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Archive for 20/08/10

La Izquierda Comunista en Rusia – El Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 agosto 2010

Publicamos a continuación el Manifiesto del Grupo Obrero [o de Trabajadores] del Partido Comunista Ruso (PCR, Partido bolchevique) uno de cuyos líderes más conocidos fue Miasnikov (véase nota al final del artículo), de ahí que se use frecuentemente el nombre de “Grupo de Miasnikov”. Este grupo forma parte de lo que se llama la Izquierda Comunista  ([1]), al igual que otros grupos tanto en Rusia como en otras partes del mundo, en Europa en particular. Las distintas expresiones de esta corriente se originan en la reacción ante la degeneración oportunista de los partidos de la Tercera Internacional y del poder de los soviets en Rusia. Fueron una respuesta proletaria bajo la forma de corrientes de izquierda, como ya habían existido en el pasado ante el avance del oportunismo de la Segunda Internacional.

Nuestra presentación

En la misma Rusia, desde 1918, aparecen fracciones de izquierda ([2]) en el Partido bolchevique, expresiones de varios desacuerdos con su política  ([3]). Esto ya es de por sí una prueba del carácter proletario del bolchevismo. Expresión viva de la clase obrera, de la única clase que puede hacer una crítica despiadada y continua de su propia práctica, el Partido bolchevique engendró continuamente fracciones revolucionarias. En cada etapa de su degeneración, se alzaron en su seno voces de protesta; grupos que se formaban dentro del Partido o rompían con él para denunciar las traiciones al programa de origen del bolchevismo. Cuando, finalmente, el Partido fue enterrado por sus sepultureros estalinistas, dejaron entonces de surgir en su seno dichas fracciones. Los comunistas de Izquierda rusos eran todos bolcheviques. Fueron ellos los que defendieron la continuidad con aquel bolchevismo de los años heroicos de la revolución; mientras que quienes les calumniaron, persiguieron y ejecutaron, por muy conocidos que fueran, fueron los que rompieron con la esencia del verdadero bolchevismo.

La retirada de Lenin de la vida política fue uno de los factores que precipitaron una crisis abierta en el Partido bolchevique. Por un lado, la facción burocrática consolidó su control sobre el partido, primeramente mediante un “triunvirato” formado por Stalin, Zinóviev y Kámenev, un bloque cuya argamasa era el deseo común de marginar a Trotski, mientras que éste, a pesar de sus muchas vacilaciones, se vio obligado a situarse abiertamente en las filas de la oposición dentro del partido.

En ese mismo momento, el régimen bolchevique se enfrentaba a nuevas dificultades tanto en el frente económico como en el social. En el verano de 1923, la primera crisis de la “economía de mercado” instaurada por la Nueva Economía Política (NEP) amenazaba el equilibrio del conjunto de la economía. Si el objetivo de la introducción de la NEP era contrarrestar la excesiva centralización estatal del comunismo de guerra que había llevado a la crisis de 1921, ahora se comprobaba cómo esa liberalización económica llevaba a Rusia a algunos de los típicos problemas de la producción capitalista. Estas dificultades económicas y, sobre todo, la política adoptada por el gobierno ante ellas (reducción de los salarios y despidos, o sea las “clásicas” en un Estado capitalista “normal”), agravaron aún más las condiciones de vida de los trabajadores que ya estaban prácticamente al límite de la miseria. En agosto-septiembre de 1923 estallaron espontáneamente numerosas huelgas que empezaron a extenderse por los principales centros industriales.

El triunvirato, interesado sobre todo en el mantenimiento del statu quo, empezaba a considerar la NEP como el camino real que llevaría a Rusia al socialismo. Este punto de vista fue teorizado especialmente por Bujarin que había pasado de la extrema izquierda del partido a su ala más derechista, y que precedió a Stalin en la elaboración de una teoría sobre el socialismo en un sólo país, aunque “a paso de tortuga”, gracias al desarrollo de una economía de mercado “socialista”. Trotski, por su parte, empezaba ya a reclamar más centralización estatal y más planificación para responder a las dificultades económicas del país. Pero la primera declaración clara de la oposición, que emergía de las propias esferas dirigentes del partido, fue la “Plataforma de los 46”, presentada al Politburó de octubre de 1923. Entre esos 46 figuraba gente cercana a Trotski (Piatakov y Preobrazhenski), así como elementos del grupo Centralismo Democrático como Sapranov, Smirnov y Osinski. No es casualidad si Trotski no firmó ese documento: el miedo a ser considerado como miembro de una fracción (prohibidas desde 1921), tenía por supuesto bastante que ver en ello. Sin embargo, en su carta abierta al Comité Central publicada en Pravda en diciembre de 1923, así como en su folleto El nuevo curso, exponía puntos de vista muy similares, lo que le situaba definitivamente en las filas de la oposición.

La “Plataforma de los 46” fue, inicialmente, una respuesta ante los problemas económicos que enfrentaba el régimen, defendiendo una mayor planificación estatal frente al pragmatismo postulado por el aparato dominante y la tendencia de éste a elevar la NEP a principio inmutable. Estos planteamientos fueron una constante de la oposición de izquierdas formada en torno a Trotski, aunque no de las más acertadas, como veremos más adelante. Lo más importante era que alertaban sobre el anquilosamiento que se estaba produciendo en la vida interna del partido ([4]).

Pero, al mismo tiempo, esa Plataforma se distanciaba de aquellas formaciones a las que definía como grupos de oposición “virulentos”, aunque los viera como expresión de la crisis que se vivía en el partido. Se refería, indudablemente, a corrientes como el Grupo Obrero constituido en torno a Miasnikov, así como a Verdad Obrera de Bogdanov, que aparecieron en esa misma época. Poco después, Trotski se refirió a ellos de manera parecida: rechazando sus análisis por considerarlos demasiado extremistas pero viéndolos, al mismo tiempo, como síntomas de la enfermedad que aquejaba al partido. Trotski tampoco quiso colaborar con los métodos de represión empleados para eliminar a esos grupos.

Pero, en realidad, esos grupos no pueden ser considerados en absoluto como un fenómeno “virulento” o “malsano”. Es cierto que el grupo Verdad Obrera expresaba cierta tendencia hacia el derrotismo e incluso al menchevismo y que, como en muchas de las corrientes que se desarrollaron en las izquierdas holandesa y alemana, sus análisis sobre el surgimiento del capitalismo de Estado en Rusia quedaron debilitados por una tendencia a cuestionar la propia Revolución de Octubre, viéndola como una revolución burguesa más o menos progresista ([5]).

Este no es el caso, en absoluto, del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso (bolchevique) dirigido por veteranos obreros bolcheviques como Miasnikov, Kuznetsov y Moiseev. Esta formación se dio a conocer distribuyendo su Manifiesto, en abril-mayo de 1923, inmediatamente después del XIIo  Congreso del Partido bolchevique. Un examen de este documento confirma la seriedad de este grupo, su profundidad y su perspicacia políticas.

El texto no está desprovisto de debilidades. En particular, se implica en la “teoría de la ofensiva”, que no ve el reflujo de la revolución internacional y, por lo tanto, la necesidad de luchas defensivas de la clase obrera. Era la otra cara de la medalla con respecto al análisis de la Internacional Comunista, que veía el retroceso de 1921 pero sacaba conclusiones ampliamente oportunistas. De la misma forma, el Manifiesto adopta una opinión errónea al afirmar que en la época de la revolución proletaria, las luchas por aumentos de salarios ya no tendrían un papel positivo.

A pesar de eso, las fuerzas de ese documento tienen mucha más importancia que sus debilidades:

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HACE 70 AÑOS ASESINARON A TROTSKY

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 agosto 2010

Por Olmedo Beluche

El 20 de agosto, hace 70 años, asesinaron a León Trotsky, pero no pudieron liquidar su herencia. Lo mataron de la manera más atroz, destrozaron su cerebro con un pico, pero no destruyeron sus ideas. Una gran alianza inconfesada de enemigos (agentes de la burocracia soviética, gobiernos imperialistas, socialdemócratas) lo persiguieron hasta el último rincón del planeta que se atrevió a darle asilo, el México de Lázaro Cárdenas.

Sus compañeros de lucha, sus copartidarios bolcheviques con los que dirigió la Revolución del 17, sus hijos y familiares, su generación casi completa, fue exterminada en la Unión Soviética de José Stalin. Y, sin embargo, setenta años después su legado sigue ahí, iluminando como un faro.

De Trotsky se ha escrito mucho, y se podría decir mucho más. Sin duda fue una personalidad de rango histórico. Muy joven se hizo revolucionario y marxista. Arrestado, forjó su carácter en las cárceles del zarismo, como tantos otros por aquella época en Rusia.

Huido al exilio, completó su educación política junto a los viejos fundadores de la socialdemocracia rusa, como Plejanov. Y con Lenin, que ya dirigía la generación intermedia, al principio bien y luego a los trompicones, en especial luego del Congreso de 1903, donde permaneció en un limbo intermedio entre bolcheviques y mencheviques. En Viena bebió de las fuentes del marxismo austríaco, cuya influencia en la personalidad más occidental de los revolucionarios rusos tal vez no se haya ponderado suficientemente.

A los 25 años fue elegido por los obreros como presidente del Soviet de Petrogrado, durante la Revolución de 1905. Juicio, cárcel y nuevo exilio. Tuvo el acierto de ser el primero, incluso que Lenin, en atisbar que la revolución rusa sería esencialmente obrera, que la burguesía rusa era ya incapaz de librarse de los resabios feudales del zarismo, y que le tocaría a un gobierno encabezado por los trabajadores combinar las tareas democráticas y socialistas. Había nacido su legendaria Teoría de la Revolución Permanente.

Estuvo entre los pocos, al igual que Lenin y Rosa Luxemburgo, que denunciaron la traición de la Segunda Internacional socialdemócrata, cuando apoyó la guerra imperialista, la Primera Guerra Mundial. Y estaría entre los fundadores de la tercera Internacional Comunista, en 1918.

De vuelta en Rusia gracias a la Revolución de Febrero de 1917, rápidamente zanjó las diferencias que le separaban de Lenin y entró al Partido Bolchevique. Al igual que en 1905, pronto destacó como el principal dirigente, orador y organizador de los Consejos (Soviets) de Obreros, Soldados y Campesinos, tocándole ser el ejecutor concreto, de una revolución que Lenin dirigía desde la clandestinidad, la Revolución de Octubre de 1917, bajo las consignas de “paz, pan, tierra y libertad”.

Octubre inauguró una nueva época histórica. La Unión Soviética que nació de esa revolución dio forma concreta a la aspiración de millones de trabajadores en todo el mundo de construir una nueva sociedad, libre de la explotación capitalista, de miseria, en que la economía fuera racionalmente puesta al servicio del bienestar colectivo. La predicción de Carlos Marx y Federico Engels en el Manifiesto se había hecho carne.

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