Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

La dialéctica marxista en el independentismo vasco

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 18 septiembre 2010

Por Iñaki Gil de San Vicente

1.- LA DIALÉCTICA COMO ARMA REVOLUCIONARIA:

2.- LA DIALÉCTICA DE LO INTERNO Y DE LO EXTERNO

3.- LA DIALÉCTICA DE LA ACELERACIÓN DEL   TIEMPO HISTÓRICO

4.- LA DIALÉCTICA COMO POLÍTICA Y PODER

5.- LA DIALÉCTICA DE LO DESIGUAL Y COMBINADO

6.- LA DIALÉCTICA DE LAS CONTRADICCIONES VASCAS

7.- LA DIALÉCTICA DE LA UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS

8.- LA DIALÉCTICA DE LO CUANTITATIVO Y LO CUALITATIVO

9.- LA DIALÉCTICA DE LA NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN

10.- RESUMEN

1.- LA DIALÉCTICA COMO ARMA REVOLUCIONARIA:

Ahora hace tres años nos reunimos aquí, en el local bilbaíno de IPES, para debatir sobre la dialéctica materialista. Presenté un texto escrito  –“La dialéctica como arma, método, concepción y arte”, a disposición en Internet–, pero mi intervención oral fue una aplicación del método que vertebraba ese escrito general a las especiales condiciones y necesidades del independentismo socialista vasco. Los organizadores de este debate han estimado necesario retomar aquella intervención oral a la luz de lo acaecido en este trienio, desde octubre de 2007 a octubre de 2010. Han realizado una trascripción de mis palabras y me han pedido que, a partir de lo dicho entonces y teniendo en cuenta las “novedades” acaecidas, presente otro escrito sobre la dialéctica marxista en el independentismo vasco.

No hay duda que en este trienio se ha producido una aceleración del tiempo histórico, especialmente del tiempo del capital, una agudización  de las contradicciones que hacen bullir a nuestro pueblo y al capitalismo mundial. Como veremos luego, la aceleración del tiempo atañe directamente a la esencia de la dialéctica materialista ya que es una confirmación empírica objetiva de la corrección de su método. Las “novedades” surgidas en estos tres años, que se explican desde las leyes del surgimiento de lo “nuevo” a partir de la agudización de la lucha de contrarios, las analizaremos más adelante. Ahora  debo empezar defendiendo lo esencial de la dialéctica marxista, a saber, que es un arma revolucionaria en el cuádruple sentido de la palabra: arma, método, concepción y arte.

En primer lugar la dialéctica sirve ante todo para hacer la revolución socialista, para avanzar en la construcción de un poder obrero y popular, en la democracia socialista en suma. En Euskal Herria, la dialéctica sirve para mostrar, por un lado, cómo las contradicciones se agudizan y avanzan, y, por otro lado, para descubrir qué dirección debemos tomar para evitar la derrota estratégica. Sin este contenido de práctica radical, la dialéctica marxista pierde su naturaleza revolucionaria, hundiéndose en una simple divagación reformista al uso de intelectuales absorbidos por el sistema. Ahora mismo, por ejemplo, en el Estado español aparecen periódicamente determinados artículos a favor o en contra de una dialéctica totalmente despolitizada, aislada de cualquier reflexión sobre la realidad de la explotación, y limitada a algunas aportaciones válidas en su especificidad sectorial sobre las relaciones entre la lógica formal, la lógica dialéctica, etc. Es un espectáculo penoso que muestra la derrota estratégica irrecuperable de una corriente que ha reducido el marxismo a una simple interpretación despolitizada y pasiva.

En segundo lugar, la dialéctica permite avanzar en la práctica del pensamiento científico-crítico, del pensamiento antidogmático, ateo y materialista, el que se enfrenta sin piedad a todos los dogmas y en especial a sus propias limitaciones, las impuestas por los sucesivos poderes opresores que han ido constriñendo el potencial crítico y emancipador del pensamiento social, a saber, el sistema patriarcal, la esclavización de los pueblos y la opresión de las naciones, y la explotación de clase. Mientras que una visión descontextualizada de las sucesivas contradicciones históricas causas por las síntesis sociales de los modos de producción, reduce la dialéctica a un conjunto de reglas más o menos aplicables a debates sobre epistemología, mientras esto es así, por el contrario, la dialéctica materialista busca llegar a la interacción entre la verdad objetiva históricamente determinada y las contradicciones sociales que condicional las sucesivas ontologías elaboradas en los respectivos modos de producción.

En tercer lugar, la dialéctica en cuanto método del marxismo es y no tiene más remedio que ser una concepción  de la existencia humana, de la vida colectiva e individual, de la permanente interacción entre la ética, los valores y la axiología con el proceso de conocimiento, con la epistemología, y, a la vez, como hemos dicho arriba, con la definición de lo real objetivo que existe en cada época histórica, mejor decir en cada modo de producción, o si se prefiere con la ontología creada por cada “civilización”, entendida ésta como la síntesis social de un modo de producción. La dialéctica materialista, como concepción de praxis vital, es por ello mismo atea y por ello mismo es a la vez ética y moral. Mientras que quienes despolitizan la dialéctica también niegan su contenido axiológico, de valores éticos revolucionarios, por el lado opuesto la práctica real del método dialéctico va mostrando día a día la permanente interacción entre los valores, el pensamiento crítico y la definición de lo real objetivo, es decir, la interacción entre axiología, epistemología y ontología.

En cuarto lugar, la dialéctica es a la vez un método de creatividad estética, de integración consciente del poder de creación artística de la especie humana en la totalidad de su existencia. Esta cuarta característica ha sido sistemáticamente menospreciada o negada incluso, pero va recuperando su importancia conforme, por un lado, el capitalismo avanza en la mercantilización absoluta de la existencia humana, lo que implica la muerte del arte en cuanto esencia creativa; y por otro lado, se conocen ya de forma irrebatibles los efectos destructores de la degeneración burocrática en los países del denominado “socialismo real”, y cómo la reinstauración del capitalismo más salvaje en estos países fue muy facilitada por el “socialismo gris y triste” que anuló toda creatividad, esperanza y alegría vitales, valores estos inherentes a la dialéctica del arte. Mientras que esta característica está ausente, como hemos dicho, en quienes reducen la dialéctica a una justificación de las concesiones al “buen gusto” y al “sentido común” burgués, acordes con el orden establecido, por el contrario, para el marxismo la dialéctica es la creatividad que palpita en el “todo estético” que debe ser la revolución.

No hace falta insistir que estas cuatro característica no pueden estar en modo alguno separadas e incomunicadas entre sí, sino que forman una unidad, un sistema en el que sus diversos componentes interactúan dando cuerpo a una totalidad que es superior a la simple suma de sus partes. Según en qué circunstancias y condiciones, tal o cual componente adquirirá más importancia que los demás, pero siempre como elemento integrante del método en su conjunto y supeditado a éste, de modo que no existiría fuera de él. Este contenido de método múltiple, flexible y abierto, a la vez que crítico y radical resulta inaceptable a la ideología burguesa.

2.- LA DIALECTICA DE LO INTERNO Y DE LO EXTERNO

Una de las mayores tergiversaciones que premeditadamente se hace del la dialéctica marxista es afirmar que ésta consiste en un método doctrinario y dogmático que de forma apriorística se debe aplicar a todo problema, antes de haberlo empezado a estudiar. Recordemos el lecho de Procusto de la mitología griega: Procusto esperaba a los viajeros al anochecer. Les invitaba a su casa y a la hora de dormir les enseñaba la cama. Si el invitado tenía suerte y su estatura coincidía con la longitud de la cama, no había problemas. Pero si el invitado era más pequeño Procusto le descoyuntaba los huesos, agrandándole el cuerpo hasta alcanzar la longitud de la cama. Si el invitado era más grande que el lecho, su cuerpo era reducido, troceado, hasta que cupiese en la cama. Según este mito, la realidad debe supeditarse a la teoría y si por suerte ambas coinciden, mejor para la teoría, pero si no coinciden la teoría, el pensamiento humano en general, ha de supeditarse a la realidad, reduciéndose o siendo forzado, hasta que coincida con el problema al que nos enfrentamos.

La propaganda burguesa identifica la dialéctica marxista con el lecho de Procusto, aunque en la práctica cotidiana cualquier persona ha de aplicar aunque sea sin darse cuenta las leyes dialécticas, por no hablar ahora de metodología dialéctica inherente al pensamiento científico-crítico. En realidad, la dialéctica lo que hace es mostrar la unión interna entre la especie humana y la naturaleza objetiva para, a partir de ahí, facilitar y acelerar el tránsito del reino de la necesidad al reino de la libertad. Podemos reinterpretar desde la dialéctica el mito de Procusto: la realidad objetiva está compuesta por la cama, Procusto y la persona visitante. La cama es la realidad objetiva construida por la acción humana y preexistente al visitante. Procusto es el poder explotador, y el visitante es la realidad social que puede desarrollar un pensamiento crítico. La persona visitante toma conciencia del riesgo que supone para su vida la exigencia de Procusto de que se tumbe en el camastro, y decide intervenir derrocando a Procusto y estudiando el lecho para descubrir su trampa, anulándola. Investigada la realidad y derrocado el poder unido a ella, el visitante puede decidir tumbarse en la cama tal cual, o transformarla anulando su peligrosidad, o no acostarse.

La praxis humana ha ido descubriendo a lo largo de siglos de experiencia determinadas constantes ocultas en la realidad en la que vive. No las descubre desde el comienzo de su existencia, sino que lo logra penosamente a lo largo de milenios, con enormes problemas y derrotas, con retrocesos y estancamientos prolongados. Las leyes del pensamiento racional nacen de esta experiencia colectiva, durante la autogénesis de nuestra especie, y a cada problema nuevo al que se enfrenta ha de empezar de nuevo pero con la ventaja de la experiencia adquirida, que se plasma en un método que debe ser sometido siempre al criterio de la práctica, que debe ser confirmado en cada nuevo problema. Nunca el método de pensamiento racional, y menos la dialéctica, puede aplicarse antes de la investigación del nuevo problema, sino siempre durante su estudio y siempre al son de los avances materiales realizados. Esto es así porque la realidad siempre está en movimiento, siempre está en interacción con otras realidades que le circundan e influencia, siempre tiene tensiones y contradicciones internas que luchan y que se enfrentan y, en suma, porque nunca la realidad coincide con su apariencia, nunca la naturaleza de un problema aparece de inmediato reflejada en su forma externa. Es esta diferencia más o menos grande entre lo aparente y lo real lo que obliga al pensamiento humano a bucear hasta la raíz para ir descubriendo sus leyes de evolución en el mismo proceso de inmersión en la realidad, hasta llegar a su fondo.

La dialéctica es tan antigua como nuestra especie y ha ido enriqueciéndose al unísono que nuestra autogénesis. Ha adquirido muchas formas y se ha presentado bajo muchas escuelas filosóficas, sean materialistas o idealistas, y en su forma actual h insiste en que lo real es móvil, que nada es estático, que todo interactúa sobre todo y que la contradicción interna presiona sobre el movimiento de lo real, de modo que lo nuevo surge de las lucha de contrarios de lo viejo. Sin entrar en mayores precisiones ahora, la dialéctica marxista advierte que sus leyes y categorías son el producto de la experiencia anterior y que, por tanto, es como mínimo conveniente no desperdiciar tal experiencia acumulada y ver si vuelve a ser confirmada y mejorada en la nueva realidad. La dialéctica advierte que nunca ha de ser aplicada antes, porque entonces no sirve de nada, sino que debe ser confirmada y mejorada en la propia investigación, que es en definitiva la que decide por cuanto ella es la práctica consciente y la consciencia práctica. No impone un método único, sino que recomienda que no se desprecie el conocimiento acumulado, y que por simple economía de esfuerzo intelectual y material se tenga la mente preparada con antelación para buscar en el interior de los problemas en cambio permanente lo que, hasta ahora, siempre se ha descubierto: las leyes del movimiento de la materia. De hecho es lo que ahora mismo estamos empezando a hacer.

3.- LA DIALÉCTICA DE LA ACELERACION DEL TIEMPO HISTÓRICO

La dialéctica es el pensamiento sobre el cambio permanente causado por la lucha de contrarios, por lo que tiempo y método dialéctico son dos conceptos inseparables, sobre todo el tiempo histórico, y dentro de éste el tiempo del capital, el de su acumulación y el de sus crisis. Recordareis que fue en octubre de 2007 cuando nos reunimos aquí para debatir sobre la dialéctica del proceso de liberación nacional y social vasco, también de liberación antipatriarcal. Ahora, tres años más tarde, volvemos a reunirnos en el mismo lugar y para lo mismo. ¿Qué ha sucedido durante este tiempo? Respondemos diciendo que, primero, han sucedido acontecimientos muy significativos que analizaremos en detalle; y que segundo y fundamentalmente, tales acontecimientos se han precipitado y están confluyendo porque asistimos a una aceleración del tiempo histórico, es decir, al fenómeno que ocurre cuando se agudizan las contradicciones y que explica que en relativamente pocos años la humanidad o una parte suya, en este caso la nación  vasca, pueda avanzar mucho en poco tiempo. El tiempo se contrae, se concentra y se achica, y por eso se carga de potencialidad creativa. Solamente la dialéctica permite explicar la aceleración  del tiempo histórico.

Ahora bien, debemos empezar desde el principio. Nos hemos vuelto a reunir en  el mismo sitio que hace tres años para hablar sobre la dialéctica de la lucha revolucionaria de liberación  nacional. Reunidos ¿Para lo mismo y en el mismo lugar? Hago esta pregunta porque Heráclito ya nos advirtió que nunca nos bañamos dos veces en el mismo ya que, aparentado ser el mismo, y siéndolo desde una perspectiva, no es el mismo desde otra porque está en cambio interno permanente. Este consejo de Heráclito, que nos lleva a la necesidad de usar la categoría filosófica de esencia y fenómeno, ha quedado confirmado por la experiencia posterior, y sería muy torpe por nuestra parte el despreciarlo. Es obvio que estamos en el mismo lugar, pero más envejecido y deteriorado, y es obvio que Euskal Herria sigue siendo esencialmente la misma ahora que hace tres años. Pero hay realidades nuevas que no existían entonces y que debemos investigar.

Lo primero que tenemos que constatar es que hace tres años la realidad nos obligó a variar en pocos minutos el programa entero, nos obligó a adaptar el método a la realidad y no a la inversa, como Procusto, ya que se había convocado una movilización de masas y teníamos que supeditar la teoría a la práctica para, aprendiendo de ella, mejorar la teoría. Pura exigencia dialéctica. Ahora hemos planificado mejor, nos hemos informado y podemos aprovechar más intensamente el tiempo de debate. ¿Es la misma Euskal Herria de hace tres años? Quienes maliciosamente reducen la dialéctica a la forma más depurada de la sofística, para negar que un pensamiento sofisticado es por esos mismo un pensamiento minucioso capaz de llegar a lo más recóndito de las contradicciones, estas personas tramposas y reaccionarias dirán que la respuesta que voy a dar es un puro sofisma: la respuesta es que sí es la misma Euskal Herria pero que, a la vez, no es la misma. Como todo, el Pueblo Vasco es una totalidad concreta que evoluciona al son de la dialéctica entre las presiones y determinaciones externas, la opresión nacional, y las contradicciones internas, la lucha de clases en el seno de la nación vasca. Unos problemas se mueven más rápidos que otros y con direcciones diferente en su especificidad parcial, pero toda Euskal Herria se mueve y se tensiona entre dos grandes orientaciones: la de seguir bajo la opresión nacional o la de superarla avanzando hacia la independencia y el socialismo.

Si explicásemos la dialéctica desde un punto de vista abstracto  empezaríamos hablando de leyes, de conceptos, de categorías, etc. Si queremos entender lo que es la dialéctica en su desenvolvimiento real tenemos que empezar por lo hechos prácticos. Este es el núcleo, esta es la esencia de la dialéctica. Los hechos, los procesos, cambian, se transforman, se interrelacionan, tienen contradicciones internas, algunas, la mayoría son antagónicas e irreconciliables y otras se pueden solucionar, otras no, solamente se pueden solucionar las fundamentales gracias a revoluciones. Los hechos prácticos son que, por ejemplo, desde la aplicación de la antidemocrática Ley de Partidos en 2003 se constata una tendencia al alza de los resultados positivos de la izquierda abertzale en las sucesivas consultas electorales, pese a los altibajos, a las tremendas dificultes, a los cambios en las tácticas y decisiones de participación, etc.; y estos hechos se ha vuelto a confirmar en las pasadas elecciones europeas de 2010. Los hecho son que en un año hemos realizado dos huelgas generales contra la explotación capitalista y que, ahora, a finales de este mes de septiembre no apoyamos la huelga general convocada por el sindicalismo reformista y españolista. ¿Cómo explicar esto desde y para la dialéctica marxista?

Aquí tenemos un proceso y tenemos una contradicción. Ha habido una práctica histórica de lucha de clases en ascenso desde una perspectiva independentista y socialista. Hemos sostenido esa lucha de clases no solamente sin  el apoyo del sindicalismo españolista, sino superando su obstruccionismo, su descarado apoyo a la burguesía y al Estado español. Pero ahora esos sindicatos que viven gracias al dinero de la patronal nos acusan de rompehuelgas, esquiroles, antiobreros. ¿Qué está pasando? Pues que la aceleración del tiempo histórico ha puesto sobre el tapete el hecho de que la lucha de clases en Euskal Herria responde a un contexto específico que se rige por sus propias contradicciones, no por los del Estado nacionalmente opresor. La izquierda vasca que no tuvo en cuenta entre los años 1960 y 1990 ha desaparecido como fuerza política real, operativa, porque aplicó al contexto vasco criterios exteriores a su especificidad sociohistórica. Esta izquierda intentó aplicar dogmáticamente a Euskal Herria tesis que correspondían a otras realidades y elevadas a lo absoluto por la miopía libresca reducida a múltiples “marxismos-leninismos”, “maoísmos”, “trotskismos”, “anarquismos”, etc.

No es casualidad el que estas corrientes hayan desaparecido en un país en el que la lucha de clases está mucho más avanzada que en el Estado español, mientras que otra corriente, la independentista, que daban por muerta antes incluso de haber nacido, no sólo se ha desarrollado contra toda la lógica de la izquierda estatalista sino que, encima, ha sabido y podido reintegrar en su seno a buena parte de estas izquierdas ya extintas y que, sin embargo, mirando con altanería a la izquierda independentista en su momento. La negativa a participar en la huelga general estatal del 29 de septiembre se basa, además de en los muy justos argumentos expuestos por el sindicalismo independentista, también y más profundamente en la evolución nacional vasca de la lucha de clases, evolución que la dialéctica marxista explica perfectamente con las leyes que estamos analizando.

Pero sigamos descubriendo contradicciones: en muy poco tiempo y mediante pura y dura destrucción de los derechos democráticos, en la parte del  Pueblo Vasco dominada por el Estado se ha producido un vuelco de la política institucional y un aumento tremendo de las represiones de todo tipo. En Nafarroa la derecha caciquil y reaccionaria representada por UPN se ha aliado con el PSOE para endurecer la ocupación española, y en Vascongadas la alianza PP-PSOE a echado al PNV de las poltronas de gobiernillo, que ahora acogen las posaderas  de la alianza española PP-PSOE: ¿A qué es debido este cambio? Hace algo más de un año, la izquierda abertzale volvía a demostrar la tendencia al alza de su arraigo popular con los magníficos resultados obtenidos en toda Euskal Herria en las elecciones europeas, a pesar de las enormes dificultades que tuvo que superar.

Por último, estas y otras “nuevas” realidades aparecidas en el último trienio se han producido precisamente cuando el capitalismo entraba en una fase histórica de crisis estructural, y cuando al  Estado español se le han desplomado toda sus fachadas ampulosas y grandilocuentes apareciendo como lo que realmente es: un Estado débil que corre el riesgo inmediato de quedar relegado a la periferia europea. Como vemos, todo se ha acelerado tanto que las certidumbres de hace tres o cuatro años, por no retroceder más, apenas sirven para nada ahora mismo, o sirven para muy poco. La dialéctica de la aceleración del tiempo histórico en el contexto actual es algo innegable, y nuestra obligación ahora es descubrir si esa concentración e interacción acelerada de las contradicciones, su lucha, puede ser mejor conocida y estudiada mediante la dialéctica que mediante otro método, por ejemplo, que la sociología, y, a la vez, esa la dialéctica así confirmada puede ayudarnos en la transformación de la realidad, o si nos retrasa. Como se aprecia no he dicho que “primero” tenemos que estudiar la aceleración histórica y “luego” intervenir en ella mediante la práctica. He dicho que “a la vez”, es decir, que simultáneamente debemos ejercitar la praxis.

4.- LA DIALÉCTICA COMO POLÍTICA Y PODER

Pero la praxis que debemos aplicar ahora está facilita por una larga experiencia anterior en la que destacan tres principios: primero,  Euskal Herria es una totalidad, el concepto de totalidad es decisivo en la visión de la dialéctica materialista, Euskal Herria es una totalidad concreta, es una nación. Segundo, esta nación tiene contradicciones y están en movimiento permanente. Las contradicciones son antagónicas en su esencia última ya que nos remiten a la explotación capitalista, a la opresión nacional y a la dominación patriarco-burguesa. Tercero, estas contradicciones antagónicas e irreconciliables dentro de la nación, a su vez, interactúan  en permanente proceso de flujo y reflujo interno, interactúan con las contradicciones a nivel mundial. Repito  los tres criterios básicos. Primero que nuestro pueblo es una totalidad, somos una nación. Somos un sujeto. Segundo. Este criterio básico de la dialéctica tiene contradicciones internas a muchos niveles, pero básicamente una entre el pueblo trabajador y el capital; entre la clase trabajadora vasca y el capitalismo; y luego analizaremos más detenidamente esta contradicción y el desenvolvimiento de esta contradicción explica muchas más cuestiones. Y tercero, que estas dos cuestiones la cuestión de la totalidad nacional en movimiento y la cuestión de la lucha de clases en movimiento, a su vez,  interactúan y son influenciadas por otras circunstancias exteriores a Euskal Herria.

Esta praxis de la izquierda abertzale se ha ido mejorando desde sus principios, aunque otra cosa es que estén más o menos teorizadas, y además ha sido objeto de profundas divisiones internas y escisiones. Pero todas estas escisiones se han caracterizado por coincidir en dos tesis absolutamente enfrentadas a la independentista: algunas coinciden en el materialismo mecanicista, vulgar y otras coinciden en el idealismo como método de interpretación. No es casualidad que en los ásperos debates de finales de 1966 y comienzos de 1967, en pleno proceso de escisión a lo largo de la V Asamblea de ETA, el sector que luego daría contenido a la izquierda abertzale hasta el presente, rechazaba  por “mecanicistas” las tesis de quienes derivaron hacia el españolismo, mientras que los independentistas se reivindicaban abiertamente del “materialismo dialéctico”; tampoco es casualidad que en el Zutik Nº 44, de enero de 1967, que se puede decir que es el primero en el que se sientan las bases teóricas del actual independentismo socialista y popular, se hace un planteamiento muy actual la necesidad del estudio crítico de la Historia desde y para los intereses del pueblo trabajador vasco.

Defino como materialismo vulgar la interpretación reformista,  la interpretación que por ejemplo podría ser de Batzarre, Zutik, etc. ¿En qué consiste esta interpretación? Primero en negar el carácter de totalidad de Euskal Herria. No existe un pueblo como totalidad, no existe una contradicción básica que vertebre esa totalidad. Existen muchas contradicciones pero inconexas,  la lucha por la reivindicación nacional es una de ellas, la lucha de la emancipación de la mujer es otra, la lucha de clases es otra, la lucha cultural es otra cuarta que está funcionando por ahí, funcionan luchas aisladas que no tienen una estructura. Este debate ha recorrido la historia de la izquierda en Euskal Herria. La lucha contra la central nuclear de Lemoiz, la lucha por la autovía en Andoain, la lucha contra el ejército y contra la obligatoriedad de pertenecer al ejército español, de la insumisión, etc. El debate en el seno del feminismo hasta que surgió el feminismo abertzale, Todo absolutamente todo, el debate sobre la cultura, sobre la lengua, sobre la creatividad de nuestro pueblo, todo ha estado marcado por la impotencia del materialismo vulgar.

Esta visión mecanicista y metafísica sostiene que no existe una totalidad que es Euskal Herria; dice que, a lo sumo, existen luchas parciales que pueden ser coordinadas entre sí en según qué condiciones y con qué objetivos siempre tácticos, puntuales y pasajeros, pero nunca desde una estrategia unitaria de liberación nacional. Incluso han teorizado que existen tres formar identitarias en Euskal Herria: la vasca específicamente euskaldun, la vasca  que llaman ellos española y la vasca que llaman francesa. Por el lado opuesto, la izquierda abertzale dice que la contradicción irreconciliable es la que enfrenta al pueblo trabajador vasco, en cuanto vertebrador de Euskal Herria, con los Estados español y francés que apoyan y protegen a la burguesía autóctona repartida en los tres trozos en los que nos han dividido. La identidad vasca, ella misma móvil y cambiante por cuanto es sociohistórica, está sometidas a los ataques destructores de las identidades española y francesa, identidades creadas por sus Estados y por la lógica del capital en sus territorios, de modo que dentro de la identidad vasca tal cual se expresa en la fase actual del capitalismo se libra una lucha de contrarios antagónicos caracterizada por el papel crucial de la lengua vasca frente al español y al francés.

La otra opción es neta y explícitamente contrarrevolucionaria; es la opción idealista, la opción que va desde el PSOE hasta el PNV. Es  idealista por una cuestión clara: según ella no existe explotación, ni opresión ni dominación. Mientras que el criterio de explotación social: la extracción de plusvalor y su transformación en  plusvalía, etc. es central en la dialéctica marxista, desde el punto de vista del idealismo no existe posibilidad alguna de explotación social porque solamente existen sujetos libres. El concepto ideológico burgués de sujetos libres se basa en el mito de que, casualmente, una reducida minoría es propietaria de las fuerzas productivas y también casualmente, la abrumadora mayoría no tiene otra propiedad que su cuerpo, que su fuerza de trabajo, teniendo que aceptar por tanto las exigencias de la minoría para poder vivir. La casualidad, o la existencia de fuerzas incognoscibles, juegan un papel central en el idealismo ya que permite dejar sin respuesta al problema objetivo de la explotación social, de la opresión nacional y de la dominación patriarco-burguesa.

Ambas tesis tienen en común el desprecio de la historia porque ninguna de ellas encuentra asidero argumentativo en la experiencia histórica. No es este el sitio para debatir sobre la veracidad y objetividad de la historia, y tengo entendido que existe el proyecto de realizar otro debate sobre la historia vasca desde la perspectiva del materialismo histórico, de la perspectiva de los modos de producción y de las formaciones económico-sociales, etc. Será en este debate donde analizaremos la dialéctica entre la verdad objetiva e historia, si los organizadores cometen la locura de invitarme. Como he dicho, existe una conexión interna entre dialéctica e historia, conexión que se visualiza con mucha facilidad en los períodos de crisis, de aceleración del tiempo, y sobre todo del tiempo del capital, como sucede ahora mismo. La dialéctica lo que logra es confirmar por enésima vez que en el fondo de la historia y en su superficie en los momentos críticos, existen intereses objetivos enfrentados que se muestran mediante proyectos sociales conscientes, sobre todo en los períodos de crisis.

La conciencia, el denominado “factor subjetivo”, juega aquí el papel clave, decisorio, porque si bien las diversas crisis tienen causas diferentes que nos remiten al final al proceso de explotación y de acumulación, siendo esto así, sin embargo, de ninguna crisis y menos aún de las estructurales, las que aúnan y sintetizan en el problema del poder político la resolución de todas las contradicciones en un sentido o en su opuesto. La salida de cualquier crisis estructural siempre es política, y más cuando la opresión nacional y patriarco-burguesa son realidades fundadoras de esa crisis. Más aún, la lucha de las contradicciones antagónicas solamente se soluciona en la materialidad de la historia por medio  de una ley que luego explicaré, la negación  de la negación, porque, cuando chocan dos derechos iguales,  el derecho del opresor y el derecho del oprimido; el derecho del imperialismo y el derecho de los pueblos; el derecho del patriarcado y el de las mujeres, etc., en esta situación es la fuerza la que decide.

Como resumen de esta segunda parte hay que decir que si en algo se caracteriza la dialéctica es por su capacidad de reafirmar durante la praxis, durante la simultaneidad de la acción y del estudio, que en los períodos de aceleración del tiempo histórico todas las contradicciones, todas absolutamente, tienden a confluir en la cuestión del poder, en la cuestión de la fuerza, en la cuestión de la política como quintaesencia de la economía concentrada en el aparato del Estado. La actual crisis, con todas sus variantes externas, muy especialmente la de la opresión nacional de clase y de sexo-género, ha confirmado esta tesis clave del marxismo y de su dialéctica: únicamente la acción política puede resolver las contradicciones sociales expresadas en su forma económica, cultura, ideológica, etc. Dado que la aceleración del tiempo del capital, como expresión suprema y dominante del tiempo histórico, hasta que se impone el tiempo del no trabajo asalariado, es decir, el tiempo revolucionario en transición al tiempo comunista, es a la vez y por ello mismo el tiempo de reforzamiento del Estado burgués, por esto mismo, las naciones oprimidas debemos plantear conscientemente la necesidad de construir nuestro propio Estado cuanto antes.

Esta es una de las grandes lecciones que debemos aprender del transcurso de este último trienio, lección ya asimilada por la izquierda abertzale desde hace mucho tiempo, pero que ahora, y gracias a que el método dialéctico ha vuelto a confirmarla y rescatarla del interior de la historia reciente, ahora, como digo es cada vez más aceptaba como necesaria y urgente por otras fuerzas sociales que la veían tan clara, o que simplemente no la consideraban en absoluto.

5.- LA DIALÉCTICA DE LO DESIGUAL Y COMBINADO

He empezado deliberadamente con el problema del tiempo, de sus ritmos, porque nos permite comprender tanto el peligro de los manuales al uso sobre la dialéctica como, paradójicamente, sobre la necesidad de desarrollar explicaciones sucintas y asequibles de la dialéctica materialista que potencien las virtudes del manual evitando sus vicios. En los manuales se repiten monótonamente las tres leyes de la dialéctica sin tener en cuenta que ella misma es dialéctica, que su exposición teórica depende del previo desarrollo histórico de las contradicciones y del contexto teórico existente en su momento. La realidad tiende a la complejización, asciende de lo simple a lo complejo, a lo más rico en interrelaciones y a la aceleración de sus velocidades de confluencia y síntesis superior. Por esto mismo, la dialéctica se enriquece, se amplía y se profundiza al son de esa complejización objetiva, de modo que ella se corrige a sí misma, superando sus errores y limitaciones contextuales.

Tenemos el ejemplo apabullante de la tesis de Engels, y de Marx, de mediados del siglo XIX, sobre los denominados “pueblos sin historia”, condenado a la desaparición al ser absorbidos por Estados más poderosos, calificativo en el que introducía al Pueblo Vasco. Según esta tesis las y los vascos teníamos que haber desaparecido ya como pueblo autoconsciente y diferenciado del resto. No ha sucedido así, al menos por ahora. No hay duda de que se equivocaron, por ahora al menos. Este texto ha sido utilizado masivamente tanto por la derecha como por determinada  izquierda marxista, incluso por anarquista, para demostrar a la izquierda independentista que no teníamos ninguna posibilidad de victoria y que estábamos condenados a ser absorbidos, a ser desintegrados en las lógicas estatales del estado español y del estado francés. Me acuerdo que el comisario de policía que dirigía las torturas, me dijo al terminar aquel infierno y poco antes de llevarme a la cárcel que la lucha vasca estaba derrotada desde su inicio porque no nos apoyaba ni dios ni Marx. El primero porque luchábamos contra el dios del nacional-catolicismo, y el segundo, Marx, porque nos había  condenado a la extinción de los “pueblos sin historia”.

La tesis de los “pueblos sin historia” ha sido refutada en sus líneas maestras por toda una serie de dinámicas sociales, algunas de las cuales, muy significativamente, ya venían siendo estudiadas por los propios Marx y Engels, aunque no llegaron nunca a sistematizarlas dentro de una revisión autocrítica de su tesis inicial por diversas razones que no vienen ahora a cuento. Fueron el conjunto de transformaciones mundiales acaecidas con el tránsito del capitalismo colonialista al imperialista las que permitieron que el método dialéctico se enriqueciera al desarrollar la ley del desarrollo desigual y combinado, que explica, entre otras cosas, cómo y por qué los “pueblos sin historia” pueden librarse de su extinción, y pueden no sólo alcanzar a los pueblos “con historia” sino incluso superarlos. A mediados del siglo XIX Engels y Marx carecían de la base histórica suficiente para comprender el potencial cognoscitivo de esta ley, pero el Lenin de 1920 sí lo conocía.

Dentro de la totalidad del enfrentamiento mundial entre el capital y el trabajo hay desniveles en los ritmos e intensidades de las luchas concretas. Hay procesos en desarrollo desigual. La revolución bolchevique no estalló en toda Rusia a la vez, estalló en San Petesburgo, en Moscú y en otras pocas capitales y zonas, como en Ucrania, por ejemplo, y luego gradualmente se fue extendiendo al resto del imperio zarista y fuera de este. El proceso revolucionario no estalla en todos los sitios a la vez, respondiendo a un golpe de silbato que da la organización de vanguardia, sino que estalla en procesos desiguales respondiendo a contradicciones desiguales, y a desarrollos desiguales dentro de una tendencia combinada del proceso.

La ley del desarrollo desigual y combinado se aplica, en realidad, a todo y quiere decir que en todas partes, en una escuela, en un equipo de fútbol, en una fábrica, en un país hay ritmos distintos que muestran la existencia de contradicciones distintas con sus velocidades específicas. En la década de 1960 Asturies era uno de los focos más intensos y vivos de lucha de clases en el Estado español, pero con un ritmo diferente al de Pueblo Vasco porque existía ya entonces una diferencia significativa: la identidad nacional vasca estaba más desarrollada que la asturiana, lo que explica que las primeras luchas de masas significativas contra el franquismo surgieran antes en Euskal Herria, nada menos que en 1947, que en Asturies, o que en los Països Catalans, o que en Galiza, Andalucía, Canarias, Castilla, etc. Esta ley previene contra el automatismo mecanicista y contra el determinismo absoluto, indicando que las oleadas revolucionarias parciales cambian, apagándose y debilitándose unas mientras que otras cogen fuerza y virulencia.

En el Pueblo Vasco condenado por Engels a mediados del siglo XIX confluían sin embargo determinadas contradicciones ocultas, todavía no perceptibles con facilidad, que llegarían a confluir en una poderosa lucha revolucionaria de liberación nacional una vez que el capitalismo se impuso definitivamente como modo de producción dominante sobre los demás. Sabemos que el capitalismo existía en ciernes ya en el siglo XVI, y que el capital financiero era incluso muy anterior, pero este modo reproducción necesita del poder estatal para acelerar su acumulación, lo que le exige destruir parcial o totalmente el poder feudal y crear su propio Estado, o, en su defecto, llegar a un acuerdo con las fracciones tardofeudales menos reaccionarias para aburguesar el Estado absolutista. Muy en síntesis, la primera vía, la revolucionaria, fue la seguida en los Países Bajos, en Inglaterra, en los Estados Unidos y en el Estado francés entre los siglos XVII y XVIII; la segunda vía, la del pacto reformista, fue la seguida en Alemania, Italia, Japón, zonas del imperio zarista, etc., pero no en el Estado español, desde la segunda mitad del siglo XIX.

El capitalismo como sistema socioeconómico sólo es dominante en el sentido pleno e irreversible del término cuando ha vencido además de al poder preburgués, también y sobre todo al peligro de las masas enfurecidas, masas que han puesto los muertos en las revoluciones burguesas y que no se contentan con quedarse con las losas de los cementerios. Más aún, asegura su dominio incuestionable cuando, unido a lo anterior, ha logrado crear un espacio unitario y seguro de acumulación y de realización del beneficio, o dicho en terminología burguesa: cuando ha creado un mercado. El concepto de mercado tiene muchas limitaciones conceptuales, pero lo usamos ahora por exigencias pedagógicas, aunque deberíamos hablar del espacio material y simbólico que garantiza la normalidad del desenvolvimiento de la contradicción expansivo-constrictiva inherente a la definición simple de capital. Esta segunda definición, más correcta, nos permite entender mejor el papel del Estado-nación burgués, o dicho en otros términos, la imposición de un complejo lingüístico-cultural e identitario acorde con los intereses materiales y simbólicos de la burguesía estatal, que impone su identidad y sentimiento estato-nacional a los pueblos que incluidos a la fuerza ese territorio oficial pero que tienen otras identidades.

Ahora bien, en la medida en que la burguesía dominante no logra imponer su identidad a las naciones que ocupa, como es el caso del Estado español, en esta medida sigue sin quedar definitivamente asegurado el espacio material y simbólico de acumulación y realización, comúnmente denominado “mercado nacional”. Desde esta perspectiva, la opresión nacional aparece como “factor económico”, como “fuerza productiva” que genera beneficio material y simbólico al Estado ocupante. Esta realidad explica por qué en el capitalismo mundial han sido los procesos de liberación nacional los que han hecho todas las revoluciones incluida la revolución bolchevique, como ellos mismos reconocieron oficialmente a comienzos de 1918 al hablar de “patria socialista” radicalmente opuesta a la “patria burguesa”.

La ley del desarrollo desigual y combinado, por ir acabando este apartado, tiene dos confirmaciones muy significativas en el contexto vasco. Una es la de la unificación nacional de las reivindicaciones y de las organizaciones, unificación que supera las berreras divisionistas impuestas por los Estados dominantes. Hasta no hace mucho, los tres trozos vascos caminaban desunidos, sin apenas combinación entre sus ritmos. Ahora es ya una realidad innegable que la desigualdad está cediendo ante la combinación y que ésta es sólo transitoria y declinante en la medida en que se avance en la unificación de la lucha de liberación. La otra confirmación es la de la naturalidad con la que la abrumadora mayoría de las organizaciones sindicales han rechazado participar en la huelga general española del 29 de septiembre, con argumentos muy sólidos, aunque se echa en falta una explicación más detallada que precisamente tiene como base la vigencia del marco vasco de lucha de clases.

6.- LA DIALÉCTICA DE LAS CONTRADICCIONES VASCAS

Un estudio riguroso de estas luchas revolucionarias descubre el importante papel jugado por el imaginario colectivo, por la memoria social, por la cultura popular, etc., en la creación y mantenimiento de una conciencia de lucha. Multitud de citas y referencias a ideas de Marx y Engels al respecto, por no hablar de toda la teoría marxista general del papel de la lucha anticolonial, antiimperialista y de liberación nacional. Precisamente la ley del desarrollo desigual y combinado explica por qué, en determinadas condiciones, lo más atrasado logra convertirse en lo más adelantado, dentro de la dinámica general de agudización de las contradicciones, y por qué es en estos sitios en los que el pasado y el futuro se unen, es en donde estallan las revoluciones. Y en Euskal Herria esta ley muestra cómo interactúan cuatro contradicciones que se fusionan bajo las presiones de un capitalismo enfurecido dando cuerpo a una lucha de liberación.

La primera contradicción es la que surge debido a la agresión largamente histórica de la cultura indoeuropea sobre la cultura euskaldun, preindoeuropea. Necesitamos mucho  más espacio que el muy poco ahora disponible para explicar esta contradicción ya que debemos analizar los sucesivos modos de producción, sobre todo el delicado tema de las posibles similitudes, si las hay y hasta donde, entre la base material sobre la que descansaba el derecho pirenaico y  el modo de producción germánico, así como la larga pervivencia de diversas formas de propiedad comunal y sus plasmaciones en el complejo lingüístico-cultural euskaldun y en el imaginario popular a él unido. La cuestión de las formas antagónicas de propiedad, central para el marxismo, aparece aquí con toda su vigencia ya que es incuestionable que el embrión del imaginario colectivo euskaldun se formó a lo largo de miles de años en un modo de producción que desconocía la propiedad privada de las fuerzas productivas. Decisiva importancia tiene en esta contradicción la lucha entre las sexualidades correspondientes a esta larga fase histórica, la mayor parte de la cual se desarrolló en un contexto de propiedad colectiva y después en un contexto de mucha propiedad comunal lindante con propiedad privada, de sus sexualidades correspondientes, y las restricciones represivas que empezó a imponer el sistema patriarco-feudal católico contra las mujeres desde el siglo XIII y que llegó a su cúlmen con el terrorismo inquisitorial con la quema de mujeres y hombres a partir del siglo XIV.

La segunda contradicción surge del hecho de que el Pueblo Vasco ocupa un espacio geoestratégico de movimiento de pueblos, tanto desde el sur al norte como de norte a sur, es lo que se llama el Corredor de Julio Cesar, el Corredor de Napoleón, etc. Por este sitio, es por donde han pasado toda las grandes invasiones Europeas, han pasado los celtas, han pasado los romanos, han pasado los germanos, los árabes, han pasado los francos, han pasado los españoles, los franceses, y muchos de ellos han intentado quedarse, lográndolo por ahora los dos últimos. Y eso añade a la contradicción anterior un componente mucho más explosivo por cuanto que tanto cruce de pueblos no ha supuesto la desaparición de un pueblo ágrafo, de cultura oral, lo que nos lleva a preguntarnos sobre su forma de organización en las cuestiones decisivas, las que atañen a la supervivencia colectiva en lo que los historiadores militares definen como un “reñidero”, como un “foco caliente”.

La tercera contradicción surge de la pugna histórica entre dos bloques sociales que han ido cambiando e influenciándose mutuamente al son de las transformaciones internas y externas. Por un lado, el bloque dispuesto a aceptar una alianza más o menos supeditada a los intereses de las grandes potencias que presionaban sobre Euskal Herria, supeditación destinada a salvaguardar los intereses económicos de ese bloque social dominante. Por otro lado, el bloque dispuesto a resistir esas presiones exteriores. Una vez más, el método dialéctico nos exige aquí recurrir al concepto de modo de producción porque es obvio que una cosa eran las castas y clases sociales que negociaban con cartagineses y romanos, o que se enfrentaron en lucha de clases en el movimiento de los bagaudas; otra cosa eran las clases protofeudales en los siglos VII-X que se resistieron y pactaron sucesivamente con visigodos, francos y musulmanes,  y así sucesivamente hasta llegar a las clases sociales ya constituidas a finales del siglo XVIII en Iparralde y a finales del siglo XIX en Hegoalde, por ejemplo.

La cuarta contradicción surge del impacto simultáneo de, por un lado, las sucesivas derrotas militares ante ejércitos extranjeros franco-españoles desde finales del s. XVIII, ejércitos que destrozan las leyes del Sistema Foral, que imponen las leyes del centralismo estatal extranjero y que abren una realidad de opresión nacional; y, por otro lado, la alianza económico-política y cultural entre el bloque clasista dominante vasco que está deseando acabar con el Sistema Foral y las estructuras estatales extranjeras que se imponen definitivamente gracias a esas invasiones triunfantes. Como efecto de esa alianza, sobre todo en Hegoalde se asiste a la brutal industrialización capitalista asentada en la protección militar extranjera y en el colaboracionismo represor de la burguesía autóctona. La complejidad dialéctica de este proceso se aprecia analizando el papel del fuerismo, de los conciertos económicos, del colaboracionismo de la burguesía con la ocupación franquista, etc.

Y la quinta y definitiva contradicción que sintetiza todas las anteriores y que explica la naturaleza desigual y combinada de la realidad vasca, que explica que sea un marco específico de lucha de clases en un contexto de opresión nacional, es la contradicción que estalla a mediados del siglo XX entre el bloque que acepta la dominación extranjera y las nuevas fuerzas independentistas que forman ETA en 1959 y luego la izquierda abertzale. Esta quinta contradicción aúna en su seno la lucha de clases interna con la opresión nacional más la definitiva irrupción de la lucha antipatriarcal. Más todavía, dado que desde bien pronto las fuerzas independentistas son conscientes de la necesidad de construir una historia nacional vasca libre de las mentiras capitalistas y franco-españolas, en esta medida el pasado empieza a hacerse presente. Dado que la historia no manipulada siempre reactiva en el presente problemas irresueltos, el de la propiedad, el de la lengua y cultura, el del patriarcado, etc., en esta medida la historia que empieza a recuperar el independentismo desde la segunda mitad de los ’60 hace que vuelvan a la actualidad viejas reivindicaciones precapitalistas o de fases capitalistas preindustriales y preimperialistas, que no han desaparecido del todo porque siguen existiendo las causas que las originaron pero dentro de otro contexto sociohistórico.

La dialéctica del desarrollo desigual y combinado muestra cómo en poco tiempo un montón de contradicciones históricas irresueltas son reactivadas en el presente, insertándose parcialmente en las contradicciones más modernas. La excelente cultura culinaria vasca nos brinda el símil del pil-pil para visualizar cómo al calor de la brasa social el bacalao va desprendiéndose de su gelatina, cómo ésta va ligándose con el aceite hasta crear una cosa nueva, exquisita, que no existía antes y que enloquece a los paladares más refinados. Uno de los orígenes de la burguesía vasca fue la pesca de altura, de la ballena y del bacalao, y la construcción naval y la producción de armas y de alimentos para grandes travesías. La acumulación originaria de capital en Euskal Herria tuvo en el bacalao al pil-pil una de sus fuerzas expansivas, y ahora el pueblo trabajador vasco independentista es el pil-pil que se ha formado la interactuar tantas fuerzas tan dispares pero que han confluido en lo que ahora somos, y en lo que ahora mismo debatimos.

7.- LA DIALÉCTICA DE LA UNIDAD Y LUCHA DE CONTRARIOS

En la filosofía marxista se ha debatido mucho, sobre cuáles y cuantas son las leyes de la dialéctica, debate que también atañe al concepto de “ley”, etc. Más aún, dentro del marxismo se debatirá sobre estas cuestiones siempre que los avances de y en la complejidad de lo real así lo exijan. Desgraciadamente, en esta charla-debate no tenemos tiempo para detenernos en esta cuestión porque lo importante, ahora, es ver cómo la aceleración del tiempo histórico acaecida en este trienio confirma de nuevo la validez del método dialéctico materialista.

¿Cómo se desarrolla esta dialéctica de la ley del desarrollo desigual en Euskal Herria? Se desarrolla en base a ley de la unidad y lucha permanente entre contrarios antagónicos. Desde el surgimiento de la autogénesis humana la unidad y lucha de contrarios ha caracterizado a la praxis colectiva, actuando en el interior del pensamiento y del lenguaje, de la cultura: toda afirmación implica una negación y viceversa. Pero esta ley se aprecia más claramente en la práctica social de masas, en los movimientos de lucha de los pueblos y de las clases una vez que se ha escindido la sociedad en la que viven como resultado de la apropiación privada de los frutos del trabajo social, y como resultado del triunfo de la propiedad privada sobre la anterior propiedad colectiva.

La aceleración del tiempo histórico acaecida entre 2007 y 2010 no ha hecho sino acelerar el desenvolvimiento de esta ley en cuatro problemas que pensamos expone lo esencial de la realidad vasca en los últimos tiempos. En sentido general y en primer lugar, la opresión nacional española se ha endurecido de forma ostentosa en Hego Euskal Herria mientras que en Ipar Euskal Herria el Estado francés ha dado pasos invisibles pero reales para contrarrestar la tendencia al alza de la identidad vasca. Pero a la vez, en la vorágine de los hechos, el independentismo ha sabido recomponerse de los golpes represivos, de los cercos mediáticos y de la estrategia de intimidación de sectores cercanos que, cada vez más, tomaban conciencia del agotamiento estatutario y foral, y de la negativa francesa a reconocer los derechos nacionales vascos. En esta lucha permanente, unas veces parecía que eran los Estados quienes vencían pero no pasaba mucho tiempo sin que resurgiera la contraofensiva vasca, que no solamente era de la izquierda independentista.

En sentido más concreto y en segundo lugar, la unidad y lucha de contrarios ha llevado al Estado español ha expulsar al PNV del gobiernillo vascongado avanzando un paso de gigante en la línea iniciada con la ley de partidos y especialmente con el pacto en Nafarroa de supeditación del PSOE a UPN. Al contrario, la respuesta mayoritaria del independentismo ha sido, además de otras, sobre todo la de profundizar en el debate y en el acercamiento de fuerzas vasquistas que hasta ahora no solamente habían caminado distanciadas sino que habían chocado con bastante frecuencia en medio del regocijo de los opresores. La acumulación progresiva de fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias ha sido, y está siendo, una demostración contundente de que los ataques represivos generan una respuesta que va más allá de la unidad defensiva ya que busca de forma oficial la creación de un Estado vasco independiente. La aceleración de la unidad y lucha de contrarios se hace aún más palpable cuando vemos cómo a la ultracentralización estatal de los nacionalismos español y francés  –demostrada esta segunda en sus recientes medidas racistas–  se le responde por parte vasca con la estrategia públicamente asumida de lograr la independencia estatal del Pueblo Vasco.

Semejante intensificación no se produce en el vacío socioeconómico, y llegamos al tercer aspecto. Al contrario. Hemos dicho que en períodos de crisis la aceleración del tiempo histórico se plasma sobre todo en la aceleración del tiempo del capital y de sus contradicciones inherentes. Es esto lo que está sucediendo por fuera y por dentro de los dos casos anteriores. El tiempo del capital gira alrededor del tiempo de rotación y realización del beneficio. Más que en cualquier otro modo de producción, en el capitalista la economía es economía del tiempo de trabajo, y cuanto más se acelere éste más beneficios se obtendrán. Pero ello acarrea tarde o temprano la aceleración de la tendencia al alza de las resistencias obreras y populares, que pasan de ser defensivas y economicistas, a ser ofensivas y políticas. En los últimos tres años, el pueblo trabajador vasco y su clase obrera han avanzado mucho en su capacidad de lucha y coordinación, y en su perspectiva de futuro, en su modelo social alternativo. Las dos últimas huelgas generales y la gran cantidad de luchas sectoriales, así como la creación de nuevos colectivos de lucha obrera y popular, así lo demuestra.

Por último, y en cuarto lugar, la unidad y lucha de contrarios se acelera en la totalidad de las prácticas cotidianas vascas porque todas ellas tienen que ver con la centralidad de la opresión nacional. Miremos por donde miremos, en este trienio se ha intensificado el choque entre el proyecto franco-español y el independentista. Empezando por las respuestas a la política de extermino carcelario, y a la represión en general, hasta la lucha por una política vasca de deporte popular y nacional, pasando por la política educativa, de euskaldunización, por las fiestas populares, por la creación de medios de prensa alternativa y crítica, por la defensa del ecosistema y del territorio, etc., a lo largo de este panorama se aprecia el creciente enconamiento entre las ansias democráticas de nuestro pueblo y la cegata obsesión represiva del poder. Hoy es más patente que hace tres años la profunda sima que va separando cada vez más a la realidad popular de las instituciones impuestas; del mismo modo que ahora es cierto que entonces que la lucha está llegando a ser un enfrentamiento entre una nación en autoconstrucción y dos Estados que sufren diferentes crisis internas.

Ahora bien, una de las advertencias que hace la dialéctica marxista es que la conciencia organizada, el llamado “factor subjetivo” llega a ser decisivo en el momento en el que la unidad y lucha de contrario ha sobrepasado el umbral de tolerancia del poder explotador, ha llegado al punto crítico de no retorno, punto en el que hay que optar por una solución o por su contraria, en el que no se puede detener el proceso ascendente sino es a condición de su derrota y aplastamiento. Puestos en esta tesitura crucial, la dialéctica marxista vuelve a advertir que de la cantidad surge una cualidad, que de lo viejo surge algo nuevo, que la historia no se repite y que para que eso nuevo sea acorde con los intereses de la humanidad trabajadora, precisamente en ese momento de parto de la nueva sociedad a partir de las entrañas de la vieja, en cuando la decisión dependen de la conciencia humana organizada políticamente.

8.- LA  DIALÉCTICA DE LO CUANTITATIVO Y LO CUALITATIVO

La ley de la aparición de lo nuevo a partir de lo viejo es la confirmación del papel rector de la conciencia revolucionaria que se yergue sobre la opresión y la vence. La castración de la dialéctica ha hecho de ella un determinismo objetivista en el que la conciencia quedaba reducida a la nada, o a muy poco. Pero, en realidad, el “factor subjetivo” es una fuerza activa dentro de la ley del salto cualitativo aplicada a la sociedad. Dejando aquí de lado la vigencia incuestionable de esta ley en la naturaleza no humana, en el proceso de conocimiento y en la vida común,  el salto cualitativo sólo se comprende si reintroducimos la conciencia en  la dialéctica marxista. Hablamos de reintroducirla porque en los clásicos marxistas la conciencia es parte esencial de la dialéctica, sobre todo cuando ella se presenta como fuerza material organizada en forma de vanguardia revolucionaria. Mientras que quienes amputan la dialéctica a simple fraseología aceptable por el capital, para el marxismo la dialéctica únicamente tiene sentido si se plasma, entre otras cosas, en la teoría de la organización revolucionaria.

En la realidad social tensionada al extremo, la ley del aumento cuantitativo y del cambio cualitativo sólo es cognoscible si se la aplica en la praxis organizada, estratégica y tácticamente organizada hacia la toma del poder, la destrucción del Estado burgués y la creación de un Estado obrero y popular. Dentro de una nación oprimida, como la vasca, esta ley es inseparable de la creación de un Estado independiente en proceso histórico de autoextinción a nivel internacional que requiere de la dialéctica de la negación de la negación para ser comprendido en su trascendental alcance histórico, como veremos. Mientras tanto, la acumulación de fuerzas va tensionando el conflicto porque si la dinámica sigue igual, a mayor avance le corresponde una mayor represión. La vieja teoría de “acción-represión-acción” es así confirmada por los hechos de larga duración ya que a cada avance en la movilización social la oleada represiva subsiguiente tiende a generar una nueva concienciación.

Decimos que “tiende” porque la concienciación no es automática sino que depende de la lucha, de las medidas contrarias tomadas por el opresor y de las decisiones de la vanguardia revolucionaria. Pero el aumento cuantitativo de las movilizaciones tampoco se produce en bloque y uniformemente, sino que también lleva ritmos desiguales en cada conflicto concreto. La lucha obrera y sindical puede ir retrasada o adelantada con respecto a la lucha antirrepresiva, o a la lucha por la lengua y la cultura, o por la ecología, y todas ellas incluso pueden tener una relativa marcha homogénea, combinada, mientras que, por ejemplo, la lucha antipatriarcal puede ir más o menos retrasada porque suscita muchas mayores resistencias consciente e inconscientes en la mayoría abrumadora de hombres, incluso en los revolucionarios independentista que pelean en las fábricas, universidades, etc. Debido a esta incidencia del desarrollo desigual es imprescindible que, primero, la organización de vanguardia trabaje para acelerar los ritmos de las luchas más atrasadas hasta ponernos a la altura de las demás; y segundo, debe mostrar teórica y prácticamente que en cada lucha concreta se producen victorias cualitativas por pequeñas que sean, avances cualitativos que sirven para acelerar su avance y confluencia con el resto de luchas.

El aumento cuantitativo y el salto cualitativo se realizan no sólo a escala general sino también a escala particular. Por ejemplo: cuando la movilización vecinal detiene un proyecto urbanístico monstruoso y logra a la vez que se mejoren las infraestructuras y servicios de ese barrios; o cuando tras mucho tiempo de organización paciente se logra que participen decenas de miles de personas en una marcha a favor de la lengua vasca; o cuando una fábrica o taller derrota los ataques empresariales y refuerza la presencia del sindicalismo abertzale. La dialéctica del salto cualitativo es decisiva en la militancia cotidiana ya que permite mostrar en la práctica cómo se logran pequeñas victorias que se van sumando, como granitos de arena o gotas de agua, en el proceso general, en las inmensas cordilleras y océanos. Pero la reducción de la dialéctica marxista a palabrería inofensiva ha cortado de cuajo su efectividad pedagógica en estas “pequeñas cosas” tan decisivas. La ley del aumento cuantitativo y del salto cualitativo permite a quienes resisten diariamente en su soledad individual o en pequeños grupos militantes, tomar conciencia de que sus luchas “insignificantes” son decisivas porque forman parte de una totalidad.

Tenemos como una de tantas pruebas de la efectividad de esta ley el típico proceso ascendente que va del contrapoder al poder popular pasando por situaciones de doble poder. Esta dinámica, que puede ser truncada en cualquier momento al depender de la misma unidad y lucha de contrarios, es realmente objetiva en la práctica diaria aunque no se la denomine como tal. Desde una mujer que se enfrenta a su marido y que se atreve a acudir a un colectivo feminista pare recibir ayuda y para aportar su experiencia, hasta una victoria político-electoral e institucional que permite al independentismo volver con renovadas fuerzas a los ayuntamientos, diputaciones, parlamentos, etc., venciendo a las represiones estatales, pasando por la contundencia de una sostenida huelga obrera que se interrelaciona creativamente con el movimiento vecinal y con otras luchas en su zona hasta lograr la victoria, a lo largo de esta muy frecuente experiencia está activa la ley del aumento cuantitativo y del salto cualitativo.

La mujer que acude a un colectivo feminista está ejerciendo el contrapoder individual y colectivo porque, en su vida personal, se ha atrevido a enfrentarse al poder patriarcal, y cuando da un paso más y denuncia al marido, o prepara el divorcio, etc., está ascendiendo del contrapoder inicial al doble poder de facto porque ya está a la altura del poder de su marido, ya tiene recursos idénticos en fuerza legal y social para vencerle; y cuando por fin se emancipa ha dado el salto cualitativo a una vida nueva, a un realidad que antes solamente podía soñarla como una utopía, o muy probablemente ni eso porque, en el inicio de su resistencia, aceptaba como normal la opresión patriarcal que ni siquiera sospechaba que pudiera ser puesta en duda. Ha ido aprendiendo en la misma lucha, ha realizado la dialéctica de la praxis y en cada acumulación cuantitativa de logros, por pequeños que fueran, iba aprendiendo más e iba penetrando en un mundo nuevo, hasta apuntarse a la lucha feminista colectiva, de modo que los aumentos cuantitativos se tornaban perceptibles porque lograban victorias cualitativas en una dinámica ascendente hasta la irrupción en una realidad nueva. Esta experiencia, que podemos extenderla en lo esencial a toda la experiencia humana, es dialéctica pura del aumento cuantitativo y del salto cualitativo a una realidad nueva.

Podemos seguir poniendo ejemplos idénticos hasta el infinito porque la dinámica ascendente es una realidad objetiva sustentada en las contradicciones inherentes a la sociedad en la que malvivimos. Insistimos en que siempre se trata de dinámicas, de tendencias, de posibilidades abiertas que tal vez den el salto a probabilidades de victoria; en suma, de procesos de lucha que pueden ser detenidos en su ascenso, obligados a retroceder o a desviarse en la institucionalización reformista, o ser derrotados y aplastados. La tergiversación de la dialéctica marxista a simple mecanicismo automático en el que la conciencia humana organizada juega un papel secundario, si es que juega alguno, ha destrozado el inmenso poder emancipador del conocimiento práctico de sus leyes, conocimiento que como hemos dicho al comienzo se ha ido gestando sólo mediante la autogénesis de nuestra especie.

La ley del aumento cuantitativo y del salto cualitativo refuerza a las anteriores y pone en el tapete de forma aún más acentuada el papel de la conciencia revolucionaria. La aparición de lo nuevo, en el marco social, no está predeterminada totalmente. Lo nuevo puede aparecer con una cualidad progresiva con respecto al pasado, pero también con una negativa si es que han triunfado las fuerzas reaccionarias. La historia no se repite y aunque parece cíclica, no lo es en absoluto porque incluso las victorias reaccionarias, pese a imponer retrocesos históricos, a pesar de ello, siempre aportan indicios de algo nuevo, lecciones y experiencias que pueden servir a las fuerzas revolucionarias para no volver a cometer los mismos errores que en el pasado. Como la historia no se repite, como no es cíclica, se puede aprender de ella y eso es lo que hace la dialéctica marxista, aprender de los errores y aciertos, de las regularidades y constantes que aparecieron en el pasado y que pueden reproducirse en el presente, pero en las nuevas condiciones del presente, que no son las del pasado.

Estudiando el movimiento de las contradicciones nuevas y viejas, estudiando sus regularidades, la dialéctica sugiere tal o cual alternativa acorde con los avances que se van dando en la acumulación de fuerzas y en los pequeños saltos cualitativos que, por pequeños, aparentan ser insustanciales. Mientras que no surja una realidad nueva en lo cualitativo, los avances cuantitativos en el proceso de que se trate van añadiendo aspectos nuevos que tienen que ser observados muy detalladamente porque, en estas situaciones, es imprescindible descubrir los matices que muestran el comienzo de la germinación de lo nuevo. Cuando los indicios tenues se repiten, la dialéctica advierte que podemos asistir al retroceso del azar y de la contingencia porque está imponiéndose la necesidad y la causalidad. Son momentos de duda y de reflexión intensa porque lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En la vida personal nos encontramos con múltiples situaciones de este tipo, y nuestro desconocimiento de la dialéctica nos lleva a cometer tremendos errores, irreparables a veces.

Por ejemplo, la dialéctica de lo cuantitativo y de lo cualitativo nos facilita la tarea de diferenciar si los rumores sobre nuevas medidas antiobreras de la patronal corresponden a decisiones ya tomadas o si sólo reflejan una inquietud generalizada por la situación de la empresa. Muchas luchas de todo tipo, dirigidas por militantes que desconocen la dialéctica marxista, se empantanan por no saber discernir lo viejo de lo nuevo, los matices que emergen tenuemente de las constantes que se mantienen, de este modo no captan plenamente la evolución ascendente o descendente de la lucha. Esta limitación facilita tres errores: hacer caso al reformismo al creer que no hay posibilidad de victoria, hacer caso al aventurerismo ultraizquierdista al creer que la victoria es inmediata, o  minusvalorar la ferocidad del enemigo al creer que la burguesía tolera el surgimiento de un poder revolucionario.

Los tres errores nos remiten al desconocimiento de la dialéctica marxista, y en especial a su ley del salto cualitativo ya que saca a la palestra de forma radical la cuestión del poder. En el plano de la lucha social, la aparición de lo nuevo tras la acumulación cuantitativa de fuerza, supone un peligro para el poder establecido. Recordemos la dinámica del contrapoder al doble poder y de éste al poder popular. La minoría dominante, los Estados español y francés en nuestro caso, pueden tolerar por un tiempo la recuperación de los derechos del Pueblo Vasco, pero muy difícilmente tolerarán que conquistemos nuestra independencia, o sea, que volvamos a ser propietarios de nosotros mismos en vez de ser propiedad privada de ambos Estados. Aquí está el problema crucial, el de la propiedad. Cuando el aumento cuantitativo llega al nudo gordiano de la propiedad, al problema de quién es propietario de las fuerzas productivas, el pueblo trabajador o la burguesía, la nación oprimida o el Estado opresor, es entonces cuando se descubre la vital importancia de la dialéctica del salto cualitativo. La aparición de lo nuevo, en esta situación, no es otra cosa que la expropiación de los expropiadores y la instauración de la propiedad colectiva, y en el contexto de una nación aplasta, lo nuevo es la independencia estatal, o sea, que el pueblo deje de ser una propiedad de un poder extranjero.

Pues bien, la ley del aumento cuantitativo y del salto cualitativo advierte a la nación oprimida que es muy improbable que el Estado que se cree propietario de esa nación oprimida le devuelva pacífica y alegremente su libertad, renuncie a sus privilegios y ganancias y se resigne cristianamente a ver libres a quienes había oprimido hasta entonces. La dialéctica no afirma dogmáticamente que la respuesta del Estado ocupante será criminal siempre y todo momento, porque admite la remota posibilidad de que se encuentren soluciones que dependen de los casos concretos y de circunstancias muy especiales, pero advierte que la probabilidad mayor, la que tiene más visos de materialización práctica, es la de la represión salvaje. Por esto mismo, la dialéctica materialista, que tiene en la ecología y en la biología una de sus demostraciones positivas innegables, defiende el “principio de precaución” esencial en la ecología. Aplicado al nivel de las luchas sociales, este “principio de precaución” advierte de que siempre hay que estar preparado para responder en el peor de los escenarios posibles.

De hecho la teoría marxista de la organización de vanguardia no es sino una de las formas que adquiere el “principio de precaución” en las luchas sociales. La posibilidad de que el aumento cuantitativo termine al fin produciendo el salto cualitativo a la libertad puede depender, en su momento, de que se haya aplicado desde mucho antes el “principio de precaución” ante la muy probable brutalidad estatal. Lo contrario es ingenuidad idealista, error garrafal inherente al pacifismo.

9.- LA DIALÉCTICA DE LA NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN

De todas las leyes de la dialéctica esta es la más debatida y matizada por los marxistas y la más rechazada por los antimarxistas. La razón es doble: una, porque es la más dialéctica de todas, es decir, la que más rigor analítico y sintético exige; y otra, además, requiere cierto conocimiento de la dialéctica hegeliana así como haber seguido el método que emplea Marx en su obra cumbre, El Capital, en la que la dialéctica no aparece explícitamente enunciada aunque toda la obra destila abundantemente método dialéctico en cada página. Aquí no podemos extendernos en este debate, así que nos limitaremos a decir que esta ley puede ser también definida, aunque con alguna limitación, como la ley de la sustitución de lo viejo por lo nuevo, sustitución que se produce mediante la lucha entre ellos. La diferencia con respecto a la ley del salto cualitativo es que ésta empieza a actúa plenamente en el proceso del que se trate una vez que ya se ha producido la aparición de lo nuevo, el salto a la nueva cualidad.

Moviéndonos siempre en la realidad vasca, lo nuevo surge por ejemplo cuando el independentismo conquista su Estado vasco. Ahora bien, dada la interconexión universal de los procesos y la integración de totalidades menores en mayores,  más amplias, por estas razones la aparición de lo nuevo no es sino el comienzo inmediato de otro proceso superior en lo que lo “nuevo” empieza ya a ser “viejo”.  El Estado independiente vasco, culminación del aumento cuantitativo de las luchas y del salto cualitativo al Estado vasco, esta conquista democrática elemental es una realidad nueva para el pueblo, pero aún así se transforma al instante de su nacimiento en una “realidad vieja” que ya está sometida a contradicciones internas y presiones externas realmente nuevas si las comparamos con las que existían antes de la independencia. La ley de la sustitución de lo viejo por lo nuevo empieza a actuar nada más nacer el Estado vasco porque sus enemigos internos y externos, los colaboracionistas del pasado que están deseando la vuelta de los ejércitos ocupantes, multiplicarán sus esfuerzos en alianza con los enemigos externos, los invasores que han sido expulsados.

Más aún, como muestran muchas “independencias estatales” la dominación económica a distancia mediante el poder de las transnacionales y de la economía de la metrópolis, de la antigua potencia ocupante, esta dependencia invisible la mayor parte de las veces anula totalmente la “independencia política” formal aunque ese pueblo disponga de su propio Estado que aparece internacionalmente como soberano, aunque en la realidad diaria de los negocios está dominado por el capitalismo. La ley de la negación de la negación o de la superación de lo viejo por lo nuevo advierte que la verdadera independencia no será tal, no será auténtica, hasta que haya desaparecido el capitalismo en tres cuestiones decisivas dentro del Estado formalmente independiente: Primera, las fuerzas productivas pertenecen a ese pueblo, son públicas, están socializadas y protegidas por el pueblo en armas. Segunda, que la nación independiente rige su destino económico en base a planes decididos mediante la democracia socialista y  consejista, soviética. Y tercera, que la nación  libre garantiza su independencia efectiva mediante el control por el Estado obrero del comercio exterior, que vigila muy atentamente el cumplimiento exacto de las condiciones exigidas a las empresas extranjeras, siendo una de ellas el que no sean propietarias del suelo y de las infraestructuras y otra, que no puedan llevarse los beneficios obtenidos sino que deben reinvertirlos en el Estado obrero independiente.

La superación de lo viejo exige la lucha permanente entre lo viejo y lo nuevo, pero ya no en las condiciones del pasado, cuando se sufría la opresión extranjera, sino en las condiciones nuevas, cuando se avanza hacia el socialismo en el pleno sentido de la palabra, es decir, en un contexto de expansión internacional de las fuerzas revolucionarias y de los Estados obreros coordinados mediante acuerdos socialistas. Si estos pasos no se realizan, si no se avanza en la superación efectiva de la dependencia económica, está el peligro creciente incluso la independencia formal conquistada. La dialéctica choca frontalmente con la ingenuidad idealista que cree que el capitalismo puede tolerar ser expropiado de las fábricas, de los capitales, de las minas y recursos energéticos, etc.

La burguesía atemorizada y debilitada puede conceder determinadas conquistas con tal de mantener lo esencial: la propiedad privada y el Estado. Ambos forman una unidad, la del poder de clase. La propiedad privada no existiría sin en Estado burgués, y viceversa. En un contexto de opresión nacional, el Estado ocupante y su burguesía puede ceder determinados derechos nominales y formales a la burguesía del pueblo invadido, pero a condición de que colabore con el extermino del independentismo y de que pague un tributo anual al Estado ocupante, tributo que puede ser negociado en su cuantía y en sus formas, pero nunca suprimido.

La dialéctica de la lucha y superación de lo viejo advierte de que la ingenuidad idealista chocará más temprano que tarde con la violencia burguesa, y que el tiempo de la violencia reaccionaria se acorta en la medida en que el pueblo avance de la independencia formal a la independencia real, a la socialista, si es que no ha estallado antes incluso de lograr la independencia formal. Mientras que en la ley del salto cualitativo se advertía de la necesidad del “principio de precaución”, ahora en la ley de avance a lo nuevo superando definitivamente lo viejo se advierte de la necesidad de la violencia defensiva. Sin mayores precisiones ahora: el caso del Chile de Allende, con el Gobierno Popular derrocado por el genocida Pinochet en 1973 es un caso entre mil de la vigencia de esta ley. En el presente tenemos la dictadura impuesta en Hondura en 2009, siguiendo el mismo procedimiento en lo esencia que en Chile y en otros tantos países, bajo la dirección de EEUU. En la Europa posterior a la implosión de la URSS tenemos la trágica experiencia de la exYugoslavia y de las guerras de los Balcanes en los ’90.

Frente a estos y otros muchos ejemplos no se pueden poner apenas otros de signo opuesto que no sean los de la mera “independencia formal” teledirigida por la metrópolis, o directamente dirigida desde el interior por las embajadas imperialistas. Kosovo en “independiente” gracias a los EEUU y protege su “independencia” con la construcción de la base militar más grande del imperialismo norteamericano en Europa. Con estos ejemplos no negamos la importancia de la independencia formal, sólo nos hacemos eco de la advertencia de la dialéctica que nos cita el caso de la larguisima lucha de los pueblos de las Américas en estos últimos quinientos años: nada más sufrir la invasión europea, surgieron las primeras resistencias y al poco tiempo aparecieron las primeras independencias efectivas, las de la alianza de indios, esclavos y trabajadores europeos huidos de la explotación, que se refugiaron en selvas y cordilleras, resistiendo a la desesperada con independencias efectivas pero no reconocidas oficialmente; después, a partir de comienzos del siglo XIX se lograron las “primeras independencias” oficiales con respecto a los imperios español y portugués, pero no con los británicos y franceses, y mucho menos con los yanquis. Ahora, desde 1959 con la independencia de Cuba se avanza con muchos problemas a la “segunda independencia”, la definitiva por cuanto socialista.

Le ley de la negación de la negación nos advierte que la lucha entre lo viejo y lo nuevo no cesa nunca hasta que lo nuevo ha surgido definitivamente de lo viejo, anulándolo y condenándolo al museo de la historia de forma irreversible. Nos advierte que en la medida en que esta lucha avanza hacia la devolución a los pueblos trabajadores de lo que les pertenece, o sea, avanza hacia la expropiación definitiva de la propiedad imperialista, socializándola, en esta medida cada vez serán más sanguinarias y exterminadoras las guerras contrarrevolucionarias del imperialismo, e incluso que reaparecerán los conflictos interimperialistas aunque en condiciones diferentes a las que existieron entre finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

10.- RESUMEN

En nuestra vida personal practicamos de forma inconsciente las leyes de la dialéctica marxista. No hay otra alternativa porque reflejan la realidad objetiva, al margen de nuestra voluntad y de nuestra consciencia previa, de unas contradicciones estructurales que están ahí, fuera de nosotros, y a la vez en nuestro interior, en nuestra personalidad, en nuestra estructura psíquica. Tanto en la naturaleza, como en la sociedad y en el pensamiento humano y de los primates superiores, las leyes de la dialéctica actúan aunque con diferentes escalas y niveles.

La realidad siempre está en movimiento, en interacción entre sus partes y en dinámica hacia la complejización a partir de lo simple, movimientos causados por la unidad y lucha de contrarios, que aceleran la tendencia hacia surgimiento de lo nuevo a partir de la acumulación de lo viejo, principio de emergencia que estalla una vez superado el punto crítico de no retorno a lo viejo; pero este no retorno es a la vez el inicio de un nuevo conflicto a escala cualitativamente superior en base a la ley de la negación de la negación. Toda esta dinámica puede truncarse en cualquier momento debido a la incidencia del azar, que en sí es la expresión externa e inmediata de una causalidad profunda y muy remota, es decir, de una necesidad objetiva muy lejana en la interacción de contradicciones, pero que se activa como azar debido a la concatenación universal de los procesos, de modo que la dialéctica entre la necesidad y el azar es ella misma parte de la lucha de contrarios a escala total, universal, eterna e infinita.

Sin el conocimiento de la dialéctica materialista la realidad parece ser un magma caótico de choques incoherentes y fortuitos. La ideología burguesa se refugia en el idealismo para dar alguna respuesta metafísica: se trata bien de la “mano invisible del mercado”, o bien “de la personalidad incognoscible del consumidor”. El opio religioso también pretende responder con sus diosas y dioses, seres fantásticos e incognoscibles en su esencia y voluntad. Frecuentemente, la mezcla de idealismo refinado con burdo opio religioso da cuerpo a un irracionalismo que se extiende socialmente gracias a la propaganda producida por al industria político-mediática. Además, el agnosticismo no se atreve a superar su dependencia hacia el misterio irresoluble, negado a los humanos, que debemos vagar enceguecidos por este valle de lágrimas que es la existencia a la que nos han condenado las diosas y dioses, u otros espíritus sobre los que no podemos influir de modo alguno a no ser por la autohumillación del esclavo ante el amo pidiendo clemencia y perdón.

El materialismo dialéctico es irreconciliable con la demagogia reaccionaria y fantasiosa que sustenta a la ideología burguesa en cualquiera de sus formas. Luchando contra tanta mentira e ignorancia, la dialéctica sostiene que Euskal Herria sufre una contradicción irreconciliable, fundamental y básica, que es la que le enfrenta internamente a su burguesía y externamente a los Estados español y francés. Se trata de una unidad no antagónica, de una simbiosis de depredadores asesinos. Esta contradicción elemental adquiere muchas formas de expresión según las fases, contextos y coyunturas del modo de producción capitalista y de nuestra formación económico-social,  de manera que siempre tenemos que analizar estos cambios formales, analizar sus transformaciones, para descubrir en todo momento cómo palpita y bullen en el interior, en lo más profundo, la elemental contradicción, que pervivirá como tal, en su esencia, mientras suframos la explotación capitalista, la opresión nacional y la dominación patriarco-burguesa.

La contradicción irreconciliable, que se muestra de muchas formas, tiene empero una manera dominante de materializarse en períodos más o menos largos, se trata de la contradicción principal que se convierte durante un tiempo en el frente de brecha de combate por la libertad. Desde hace tiempo, la contradicción principal está expresada entre la democracia en retroceso y el proceso de negociación, por un lado, y por otro por el endurecimiento represivo del nacionalismo franco-español, con componentes neofascistas en ascenso. Esta contradicción principal solamente puede ser solucionada, en el contexto actual, mediante un proceso negociador por el que se recuperen los elementales derechos democráticos negados a  nuestro pueblo. En la crisis mundial capitalista esta contradicción principal tiende a agudizarse en todo el mundo, lo que explica el valor creciente que va adquiriendo la democracia socialista como meta a la que llegar cuanto antes.

Pero la existencia innegable de la contradicción principal no debe hacernos olvidar la existencia otras contradicciones secundarias en muchas áreas de la vida social, y que pueden llegar incluso a tener la misma importancia que la principal, nunca más, en sus áreas concretas de desenvolvimiento. Las contradicciones secundarias son también antagónicas con el poder existente en cada uno de sus campos de lucha, y por ello no pueden ser minusvaloradas porque, pese a su secundariedad, son decisivas para la totalidad del proceso de emancipación.

Una de las tareas vitales de las organizaciones de vanguardia es la de saber aplicar la dialéctica entre las tres contradicciones  –la irreconciliable, la principal y las secundarias–  para reforzar el proceso revolucionario de liberación como un  todo. Sin embargo, otro error característico de quienes rechazan o ignoran la dialéctica es el de negar la necesidad de la organización de vanguardia, caer en el espontaneísmo, desconocer los desniveles de conciencia y de preparación política, y diluir la centralidad del pueblo trabajador y de la clase obrera en la sopa ecléctica, insabora e insípida de la supuesta “multitud”, abstracción hueca que permite cualquier divagación idealista e ingenua sobre cualquier cosa.

Concluyendo, el materialismo dialéctico está siendo de nuevo confirmado en la lucha de liberación de Euskal Herria, como en el resto de procesos naturales, sociales y científicos, al margen de los que digan unos y otros. Ahora bien, la misma dialéctica no deja de advertirnos que los errores son y serán nuestros y que pueden llevarnos a la derrota si despreciamos las experiencias de la historia, la única maestra que existe.

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