Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Lenin y la Revolución Internacional

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 9 septiembre 2010

Por Wilman, integrante del Frente 41 Cacique Upar de las FARC-EP

Luego de las certeras previsiones teóricas de los fundadores del socialismo científico, Marx y Engels, acerca de la imposibilidad del triunfo completo del socialismo en un solo país para el acceso a la sociedad comunista, sobreviene -después de la brillante orientación teórica y conducción práctica que Lenin le imprime al partido bolchevique- la revolución de octubre en 1917. A partir de aquí, desde ese entonces y hasta nuestros días, seguimos debatiendo las enormes repercusiones prácticas que tuvo y que todavía tiene este gran suceso histórico para la actividad revolucionaria de quienes consideramos que el socialismo no solo es un inevitable estadio del desarrollo de la sociedad humana, sino que también es producto de la actividad teórico-práctica de los pueblos y sus vanguardias conscientes.

Lenin, en los sucesos que se dieron posteriormente a la revolución de febrero de 1917, que hicieron posible la captura del poder por parte de los bolcheviques en octubre, es el primero que salta a la palestra, maravillado porque las cosas se sucedieron de modo diferente al previsto teóricamente tanto por Marx y por Engels, como por él mismo en años anteriores. Pero su regocijo no lo lleva a la idealización del fenómeno ruso, en el sentido de creer que había surgido la posibilidad del socialismo en un solo país. Lo que sencillamente Lenin encuentra es que el movimiento ha comenzado (como toma del poder) en un escenario diferente a los previstos, pero sigue considerando que la construcción definitiva del socialismo (como edificación de la sociedad socialista completa) corresponde al proletariado de los países desarrollados, tal y como lo habían argumentado correctamente Marx y Engels. Lo que Lenin deduce inmediatamente, no es que el fenómeno ruso haya desplazado la condicionalidad histórico-objetiva del socialismo –su carácter internacional- sino solamente la condicionalidad formal; es decir, la nacionalidad inicial. Por eso escribió: “Las cosas resultaron de modo distinto a como lo esperaban Marx y Engels, concediéndonos a las clases trabajadoras y explotadas de Rusia el honroso papel de vanguardia de la revolución socialista internacional, y ahora vemos claro cuán lejos irá el desarrollo de la revolución; ha comenzado la obra el ruso, la llevarán a cabo el alemán, el francés y el inglés, y triunfará el socialismo” (Lenin, III congreso de los Soviets de toda Rusia).

Lenin acoge aquí, en estas frases, todo el sentido que tuvo la estrategia bolchevique: iniciar el proceso revolucionario desde su país y abrir las compuertas para que los países industrializados lleven a cabo la revolución socialista. Por eso aquí, en una nueva condicionalidad histórica –empujar el socialismo desde una nación atrasada-, Lenin, más que nunca, fija todas las esperanzas de salvar la revolución bolchevique en la revolución proletaria de occidente: “si examinamos la situación en escala histórica mundial, no cabe la menor duda de que si la revolución se quedase sola, si no existiese un movimiento revolucionario en otros países, no existirá ninguna esperanza de que llegase a alcanzar el triunfo final. Si el partido bolchevique se ha hecho cargo de todo, lo ha hecho convencido de que la revolución madura en todos los países, y que en fin de cuentas –y no al comienzo- cualesquiera que fuesen las dificultades que hubiéramos de atravesar, cualesquiera que fuesen las derrotas que estuviésemos condenados a padecer, la revolución socialista internacional tiene que venir […] Nuestra salvación de todas estas dificultades -repito- está en la revolución europea”. (citado por Stalin, en Los fundamentos del leninismo.)
Nada más decisivo para acabar de una vez por todas con las tergiversaciones en este aspecto, que recurrir al mismo Lenin, porque ha sido objeto de diversas interpretaciones generadoras de muchas de las discordias pasadas y actuales. En la intervención en el Tercer Congreso de los Soviets, Lenin expresa muy en claro dos cosas que iluminan de modo especial todo el problema, dejando a la vez sin piso las interpretaciones equivocadas de muchos revolucionarios en la actualidad: en primer lugar, explica Lenin porqué razón, pese a que no se había realizado en octubre una revolución de carácter socialista como lo predecía Marx, tenía derecho a proclamarse socialista en cuanto que había emprendido ese camino; y en segundo lugar, dijo Lenin que sin la revolución del proletariado de los países industrializados, tal y como lo planteaba la teoría clásica, no podía triunfar en forma definitiva el socialismo ruso: “No me hago ilusiones en cuanto al hecho de que apenas hemos empezado el período de transición al socialismo, de que no hemos llegado aún al socialismo.
Pero tendréis razón al decir que nuestro país es una República Socialista de los Soviets, tendréis la misma razón de quienes denominan democráticas a muchas repúblicas burguesas de occidente, aunque todo el mundo sabe que ni una sola de las repúblicas más democráticas es plenamente democrática. Esas repúblicas conceden tronquitos de democracia, reducen en minucias los derechos de los explotadores, pero las masas trabajadoras están en ellas tan oprimidas como en todas partes. Sin embargo, decimos que el régimen burgués representa tanto las viejas monarquías como las repúblicas constitucionales. En la misma situación nos encontramos nosotros ahora. Estamos lejos incluso de haber terminado la transición del capitalismo al socialismo. Jamás nos hemos dejado de engañar por la esperanza de que podríamos terminarlo sin la ayuda del proletariado internacional, jamás nos hemos equivocado en esta cuestión. […] pero estamos en el deber de decir que nuestra República de los soviets es socialista porque hemos emprendido ese camino, y estas palabras no serán vanas […] cuando se nos pintan las dificultades de nuestra obra, cuando se nos dice que el triunfo del socialismo solo es posible en escala mundial vemos en ello únicamente un intento, condenado al fracaso de modo singular, de la burguesía y de sus partidarios voluntarios e involuntarios de tergiversar la verdad más indiscutible. Naturalmente, naturalmente, el triunfo del  socialismo en un solo país es imposible. (Lenin, III Congreso de los Soviets de diputados, obreros, soldados y campesinos de toda Rusia. Enero de 1918.)

Es irrefutable que Lenin jamás habló de la posibilidad de consolidar definitivamente el socialismo en un solo país, cuestión que sí hubiese ido en contra de los postulados de la teoría marxista, y que son precisamente, las ideas que se dejaron trascender en gran parte de la producción académica soviética. Lenin se refirió a la victoria del socialismo en un país (como inicio de la revolución internacional), nunca a la consolidación del socialismo en un solo país (edificación de la sociedad socialista completa). Stalin –en una primera instancia, en los Fundamentos del Leninismo (pero después contribuye a alimentar las confusiones), comprende la esencia de la táctica leninista y el significado del triunfo del socialismo en un solo país, así: “Pero derrocar el poder de la burguesía e instaurar el poder del proletariado en un solo país no significa todavía garantizar el triunfo completo del socialismo después de haber consolidado su poder y arrastrado consigo a los campesinos, el proletariado del país victorioso puede y debe edificar la sociedad socialista. ¿Pero significa esto que, con ello, el proletariado logrará el triunfo completo, definitivo, del socialismo, es decir, significa esto que el proletariado puede, con las fuerzas de un solo país, consolidar definitivamente el socialismo y garantizar completamente el país contra la intervención, y, por tanto, contra la restauración? No. Para ello es necesario que la revolución triunfe en algunos países. Por eso, desarrollar y apoyar la revolución en otros países es una tarea esencial para la revolución que ha comenzado ya. Por eso la revolución del país victorioso no debe considerase como una magnitud autónoma, sino como un apoyo, como un medio para acelerar el triunfo del proletariado en los demás países”.
Sin embargo, Stalin, después de vencer las tesis de los “permanentistas” –como se les denominaban a los seguidores de Trotsky- se quedó corto frente a la necesidad de teorizar adecuadamente el proceso revolucionario ruso y mundial en las condiciones creadas por Lenin y posteriormente tergiversó al mismo Lenin. En su libro, Las Cuestiones del Leninismo, retomando las enseñanzas  leninistas, acerca de los aspectos fundamentales de la edificación del socialismo en la URSS, plantea que su anterior apreciación en su folleto los Fundamentos del Leninismo, fueron de “cierta utilidad” en el debate frente a Trostky, pero que en ese momento, 1926, ya no correspondían a la realidad de los acontecimientos de la construcción del socialismo en la Unión Soviética. Dijo Stalin:

“Esta segunda formulación combate la afirmación de los críticos del leninismo, de los trotskistas, de que la dictadura del proletariado en un solo país, sin el triunfo en otros países, no podría “sostenerse frente a la Europa conservadora”.
“En este sentido -pero sólo en este sentido-, esa formulación era entonces (mayo de 1924) suficiente, y fue, sin duda, de cierta utilidad”.

“Pero más tarde, cuando ya se había vencido dentro del Partido la crítica al leninismo en este aspecto y se puso a la orden del día una nueva cuestión [¿?], la cuestión de la posibilidad de edificar la sociedad socialista completa con las fuerzas de nuestro país y sin ayuda exterior, la segunda formulación resultó ser ya insuficiente a todas luces y, por tanto, inexacta”.

“¿En qué consiste el defecto de esta formulación?”

“Su defecto consiste en que funde en una sola dos cuestiones distintas: la cuestión de la posibilidad de llevar a cabo la edificación del socialismo con las fuerzas de un solo país, cuestión a la que hay que dar una respuesta afirmativa, y la cuestión de si un país con dictadura del proletariado puede considerarse completamente garantizado contra la intervención y, por tanto, contra la restauración del viejo régimen, sin una revolución victoriosa en otros países, cuestión a la que hay que dar una respuesta negativa. Esto, sin hablar de que dicha formulación puede dar motivo para creer que es imposible organizar la sociedad socialista con las fuerzas de un solo país, cosa que, naturalmente, es falsa”. (Stalin, Las Cuestiones del Leninismo.)”

En esta apreciación, Stalin entra en una contradicción que no aclara sino que dificulta más la comprensión de la problemática, porque no puede pensarse en la posibilidad de la edificación de la sociedad socialista completa sin ayuda exterior, si a la vez se considera que es posible una restauración del capitalismo por la vía de una intervención armada sin una revolución victoriosa en los demás países.

¿Cómo pensar que sí es posible la construcción de la sociedad socialista completa, si a la vez se considera que es posible una restauración? ¿Acaso la segunda afirmación no destruye la primera premisa? ¿Hay que esperar consolidar el socialismo en un solo país, para pensar luego en apoyar la revolución en los demás países?

Esta afirmación, así planteada, no resolvió el problema sino desdibujaba todo lo que Lenin consideraba sobre el tema. Y qué dio pie a que se incubara la peregrina idea en la dirigencia soviética de que hay que defender el socialismo existente, para después y en la medida de las posibilidades ayudar a los otros países. Lo que tuvo consecuencias nefastas para la revolución internacional, pues se impuso la necesidad de la supervivencia del Estado Soviético, por encima de la necesidad de la revolución internacional.

En este sentido, Iring Fetscher, relatando acerca de la política exterior de Stalin, hace las siguientes aseveraciones: “En la política exterior de la unión soviética, así como en la línea dominante de la política del Komintern, se reflejaron el desarrollo de las condiciones del poder y la orientación ideológica del liderato soviético. Mientras que Trotsky, y principalmente Sinoviev, durante muchos años presidente del Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional, consideraban que era necesario continuar presionando para fomentar el comunismo mundial y todos los movimientos revolucionarios fuera de la Unión Soviética, Stalin dictaba órdenes encaminadas a supeditar la política exterior soviética y también la del Komintern a los intereses de la Unión Soviética” (Iring Fetscher y Günter Dill, EL COMUNISMO, de Marx a Mao Tse-Tung). Y concluye: “Al hacerlo así [haber cumplido un papel decisivo en la segunda guerra mundial], Stalin siguió su línea general clásica, de colocar la razón de Estado y los intereses de la Unión Soviética por encima de los de la revolución mundial.” (Ibídem.)

Por imponer la razón de Estado y los intereses particulares de las naciones socialistas frente a la necesidad de la revolución internacional, es que la revolución no se apoya en los demás países; en lugar de esto, la revolución se desestimula, se desarma, se desarticula para ofrecérsela al fetiche del socialismo nacional.

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