Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 20/10/10

Vargas Llosa… la mediocridad de los “exquisitos”

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 octubre 2010

El capitalismo es el capitalismo aunque premie a sus intelectuales para hermosearse

La burguesía intelectual, cuando se asusta, se vuelve nazi-fascista
Una vez más, ellos anuncian su desesperación organizando ofensivas nazi-fascistas culteranas. Se dicen “demócratas” y agitan sus banderas conspirativas para fundamentar, con eufemismos a granel, los golpes de estado que sus jefes les encargan. Los apoya la oligarquía mediática, la santa iglesia, los usureros bancarios, los industriales depredadores y no pocos terratenientes traficantes de armas. La ilustración neoliberal quiere dar cátedra de canalladas golpistas.
Presentan libros, dictan conferencias, asesoran a delincuentes, cobran dividendos y se aplauden entre ellos. Son la mano armada, con sofismas y demagogia, encargada de maquillar las monstruosidades del capitalismo. Cobran con su mano “fina” las canonjías cultas y las propinas de vanidad mediática que su patrón les maicea. Y después… se premian entre sí, se citan mutuamente en sus tratados y se erigen monumentos de jactancias sin pudor. Vividores culteranos incubados en la ignorancia de los jefes que pagan para esconder su idiotez. (La de todos ellos).
¿Tiene sentido seguir denunciándolos? ¿Hay alguien que no sepa el calibre obsceno de los lebreles intelectuales cultivados para la lisonja docta? ¿Hay alguien que se trague sus cuentos? Si. Ellos mismos y sus congéneres. Y por eso los denunciamos. No por intelectuales, no por ser de derecha, no por reaccionarios, no por sus limitaciones ideológicas. No sólo, por eso, pues. Si especialmente por su mansedumbre mercantil ante los criminales que saquean, explotan y asesinan a los trabajadores que de verdad trabajan y producen la riqueza. Si por su complicidad sabihonda y cínica, su coautoría demagógica con represores, golpistas y saqueadores. Si los denunciamos por su impudicia y sus petulancias letradas, puestas al servicio de poderes que financian ideólogos para hundir a los pueblos en la ignorancia, la hambruna y la tristeza. Los denunciamos por serviles, por asociación criminal y por desvergüenza… entre otras monerías burguesas. Los denunciamos, se reúnan donde se reúnan.
La batalla de las ideas, la guerra simbólica y la lucha contra la alineación
Al otro lado de ese reino de estulticia “culta”, en oposición y en combate histórico, la clase trabajadora sabe, bien que sabe, de qué serán capaces los lacayos con grados -y posgrados- fanfarrones y lambiscones en simultáneo. Sabe esa clase que sabe mucho, que se debe estar atento, en guardia teórica y metodológica, atentos a la cantidad y a la calidad de las agresiones burguesas, con un ojo al gato y otro al garabato. Sabe que esto es una guerra, incluso de “cuarta generación”, en la que no hay punto de reposo ni en la lucha emancipadora de la conciencia ni en la tarea de construir lenguajes y herramientas filosóficas nuevas. Es decir socialistas. No hay descanso ni en la sintaxis ni en la síntesis, ni en la escuela ni en la cama, ni en la panza ni en el espíritu.

 

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El Smolny en la gran noche aquella

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 octubre 2010

Por Anatoli V. Lunacharski*

Todo el Smolny está profusamente iluminado. Una multitud excitada va y viene por los pasillos. En todas las habitaciones reina una agitación febril, pero el mayor torrente humano afluye, en verdaderos e impetuosos remolinos, al rincón del pasillo superior: allí, en la última habitación del fondo, se encuentra reunido el Consejo Militar Revolucionario. Unas cuantas muchachas, a pesar de estar rendidas de cansancio, saben hacer frente con heroísmo al fantástico embate de los que llegan a recibir aclaraciones y órdenes, a pedir algo o a quejarse de alguien.

Cuando uno caía en aquel torbellino, veía por todas partes rostros encendidos, manos que se tendían para tomar instrucciones o credenciales.

Encargos y nombramientos de enorme importancia hacianse allí mismo; allí mismo eran dictados a las máquinas de escribir, que tecleteaban sin pausa, y firmados con lápiz, apoyando el papel en la rodilla, mientras algún camarada joven, dichoso del trabajo encomendado, corría ya en automóvil a velocidad loca, rodeado de las tinieblas de la noche. En la última habitación del fondo, sin apartarse de la mesa ni un instante, unos cuantos camaradas enviaban sus órdenes, como raudales de energía eléctrica, a las ciudades sublevadas de Rusia, en todas direcciones.

No puedo recordar sin asombro ese pasmoso trabajo, y considero la actuación del Comité Militar Revolucionario en los días de Octubre como una de las muestras de la energía humana, demostrativa de las inagotables reservas que guarda un corazón revolucionario y de lo que es capaz éste cuando le llama la voz tonante de la revolución.

La sesión del II Congreso de los Soviets comenzó por la tarde, en la Sala Blanca del Smolny.

Entre los reunidos reinaba un ambiente solemne, de fiesta. La emoción era inmensa, pero no había ni el menor asomo de pánico, a pesar de que se combatía en torno al Palacio de Invierno y de que sin cesar llegaban noticias del carácter más alarmante.

Al decir que no había pánico, me refiero a los bolcheviques y a la inmensa mayoría del Congreso que sustentaba sus puntos de vista. Por el contrario, los elementos “socialistas” de derecha estaban llenos de pavor y rabia, desconcertados y nerviosos.

Cuando se abrió al fin la sesión, se puso completamente en claro cuál era el estado de ánimo del Congreso. Los discursos de los bolcheviques eran acogidos con desbordante entusiasmo. Con ardientes muestras de admiración fueron oídas las intervenciones de los valientes marineros que se habían presentado allí para contar la verdad acerca de los combates que tenían lugar en torno al Palacio de Invierno.

¡Con qué interminable y atronadora ovación fue recibida la noticia, tan largamente esperada, de que el Poder soviético había penetrado al fin en el Palacio de Invierno y los ministros capitalistas habían sido detenidos! Entretanto, el teniente Kuchin, un menchevique que desempeñaba un papel de gran importancia en la organización del Ejército de aquellos tiempos, subió a la tribuna y nos amenazó con traer inmediatamente a Petrogrado los soldados de su Frente. Leyó unas resoluciones contra el Poder soviético, adoptadas por los ejércitos 1°, 2°, 3º… -siguió enumerando hasta el 12°, incluyendo el especial- y terminó amenazando de modo directo a quienes se habían atrevido a emprender la “aventura” de Petrogrado.

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Entrevista a Arturo Cubillas: “Soy un venezolano más. Nunca he dado cursos sobre explosivos”

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 octubre 2010

Arturo Cubillas fue implicado en una causa de terrorismo por un juez español, de acuerdo con las declaraciones ofrecidas por dos presuntos militantes de la ETA, que estuvieron incomunicados durante los cinco primeros días de su detención.

En sus declaraciones ante la policía, estos ciudadanos vascos  implicaron a Cubillas de haberles dado entrenamiento militar en Venezuela. Declaraciones que luego fueron negadas cuando tuvieron la oportunidad de presentarse ante un juzgado que les ofrecía garantías legales y protección a sus derechos civiles.

—¿Quién es Arturo Cubillas?

—Arturo Cubillas es un venezolano de origen vasco, que llegó a este país como deportado político vasco. Posteriormente, con el transcurrir de los años adquirió la nacionalidad venezolana. Hoy es un ciudadano más de este país, que tiene derecho a trabajar, a opinar, a soñar, a ser solidario con quienes en cualquier rincón del mundo luchan por la soberanía, por la independencia de los pueblos y en ese otro mundo posible y urgentemente necesario.

—¿Qué sentido tiene la independencia del País Vasco en un tiempo en que los países de Europa más bien se están integrando?

—Si se repasa la historia de Europa, es fácil darse cuenta, es cuestión de números, pues actualmente existen muchas más naciones-estado que hace 30 años. Pero es que, además, independencia no es contraria a integración, al contrario. La única forma posible de integración entre los pueblos es a través del respeto a la identidad y los derechos de cada pueblo. La integración sólo puede ser entre iguales, si no no es integración, es imposición. Eso sucede en Euskal Herria (País Vasco), donde dos imperios, el español y el francés imponen por la fuerza su cultura y sus leyes. No es muy diferente lo que sucede en Euskal Herria, a lo que padece el pueblo palestino. ¿Tiene el pueblo palestino que “integrarse” en Israel para poder vivir en paz?

—¿No es suficiente el nivel de autonomía que tiene actualmente?

—Sólo el Pueblo Vasco debe responder a esa pregunta. De eso se trata, de que se le reconozca al pueblo vasco el derecho a decidir su futuro. No se trata de que nos den autonomía o independencia o un estado federal. Se trata de que Euskal Herria tenga derecho a decidir su futuro y que su decisión sea respetada por los estados español y francés. Se trata de que los estados respeten el derecho de los pueblos a ser libres y dueños de su futuro.

—¿Cómo ve el movimiento por una mayor autonomía que ha venido tomando cuerpo en otros lugares de España, como por ejemplo en Cataluña?

—Cada pueblo tiene el derecho de decidir qué camino quiere recorrer y cómo va a hacerlo. Por cierto, no veo a Cataluña como “otro lugar de España” sino como un pueblo sin estado que como Euskal Herria lucha por recuperar su soberanía.

—¿La lucha por la independencia puede llevarse adelante por medios pacíficos?

—Yo formularía la pregunta de otra forma ¿Hay condiciones para que el pueblo palestino llegue a la independencia sólo por medios pacíficos? ¿Y el pueblo vasco? ¿Y el pueblo kurdo? Una buena pregunta para que la responda el gobierno español sería: ¿Aceptarían ustedes la independencia de Euskal Herria si el pueblo vasco así lo decide?

En Euskal Herria la izquierda independentista está ilegalizada, se han cerrado dos diarios, una radio y dos revistas quincenales de periodismo de investigación. Se han ilegalizado organizaciones juveniles y de derechos humanos, se encarcela a los abogados de los presos políticos, se tortura a los detenidos, se secuestra y asesina a militantes vascos. Esa es la realidad que vive Euskal Herria, no la que cuenta El Mundo, El País, ABC o la televisión española. No somos los vascos los que introdujimos la violencia en el conflicto que nos enfrenta con el estado español, sino el Estado español que ocupó nuestro país por las armas.

—¿Cree en la lucha armada?

—Creo que cada pueblo tiene el derecho a utilizar las formas de lucha que crea necesario para liberarse hace 200 años y ahora. De todas formas creo que es un grave error que se plantee como si fuera una dicotomía: lucha armada si o no. ¿Tú crees que la resistencia en Europa tenía derecho a enfrentarse a los nazis con las armas? ¿Tiene derecho el pueblo iraquí a resistir con las armas la ocupación yankee? ¿Tenía derecho el pueblo sudafricano a enfrentarse al apartheid? ¿Tiene derecho el Pueblo Palestino a resistir la ocupación israelí? Estoy seguro que ningún pueblo recurre a la lucha armada por placer.

Lo que si te puedo decir es que me gustaría creer en un mundo en el que los estados respeten todos los derechos de todos los pueblos. En el que los países inviertan sus presupuestos, y lo que gastan en armas y en reprimir a sus ciudadanos en salud, alimentos, educación. Si esto fuera así, seguro que tu pregunta no sería necesaria.

—¿Las agencias internacionales dicen que usted fue deportado a Venezuela luego de fracasadas las conversaciones de Argel entre ETA y el gobierno español. ¿Por qué fracasaron?

—Por lo mismo que han fracasado todos los intentos de ETA, de superar la fase de enfrentamiento armado porque el estado español siempre ha ido a esas conversaciones sin las ganas ni la capacidad política necesaria para dar ese paso. El gobierno español, no importa sea del PSOE o del PP, sigue apostando única y exclusivamente a la vía represiva.

Según el ex canciller venezolano para la época, Enrique Tejera París, no existe ningún documento que certifique el acuerdo suscrito entre España y Venezuela para su deportación a Venezuela en 1989.

—¿Qué opina usted al respecto?

—No sé si existe acuerdo suscrito o no. Lo que si sé es que nosotros llegamos a Venezuela sin pasaporte, ni ningún documento en un avión Hércules de la Fuerza Aérea española, acompañados de policías españoles. En el aeropuerto nos recibió la Disip, que nos llevó a la Diex y nos dieron cédula de identidad. Evidentemente, cuando alguien entra a un país de esa manera es porque existe un acuerdo entre el país de salida y el de llegada.

—¿Cuáles fueron las razones de Felipe González para pedirle a Carlos Andrés Pérez que lo acogiera a usted y a sus compatriotas en Venezuela?

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Los días de octubre

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 20 octubre 2010

 (Extracto de la parte III de las Memorias acerca de Lenin)

Por Nadezhda Krupskaya*

      La toma del Poder en Octubre fue meditada y preparada minuciosamente por el partido del proletariado, por el Partido bolchevique. En el mes de julio empezó espontáneamente la insurrección11 Se refiere a la manifestación espontánea de medio millón de obreros y soldados de Petrogrado celebrada el 3-4 (16-17) de julio contra el Gobierno provisional que amenazaba transformarse en insurrección armada. La manifestación transcurría bajo la consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” Los bolcheviques, que consideraban prematuro todavía el momento de la insurrección encabezaron la manifestación y le dieron un carácter pacífico y organizado. Par orden del Gobierno provisional el 4 (17) de julio se abrió fuego contra la manifestación. Los periódicos bolcheviques Pravda, Soldátskaia Pravda y otros fueron suspendidos. Diose comienzo a las represiones en masa contra los bolcheviques y los soldados que participaron en la manifestación. El Partido bolchevique pasó a la clandestinidad y comenzó a prepararse para la insurrección armada.

Más el Partido consideraba esta insurrección prematura y conservó toda su serenidad de pensamiento. Había que mirar a la verdad a los ojos Las masas no estaban preparadas todavía para la revolución. El Comité Central decidió diferirla. Para los bolcheviques era muy difícil contener a los rebeldes, a aquellos que ardían en deseos de lanzarse al combate. Pero cumplieron con su deber, pues comprendían la enorme importancia que tenía la elección del momento propicio para la insurrección.

Pasó un par de meses y cambió la situación. Ilich, que se veía forzado a ocultarse en Finlandia, escribió una carta al Comité Central, al Comité del Partido de Petrogrado y al de Moscú entre el 12 y el 14 de septiembre: “Habiendo obtenido la mayoría de votos en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados de las dos capitales, los bolcheviques pueden y deben tomar el Poder en sus manos”. Y más adelante demuestra por qué había que tomar el Poder precisamente entonces. Se preparaba la entrega de Petrogrado, con lo que disminuirían las probabilidades de victoria. Perfilábase una paz por separado de los imperialistas ingleses y alemanes. “Ofrecer precisamente ahora la paz a los pueblos significa vencer”,[1] escribía Ilich.

En la carta al Comité Central habla detalladamente cómo determinar el momento de la insurrección y cómo pararla: “Para poder triunfar, la insurrección no debe apoyarse en una conjuración, en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, la insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje radical en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en filas de las enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución”.[2]

Al final de la carta, Ilich indicaba qué era lo que se debía hacer para abordar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte: “Y para considerar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte, es necesario que al mismo tiempo, sin perder un minuto, organicemos un Estado Mayor de los destacamentos de la insurrección, distribuyamos las fuerzas, lancemos los regimientos de confianza contra los puntos más importantes, cerquemos el Teatro Alejandro[3], y tomemos la fortaleza de Pedro y Pablo, detengamos al Estado Mayor central y al Gobierno, enviemos contra los alumnos de las escuelas militares y contra la “división salvaje” tropas dispuestas a morir antes de dejar que el enemigo se abra paso hacia los puntos centrales de la ciudad; es preciso que movilicemos a los obreros armados, dirigiéndoles un llamamiento para que se lancen a una lucha desesperada, a la lucha final; es necesario que ocupemos inmediatamente las Centrales de Teléfonos y de Telégrafos, que instalemos nuestro Estado Mayor de la insurrección cerca de la Central de Teléfonos y poner en contacto telefónico con él a todas las fábricas, todos los regimientos y todos los puntos de la lucha armada, etc.

Todo esto, naturalmente, como simple orientación, como ejemplo de que en los momentos actuales no se puede ser fiel al marxismo, a la revolución, sin considerar la insurrección como un arte”.[4]

A Ilich le preocupaba extraordinariamente que se desaprovechase el momento oportuno para la insurrección mientras él estaba en Finlandia. El 7 de octubre escribió a la Conferencia local de Petrogrado; escribió también al Comité Central, al Comité del Partido de Petrogrado y al de Moscú y a los miembros bolcheviques de los Soviets de ambas capitales. El día 8 envió una carta a los camaradas bolcheviques que participaban en el Comité regional de los Soviets de la región del Norte, y como se hallara preocupado por la suerte de esa carta, se presentó al día siguiente en Petrogrado, alojándose ilegalmente en la barriada de Víborg, y desde allí dirigió los preparativos de la insurrección.

Durante el último mes, Lenin vivió entregado por completo a la idea de la insurrección, no pensaba en otra cosa Y contagiaba a los camaradas su estado de ánimo y su convicción.

La última carta de Ilich a los bolcheviques que participaban en el Congreso regional de las Soviets de la región del Norte, escrita desde Finlandia, tiene una importancia excepcional.   Decía así: 

“… Pero la insurrección armada es un aspecto especial de la lucha política, sometida a leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas. Carlos Marx expresó esta verdad de un modo muy tangible al escribir que ‘la insurrección armada es, como la guerra, un arte’.

“Marx destaca entre las reglas más importantes de este arte las siguientes:

“1. No jugar nunca a la insurrección y, una vez empezada, saber firmemente que hay que llevarla a término.

“2. Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivo fuerzas muy superiores a las del enemigo; de lo contrario, éste, mejor preparado y organizado, aniquilará a los insurrectos.

“3. Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con la mayor decisión y pasar forzosa e infaliblemente a la ofensiva. ‘La defensiva es la muerte de la insurrección armada’.

“4. Hay que esforzarse por sorprender al enemigo desprevenido, aprovechar el momento en que sus tropas se hallen dispersas.

“5. Hay que esforzarse par obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso podría decirse que a cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a toda costa la ‘superioridad moral’.

“Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones en lo que a la insurrección armada se refiere, citando las palabras de Dantón, ‘el más grande maestro de táctica revolucionaria que conoce la historia: audacia, audacia y siempre audacia’.

“Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir: ofensiva simultánea, y lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado, ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Revel, de Cronstadt, ofensiva de toda la escuadra y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas contra 15.000 ó 20.000 hombres (quizá más), de nuestra ‘guardia burguesa’ (los alumnos de las escuelas militares), contra las tropas de nuestra ‘Vendée’ (una parte de los cosacos), etc.

“Combinar nuestras tres fuerzas principales, la escuadra, los obreros y las unidades militares, de tal moda que por encima de todo podamos ocupar y conservar cualquiera que sea el número de bajas que nos cueste: a) la Central de Teléfonos; b) la Central de Telégrafos; c) las estaciones ferroviarias, y d) los puentes, en primer término.

“Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras ‘tropas de choque’ y la juventud obrera, así como a los mejores marineros) y formar con ellos pequeños destacamentos destinados a ocupar los puntos más importantes y a participar en todos los sitios en las operaciones de más importancia, como por ejemplo:

“Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la escuadra, de los obreros y las tropas: he aquí una misión que requiere habilidad y triple audacia.

“Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y granadas de mano para atacar y cercar los ‘centros’ del enemigo (escuelas militares, Centrales de Telégrafos y Teléfonos, etc.) . La consigna de estos destacamentos debe ser: ‘antes perecer todos que dejar pasar al enemigo’.

“Hay que confiar, en que, si se acuerda la insurrección, los jefes aplicarán con éxito los grandes preceptos de Dantón y Marx.

“El triunfo de la revolución rusa y de la revolución mundial depende de dos o tres días de lucha”[5]

Esta carta fue escrita el 21 (8), y el 22 (9) Ilich estaba ya en Petrogrado; al siguiente día se celebró una reunión del Comité Central, en la que se aprobó la resolución, propuesta por él, de ir a la insurrección. Zinóviev y Kámenev se opusieron y exigieron que se convocara un pleno extraordinario del C.C. Kámenev declaró demostrativamente que se salía del C.C. Lenin pidió que se adoptasen contra ellos las sanciones de Partido más severas.

Derrotadas las tendencias oportunistas, se intensificó la labor de preparación de la insurrección. El 26 (13) de octubre, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado tomó la resolución de formar el Comité Militar Revolucionario. El 29 (16) se celebró una reunión ampliada del C.C. con representantes de las organizaciones del Partido. Aquel mismo día, en la reunión del C.C. se eligió el centro militar-revolucionario encargado de la dirección práctica de la insurrección, integrado por los camaradas Stalin, Sverdlov, Dzerzhinski y otros.

El día 30 (17), el proyecto de organización del Comité Militar Revolucionario fue aprobado no solo por el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, sino por el Soviet en pleno. Cinco días después, en una reunión de comités de regimiento se reconoció al Comité Militar Revolucionario de Petrogrado órgano dirigente de las unidades militares de Petrogrado y se mandó desobedecer las órdenes del Estado Mayor que no fuesen refrendadas con la firma del Comité Militar Revolucionario.

El 5 de noviembre (23 de octubre), el Comité Militar Revolucionario empezó a designar comisarios con destino a las unidades militares. El día 6 de noviembre (24 de octubre), el Gobierno provisional decidió mandar a los tribunales a los miembros del Comité Militar Revolucionario y arrestar a los comisarios destinados a las unidades militares, y ordenó presentarse en el Palacio de Invierno a los alumnos de las escuelas militares. Pero ya era tarde: las unidades militares habían tomado el bando de los bolcheviques, los obreros estaban por la entrega del Poder a los Soviets, el Comité Militar Revolucionario funcionaba bajo la dirección inmediata del C.C., la mayoría de cuyos componentes, entre ellos Stalin, Sverdlov, Mólotov, Dzerzhinski, Búbnov y otros, formaban parte del Comité Militar Revolucionario. La insurrección se extendía.

El 6 de noviembre (24 de octubre), Ilich continuaba alojado clandestinamente en la barriada de Víborg, en la residencia de Margarita Vasílievna Fofánova, miembro de nuestro Partido (la casa estaba en la esquina de las calles Gran Sampsónievskaya y Serdobólskaya, N° 92/1 apartamento N° 42). Sabía que se estaba preparando la insurrección y sufría por encontrarse alejado de la acción en un momento así. Me enviaba esquelas con Margarita, en las que decía que no se podía demorar la insurrección, para que yo les diera el curso correspondiente. Por fin, a la tarde fue a verle Eino Rajiá, un camarada finlandés que tenía contacto con las fábricas y con la organización del Partido, y le servía de enlace con la misma. Eino le contó que por la ciudad circulaban patrullas reforzadas, que el Gobierno provisional había dado la orden de abrir los puentes levadizos del Neva con el fin de desconectar los barrios obreros, y que en los puentes montaban guardia los soldados. Era evidente que se iniciaba la insurrección. I1ich hubiera querido que Eino volviera acompañado de Stalin, pero después del diálogo mantenido estaba claro que era casi imposible hacerlo, pues Stalin estaría a ciencia cierta en el Smolny en el Comité Militar Revolucionario; seguramente no funcionarían los tranvías y se tardaría mucho en llegar. Ilich decidió ir él en persona al Smolny sin demora. A Margarita le dejó una nota: “He marchado a donde usted no quería que fuese. Hasta la vista. Ilich”.

La barriada de Víborg estuvo armándose y preparándose para la insurrección aquella noche; grupo tras grupo llegaban los obreros al Comité de distrito del Partido por armas e instrucciones. Por la noche fui a ver a Ilich a casa de Fofánova y allí me enteré de que se había marchado al Smolny. Zhenia Egórova, secretaria del Comité de distrito del Partido de Viborg, y yo nos subimos a un camión que enviaban los nuestros al Smolny no sé a qué. Quería enterarme sí Ilich había llegado. No retengo en la memoria si lo vi en el Smolny o si me enteré simplemente que estaba allí, lo cierto es que con él no hablamos, pues estaba sumamente atareado con la dirección de la insurrección y, como siempre, al dirigir paraba mientes en todas las pequeñeces.

El Smolny estaba muy iluminado, parecía un hervidero. De todos los confines acudían por instrucciones guardias rojos, representantes de las fábricas y soldados. Tecleaban las máquinas de escribir; sonaban los teléfonos; nuestras muchachas, sentadas a las mesas, examinaban montones de telegramas; en el tecer piso, el Comité Militar Revolucionario estaba reunido permanentemente. En la plaza, delante del Smolny, había unos carros blindados con el motor en marcha, un cañón de 3 pulgadas y pilas de leña ante la eventualidad de levantar barricadas. A la entrada habíanse instalado ametralladoras y cañones, a las puertas se hallaban de guardia centinelas.

A las diez de la mañana del 25 de octubre (7 de noviembre) se entregó a la imprenta la proclama A los ciudadanos de Rusia, firmada por el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado, en la cual se comunicaba:

“El Gobierno provisional ha sido derrocado. El Poder del Estado ha pasado a manos del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado: el Comité Militar Revolucionario, que está a la cabeza del proletariado y de la guarnición de Petrogrado.

“La causa por la que luchaba el pueblo –la oferta inmediata de una paz democrática, la abolición de 1a propiedad terrateniente de la tierra, el control obrero en la industria y la formación de un Gobierno soviético– está garantizada.

“¡Viva la revolución de los soldados, de los obreros y de los campesinos!”[6]

Aunque era evidente que la revolución había triunfado, el 25 por la mañana continuaba la intensa labor del Comité Militar Revolucionario: ocupaba los edificios públicos uno tras otro, organizaba su custodia, etc.

A las dos y media se celebró una sesión del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. El Soviet acogió con tempestuoso júbilo la noticia de que existía el Gobierno provisional, de que habían sido detenidos algunos ministros y se detendría a los demás, de que había sido disuelto el Anteparlamento y ocupadas las estaciones ferroviarias, los edificios de Correos, Telégrafos y del Banco del Estado, de que se efectuaba el asalto al Palacio de Invierno. Aún no había sido tomado éste, pero su suerte había sido decidida de antemano y los soldados demostraban un heroísmo extraordinario; la revolución transcurría sin sangre.

El Soviet aclamó efusivamente a Lenin, que acudió a la sesión y pronunció un informe. No empleó palabras altisonantes con motivo de la victoria. Era ése un rasgo peculiar suyo. Habló de las tareas que se planteaban al Poder soviético, cuya realización había que emprender de lleno.

Dijo que había comenzado una nueva era en la historia de Rusia. Que el Gobierno soviético iba a realizar su cometido sin la participación de la burguesía. Que se publicaría un decreto aboliendo la propiedad privada de la tierra. Que se establecería un verdadero control obrero en la industria. Se desenvolvería la lucha por el socialismo. El viejo aparato del Estado sería destruido, demolido y se crearía un Poder nuevo, el Poder de las organizaciones soviéticas. Para ello contábamos con la fuerza de una organización de masas que podría con todo. La tarea inmediata consistía en concertar la paz. Para ello había que vencer al capital. Los proletarios de todo el mundo, entre los cuales se notaban ya síntomas de fermentación revolucionaria, nos ayudarían a concertar la paz.

Aquel discurso fue del agrado de los miembros del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. Sí, comenzaba una nueva era en nuestra historia. La fuerza de las organizaciones de masas es invencible. Se alzaron las masas y el poder de la burguesía cayó. Les quitaremos la tierra a los terratenientes, refrenaremos a los fabricantes y, lo que es más importante, obtendremos la paz. la revolución mundial acudirá en ayuda nuestra. Ilich tenía razón. Su discurso fue coronado por tempestuosos aplausos.

Por la tarde debía inaugurarse el II Congreso de los Soviets. En él se tenía que proclamar el Poder soviético y confirmar de una forma oficial la victoria lograda.

Llegaban los delegados, que inmediatamente emprendían una gran labor de agitación.

El Poder de los obreros debía apoyarse en los campesinos, debía atraérselos a su lado. Se consideraba que el representante de sus intereses era el partido eserista.

Los eseristas de derecha eran los ideólogos de los campesinos ricos y de los kulaks. Los eseristas de izquierda, ideólogos del pequeño campesino, eran los típicos representantes de la pequeña burguesía, con todas sus vacilaciones entre la burguesía y el proletariado. Natansón, Spiridónova y Kamkov encabezaban el Comité de Petrogrado del partido eserista. Ilich conocía a Natansón desde la primera emigración. En aquel período, en 1904, Natansón estaba cerca del marxismo, pero le parecía que los socialdemócratas menospreciaban el papel de los campesinos. Spiridónova era entonces muy popular. En el período de la primera revolución, en 1906, siendo una joven de 17 años, mató a Luzhenovski, verdugo del movimiento campesino de la región de Tambov; fue sometida a salvajes martirios y luego la condenaron a trabajos forzados en Siberia, donde permaneció hasta la revolución de Febrero. Los eseristas de izquierda de Petrogrado se encontraban bajo la poderosa influencia de las opiniones bolcheviques de las masas. Tenían con los bolcheviques mejores relaciones que otros. Veían que los bolcheviques luchaban en serio por la confiscación y entrega de todas las tierras de los terratenientes a los campesinos. Ellos opinaban que era necesario establecer un usufructo igualitario de la tierra, y los bolcheviques comprendían la necesidad de la transformación socialista de toda la agricultura. Pero Ilich consideraba que en aquel momento lo más importante era confiscar las tierras de los terratenientes, y ya enseñaría la vida el camino que habría de seguir la reorganización posterior. Reflexionaba acerca de cómo componer el decreto sobre la tierra.

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