Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Fidel vs Uribe…y Santos no es mejor

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 agosto 2010

Por Narciso Isa Conde

Las palabras de Fidel sobre la designación de Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia, como miembro de la Comisión Investigadora de la masacre israelí perpetrada contra la flotilla humanitaria que suministraría alimentos a la población palestina cercada en Gaza, marcan un momento muy especial en cuanto a la necesaria profundidad y al carácter frontal de la crítica cubana al régimen narco-para-terrorista de Colombia.

La exagerada barrera diplomática fue saltada, sobre todo si se aprecia que de muchas maneras Juan Manuel Santos, nuevo mandatario colombiano, es la continuación de Uribe; compromisorio, por demás, de casi todas las fechorías ejecutadas durante sus dos periodos de gobierno.

  Fidel denuncia criminalidad y protección de ONU

Las palabras de Fidel tomaron el tono de una arremetida:

“La Resolución 1929 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 9 de junio de 2010, selló el destino del imperialismo.”

“No sé cuántos se habrán percatado de que entre otras cosas absurdas, el Secretario General de esa institución, Ban Ki-moon, cumpliendo órdenes superiores, incurrió en el disparate de nombrar a Álvaro Uribe -cuando este estaba a punto de concluir su mandato- vicepresidente de la comisión encargada de investigar el ataque israelita a la flotilla humanitaria, que transportaba alimentos esenciales para la población sitiada en la franja de Gaza. El ataque se produjo en aguas internacionales a considerable distancia de la costa.”

“Dicha decisión le otorgaba a Uribe, acusado por crímenes de guerra, total impunidad como si un país lleno de fosas comunes con cadáveres de personas asesinadas, algunas hasta con dos mil víctimas, y siete bases militares yankis, más el resto de las bases militares colombianas a su servicio, no tuviera nada que ver con el terrorismo y el genocidio.” (Reflexiones: La ONU, la impunidad y la guerra. Fidel Castro Ruz)

No se trata, claro está, de una opinión formulada desde el Estado cubano, esto es, desde su presidencia o desde su cancillería; pero si desde el liderazgo histórico de la revolución. Y eso pesa mucho en la sociedad cubana y en el mundo.

Hacía tiempo que no se escuchaban desde la Revolución Cubana palabras tan fuertes respecto al engendro político colombiano y a uno de sus cabecillas, aunque ciertamente centrada en un ex-presidente.

A muchos nos preocupaba el impacto de los intereses de Estado en todas las vertientes de la política exterior cubana, incluida la del partido y de las organizaciones sociales; y en mi caso lo expresé con la franqueza que me caracteriza en muchas oportunidades. Igual motivaba inquietudes justas la repetida manifestación de ese fenómeno en   otros países donde existen gobiernos revolucionarios o progresistas.

La política de Estado había predominado abrumadoramente por sobre la necesidad continental de no silenciar la recolonización infernal impuesta no solo por Uribe, sino por muchos otro gobernantes de ese país y, sobre todo, por un Estado terrorista y una oligarquía subordinada a los halcones de Washington durante décadas.

Fidel, a todas luces revitalizado,   brincó ahora la muralla diplomática de una zancada y dijo la verdad sobre Uribe y sobre el terror imperante en ese país suramericano.

  Uribe: un criminal reclamando respeto

  Uribe reaccionó como nos tiene acostumbrados: acusándolo de hacerse eco de “las calumnias del terrorismo” colombiano, al tiempo de exigir lealtad al “respeto mutuo” que primó durante los ocho años de su gestión en los vínculos interestatales colombo-cubanos. Observemos sus palabras:

“El ex presidente Fidel Castro ha olvidado  los ochos años de respeto mutuo entre Cuba y Colombia”, señaló Uribe en un comunicado, en el que tras hacer un balance de las realizaciones de su gobierno, que concluyó el pasado siete de agosto, invita al líder cubano a analizar esos logros. “Durante los últimos ocho años Colombia desmontó el terrorismo narco-paramilitar, debilitó el terrorismo narco-guerrillero, se protegió eficazmente a la oposición radical, prosperaron las libertades (…)” precisó el mandatario en el comunicado. Agregó que “es conveniente que el ex presidente Castro analice estos temas antes de hacer eco a la calumnia de protectores políticos del terrorismo narco-guerrillero”  (Periódico Hoy, 17/08/10).

El choque se produce ante las valoraciones opuestas respecto a una misma realidad y trasciende a mi entender lo estrictamente individual o lo concerniente una sola administración de gobierno

  Colombia   tiene un Estado terrorista y lo dicho sobre Uribe vale para Santos

En su globalidad no hay dos Colombia y la verdad ha brotado desde las grandes tumbas comunes, los “falsos positivos”, las moto-sierras, los desplazados, el estado policial, las bases gringas, las contrataciones de tropas mercenarias, las matanzas a cargo de generales, las pruebas de torturas, las confesiones de los capos… En esa realidad se apoya Fidel.

Además, hay que decir que con la salida de Uribe de la presidencia colombiana, no ha cambiado la naturaleza de la clase dominante-gobernante de ese país, ni el carácter del Estado vigente allí, ni siquiera los atributos esenciales del Jefe de Estado. Juan Manuel Santos no solo es del Partido U que lidera Uribe, sino que en lo fundamental es la continuidad de su política y sus alianzas.

Con Uribe todo evolucionó para peor y de esa realidad Juan Manuel Santos fue cómplice señero   en todo lo malo y lo peor.

Si Uribe representó el ascenso del narco-para-militarismo a “clase política” gobernante, Santos expresó la quintaesencia de lo peor de la oligarquía funcional a esas mafias y a esa neo-partidocracia alimentada por los cárteles de la droga.

Ambos actuaron –y actúan- como instrumentos de la política de guerra de EEUU y de la conversión de Colombia en el Israel de esta subregión.

Ambos le abrieron todas las puertas al Pentágono, a la CIA, al Mossad, al TLC, al neoliberalismo duro y a los programas imperiales de desestabilización de la revolución bolivariana de Venezuela, de la revolución ciudadana de Ecuador y a los planes de conquista de la Amazonía.

En Colombia no hay un “malo” que se fue del gobierno y un “bueno” que llegó a él. Ya Santos volvió sobre los pasos de Uribe: nada de diálogo con las FARC y la insurgencia, nada de conversar con “terroristas” (habrá que ver que hará con los gobiernos que Obama califica como tal), Guerra, solo guerra, es su divisa, más allá de su oportunista repliegue frente a Chávez.

Lo dicho sobre Uribe vale para Santos y más allá: para el poder establecido en Colombia, para las bases políticas e ideológicas que lo sustentan, para la constitución de su territorio en una plataforma de bases militares del Pentágono y centro de expansión del para-militarismo en la región.

  El triángulo fatal que es preciso aislar y derrotar

 Si hay situaciones, regímenes, territorios ocupados, que merecen ser denunciados, combatidos y aislados hasta su derrota son:

–                  El régimen narco-para-terrorista de Colombia y su condición de plataforma de bases y tropas estadounidenses.

–                  El régimen golpista y ultraderechista de Honduras, bajo tutela de los halcones de Washington.

–                  La ocupación militar de Haití por los EEUU bajo el manto de la ONU y la Minustha.

Ese es un “triangulo fatal” frente al que debe ponerse a prueba de manera muy puntual la vocación democrática y antiimperialista de los pueblos y gobiernos progresistas de la región y del mundo.

A Cuba, a Venezuela, a Ecuador, a Bolivia, a la Republica Popular China, a Vietnam, a Corea del Norte… a sus fuerzas políticas revolucionarias o progresistas, le correspondería hablar en voz alta contra los engendros políticos que sustentan esas variantes aberrantes de la recolonización y el militarismo imperialista de estos tiempos.

A las fuerzas políticas y sociales de izquierdas, democráticas, progresistas del mundo le corresponde expresar con vigor la solidaridad con los pueblos de Colombia, Honduras y Haití.

A todos/as los/as luchadores/as por la justicia y la autodeterminación de los pueblos nos toca reconocer como “fuerzas beligerantes” a los actores políticos y sociales enfrentados a esos regímenes y a esas formas de ocupación militar, y ofrecerles la mayor solidaridad posible.

A la militancia del Frente Amplio de Uruguay, al pueblo petista de Brasil, a la diversidad progresista de Argentina… le corresponde exigirles a sus respectivos gobiernos que saquen sus contingentes militares de Haití. Ese pueblo no necesita tropas de ocupación, sino medicinas, alimentos, producción, construcción, formación y justicia social.

Al FMLN, que actuó consecuentemente frente al golpe de Honduras, le toca demandarle al presidente Funes una actitud que no implique apoyo a la continuidad golpista.

A las organizaciones revolucionarias del continente nos corresponde rechazar las campañas de criminalización y estigmatización de las organizaciones político-militares colombianas y la cruel represión contra todas las fuerzas opositoras de ese país.

Las palabras de Fidel, recibidas con amargura y prepotencia por el Señor Uribe Vélez, deben multiplicarse y hacerse extensivas a todos los sustentadores de ese régimen oprobioso, merecedor del acoso justiciero de los pueblos de nuestra América; y muy especialmente deben estimular la condena del gobierno de Santos, que representa la prolongación en el tiempo de las tumbas comunes, la guerra sucia, el estado policial a nombre de la “seguridad democrática” y la creciente intervención de EEUU en Colombia y la región.

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