Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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¿Semana santa o semana macabra?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 2 abril 2010

La semana santa es contraria a las enseñanzas del Cristo revolucionario de la vida al que las Iglesias desprecian. La católica prefiere la muerte. Basta ver sus templos, su historia y fiestas como esta.

Si quiere que se llame católica, pero la máscara de cristiana, a la que no quiere renunciar poco a poco se le cae a pedazos entre pedófilos, apoyos a fascismos, justificación de la guerra, apego a las riquezas y muchas otras cosas. Cada día está más próximo el día en que la gente dejará de acudir a estas celebraciones. De momento, los seminarios y conventos se van quedando vacíos. El declive ha comenzado.

OTRA FIESTA MACABRA DE LA IGLESIA

Cristo nos enseñó que Santo sólo es Dios, y que nadie ni nada fuera de Él, el Santo, puede llamarse así. No es, pues, legítimo llamar “santo padre”,a un Papa, ni “santa misa” a un rito, ni santos son los hombres o mujeres que dice la Iglesia ni tampoco una semana del calendario católico. Especialmente esta semana que se apellida santa se aleja mucho del sentido que se le quiere dar. Justo representa lo contrario.

Para un cristiano, lo mismo que para cualquier persona de buena voluntad que piense con un mínimo de espíritu crítico, resulta asombroso el espectáculo cirquense de las festividades turístico-eclesiásticas, pero destaca entre todas esta llamada “semana santa” con  su cortejo inacabable de imágenes sangrientas y dolorosas remedo de las procesiones paganas romanas, que como otros ritos igualmente paganos la Iglesia incorporó hasta hacer irreconocible al cristianismo.

Autoflagelaciones, penitencias dolorosas, fetichismo, y hasta expresiones obscenas dichas al paso de la imagen fetiche como supuesto requiebro fervoroso se mezclan estos días con el sabor de las vacaciones, la buena mesa y el buen vino, el  “paquete turístico todo- incluido”, el día en la playa si hace bueno, y el no comer carne el viernes santo, por obediencia a la Iglesia, pero  no por respeto a los animales, especialmente presentes estos días en los banquetes familiares o en las plazas de toros. Para ellos, los animales, las grandes celebraciones católicas se marcan con su sangre, igual que la tortura de Jesús es convertida en espectáculo.

La obsesión por la muerte y su afición a propagarla es un hecho en la historia de la Iglesia cuyos templos se muestran llenos de detalles belicistas y de infinitas cruces con el Cristo clavado y agonizante. Así se quiere hacer olvidar la resurrección, -idea central del cristianismo -y la redención. Se minimiza o se oculta el sentido de la venida de Cristo en el carpintero de Nazaret y lo que sucedió en el momento de su asesinato en la cruz. Pues no vino al mundo para ser inmolado, sino para ayudar a despertar a la humanidad dormida -como está hoy mismo-mostrando el camino de la liberación espiritual: el cumplimiento de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña. Esta es la enseñanza central del cristianismo que la Iglesia católica no asume, porque le es más cómodo aferrarse a los valores del ego humano y montar rituales y folclore pagano disfrazado de religión burlándose de Jesús al que se quiere presentar vencido.

Las jerarquías católicas no aclaran que la Redención no consiste en que Cristo perdonara sus pecados a la humanidad, sino que con sus palabras “Está consumado”, dichas en la cruz, una parte de Su propia energía espiritual penetró en todas las almas para que pudiéramos tener la fuerza suficiente para reconocer nuestros pecados, arrepentirnos, pedir perdón, perdonar, reparar y no volver a repetir algo igual o parecido. Con su fuerza redentora Cristo pudo impedir nuestra involución hasta disolvernos como energía en el éter original. Él nos asegura así que ningún alma se pierde, ni siquiera la de los demonios. Ahora Sus hijos adoptivos -los humanos y las almas en las estaciones intermedias que son los planos de purificación-podremos regresar a la Casa del Padre con Su ayuda, aunque esto nos lleve varias existencias o reencarnaciones.

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León Tolstoi versus León Trotsky…

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 2 abril 2010

Hace un siglo que murió León Tolstoi. Su obra y su actitud insumisa apasionó a los anarquistas, y también a los marxistas, en especial a Lenin y Trotsky.

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

En su famoso ensayo sobre Tolstoi, El erizo y la zorra, Isaiah Berlín nos regala un pie de página en el que dice: “En cuanto a los inevitables esfuerzos por relacionar las opiniones históricas de Tolstoi con la de los distintos marxistas posteriores –Kautsky, Lenin, Stalin, etc-, es algo que entra más en el terreno de las curiosidades de la política o la teología que en el de la literatura” (nota página 43). 

No obstante, quizás resulte mucho más curiosa la referencia en sí misma ya que, como el que no quiere la cosa, Berlín sustituye a Rosa Luxemburgo por Kautsky, y a Trotsky por Stalin en tanto que en el etcétera habría que incluir a socialistas como Gorky, Jaurès, Georg Lukács, lista que –lo dicho- se puede hacer extensible a los anarquistas  comenzando por Kropotkin, y de los que hablaremos en una próxima ocasión.

El juego de Mao que convierte a Trotsky en Stalin es indigno del talento e Berlín, aunque no es tanto e sus militancias en la extrema derecha neoliberal e ilustrada de la que el peor Vargas Llosa (prologuista del libro en la edición de Península), dos ejemplos de comportamiento situado en las antípodas del aristócrata-mujik que en su fase radicalizada, la que se consagra co la novela Resurrección,  y brama desde altura moral contra el zarismo, los terratenientes, los militarismos, la Iglesia podrida, el mal trato contra los animales, y también contra el capitalismo. No vemos a Berlín o Vargas Llosa abandonando sus riquezas, y optando por una vida de trabajador que hace su pan y se arregla sus zapatos. 

Los textos de Rosa, Lenin y Trotsky no son mera anécdota, tienen un nivel de conocimiento y análisis para nada esquemáticos, ni tan siquiera partidistas. Escriben desde la admiración pro el artista y el hombre, y no se olvidan de subrayar las diferencias. Cuando a Rosa un socialdemócrata petulante le sentenció que Tolstoi no era “un artista”, reaccionó con violencia para clamar que había más humanidad en e último campesino que se ganaba su pan labrando la tierra que en un puñado de socialdemócratas como aquel.

Stalin, no hay que decirlo, no escribió una línea sobre Tolstoi. Es más, se ha descubierto que en la edición de sus obras completas noventa volúmenes que se fue editando desde finales de los años viene hasta finales de los cincuenta, muchos pasajes “políticamente incorrectos” fueron censurados, algunos  simplemente por la sinceridad con el autor de Guerra y paz se refería a las cuestiones fisiológicas. Trotsky si que escribió, y su texto habla por sí mismo. Trotsky no ve a Tolstoi como un personaje aislado socialmente, al margen del devenir de su tiempo,  y mucho más menos como alguien que sufre problemas de conciencia al margen de lo sucede a su alrededor. Su visión es muy otra, es la de n lector y un estudioso “in situ”,   en gran medida de un discípulo, desde luego no en las ideas cristianas y neoprimitivistas (que habría que estudiar con respeto como ha hecho José Luís Gordillo en su edición de Tolstoi titulada El poder y la buena vida para Libros de la Catarata), pero sí en la pluma…Leyendo algunos de sus libros, es muy propio comentar, ¡cómo se nota que ha leído a Tolstoi¡.

Tampoco han faltado historiadores y analistas que han declarado que de no haberse llevado por la pasión política militante, Trotsky hubiera sido un escrito (quizás) a la altura de un Tolstoi…Trotsky tiene un escrito memorable sobre Tolstoi en el que, cuando el escritor cumple ochenta años lo saluda, elogiando su literatura como un fresco social tan desgarrador como inigualable que desmenuza, sin enmascaramientos, el estado de conciencia de la sociedad. A los ochenta años, escribe Trotsky, “Tolstoi puede estar vencido, pero no destruido”. La misma frase empleará Hemingway, medio siglo más tarde, para describir al pescador de El viejo y el mar. Este es su artículo…

León Tolstoi (*)

Tolstoy festeja su ochenta aniversario, y hoy aparece ante nosotros como una vieja roca cubierta de musgo, como hombre de una época superada.

¡Cosa rara! No sólo Karl Marx, sino incluso Heinrich Heine -para tomar un ejemplo extraído de un terreno familiar a Tolstoi- parecen vivir todavía hoy entre nosotros. ¡Y el torrente infranqueable del tiempo nos separa ahora de nuestro gran contemporáneo de Yasnaïa Poliana! Tolstoi tenía treinta y tres años cuando la servidumbre fue abolida en Rusia. Había crecido y se había desarrollado como el descendiente “de diez generaciones que no habían sido humilladas por el trabajo”, en la atmósfera de la vieja nobleza rural rusa, con su sello de gran señor, en medio de los campos heredados de padre a hijo, en la vasta mansión feudal, a la sombra apacible de las bellas alamedas de tilos. Las tradiciones de la nobleza rural, su carácter romántico, su poesía, en fin, todo el estilo de su vida lo había asimilado Tolstoi hasta tal punto que se convirtió en parte integrante, orgánica, de su personalidad. Aristócrata era en el momento del despertar de su conciencia, aristócrata hasta la punta de las uñas, se ha quedado hoy en las fuentes más profundas de su trabajo creador, pese a toda la evolución ulterior de su espíritu.

Tolstoi aristócrata

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