Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 22/06/10

Crisis de sobreacumulación mundial, crisis de civilización

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 22 junio 2010

Por François Chesnais

La crisis económica y financiera que está en curso es parte de tres grandes crisis en las que convergen numerosos procesos.[1] Será larga, porque su sustrato es una sobreacumulación de capacidades de producción. Asume la forma de una importante superproducción localizada en sectores y países determinados, pero su marco es la economía mundializada. La sobreacumulación de las capacidades de producción está acompañada por una inmensa acumulación de capital ficticio, de derechos a percibir parte de valor, plusvalor y de “productos financieros derivados”. La crisis comenzó en la esfera financiera y en este sentido es la crisis del régimen de acumulación de preeminencia financiera o financiarizado montado a fines de la década del 80. Marca también el fin del período de hegemonía mundial no compartida de Estados Unidos iniciado en los años 80 y especialmente desde 1992. Todos los recursos han sido utilizados (y seguirán siendo utilizados) por el gobierno estadounidense tratando de asegurar la perennidad tanto de la hegemonía estadounidense como de la dominación de Wall Street, de los bancos y los fondos de colocación financiera. La recuperación actual [el artículo fue escrito en enero 2010] es sólo un momento, posiblemente breve, de un proceso de crisis económica que se prolongará durante muchos años. 

El largo desarrollo de la crisis económica y financiera se hará en un contexto histórico en el cual será un aspecto de una crisis mucho mayor, una crisis de civilización. Los trabajadores, los explotados y los dominados pagan ya los costos y lo seguirán haciendo cada vez más. De manera inmediata, se enfrentan al conjunto de medidas dispuestas por gobiernos y empresas con el objetivo no sólo de hacer caer el peso de la crisis sobre ellos, sino de utilizar el cambio en la relación de fuerzas favorable al capital que se deriva del aumento del desempleo, para agravar aún más las condiciones de explotación. En un horizonte temporal más amplio, los explotados y dominados deberán enfrentarse con la interpenetración (de la que vemos las primeras expresiones en África y Asia) entre la crisis económica mundial, la crisis alimentaria que golpea a poblaciones muy vulnerables y los impactos sociales de la crisis de cambio climático, entendida como crisis de las condiciones de la reproducción social en relación a los ecosistemas planetarios y la degradación de la biosfera.

Movimientos de capital sin fin ni límites, preservación de la dominación social de la burguesía a cualquier costo.

Toda discusión sobre la crisis, sobre todo si se parte de una definición basada en una interpenetración global de este tipo, exige retomar la comprensión del capitalismo como tal. El capitalismo no es simplemente un sistema desigual e injusto, un sistema marcado por contradicciones internas porque se basa en la propiedad privada y la apropiación masiva de trabajo no pagado, principalmente bajo la forma de la plusvalía que nace en la empresa capitalista. Debemos prevenirnos contra todo economicismo, aunque se apoye en categorías teóricas marxistas, porque lleva a ver las contradicciones del capitalismo de manera distanciada. El permanente trabajo de apreciación podríamos decir “filosófica” del capitalismo es necesario, pero también es obligatorio colocar la lucha de clases en el corazón del análisis.

El capitalismo no es simplemente un “sistema económico”. Es también un sistema de dominación social en beneficio de burguesías oligárquicas y de oligarquías burocrático-capitalistas, jerarquizadas a nivel mundial, cuya actividad está enteramente orientada a la preservación y crecimiento de sus riquezas y por ende del poder, que es la condición para lograrlo. No hace falta explicarles que “la historia de la sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”. Para ellos, esto es algo inscripto en los genes de la aplastante mayoría de sus miembros. Hay momentos en que el reflejo de preservar a cualquier costo una dominación social salta a la vista. Es precisamente lo que ocurre en las revoluciones (la revolución alemana de 1918, la de España en 1936, o Chile en 1973). Pero esta dimensión aflora también en tiempos de grave crisis económica y financiera. Así, salvar al sistema, cueste lo que cueste, fue el reflejo cuando en septiembre de 2008 la caída de Lehman Brothers amenazó con el colapso del sistema financiero mundial.

Cada generación lee y relee a Marx, tanto desde lo acontecido con la evolución histórica como desde su propia experiencia. Me parece que hoy, el Marx que hay que releer como militante-investigador es el que escribe en los Manuscritos de 1857-58 que “el capital, empero, como representante de la forma universal de la riqueza –el dinero– constituye el impulso desenfrenado y desmesurado de pasar por encima de sus propias barreras”.[2] O también aquel que dice en El capital que “la circulación del dinero como capital lleva en si mismo su fin, pues la valorización del valor solo se da dentro de este proceso constantemente renovado. El movimiento del capital es, por tanto, incesante. Como agente conciente de este movimiento, el poseedor de dinero se hace capitalista. El punto de partida y de retorno del dinero se halla en su persona, o por mejor decir en su bolsillo. El contenido objetivo de este proceso de circulación – la valorización del valor- es su fin subjetivo y solo actúa como capitalista, como capital personificado, dotado de conciencia y de voluntad”.[3]

De esto hay que partir para el análisis de la crisis actual. En razón de la prolongación excepcionalmente larga de la fase de acumulación, que se remonta en el caso de Estados Unidos a la preparación para su ingreso en la guerra en 1942 y en el caso de Europa y Japón a la reconstrucción de los años ’50, sin verdaderas interrupciones, la acumulación de “dinero circulando como capital” o con pretensión de serlo, es absolutamente gigantesca. Este efecto de dimensión, multiplicado por la libertad del movimiento planetario aportado por la liberación y la desregulación, hace que el dinero devenido capital se levante hoy ante la sociedad como una potencia dotada de objetivos y movimiento propios. Inclusive jaqueada por la sobreacumulación y la superproducción, a una situación en que la masa de plusvalía producida por las empresas no puede ser realizada, buscará saciar su sed ilimitada de plusvalor. Los obstáculos con que tropiece no harán más que exacerbarla.

Lo que llamamos financiarización está marcado por el protagonismo asumido por los grandes bancos, las sociedades aseguradoras y los fondos de pensión en la configuración interna de la burguesía de los países capitalistas centrales y en su peso en la determinación cotidiana de las políticas económicas. Esto es lo que nos recuerdan cotidianamente hoy los dirigentes de Goldman Sachs y otros como Morgan Stanley, son los primeros “agentes concientes de este movimiento” de valorización ilimitada. El capital siempre estuvo marcado por su profunda indiferencia con respecto al uso social de las mercancías producidas o a la finalidad de sus inversiones. Hemos visto adónde llevó esto durante la Segunda Guerra Mundial y el montaje de las condiciones tecnológicas del Holocausto. Cuando el capital toma la forma de “riqueza abstracta” y las instituciones que pretenden valorizar sus haberes ingresando en el “ciclo abreviado D-D’” dominan el movimiento de acumulación los países más poderosos, esta indiferencia impregna la economía y la política, incluso en “tiempos de paz” como lo es el nuestro oficialmente. Asistimos así a la explotación sin límite, hasta el agotamiento, de “las dos fuentes originales de toda riqueza: la tierra y el hombre.”[4]

Antagonismo contra los trabajadores, saqueo de recursos naturales, degradación de la biosfera

Lee el resto de esta entrada »

Posted in General | Leave a Comment »