormitaba en su hamaca y Camilo llevó su caballo azuzándolo hasta que derribó al Che. Desde el suelo, enredado con la frazada, Che reía como un niño.

– Ya las pagarás, ya las pagarás

– ¿ No te da pena estar durmiendo a estas horas ?

Y ambos reían de lo lindo. El Che gozaba como nadie de las “camiladas”.

17. Tres médicos estaban entre los más íntimos colaboradores del Che: Los doctores Cdte. Oscar Fernández Mell y los capitanes Adolfo Rodríguez de la Vega y Serafín Ruiz de Zárate, y los tres se pusieron de acuerdo para prohibirle al Che que continuará fumando, a pesar de las protestas de este. Al fin, después de mucha discusión, el Héroe de Santa Clara logró que los médicos le permitieran fumar un tabaco al día. Como sabían que su palabra era un compromiso, todos estuvieron de acuerdo.

Al día siguiente, el capitán Antonio Nuñez Jiménez, ayudante del Che, va a recibir las instrucciones diarias de este. Lo encuentra fumando un tabaco “como de medio metro de largo”, regalo de sus admiradores los tabaqueros de La Habana. El Che, pícaramente, le explica:

– No te preocupes por los médicos. Yo estoy cumpliendo con mi palabra: un tabaco al día, ni uno más.

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