Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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“Tercera vía”, atajo para la contrarrevolución

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 13 julio 2010

Por Freddy Bernal Rosales

Hemos venido insistiendo que en el país se está produciendo una inevitable confrontación de clases.

No se trata de un capricho confrontacional de los sectores revolucionarios, comandados por el Comandante Hugo Chávez, contra otros ciudadanos que “pacíficamente” defienden a un sistema económico-social que fenece “inexplicablemente” para ellos, como si fuese por arte de magia o maleficio infernal de los comunistas; o por “la gracia de Dios”, como diríamos los de a pie.
La realidad política a la vista se simplifica en la natural confrontación del devenir de la dinámica social, en la que los sectores sociales enfrentados con intereses económicos contrarios, en periodos de cambios y transformaciones revolucionarias, de forma sencilla develan, con cruda y patética contundencia, el alto contraste social, las contradicciones de clases en pugna entre los oligarcas y el pueblo trabajador: entre explotadores y explotados.

No se trata de buscar opciones por una “tercera vía”, de “…buscar a Dios por las esquinas”. Se trata de escoger un rumbo de desarrollo justo y posible. Se trata de lograr una sociedad en la que los hombres y mujeres podamos vivir todos juntos en comunidad, sin pisar a nadie para, sobre la necesidad del desposeído, surgir como “empresario” vencedor para la restauración del orden legal burgués.

Estamos ante una confrontación entre la legalidad oligárquica, la de la  explotación y expoliación de los bienes nacionales y las personas, y la nueva legalidad popular en construcción, la del Socialismo Bolivariano. Veamos.
Cuando las “hordas rojas de bidentes” 1 con nuestro gobierno nos opusimos a las “cuota balón” y/o a los “créditos indexados” -que arruinaba a los deudores hipotecarios y a los que adquirían un carro-, lo hicimos para enfrentar la injusticia especuladora de los capitalistas que embargaba de por vida a los deudores, negándoles el derecho a ser propietarios de sus viviendas o carros adquiridos dignamente con sus ahorros; cuando enfrentamos la rémora del cupo universitario, con nuevas opciones educacionales inclusivas, “prostituimos e igualamos” el derecho exclusivo a la educación universitaria para los “niños nalgas blancas” de los sectores sociales pudientes, según los restauradores fascistas; cuando comenzamos a combatir la privatización general del derecho a la salud, con “Barrio Adentro”, estábamos trayendo, de “forma camuflada espías cubanos” para exportar el comunismo de Cuba, según ellos; cuando se enfrenta la fuga masiva de divisas de unos pocos, con el control de cambio, no se está protegiendo la economía de la nación, y con ello también de los que no tienen acceso directo a ellas, si no que “impedimos el libre mercado y convertibilidad de la moneda” de “empresarios emprendedores”; cuando estamos enfrentado la usura, la especulación, el acaparamiento y la manipulación cambiaria, según ellos, estamos impidiendo la iniciativa privada generadora de empleo (el de Globoterror, que como Zuloaga dice: “… especulamos, pero damos empleo”); cuando detenemos al que vende mercancías de primera necesidad con exorbitantes sobreprecios, le estamos impidiendo a los pobres el “sueño de ser un carnicero rico”, aunque se trafique con las necesidades sociales; cuando regulamos la matricula y cuotas educativa de la educación privada, impedimos el derecho de los que si pueden pagar holgadamente sus excluyentes cuotas que los hacen diferentes, reafirmando sus privilegios sobre las mayorías; si impedimos las discriminatoria solicitud de claves de seguros para, con una emergencia, ingresar a una clínica, estamos impidiendo el libre ejerció y beneficio de la medicina privada, no protegiendo el derecho a la salud y la vida; si promovemos poner coto a la criminal especulación y desalojos de inquilinos en alquiler de viviendas, es porque los “barbaros rojo rojitos” somos unos desposeídos resentidos sociales que queremos arruinar a las administradoras inmobiliarias de pobres “buitres caseros”; cuando certificamos la riqueza petrolera de la Faja del Orinoco como reservas energéticas petroleras, y no como bitumen, es porque queremos, inexplicablemente, ahuyentar las “desinteresadas inversiones extranjeras”, y no para reafirmar la soberanía sobre nuestra riqueza natural.
LA PATRIA se confronta hoy entre la partera Revolución y el aborto de la restauración.

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Tolstoi y el marxismo

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 13 julio 2010

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Tolstoy no tuvo apenas relación con el marxismo, una concepción del mundo que consideraba materialista, en tanto que los marxistas tachaban su ideario de “idealista” y contradictorio, cuando no reaccionario. Tolstoy no leyó a ningún marxista, y el más cercano que tuvo fue sin duda Máximo Gorki, más “cómplice” que propiamente militante. En alguna ocasión se refirió duramente hacia ellos, y en plena revolución de 1905, Chertkov le rogó que limará sus referencias hacia ellos. Aún y así, como novelista los trató con mayor objetividad, y ahí está Resurrección. Tampoco por parte dos marxista hubo ninguna voluntad de aproximación, estaban, por decirlo así, en otra guerra.
Esto no excluye el hecho de que el agudo George Steiner hiciera notar el novelista fue muy popular entre los bolcheviques, una conexión “maldita” sobre la que Isaiah Berlin, en su obra El erizo y la zorra, introduce despectivamente una nota a pie de página, en la que llega a decir: “En cuanto a los inevitables esfuerzos por relacionar las opiniones históricas de Tolstoy con la de los distintos marxistas posteriores –Kautsky, Lenin, Stalin, etc-, es algo que entra más en el terreno de las curiosidades de la política o la teología que en el de la literatura”. Como el lector podrá comprobar en la bibliografía final, fueron Plejanov, Lenin, Trotsky, así como Rosa Luxemburgo y Lukács, mostraron un considerable interés por Tolstoy y su obra, y a tal efecto, escribieron ensayos que, al margen de las simpatías o antipatías ideológicas, representaron aportes de envergadura; a Stalin empero, no se le conoce ni una sola línea al respecto, lo contrario habría sido bastante extraño. Berlin no puede ocultar un reaccionarismo que le lleva, entre otras cosas, a atribuir Marx una opción “reservada” una sola clase, mientras que Tolstoy la hacía por lo “común para casi toda la humanidad” (1998; 91). En realidad, Marx veía la clase obrera como protagonista de un bloque social anticapitalismo, y aunque Tolstoy no ofreció reflexiones específicas al respecto, otorga al campesinado liberado, un papel central, incluso como modelo de vida.
Los dos principales líderes del bolchevismo entre 1917 y 1924, escribieron ensayos que han sido reconocidos, así, por ejemplo, León Trotsky, escribió un subyugante artículo en 1908, con ocasión del 80 aniversario del escritor, y en que decía: “¡Pero qué milagros de transformación no crea el genio! De la forma bruta de esta vida gris y sin color, él saca a la luz del día toda su belleza oculta. Con una calma olímpica, con un verdadero amor homérico por los hijos de su espíritu, consagra a todos y a todo su atención: El general en jefe, los servidores del terreno señorial, el caballo del simple soldado, la hija pequeña del conde, el mujik, el zar, la pulga en la camisa del soldado, el viejo francmasón, ninguno tiene privilegio ante él y cada uno recibe su parte. Paso a paso, rasgo a rasgo, pinta un inmenso fresco, cuyas partes todas están vinculadas por un lazo interior, indisoluble. Tolstoy crea, sin apresurarse, como la vida misma que desarrolla ante nuestros ojos. Rehace el libro enteramente siete veces. Lo que asombra más en este trabajo de creación titánica es, quizá, el hecho de que el artista no se otorga a sí mismo, y no permite tampoco al lector conceder su simpatía a tal o cual personaje. Jamás nos muestra, como hace Turguéniev, a sus héroes -a los que, por otra parte, no ama-, iluminados por luces de bengala o por el resplandor del magnesio, jamás busca para ellos una pose ventajosa. No oculta nada y nada pasa en silencio. Al inquieto buscador de verdad, Pierre, nos le muestra al fin de la obra bajo el aspecto de un padre de familia tranquilo y satisfecho. A la pequeña Natacha Rostov, tan conmovedora en su delicadeza casi infantil, la transforma, con una ausencia de piedad completa, en una mujercita limitada con las manos llenas de pañales sucios. Es precisamente esta atención apasionada por todas las partes aisladas la que crea el poderoso patetismo del conjunto. Puede decirse de esta obra que toda ella está penetrada de panteísmo estético, que no conoce ni belleza, ni fealdad, ni grandeza, ni pequeñez porque para él sólo la vida en general es grande y bella, en la eterna sucesión de sus diversas manifestaciones. Es la verdadera estética rural, impiadosamente conservadora, según su naturaleza, y lo que acerca la obra épica de Tolstoy al Pentateuco y a la Ilíada”.

Pero tal entusiasmo no contradice una posición muy crítica en relación al ideario que el propio Trotsky, resume así siguiendo los preceptos del conde-mujik: “1. No son leyes sociológicas de una necesidad de bronce las que determinan la esclavitud de los hombres, sino los reglamentos jurídicos establecidos arbitrariamente por ellos; 2. La esclavitud moderna es la consecuencia de tres reglamentaciones jurídicas que conciernen a la tierra, a los impuestos y a la propiedad; 3. No sólo el gobierno ruso, sino cualquier gobierno, sea el que sea, es una institución que tiene por objeto cometer impunemente los crímenes más espantosos, con la ayuda del poder del Estado; 4. El verdadero mejoramiento social se obtendrá únicamente mediante el perfeccionamiento moral y religioso de los individuos; 5. Para librarse de los gobiernos no es necesario combatirlos con medios exteriores, basta con no participar en ellos y no apoyarlos. Especialmente no hay que: a) aceptar las obligaciones de un soldado, de un general, de un ministro, de un estadista, de un diputado; b) suministrar voluntariamente al gobierno impuestos directos o indirectos; c) utilizar las instituciones gubernamentales o solicitar una ayuda financiera cualquiera del gobierno; d) hacer proteger su propiedad privada por alguna medida del poder del Estado”.

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