Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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JULIO JARAMILLO: El Ruiseñor de América se despidió un 9 de febrero

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 9 febrero 2010

Más conocido como J.J., fue uno de los más grandes cantantes de latinoamérica. Grabó un número enorme de canciones.

En todos los bares de Guayaquil, Caracas, Bogota, Lima y México al menos una canción de  J.J. tienen en su rockola y no hay un borracho que se sienta orgulloso de serlo que no se halla emborrachado escuchando música de quien también fue conocido como “Mr. Juramento”, incluso una vez grabó un disco con su compadre Daniel Santos en un botiquín.

A veces la inventiva popular o el deseo que fuese una realidad, hacia que cuando sonaba una canción de Julio Jaramillo en algún botiquín de caracas, alguien dijese que allí se encontraba él, lo que hacia desplazar a grupos de personas hasta el lugar para ver si era cierto, lo que ocurrió varias veces en la popular parroquia de San José, en un botiquín cercano a la calle Santa Elena, donde a pesar de ser menor de edad, uno se acercaba al sitio a cerciorarse si estaba allí…

Nació en Guayaquil un 1 de octubre de 1935 y murió en Guayaquil el 9 de febrero de 1978, llorado por un continente que lo hizo su hijo predilecto.

Julio Jaramillo, a quien se lo conoce como “El Ruiseñor de América”,  “Mr. Juramento”, o simplemente “J.J.”,  nació el 1 de octubre de 1935 en un pequeño departamento en Gómez Rendón y Villavicencio en la ciudad de Guayaquil. Sus padres, pichinchanos de la población de Machachi, habían emigrado a Guayas, en busca de mejores oportunidades.

Allí trabajaba en una zapatería cuando inició su vida bohemia.

Fue un hombre lleno de debilidades y virtudes como cualquier ser humano, que tuvo el don de cantarle al amor como ningún otro lo hizo en Ecuador, y en Latinoamérica. Fue aclamado en Venezuela, Perú, México y Colombia, países que lo adoptaron como uno de los suyos.

Procreó 42 hijos, de los cuales 39 fueron reconocidos (según su hijo mayor Julio Jaramillo Sánchez) lo cual no es mucho si se tiene en cuenta que su padre, Pantaleón Jaramillo, trajo 40 hijos al mundo. Sólo Julio, Pepe y una niña que falleció a los 5 años fueron hijos de su matrimonio con Apolonia Laurido, descendiente de jamaiquinos. Dos días después de la muerte de la niña, el padre de Julio, que era sastre y marmolero, decidió hacerle la cruz a la pequeña con tan mala suerte que al desmoldarla le cayó encima y lo mató.

Pero el destino ya tenía previsto que él y Pepe serían músicos. Lo llevaban por la sangre de su madre y frente a su casa se pasó a vivir Ignacio Toapanta, un profesor de música que se encariñó con ellos, los dejaba jugar con sus instrumentos y les enseñó a tocar guitarra. El inquieto Julio le tomó tanto cariño que construyó una con caña para poder tocar en su casa. Cuando terminó su tercer grado lo matricularon en la escuela que dirigía Francisco García Avilés. Quizá ése fue el empujón definitivo en la carrera musical de Julio.

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Reflexiones del compañero Fidel: La Revolución Bolivariana y Las Antillas

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 9 febrero 2010

Me gustaba la historia como a casi todos los muchachos. También las guerras, una cultura que la sociedad sembraba en los niños del sexo masculino. Todos los juguetes que nos ofrecían eran armas.

En mi época de niño me enviaron para una ciudad donde nunca me llevaron al cine. Entonces no existía la televisión y en la casa donde vivía no había radio. Tenía que usar la imaginación.

En el primer colegio adonde me llevaron interno, leía con asombro sobre el Diluvio Universal y el Arca de Noé. Más tarde consideré que era quizás un vestigio que la humanidad guardaba del último cambio climático en la historia de nuestra especie. Fue, posiblemente, el final del último período glacial, que se supone tuvo lugar hace muchos miles de años.

Como es de suponer, más tarde leí con avidez las historias de Alejandro, César, Aníbal, Bonaparte y, por supuesto, todo cuanto libro caía en mis manos sobre Maceo, Gómez, Agramonte y demás grandes soldados que lucharon por nuestra independencia. No poseía cultura suficiente para comprender lo que había detrás de la historia.

Más adelante centré mi interés en Martí. A él le debo en realidad mis sentimientos patrióticos y el concepto profundo de que “Patria es humanidad”. La audacia, la belleza, el valor y la ética de su pensamiento me ayudaron a convertirme en lo que creo que soy: un revolucionario. Sin ser martiano, no se puede ser bolivariano; sin ser martiano y bolivariano, no se puede ser marxista, y sin ser martiano, bolivariano y marxista, no se puede ser antiimperialista; sin ser las tres cosas no se podía concebir en nuestra época una Revolución en Cuba.

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