Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Jesús Farías a Francisco Faraco: Insólito que reconozca que Federal estaba quebrado pero critique su intervención

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 junio 2010

“Es sumamente grave que lo diga él…”, advirtió Farías, “Cuando no pueden desmentir un hecho tan absolutamente grave como una quiebra bancaria, entonces salen con una cosa como ésta”

El economista Jesús Farías dejó al desnudo a su colega de profesión, Francisco Faraco, luego que éste, en calidad de analista económico oposicionista, criticara en una entrevista hecha a una televisora privada la intervención del Banco Federal que calificó como un “hecho político”, aunque reconoció que esa entidad financiera “estaba quebrada desde sus inicios”.

“Toda decisión económica tiene implicación política…”, aclaró Farías, al recordar además que Venezuela está en un profundo proceso de transformación”.

“Aquí lo que verdaderamente es insólito, es que reconozca que está quebrado y critique que se esté interviniendo”, reiteró, responsabilizando a Faraco de tal despropósito, puesto que “este señor sabe lo que es un banco quebrado…que pone de rodillas a los ahorristas y daña la imagen financiera del país”.

“Cuando no pueden desmentir un hecho tan absolutamente grave como una quiebra bancaria, entonces salen con una cosa como ésta”, dijo con sarcasmo.

Por el contrario, dijo que a diferencia de los años de la Democracia Representativa Puntofijista, ahora el Estado responde a los ahorristas cuando los dueños de bancos son descubiertos en sus estafas. Puntualizó que este contraste es por el signo socialista que tiene el Gobierno Nacional desde hace casi una década.

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¿Lecciones del stalinismo?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 junio 2010

Por Iñaki Gil de San Vicente

Tras una década desde la implosión de la URSS ¿qué sentido tiene preguntarnos sobre posibles lecciones del stalinismo? ¿Qué sentido tiene una reflexión colectiva que azuce un nuevo análisis crítico la experiencia stalinista considerando el tiempo transcurrido y la enorme cantidad de textos críticos que surgieron ya desde los mismos inicios de la revolución rusa de 1917? ¿No basta con lo dicho hasta ahora pues estaríamos, como algunos sostienen, ante un “capitulo cerrado” del gran libro de la historia humana? Más todavía ¿se pueden extraer lecciones del stalinismo? Se pueden y deben extraer lecciones del stalinismo, como se extraen lecciones de las luchas revolucionarias de todos los tiempos, incluso de las luchas en modos de producción precapitalistas. Se trata de encontrar las contradicciones de fondo que perviven mal que bien desde la imposición de la propiedad privada; descubrir cómo se han ido adaptando a los sucesivos modos de producción o cómo se han extinguido históricamente; que nuevas contradicciones sociales han surgido posteriormente y, cómo se plasman esas contradicciones en la actual crisis capitalista.
No podemos abarcar tantas cuestiones, pero sí nos vamos a centrar en varias lecciones que estimamos permanentes, de una creciente actualidad por las características actuales del capitalismo. El marxismo extrae lecciones incluso de sus peores enemigos, en este caso del stalinismo, porque la dialéctica materialista afirma que en todo océano de error siempre descubre una gota de verdad. La verdad y el error son unidad de contrarios en un proceso en permanente cambio e interpenetración de y en ambos extremos, siempre en interacción y lucha interna. Principio esencial de la dialéctica, confirmado en todo proceso concreto del pensamiento humano, sobre todo del que usa el método científico, especialmente válido en las grandes cuestiones prácticas de la humanidad, las que deciden su futuro, su felicidad o su desgracia. Del mismo modo, en las desastrosas derrotas revolucionarias siempre laten lecciones positivas que hay que extraer de entre tanta sangre y dolor. Derrotas y victorias son partes de un proceso en permanente movimiento que adquiere altos grados de ebullición social en los cuales, ellas, las derrotas y las victorias, aparecen como una unidad de contrarios, de manera que no se entiende una sin la otra.

1) El marxismo, es un método de transformación revolucionaria de la realidad basado en una praxis en la que el conocimiento de la historia ocupa el lugar clave y central de todo el andamiaje teórico. No hay nada fuera de la historia, y la historia es movimiento de contradicciones que va saltando, brincando, avanzando y retrocediendo, también estancándose. El núcleo de esta praxis es el materialismo histórico y su método dialéctico, según en cual, muy en síntesis, la historia humana debe comprenderse desde la unidad y lucha de contradicciones entre, uno, la evolución de la ley tendencial del mínimo esfuerzo y la ley tendencial de la productividad del trabajo; y otro, la evolución de la lucha entre la propiedad pública o la apropiación privada del excedente social producido colectivamente. Dicho en otros términos, por las contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el de las relaciones sociales de producción. Estas contradicciones se dan siempre dentro de grandes sistemas que son los modos de producción que han existido desde el surgimiento e imposición de la propiedad privada: modos de producción tributario y/o esclavista, feudal y capitalista. El tránsito de un modo de producción a otro se denomina período de revolución social y puede abarcar mucho tiempo, con fases de rápidos avances, de súbitos parones y hasta de retrocesos importantes.

Las fuerzas productivas tienden a poner a disposición humana más y más objetos que satisfagan sus necesidades, reduzcan sus padecimientos y aumenten su placer y tiempo libre; mientras que las relaciones sociales de producción, sujetas a la dictadura de la propiedad privada, tienden a impedir que sea la totalidad social la beneficiada, reduciendo su disfrute a una minoría cada vez más minoritaria, que se apropia de las fuerzas productivas y controla los decisivos sistemas de explotación de lo que se derivan los de dominación y opresión. La resolución de esa lucha de tendencias opuestas nunca está predeterminada mecánica ni externamente, sino que depende de la lucha misma. Esto explica que nunca sea automático el paso revolucionario de un modo de producción a otro, sino al contrario, que siempre se abra un muy convulso, violento y hasta caótico período de transición que puede concluir en el avance progresivo, en un estancamiento prolongado o incluso en un retroceso histórico.

Ciñéndonos a Occidente y su área de influencia en el Próximo Oriente, se pueden rastrear analogías y similitudes que recorren las transiciones entre modos de producción. Los períodos de transición desde las sociedades preclasistas tributarias de los grandes imperios del Creciente Fértil, a las sociedades clasistas grecorromanas; desde la crisis y descomposición romana al feudalismo occidental y a diversas formas feudales y tributarias en oriente; desde la crisis del feudalismo al asentamiento del capitalismo, y desde la crisis del capitalismo a la revolución rusa de 1917, se han caracterizado por vivir con unas relaciones sociales que no corresponden ni a las viejas ni a las nuevas. Son relaciones sociales con diversos grados de síntesis de unas y otras pero con la cualitativa diferencia de que se trata de sociedades especificas, con leyes propias inciertas e inseguras, abiertas a alternativas varias. En cada caso concreto, con sus enormes diferencias, las fuerzas productivas han entrado en irreconciliable antagonismo con las relaciones sociales, impidiendo que estas se estabilizaran y forzando salidas diferentes, desde el retroceso a sistemas anteriores hasta el avance a otros nuevos pasando por el estancamiento que no resolvía ningún problema y agudizaba todos.

Esta experiencia, afirmada por el marxismo desde sus primeros textos, luego olvidada y negada por las corrientes socialdemócratas y por el stalinismo que impusieron el determinismo mecanicista, ha sido confirmada por los años de transición estancada y por la implosión de la URSS. La hecatombe no solamente ha confirmado dicha experiencia necesaria para tener una concepción móvil y dialéctica de la historia, que exige por ello la consciente intervención humana, sino que sobre todo reafirma su vital transcendencia conforme el capitalismo destroza a la humanidad y a la Naturaleza, abocándolas al caos, miseria y destrucción. El stalinismo, sin quererlo, vuelve a recordarnos con sus errores el contenido de verdad del marxismo que reafirma lo imprescindible que es la acción humana autoorganizada e independiente de las burocracias, destinada a guiar el presente y el futuro por entre las varias vías posibles escogiendo la mejor y evitando las peores. Una mirada a los problemas que atenazan a la humanidad en el contexto actual descubre inmediatamente la decisiva importancia de este criterio activo negado, sin embargo, por la burguesía y el reformismo.

2) Aunque los primeros marxistas no pudieron desarrollar una teoría suficientemente clara sobre las soluciones socioeconómicas a aplicar en los procesos revolucionarios, negándose incluso a caer en elucubraciones utópicas carentes de base objetiva, sí avanzaron puntos centrales e irrenunciables de lo que debería ser lo esencial del avance hacia el socialismo: una ágil dialéctica entre el plan económico aplicado por el Estado obrero y la democracia socialista asentada en el consejismo, en el sovietismo. Dialéctica destinada a socavar la irracionalidad del mercado y de la ley del valor-trabajo hasta lograr su extinción histórica bajo la intervención dirigente del poder soviético, del poder del pueblo trabajador autoorganizado mediante el cooperativismo, la economía social, los consejos y los soviets no solamente de fábricas y campos, sino en todos los ámbitos de la vida colectiva e individual. Toda la experiencia obrera y popular internacional desde las primeras luchas de la década de 1770 en Gran Bretaña hasta la explosión del consejismo y sovietismo desde 1917en muchos lugares, confluían en este principio. Una serie de factores — destrozos inmensos de la guerra de 1914-18, la brutal guerra civil interna y la agresión imperialista; minoría cualitativa obrera en medio de un océano campesino; analfabetismo masivo de las izquierdas revolucionarias y muy restringido conocimiento del marxismo de los bolcheviques; sequías, malas cosechas y atraso técnico y científico; derrotas de la oleada revolucionaria internacional sobre todo en Alemania; inevitable agotamiento físico de los sectores más conscientes, etc.– estos y otros factores entre los que destacan, como luego veremos, la naturaleza del Imperio zarista como “cárcel de pueblos”, propiciaron el surgimiento de una casta burocrática que no constituía una nueva clase social, una supuesta “burguesía roja”. Ya desde principios de 1918 muchos “viejos bolcheviques” y otros revolucionarios tomaron conciencia de la gravedad del cáncer burocrático.

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