Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Desde el 10 de octubre de 1868 los cubanos combatimos por la libertad

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 10 octubre 2010

Por Rosa María Moros Fernández/ Radio Cadena Agramonte

El grito independentista y revolucionario de los cubanos el 10 de octubre de 1868, resume siglos de encuentros y desencuentros y marca de modo indeleble la posteridad de la Mayor de las Antillas.

La sublevación iniciada en el ingenio azucarero Demajagua, cerca de la ciudad de Manzanillo, en la actual provincia oriental de Granma, viene nutrida por casi 400 años de cocción de un ajiaco de ideas, lenguas, costumbres, gustos, aspiraciones, normas, tendencias e influencias de Europa, Asia, África y la América precolombina.

Culmina la conspiración que comenzó el 13 de agosto de 1867, en la ciudad de Bayamo, centro principal de la región histórica Valle del Río Cauto, donde maduraron primero los rasgos del naciente pueblo cubano.

Los hechos se precipitan y Carlos Manuel de Céspedes, el más resuelto y experimentado conspirador, tiene centenares de hombres dispuestos, el nueve de octubre de 1868, en los hoy municipios granmenses de Pilón, Media Luna, Campechuela y Manzanillo.

Al día siguiente, en la Demajagua, unos 500 patriotas protagonizan el grito que estremecería toda la historia del país.

En viril arenga, Céspedes sienta bases para la integración étnica en Cuba, cuando libera a sus esclavos, los eleva al rango de ciudadanos, invita a combatir y aclara que quienes no participen en la guerra serían tan libres como el resto.

Frente a la bandera tricolor, los presentes juran solemnemente vencer o morir, antes que volver a ver el suelo patrio pisoteado por cualquier tirano.

El Padre de la Patria presenta el Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, expresión indiscutible de que se sublevan hombres cultos, conocedores de las prácticas políticas de su tiempo, sustentados en principios y decididos a sacrificarlo todo por la causa.

“Creemos que todos los hombres somos iguales; amamos la tolerancia, el orden, la justicia en todas las materias; respetamos la vida y las propiedades de todos los ciudadanos pacíficos, aunque sean los mismos españoles residentes en este territorio; admiramos el sufragio universal, que asegura la soberanía de los pueblos”, precisa el documento.

El texto añade: “Deseamos la emancipación gradual y bajo indemnización, de la esclavitud, el libre cambio con las naciones amigas que usen la reciprocidad, la representación nacional para decretar leyes e impuestos, y, en general, demandamos la religiosa observancia de los derechos imprescriptibles del hombre, constituyéndonos en nación libre”.

Céspedes deja claro que el naciente pueblo, cuyos perfiles culminarían su forja en 30 años de combate, no podría liberarse sin emprender una verdadera revolución, lo cual implicaba impedir cualquier dominio extranjero, eliminar la esclavitud, lograr la unidad nacional y avanzar por la senda del progreso socioeconómico.
“Los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de la Demajagua, cuando los ricos, desembarazándose de la fortuna, salieron a pelear, sin odio a nadie, por el decoro, que vale más que ella”, destaca José Martí el 10 de octubre de 1887.

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