Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Moncayo: Álvaro Uribe me humilló por buscar la libertad de mi hijo

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 19 junio 2010

“En las campañas que recién terminaron no hubo un solo candidato comprometido con la paz en Colombia. No creo que ni uno conociera de cerca el drama de los desplazados”

Por Blanche Petrich

19 de junio 2010.-Sandoná, Nariño, 18 de junio. El profe Gustavo Moncayo, también conocido como “padre coraje” por la denodada batalla que dio para rescatar a su hijo Pablo Emilio, secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante 12 años, ya no carga las cadenas que llevó en cuello y brazos hasta hace poco. El 31 de marzo el mismo Pablo se las quitó frente a las cámaras de los medios, apenas recobró su libertad.

Lejos de los centros de poder, donde con frecuencia fue vilipendiado hasta por el mismo presidente Álvaro Uribe, Moncayo opina: “En las campañas que recién terminaron no hubo un solo candidato comprometido con la paz en Colombia. No creo que ni uno conociera de cerca el drama de los desplazados, que sintiera en carne propia el dolor de los familiares de los desaparecidos, de los masacrados, de los que fueron despedazados por los paramilitares para servirle de alimento a los cocodrilos.”

Antes de que “la guerra tocara a mi puerta”, dice, era “como la mayoría: creía que la violencia era un hecho aislado y veía por mi pellejo y mi familia… nada más”. Sus clases en la preparatoria; las fiestas de su pueblo; misa los domingos.
Hoy “creo que me convertí en un luchador nato. Mi hijo ya está libre, pero sigo insistiendo en la urgencia no sólo en acuerdos con las organizaciones armadas sino en soluciones que tienen que ver con los problemas de salud, educación, vivienda. Si eso estuviera resuelto no habría personas que se van de guerrilleros o paramilitares.”

Lo alcanzamos en la azotea de su casa, donde acaba de cambiarle el agua a los dos loritos que Pablo Emilio llevó consigo como recuerdo de su vida en cautiverio. Desde ahí se domina la vista del pueblo, las torres de la iglesia, los cerros que la rodean cubiertos de cafetales y caña. A lo lejos se ve la cadena andina que colinda con el departamento de Putumayo. En el pico más alto, el Patascoy, estaba la estación de comunicaciones del ejército que fue asaltada por una columna de las FARC en 1997. De ahí se llevaron al joven cabo del ejército que no cumplía aún los 19 años y a 16 soldados más.

Un retorno dulce y amargo

El domingo que lo visitamos Moncayo acababa de colgar el teléfono luego de hablar con su hijo, internado en el hospital militar de Bogotá por afecciones gástricas. “No se imagina lo que es poder oír su voz. Esperé 12 años, tres meses, nueve días”, dice.

En la fachada de la casa todavía está el letrero de colores: “Bienvenido”. La sala, el comedor, todo parece un museo en honor al joven cabo que vino de la selva. El regreso fue una fiesta. Pero como ocurre en todas las historias similares, una fiesta dulce y amarga.

Es su mamá, María Estella Cabrera, también maestra, la que se explica con más claridad los problemas del retorno y la reinserción, después de un cautiverio traumático. “A veces lo vemos hablar como el hombre de 32 años que es. Pero de pronto es como si el tiempo no hubiera pasado y vuelve a ser el casi adolescente que era cuando lo secuestraron”.

Sus papás recuerdan lo primero que hizo cuando entró a su recámara, que su madre mantuvo intacta. Buscó los tenis y los jeans que había comprado para su cumpleaños 19 y se los puso: ropa de joven en el cuerpo de un hombre.

“No tiene malicia. Es como si viniera de otro mundo. Debemos tener mucha paciencia con él. Mucha”, dice la madre.

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La crisis, una estafa detrás de otra

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 19 junio 2010

Los gobiernos, esclavos o cómplices de los poderes financieros, no han parado de exigirle esfuerzos y sacrificios a la ciudadanía.

Por Juan Torres López

La Real Academia Española de la Lengua define de dos modos el verbo estafar. Como pedir o sacar dinero o cosas de valor con artificios y engaños y con ánimo de no pagar, y, en sentido jurídico, como cometer alguno de los delitos que se caracterizan por el lucro como fin y el engaño o abuso de confianza como medio. Por eso yo creo que el término de estafa es lo que mejor describe lo que han hecho continuadamente los bancos, los grandes especuladores y la inmensa mayoría de los líderes y las autoridades mundiales antes y durante la crisis que padecemos.

Los Estados le dieron a los bancos privados el privilegio de crear dinero emitiendo deuda con la excusa de que eso era necesario para financiar la actividad de las empresas y los consumidores. Pero en los últimos treinta años, la banca internacional multiplicó la deuda para financiar los mercados especulativos y para ganar dinero simplemente comprando y vendiendo más dinero, y no para financiar a la economía productiva. Esta es la primera estafa.

Para disponer de recursos adicionales a los que le depositaban sus clientes, la banca ideó formas de vender los contratos de deuda y los difundió por todo el sistema financiero internacional. Pero al hacerlo, ocultaba que millones de esos contratos no tenían las garantías mínimas y que al menor problema perderían todo su valor, como efectivamente ocurrió. Actuando de esa forma y tratando de elevar cada vez más la rentabilidad de sus operaciones, la banca fue asumiendo un riesgo cada vez mayor que ocultaba a sus clientes y a las autoridades y que transmitía al conjunto de la economía. Esta es la segunda estafa.

Para llevar a cabo esas estafas, la banca recurrió a las agencias de calificación que actuaron como sus cómplices corruptos engañando sistemáticamente a clientes y autoridades indicando que la calidad de esos productos financieros era buena cuando en realidad sabían que no era así y que, por el contrario, se estaba difundiendo un riesgo elevadísimo porque eran, como se demostró más adelante, pura basura financiera. Esta es la tercera estafa.

Los grandes financieros consiguieron que los bancos centrales fueran declarados autoridades independientes de los gobiernos con la excusa de que éstos podían utilizarlos a su antojo y de que así era mejor para lograr que no subieran sus precios. Sin embargo, lo que ocurrió fue que con ese estatuto de “independientes” los bancos centrales se pusieron al servicio de los bancos privados y de los especuladores, mirando a otro lado ante sus desmanes. Y asi, en lugar de combatir la inflación permitieron que se diera la subida de precios de la vivienda quizá más alta de toda la historia y constantes burbujas especulativas en numerosos mercados. Y lejos de conseguir la estabilidad financiera lo cierto fue que durante su mandato “independiente” también hubo el mayor número de crisis financieras de toda la historia. Esta es la cuarta estafa.

Para generar fondos suficientes para invertir en los mercados especulativos cada vez más rentables, los bancos y grandes financieros lograron, con la excusa de que eso era lo conveniente para luchar contra la inflación, que los gobiernos llevaran a cabo políticas que redujeran los salarios y aumentaran así los beneficios (que en su mayor parte van a ahorro en lugar de al consumo como le pasa a los salarios), y la progresiva privatización de las pensiones y de los servicios públicos. Esta es la quinta estafa.

Cuando el riesgo acumulado de esa forma estalló y se desencadenó la crisis, los bancos y los poderosos lograron que los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables, de encarcelar a sus directivos y a los de las agencias de calificación que provocaron la crisis, les dieran o prestaran a bajísimo interés varios billones de dólares y euros de ayudas con la excusa de que así volverían enseguida a financiar a la economía. Pero en lugar de hacer esto último los bancos y grandes financieros usaron esos recursos públicos para sanear sus cuentas, para volver a tener enseguida beneficios o para especular en mercados como el del petróleo o el alimentario, provocando nuevos problemas o que en 2009 hubiera 100 millones de personas hambrientas más que en 2008. Esta es la sexta estafa.

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