Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Kissinger, el gran terrorista vitalicio (1)

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 28 noviembre 2009

Por Carlos Rivero Collado

Kissinger en los 70, los años de su mayor actividad terrorista (Nota: es más fácil escribir veinte artículos sobre Kissinger que resumir en uno solo todos sus crímenes. Les prometo que sólo serán dos para no molestarlos, por tercera vez, con tan infame lectura)

Nadie influyó más que Henry Kissinger en George W. Bush para que invadiera a Iraq, cuna gloriosa de las ciencias, las artes y las letras; y el pasado lunes, día 16, compareció al teleprograma nocturno de Charlie Rose diciendo que Obama debe ser más enérgico, o sea más guerrero, en el Oriente Medio.

Kissinger recibió el Premio Nóbel de la Paz en 1973, poco después de las grandes masacres que se perpetraron en varios países del mundo, sobre todo en Vietnam y Cambodia, de las cuales él tuvo toda o parte de la culpa. Se cree que en aquellos bombardeos murieron al menos dos millones de seres humanos, en su mayoría niños, mujeres y ancianos.
Decía Víctor Hugo que un hombre instruido debe ser, en esencia, bueno. Es increíble que el genio que escribió las obras más sensibles y profundas de la literatura pueda haber escrito algo tan absurdo.
Antes de entrar en la vida y los actos de este famoso terrorista, veamos algo sobre la naturaleza del terror.

2-. ¿Qué es terrorismo?

¿Hay alguna diferencia entre guerra y terrorismo? Por supuesto que la hay y grande. Terrorismo es una forma limitada, y a veces incruenta, del terror. Guerra es terrorismo en su forma más absoluta y sanguinaria.
El terrorismo puede llegar a matar a cientos de personas y a destruir algunos edificios, pero, a veces, cuando el artefacto del terror es ineficiente, ni mata a nadie ni destruye nada.

La guerra mata siempre y no a uno ni a muchos enemigos, sino a miles, o millones, de seres humanos que nada tienen que ver con la guerra, y destruye naciones enteras.

¿Es justo que se condene a los pequeños terroristas y se defienda a los terroristas supremos, o sea a los jefes de las naciones en guerra?
Se le llama terrorismo a las acciones de guerra que realizan una o varias personas que actúan por su cuenta o a nombre de un grupo u organización terrorista. Estas pueden ir desde un pequeño petardo que explota en el callejón de una aldea y no daña a nadie, hasta una macrobomba que asesina a cientos de personas en el lugar más concurrido de una cosmópolis.

Existe un terrorismo mucho más asesino que el de las personas o los grupos. Es el terrorismo de Estado que, cuando se le llama guerra, puede ir desde la acción de un soldado que hiere levemente a otro en una batalla, hasta el bombardeo incendiario de Tokío, el 10 de marzo de l945, que asesinó –quemándolos vivos–, en cinco horas, a más de 150,000 seres humanos, en más de un 90% niños, mujeres y ancianos, considerada la acción terrorista más asesina de la historia, aun más que la de Hiroshima.

Hay otra forma de terrorismo de Estado que no es la guerra entre los Estados, sino entre el Estado y el ciudadano, como por ejemplo, el de Franco después de la guerra civil, el de Pinochet después de su bestial golpe militar que tuvo la complicidad directa de Kissinger, y el de la llamada “Ley Patriota” de Bush, después de la autoagresión del 11 de septiembre.
La Enciclopedia Británica define terrorismo como “the systematic use of terror or unpredictable violence against governments, publics or individuals to attain a political objective” (“uso sistemático de terror o violencia imprevista contra gobiernos, colectividades o individuos para lograr un objetivo político”).

O sea que de acuerdo a una fuente tan seria como la Británica, casi todas las guerras de la historia han sido terroristas porque se han hecho contra otros gobiernos para lograr un objetivo político, desde la invasión de Los Hicsos a varios países del Cercano Oriente y Egipto para dominarlos venciendo a sus gobiernos, hace casi 4,000 años, hasta la caída de Zelaya hace unos meses promovida por el imperio, sea cual sea la elegante, pero falsa, retórica de Obama para negar lo que ya es evidente a 48 horas de unas elecciones que son ilegales porque están convocadas por un gobierno ilegal, pero serán “legalizadas” por un imperio que suele “legalizar” todas las ilegalidades.

2-. Milenios de terror

La palabra “terror” –y su derivado “terrorismo”– se usa desde la Antigüedad cuando los romanos le llamaron Terror Címbrico al estado de emergencia que tuvieron que decretar para enfrentar la amenaza de los guerreros Cimbrios, tribu germánica del norte de Europa que amenazó a Roma en la época de los cónsules Mario y Cátulo, un siglo antes de nuestra era.

Antes del Siglo XIX no existió el terrorismo individual o de grupos. El único terrorismo era el de los gobiernos, aunque ya desde la Alta Edad Media se desarrollaron en Sicilia grupos que ejercían la violencia, a la que hoy se le llamaría terrorismo, para defender sus tierras, y que fueron los más lejanos antecedentes de las mafias organizadas varios siglos después.
El terrorismo era sólo el del Estado, de los que lo dirigían o lo querían dirigir. Eran guerras entre los países o los grupos que en la Antigüedad se disputaban el poder, como Pompeyo y César, después entre los grupos feudales y, ya al comienzo de la Era Moderna, entre las distintas ramas de la nobleza que se disputaban la corona de su país o de otros países.
Existieron, además, otras formas del terror, en este caso sublime, como, por ejemplo, la rebelión de Espartaco para liberar a los esclavos y la del pueblo de Numancia que prefirió incendiar la ciudad e inmolarse en masa para no ser vencidos por el terrorista Escipión el Africano.

Durante la Revolución Francesa se estableció el Reino del Terror, pero no fue hasta unas décadas después que se hizo común el vocablo “terrorismo”, cuando Sergei Nechayev creó la organización “Retribución del Pueblo” describiéndose sus miembros a sí mismos como terroristas.
Se le llamó terrorista a Ignacy Hryniewiecki que mató al zar Alejandro III de Rusia, en 1881, y veinte años después, a León Czolgosz, que mató al presidente William McKinley; pero ¿no eran estos gobernantes mucho más terroristas que sus ejecutores ya que habían provocado la muerte no sólo de dos personas, sino de millones de seres humanos? Después que Alejandro “emancipó” a los siervos de Rusia la situación de éstos no mejoró, en la propia forma en que los esclavos formales “liberados’ por Lincoln siguieron siendo esclavos reales después de 1865 y sólo dejaron de serlo cien años después. McKinley, por su parte, al permitir la voladura del acorazado Maine, provocó la guerra con España y, sobre todo, con el pueblo de Filipinas, en la que murieron más de medio millón de civiles inocentes. Sin embargo, Alejandro III y McKinley pasaron a la falsa historia que nos obligan a estudiar en los países capitalistas como benefactores y patriotas, y aquellos valientes jóvenes, como asesinos y terroristas.
¿Se le puede llamar terrorista a Timothy McVeigh, que hizo explotar una gran bomba frente al edificio federal de Oklahoma City, asesinando a unas 160 personas, y no a Bill Clinton y Janet Reno que ordenaron la matanza de 75 seres humanos, entre ellos varios niños, en Waco, Texas?
¿Quiénes eran terroristas, los jóvenes de ETA que ejecutaron a Carrero Blanco en Madrid, en diciembre del 73, lanzándolo por los aires como si hubiera estado no en un coche sino en un helicóptero, o el propio Carrero Blanco que presidía un gobierno que había aterrorizado al pueblo español por más de treinta años y era el sucesor del peor terrorista que tuvo Españaen toda su historia?

¿Es terrorista un iraquí que pone una bomba en un mercado de Bagdad y asesina a ochenta personas para protestar por la presencia en su país de tropas extranjeras y no lo son los jefes del imperio que ha invadido a ese país y lo tiene ocupado por casi siete años?

El terrorista principal es el imperio que, al invadir a ese país, ha provocado que uno de sus ciudadanos sea capaz de matar a personas pacíficas que van a comprar comida a un mercado. Antes de la invasión extranjera, a nadie se le hubiera ocurrido poner una bomba en un mercado de Bagdad. De hecho, nadie lo hizo. El culpable mayor de esas muertes en el mercado bagdadense es el imperio terrorista y el culpable menor, el individuo terrorista.

Tengo la firme sospecha que el 11 de septiembre fue una autoagresión que los jefes del imperio perpetraron para llevar a cabo otras guerras, como hicieron con “la agresión mejicana” a orillas del Río Bravo, en 1846; la voladura del Maine, en 1898; el uso guerrero del Lusitania en 1915; “la sorpresa” de Pearl Harbor en 1941, y “la agresion’ del Golfo de Tonkin en 1964.
Nadie que tenga un mínimo de sentido común puede creer que un avión de pasajeros impactó el Pentágono aquella mañana de septiembre y esa palpable mentira prueba que todo lo demás también lo es, aunque no debe rechazarse la idea de que ciertos grupos terroristas, supuestamente musulmanes, hayan actuado como agentes del imperio en aquella autoagresión.
¿Tiene alguna lógica que cinco cubanos antiterroristas hayan estado o­nce años en los presidios de este país y que reconocidos terroristas que han hecho explotar aviones en el aire asesinando a decenas de civiles inocentes, como Posada Carriles y otros, estén en libertad?

Sí la tiene. Lo ilógico sería que en el imperio del terror los antiterroristas estuviesen en libertad y los terroristas en presidio.

Los más grandes terroristas de este país, y del mundo, han vivido en una amplia mansión de la capital toda pintada de blanco y rodeada de bellos jardines.
3-. Una vida dedicada al terror

Heinz Alfred Kissinger nació el 27 de mayo de 1923 en, Furth, Bavaria, Alemania, de padres judíos. Tiene, pues, 86 años … y sigue haciendo daño como se vio en el programa de Charlie Rose el pasado lunes.
En 1938 se estableció con sus padres en Nueva York y, en 1943, se naturalizó cuando ya estaba recibiendo entrenamiento militar en Camp Croft, Carolina del Sur.

Unos meses después ya era traductor del alemán en un cuerpo de contrainteligencia del ejército imperial de EU con el rango de sargento. Después de la guerra se quedó en su propio país de origen, ocupado por tropas extranjeras, como instructor civil de la Escuela del Comando de Inteligencia con base en Camp King.

Vemos, entonces, que el futuro académico y diplomatico ya estaba comprometido desde su juventud con los departamentos de Inteligencia del Pentágono, los más guerreristas del imperio.

Heinz Alfred obtuvo su A.B. degree –Bachelor of Arts– en el Harvard College en 1950. Despues su A.M. degree –Master of Arts– y, luego, su PhD in Political Science –Doctor en Ciencias Políticas–, en Harvard University.
Su tesis doctoral se basó en el Vizconde de Castlereagh y el Príncipe von Metternich, dos de los políticos más reaccionarios de la historia, figuras destacadas del Congreso de Viena, en 1814 y 15, que trato de destruir las conquistas y erradicar las ideas de la Revolución Francesa mantenidas, en parte, por Napoleón, y restauró, por un tiempo, el absolutismo monárquico en Europa.

En 1955, Kissinger fue consultor del Consejo Nacional de Seguridad y, en 1957, director asociado del Centro de Asuntos Internacionales de Harvard. Al mismo tiempo, era director del centro de estudios sobre Armas Nucleares y Politica Internacional del Consejo de Relaciones Exteriores –Council of Foreign Relations–, poderosa organización de intelectuales y asesores políticos, fundada en 1921 para “promover el buen entendimiento de Estados Unidos con el resto del mundo” y lo que ha hecho es defender lo peor del imperio en su relación con el mundo, a pesar de que los trogloditas de este país, sobre todo los de esta ardiente y húmeda tumba del espíritu a la que llaman Miami, la acusan de ser un “organismo izquierdista”.

En 1958, fue director del Proyecto de Estudios Especiales del Fondo de los Hermanos Rockefeller y, desde ese año hasta 1971,director del Programa de Estudios sobre la Defensa en Harvard University. Fue, asimismo, en aquellos años, consultor de varias agencias del gobierno sobre control de armas y desarme, en el Departamento de Estado y miembro del think tank de Rand Corporation.

O sea que sus estudios y su posterior actividad académica estuvieron siempre muy ligados a las agencias del gobierno que tenían que ver con el Pentágono y el State Department … con la guerra.

Después de ser un estrecho colaborador de Nelson Rockefeller, el gobernador de Nueva York que buscó la postulación presidencial del Partido Republicano en 1960, 64 y 68, fue nombrado por Nixon Asesor de Seguridad Nacional, uno de los cargos más importantes del imperio, ya que el Presidente, por lo regular, actúa de acuerdo con sus orientaciones en materia de guerra, o sea de terrorismo de Estado.

En septiembre de 1973, Kissinger fue nombrado Secretario de Estado, cargo que mantuvo, aun después de la renuncia de Nixon en agosto de 1974, durante toda la corta presidencia de Gerald Ford hasta el día en que Jimmy Carter tomó posesión, el 20 de enero de 1977.

Dos frases de Kissinger se hicieron famosas en aquellos años en que era el primer asesor de Nixon en materia de guerra y seguridad nacional:
–Soldiers are dumb, stupid animals to be used as pawns for foreign policy (Los soldados son animales lerdos y estúpidos que se usan como peones de la política exterior)

— The illegal we do immediately; the unconstitutional takes a little longer (Lo ilegal lo hacemos inmediatamente; lo inconstitucional demora un poco más)
Durante aquellos mismos años en que fue, de hecho, el segundo hombre más poderoso del imperio, ocurrieron los más grandes bombardeos a Vietnam del Norte y Cambodia y se produjeron sangrientos conflictos en Chipre, Bangladesh, Timor Oriental, Angola, Rhodesia, Chile, Argentina y otros países. En todos ellos, Kissinger tuvo toda o parte de la culpa.
En la guerra de Yom Kippur, en 1973, el imperio le envió a los genocidas de Israel, por recomendación de Kissinger, enormes cantidades de material bélico y en esa guerra participaron aviones de guerra del imperio.

 Ese conflicto provocó la crisis del suministro de petróleo en este país y Europa de 1973 al 74.

En aquellos propios años, con la complicidad directa de Nixon y Kissinger, el imperio siguió perpetrando contra el pueblo de Cuba la forma más abominable del terror, el terrorismo biológico o bioterrorismo, que provocó la muerte de decenas de niños, víctimas del dengue, y le causó al país grandes pérdidas económicas, mientras se enfrentaba, además, al terror económico del bloqueo imperialista.

De acuerdo a la definición de terrorismo que hace la Británica,no puede haber duda que Kissinger es un terrorista en toda la extensión del concepto, porque perpetró o defendió “el uso sistemático del terror y la violencia imprevista contra gobiernos o individuos”, en todos esos países.
De 1964, en que se divorció de su primera esposa, hasta diez años después en que se casó con la que aún lo es, mientras millones de seres humanos morían despedazados por las bombas del imperio en acciones de guerra que, a partir de 1968, fueron aconsejadas u ordenadas por él, Kissinger se convirtió en un exultante Casanova que tuvo relaciones íntimas con decenas de mujeres jóvenes y bellas, algunas del cine y la farándula, como Zsa Zsa Gabor, Candice Bergen, Gina Lollobrigida, Marlo Thomas, Samantha Eggar, Jill St. John y otras. Era muy natural que se le viera con alguna de ellas, varias noches a la semana, en los restaurantes, teatros o salones de bailes más elegantes de Washington y Nueva York.
A un reportero que le preguntó, una vez, sobre sus múltiples amoríos, le respondió:
–Power is the ultimate aphrodisiac (el poder es el supremo afrodisíaco)
El infierno de la guerra incendiaba las entrañas de muchos pueblos, pero Kissinger se divertía en los lugares más alegres del “paraíso’.

Unos derramaban sangre y lágrimas; otros, esperma y vino

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