Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 16/03/10

Ante un comentario

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 marzo 2010

Por Farruco Sesto

Recibo el siguiente comentario:

Creo que es necesario que todos-as reflexionemos y profundicemos más sobre nuestras acciones, pues muchas veces uds. los de arriba hacen y toman decisiones que están afectando a nuestras familias, hijos-as, sin pensar que llegan a parecerse a los que estuvieron antes en los gobiernos pasados que entraban, quitaban a su antojo…sin detenerse a pensar que todos somos pueblo….Girar Gómez

Creo que ese alerta es bueno.

Quiero, a mi vez, añadirle una breve nota:

En verdad no parece haber decisión humana que no tenga repercusiones en los demás. Hasta las más pequeñitas acciones de cada uno de nosotros pueden afectar seriamente la vida de los otros.

Hay que tenerlo en cuenta. Sobre todo, cuando se está en cargos de gobierno.
Por eso mismo por mi parte, y como revolucionario, no hago nada que contradiga mi conciencia. Pongo siempre el interés general sobre el particular. Cuando no logro distinguir quien tiene la razón en una controversia, me inclino por la parte más débil. Me cuido de no cometer ninguna injusticia. Respeto absolutamente a los otros, sus diferencias, sus puntos de vista. Trato de transferir, o en todo caso compartir, lo más posible el poder que a uno le toca ejercer en función del cargo.

Porque los demás, y no uno, son la razón de todo esto.

Sin embargo, a la hora de tomar una decisión por más fuerte que sea, si la considero necesaria y la creo justa no dudo en hacerlo.

Con esos parámetros me muevo.

Con ellos tengo la seguridad, o más bien la tranquilidad, de equivocarme lo menos posible.

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Los consejos obreros

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 marzo 2010

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez 

Ahora que volvemos a hablar de algunos de temas capitales de la memoria obrera, pienso que no estará de más decir cuatro cosas sobre los momentos más atrevidos de su historia, comenzando por la primera revolución obrera del siglo XX, la rusa de 1905, y especialmente en San Petersburgo, y aunque tuvo un alcance local, algunos de sus protagonistas cupieron vislumbrar de qué se trataba. Así Trotsky pudo escribir en su obra 1905 que el “soviet organizó a las masas obreras, dirigió las huelgas y las manifestaciones políticas, armó a los obreros y protegió a la población contra las matanzas en masa”. Trotsky sostenía que esta era una “democracia auténtica” puesto que no disponía de cámara alta y cámara baja, como la mayoría de las democracias occidentales; prescindía de la burocracia profesional y los votantes tenían derecho a revocar a sus diputados en cualquier momento. Se basaba en la clase obrera de las fábricas y el alcance de su poder radicaba simplemente en que era un gobierno obrero “en embrión”. Lecturas como estas se nos fueron haciendo familiares gracias a obras como la de Oscar Anweiler, Los soviets en Rusia, que la editorial Zero-ZYX hizo asequible tempranamente.
Obviamente, los soviets alcanzarían mucha mayor importancia en la Revolución de 1917, ni Lenin ni Trotsky escribieron un tratado teórico general sobre ellos como forma de organización política. Lenin, en especial, parece haber considerado a los soviets, que tenían una base mucho más amplia que en 1905, como posibles medios de tomar el poder y destruir el Estado burgués. Pero, cuando cayeron bajo la influencia de los mencheviques, Lenin retiró el lema de Todo el poder para los soviets y buscó otros medios organizativos —tales como los comités de fábrica, con una base más estrecha en la clase obrera empleada— para lograr su objetivo. Durante todos esos cambios de táctica, le preocupaba hacer hincapié en la necesidad de destruir el Estado burgués y sustituirlo por un nuevo tipo de Estado que gobernase durante la transición al socialismo; en este argumento, se veía a sí mismo como replanteando simplemente las teorías básicas del marxismo.

 

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Restos de naufragios

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 marzo 2010

Por Farruco Sesto

¿Qué se le puede pedir a esta oposición hecha de restos de naufragios?
Naufragios de Acción Democrática, de Copei, del Mas, de la Causa R, y de los residuos de las subdivisiones de las divisiones de estos expartidos?
Pedazos de nada. Porque al final todos estos subproductos, independientemente de su orígen, fueron llevados por las mareas de la política hasta las costas de la derecha. Allí se ven, sobre la arena, exhibiendo su inutilidad bajo un sol inclemente. Tal vez el sol de la historia, que a veces es particularmente cruel con quienes no aprenden nada de ella.
¿Qué se le puede pedir a esta oposición hecha de material mal reciclado? Pedazos sueltos de objetos que alguna vez, para bien o para mal, pudieron tener alguna utilidad y que ahora no valen ni el esfuerzo de considerarlos para ningún proyecto. Su propia degradación los invalida para constituirse en nueva realidad. Sólo entre la basura puede estar su destino. O para decirlo más técnicamente, en un contenedor de desechos sólidos.
¿Qué se le puede pedir a esta oposición hecha, toda ella, casi sin excepción, de traiciones y deslealtades, inconsecuencias, acobardamientos, palabras irrespetadas, sueños atrás dejados? Nadie podría confiar en ella. ¿Sobre que bases éticas, aceptarla, con su universo tan revelador de miserias humanas?
Le comentaba estas cosas a una persona joven del equipo del Ministerio de la Cultura.
Y ella, más dueña del lenguaje contemporáneo, me dijo: Ministro, no les diga restos de naufragios, ni material mal reciclado, ni nada por el estilo.
Dígales, más bien, “malta batida”. Que es lo que son.

 

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Maldito socialismo, ¡cómo te echamos de menos!

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 marzo 2010

Por Higinio Polo

Hace unas semanas, en Berlín, mientras los beneficiarios del cambio político en la Europa del Este celebraban la desaparición del muro (y, sobre todo, del “socialismo real”) hace veinte años, como prueba manifiesta de la superioridad social del capitalismo, la prensa internacional conservadora lanzó una de sus habituales campañas propagandísticas para vender de nuevo la mentira del supuesto éxito conseguido por el cambio político y económico en los antiguos países socialistas europeos. La escenificación de una alegría impostada en ceremonias de auto alabanza (con evidentes concesiones al nacionalismo alemán) y la presencia, y, después, las imágenes difundidas por el mundo de Gorbachov, George Bush, Kohl, Merkel, Wałesa y otros (incluso Medveded) celebrando la “victoria sobre el comunismo”, escondían el sufrimiento social causado por el retroceso hacia el capitalismo en toda la Europa oriental, y se revelaban como la gran mentira de los festejos de Berlín.
Hace un año, en enero de 2009, haciéndose eco de un estudio de la Universidad de Oxford, el diario italiano Il Manifesto publicaba un artículo sobre las consecuencias de las privatizaciones y de las reformas de la llamada terapia de choque de Yeltsin y Gaidar en Rusia. El trabajo que citaba el diario italiano había sido publicado en la revista médica Lancet y llevado a cabo por David Stuckler, de la Universidad de Oxford, Lawrence King, de la Universidad de Cambridge, y Martin McKee, de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, utilizando datos de organismos de la ONU, como la UNICEF, después de una investigación de cuatro años. Un millón de muertos. Ese era el resultado de la investigación que concretaba el aumento de la mortalidad (casi un trece por ciento, durante los años noventa) a consecuencia del desempleo, las privatizaciones y la aplicación de las recetas liberales que extendieron el hambre, la miseria y causaron la destrucción de la economía rusa. Debe hacerse la precisión de que el estudio abarcó la mayor y más poblada república soviética, pero que, de hecho, Rusia representa sólo la mitad de la población que componían las quince repúblicas soviéticas, y tampoco abordaba lo sucedido en el resto de países socialistas, que, juntos, sumaban otros cien millones de habitantes. Ese estudio publicado en Lancet , por tanto, sólo habla de la mortandad causada entre ciento cincuenta millones de habitantes, mientras que el conjunto de la población de la Europa socialista alcanzaba los cuatrocientos millones. No debe olvidarse, además, que esas cifras son estimaciones, puesto que otros estudios elevan mucho más el número de víctimas: piénsese en el aumento de la mortalidad infantil, en el retroceso de la natalidad, en el descenso de la población (a veces, por la emigración; en otras, por causas distintas, que no siempre es fácil clasificar). Ucrania, por ejemplo, ha descendido desde los 52 millones de habitantes que tenía en el socialismo, en 1991, a los actuales 46 millones, dieciocho años después.

 

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Prohibido olvidar: Hace 42 años…La masacre de My Lai-4

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 marzo 2010

Por: Yuniet Escobar Ortega

My Lai-4 era como otras tantas aldeas vietnamitas. Nada la hacía particularmente especial antes del 16 de marzo de 1968. Sus habitantes, que no sobrepasaba los 700, vivían en endebles cabañas con techo de paja y se dedicaban al cultivo del arroz. Por todas partes se podía divisar bambúes altos, setos y otras plantas típicas del lugar.

Aquel día los aldeanos se levantaron como de costumbre. Algunos se dirigieron a los campos de arroz, las mujeres y los niños fueron al templo a quemar incienso y otros permanecieron en sus casas. Nada hacía sospechar que un pelotón de infantería norteamericana se dirigía hacía allí en misión oficial. El informe del alto mando militar había señalado que en la aldea se escondían vietcongs, como llamaban a los nacionalistas que integraban el Frente de Liberación Nacional.

Serían alrededor de las 7:00 de la mañana cuando la primera sección de la compañía Charlie, primer Batallón 20 Regimiento de Infantería, bajo el mando de William L. Calley aterrizó a 150 kilómetros al oeste de My Lai-4. Apenas pusieron un pie en tierra comenzaron a disparar porque según el piloto la zona estaba calificada como “territorio caliente”. La misión era despejar el camino para que la segunda y tercera sección de la compañía pudieran aterrizar sin problemas. Después de unos minutos los soldados comprobaron que no existía tal peligro.

“En el lugar solo vimos a un tipo en un campo que estaba recolectando arroz. Miró hacia arriba y le metieron una bala en el cuerpo”, confesó después un soldado.

A pesar de que nada indicaba peligro para los soldados norteamericanos, la segunda sección también entró disparando a la aldea. Los ancianos corrían asustados por todas partes y las mujeres que se encontraban en el templo se abrazaban a los niños y gritaban “No Vietcong, no, no”. Llanto, humo, grito desgarradores… era el escenario de My Lai-4. Muchos aldeanos fueron asesinados en sus propias casas donde se encontraban desayunando. “Había que acabar con todo”, fue la orden antes de salir.

Según declaró, tiempo después, uno de los participantes de la toma de My Lai-4, Harry Stanley, la matanza colectiva empezó sin previo aviso. “Un joven soldado detuvo a un paisano y empujó al hombre hasta el sitio donde estábamos nosotros y luego le clavó la bayoneta en la espalda… El hombre cayó al suelo jadeando. Entonces el soldado lo mató de otro bayonetazo, o bien disparándole con el fusil”.

Stanley también dijo haber visto a “unas viejas y niños, (en conjunto unos quince o veinte), que estaban arrodilladas, llorando, rezando y varios soldados pasaron junto a ellas y las ejecutaron disparándoles a la cabeza con fusiles”.

El número real de muertos no se supo con precisión. Ni los propios soldados involucrados en la matanza pudieron esclarecer este punto durante la investigación.  En 1969 el comité de investigación del Ejército, encargado de descubrir “la verdad”, divulgó que en el lugar habían encontrado tumbas comunes en tres lugares cercanos, así como una zanja llena de cadáveres. Asimismo precisó que alrededor de 450-500 personas, en su mayor parte mujeres, niños y ancianos, fueron asesinados y enterrados allí.

La denuncia

A pesar de que muchas personas conocían la verdad sobre My Lai-4 y de que el propio Ejército había redactado una circular en 1968, donde explicaba que era obligación de toda persona, que  tuviera conocimiento de un incidente o un acto de crimen de guerra,  informarlo a su oficial superior lo antes posible, el pueblo norteamericano solo supo del hecho veinte meses después.

No dudo de que algún soldado como el joven de 22 años Ronald Ridenhour, quien destapó la caja de Pandora en 1969, no hubiera querido decir lo que sabía a sus superiores, pero de seguro estos estaban demasiado ocupados matando vietcong,  o en el mejor de los casos temían una represalia. En definitiva, ¿qué dirían?, el Ejército los había entrenado para instaurar a toda costa la “democracia” en el Sur de Vietnam.

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