Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 6/11/10

El atraco yanqui

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 6 noviembre 2010

Por Olmedo Beluche

Es sorprendente que en Panamá, la mayor parte de lo que podría llamarse “izquierda” repite los mitos históricos creados por la burguesía para justificar la “venta del Istmo” (palabras de Belisario Porras) ocurrida el 3 de Noviembre de 1903: llamar “independencia” a la separación de Colombia por las tropas norteamericanas; la instalación de un gobierno títere integrado por los agentes de la Panama Railroad Company, proclamando una “nueva república” que no era más que un “protectorado” (es decir colonia); la creación de la Zona del Canal en la cual Estados Unidos mandaba “como si fueran soberanos”, por efecto del Tratado Hay – Bunau Varilla firmado 15 días después.

Los hechos son tan abrumadores que basta calentar los sesos un poco para darse uno cuenta de las mil mentiras de que está plagada la leyenda dorada que repiten los medios de comunicación y los programas de estudio de nuestras escuelas. De la misma manera que la “izquierda” panameña carece de un proyecto político propio, incluso de un proyecto de país propio, carece de una interpretación propia de la historia nacional.

Los mismos prejuicios que llevan a muchos “izquierdistas” del patio a repetir los inveterados prejuicios conservadores sobre el matrimonio homosexual, o la despenalización del aborto, o la cuota electoral femenina, parecen operar en la mente de quienes repiten como papagayos los mitos históricos de la burguesía antinacional. ¿Habrá en ello cierto determinismo geográfico o climático que amodorra las conciencias? Porque la verdad está a la vista y sólo hay que leer un poquito.

Parte de tanta confusión se debe a la obra de los reformistas de izquierda (Ricaurte Soler o Diógenes de la Rosa o los teóricos del Partido Comunista) quienes creían que la lucha contra la presencia imperialista en Panamá debía ser fruto de un gran frente policlasista, en que los sectores populares y obreros marchaban de la mano de una inexistente “burguesía progresista o nacional”. Había que disfrazar de “patriotas” a los comerciantes que nos vendieron por unas monedas. Era la interpretación criolla de la teoría stalinista de la “revolución por etapas”.

La evidencia documental salta por todos lados: desde los escritos de la época, como de Porras y Pérez y Soto, hasta trabajos recientes como el de Ovidio Díaz, pasando por historiadores profesionales. Pero, por sobre todos los demás, destaca el panameño Oscar Terán, quien en 1934-35, publicó su libro “Del Tratado Herrán-Hay al Tratado-Bunau Varilla, historia crítica del atraco yanqui mal llamado en Colombia “La pérdida de Panamá” y en Panamá “nuestra independencia de Colombia””. Allí está todo, con abrumadoras y fehacientes evidencias fácticas. De modo que la ignorancia en esta materia es inexcusable.

Los especuladores de Wall Street y el Canal de Panamá

Oscar Terán dedica todo el primer tomo de esta obra, más de 400 páginas a probar con documentos lo que se insiste en negar: los actores centrales de los hechos de 1903 son un grupo de especuladores norteamericanos y franceses con fuertes intereses en la Compañía Universal del Canal de Panamá, luego Compañía Nueva del Canal, con estrechos vínculos con la Compañía del Ferrocarril de Panamá.

Evidencia recopilada por el abogado Oscar Terán de manera directa, ya que vivió los acontecimientos como político del Partido Conservador y miembro de la Cámara de Representantes de Colombia. Además de documentos extraídos del compendio denominado The Story of Panama, compilado en Washington a partir de diversos procesos judiciales que involucraron a Teodoro Roosevelt y al periodista Pulitzer, e incluso una serie de audiencias del Senado contra el ex presidente del Gran Garrote.

Los jueces del imperio registraron interrogatorios tanto a funcionarios y especuladores norteamericanos, como a los supuestos “próceres” panameños, que constituyen reales confesiones de los hechos.

Tratando de resumir en pocas líneas el asunto, la llamada “Compañía Francesa del Canal” (en sus dos momentos, “universal” y “nueva”) estuvo hermanada con la Compañía del Ferrocarril, de capital norteamericano. Un convenio de 1867, en su artículo 6, entre el gobierno colombiano y la Panama Railroad Co., le había otorgado a ésta el monopolio del tránsito entre ambos mares, lo que incluía la posibilidad de un canal. Para compensar este “derecho”, en 1881, la Compañía Universal del Canal, dirigida por Fernando de Lesseps, compró 68,887 acciones de la compañía del ferrocarril por 20 millones de dólares de la época, pese a lo cual la empresa siguió controlada por gerentes norteamericanos.

Parte del fracaso del la empresa francesa, que cerró operaciones en diciembre de 1888, se debió a sobreprecios especulativos que cobraron suplidoras y subcontratistas, y desvíos de dineros de los propios gerentes de la obra. Luego del escándalo en Francia, y el juicio contra sus administradores, se creó en 1894 la Compañía Nueva del Canal, que debía juntar el capital para terminar la obra, para lo cual obtuvo una prórroga que finalizaba en octubre de 1904.

Pero en realidad la Compañía Nueva actuó con dolo, pues nunca pretendió terminar la obra sino revenderla al gobierno de los Estados Unidos. Es más, la mayor parte del capital constitutivo no eran más que papeles y cuentas por cobrar de los mismos especuladores franceses (accionistas carcelarios o del Panóptico) que habían llevado a la quiebra la empresa original (Compañía Universal). Los únicos que pusieron capital real fueron pequeños ahorristas franceses que, al igual que en la primera empresa, serían estafados junto al estado colombiano (que poseía 5 millones de dólares de las acciones y que tenía derecho de cobrar la garantía si la obra no se terminaba, depositada en un banco londinense).

Para vender sus “derechos” la Compañía Nueva contrató (1894) al influyente abogado neoyorkino William Nelson Cromwell, representante de importantes sectores financieros de Wall Street, accionista y abogado de la Panama Railroad Co. y por ello también miembro de la Junta Directiva y abogado de la compañía francesa del canal.

Cromwell es el cerebro detrás de todos los hechos: convencer a las autoridades yanquis (Ejecutivo y Senado) de optar por el canal panameño, desechando la ruta de Nicaragua (preferida hasta ese momento), manipular y sobornar al gobierno y los negociadores colombianos de firmar un tratado que cediera la soberanía del canal a Estados Unidos (el Tratado Herrán- Hay) y, cuando este tratado fue rechazado por la opinión pública en Colombia y Panamá, montar la secesión del Istmo a partir de sus subalternos en la Compañía del Ferrocarril (entre ellos los “próceres” José A. Arango y Manuel Amador Guerrero).

Parte del asunto fue el “Plan de Americanización del Canal”, por el cual un grupo de especuladores norteamericanos, dirigidos por Cromwell, crearon una sociedad anónima en New Jersey, en 1899, denominada Panama Canal Company of America, modificada meses después por la Internacional Canal Co., que con un capital efectivo de 5 millones de dólares compró a través de un banco francés gran parte de las acciones de la Compañía Nueva que estaban en manos de pequeños tenedores que las vendieron a precios ínfimos por creer su inversión perdida.

Parte de los inversionistas norteamericanos eran poderosos empresarios, como el banquero Edwards Simmons,para quien trabajaba Cromwell, pero también participaron personas como Douglas Robinson, cuñado de Teodoro Roosevelt, y Charles P. Taft, hermano del secretario de guerra William Taft y futuro presidente de Estados Unidos, lo cual dio al asunto un tufillo de corrupción, que es lo que denunció el periodista Pulitzer en su diario The World.

El negocio fue redondo pues estos especuladores yanquis, junto a algunos socios franceses (como Bunau Varilla) tuvieron su parte de los 40 millones de dólares pagados por el gobierno de Roosevelt por los derechos de la Compañía Nueva del Canal.

Para entender fácilmente las intríngulis del negociado recomendamos el Capítulo 11 (¿Quén obtuvo el dinero?) del libro de Ovidio Díaz Espino El país creado por Wall Street. Historia no contada de Panamá, de Editorial Planeta, de fácil adquisición en muchas librerías del país.

William N. Cromwell fue el principal beneficiario de todo el negociado: como accionista del canal francés, como accionista de la compañía del ferrocarril y, para colmo, como cónsul y agente fiscal de Panamá en Nueva York por muchos años después de la separación, lo que le permitió manejar a su antojo parte de los diez millones pagados a la república ideada por él y que se quedaron en Estados Unidos bajo el eufemismo de “Fondo de la Posteridad”.

La confesión de Cromwell

Pero además Cromwell cobró 800 mil dólares a los franceses por sus servicios abogadiles, los cuales lo consideraron demasiado, forzando un juicio en el que éste tuvo que argumentar el alto precio de su factura. Terán reproduce el argumento (confesión) de Cromwell (Págs. 31 y 32):

“… en más de treinta años de activa y dilatada carrera profesional, la firma de “Sullivan y Cromwell” se había creado íntimas relaciones, susceptibles de ser aprovechadas ventajosamente, con hombre colocados en posiciones de poder e influencia en todos círculos y en todas partes de los Estados Unidos; y que no solo se hallaban los socios de la firma en pie de estrechas e íntimas relaciones… sino que habían llegado a conocer y a poder sobornar por la influencia a un número considerable de hombrespúblicos figurantes en la política, en los círculos financieros y en la prensa. Y todos estos prestigios y relaciones fueron de utilidad grande y a veces decisiva y un enorme auxiliar en el descargo de sus deberes profesionales para con el asunto de Panamá… Ni sería posible ni quizás conveniente detallar y enumerar los modos y maneras innumerables con que fueron aprovechados en dicho asunto nuestra posición influyente y nuestro poder… la que contribuyó substancialmente al resultado obtenido y la que nos permitió, durante los críticos trances que atravesó este gran negociado, apartar lo que en varias ocasiones pareció el golpe de gracia de la empresa de Panamá, y cambiar en victorias decisivas los casos más desesperados”.

A confesión de parte… relevo de pruebas.

Los hombres de Cromwell en Panamá

Más adelante (Pág. 340) continúa Cromwell:

Siendo como era yo abogado general de la Compañía del Ferrocarril lo mismo que de la del Canal, había mantenido durante diez años estrechas relaciones profesionalescon personas de influencia en el Istmo. Aprovechéme de su interés y celo, para suscitar o sacar de la nada (to crate) la actividad de esas personas en apoyo del Tratado, la que se fue manifestando porpeticiones a Bogotá y por otros medios a su alcance. Yo tenía a esos señores constantemente informados del estado de las cosas y ellos, por su parte, me tenían perfectamente enterado de la situación en el Istmo; yo me mantenía en la más cerrada intimidad con ellos y ellos a su vez contaban conmigo y se fiaban a mi dirección” (Tomado de The Story of Panama, pág. 281).

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La Marcha Mundial de las Mujeres en el Sur de Kivu

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 6 noviembre 2010

Por Colette Braeckman

Las congolesas han demostrado, sin duda, que hace tiempo que se han puesto en pie y que están en camino, que nunca han dejado de luchar por sus derechos y su dignidad. Y en Bukavu han descubierto que no están solas en esa lucha

La Marcha Mundial de las Mujeres acaba de realizar este mes de octubre una experiencia singular de diplomacia popular y de solidaridad internacional. Miles de mujeres han viajado hasta la provincia del Sur de Kivu, en el oriente de la República Democrática del Congo, para decir basta a las violaciones masivas, a la guerra alimentada por el expolio mercenario de sus riquezas minerales y a las intervenciones militares de todos los ejércitos y milicias de la región. Pocos días antes se había hecho público el informe de la Comisión de Investigación de Naciones Unidas sobre los crímenes cometidos en la región como continuación del genocidio ruandés y la llegada de milicias y refugiados hutus, perseguidos por el ejército de mayoría tutsi.

 La movilización de las mujeres altermundialistas de la Marcha ha servido de catalizador para que las mujeres de la región y todo el Congo hayan adquirido de nuevo el protagonismo de su lucha contra la violencia de género sistemática que padecen. Reproducimos aquí dos crónicas de la conocida periodista belga Colette Braeckman, que ha acompañado a la Marcha Mundial de las Mujeres en el Sur de Kivu. SP-Madrid

1 Homenaje a las mujeres mártires de Kivu

A lo largo de la carretera de Bukavu a Mwenga, un territorio en el corazón del Sur de Kivi, las concentraciones de aldeanos no recuerdan haber visto antes una caravana de coches semejante, con tal número de extranjeros juntos. Y sobre todo, en este territorio minero que es una especie de Far West tropical, más frecuentado por los soldados y los aventureros que por los altermundialistas, nadie recuerda haber oído jamás hablar de solidaridad, de justicia, de reparación…

Aquí, a cuatro horas de Bukavu por pista de tierra, las participantes de la Marcha Mundial de Mujeres han venido a hacer un minuto de silencio en este santuario del martirologio congolés, ante un futuro monumento cuya primera piedra han depositado, en homenaje a las trece mujeres y dos hombres que fueron enterrados aquí en octubre de 1999 tras ser arrojados a la fosa y cubiertos lentamente por los paletadas de tierra.

En la muchedumbre que se apelotan bajo la lluvia para ver a todos estos blancos, todos esos funcionarios, entre ellos la Ministra de Igualdad y la Infancia, que colocan la primera piedra de una futura casa de mujeres, se encuentra Machozi Asoni, de 60 años. Erguida, llena de arrugas, la mirada penetrante y la memoria intacta. Se acuerda de todo, porque estaba allí cuando los militares, a comienzos de octubre de 1999, invadieron el barrio: “buscaban brujas, a mujeres que fabricaban el gris gris para los Mai Mai” (los gris gris son unos amuletos que se cree hacen invulnerables a los combatientes angoleños, a los chicos de las aldeas que se oponen a la presencia de las fuerzas ruandesas). “La víspera, una joven que vivía con el jefe de los soldados había enfermado y había acusado a las mujeres de haberla maldito con un conjuro…”.

Machozi cuenta como siete mujeres, sus vecinas, fueron detenidas como escarmiento para las demás: “los militares rebeldes de la época, el RCD Goma (Unión Congolesa para la democracia, a las ordenes de Ruanda) las fueron a buscar, las golpearon y las arrojaron a una celda. Poco después capturaron a seis mujeres más y a dos hombres, igualmente sospechosos”.

La prisión sigue allí, con sus muros desteñidos por la lluvia y manchados de ese lodo rojo al que se pegan las semillas. Debajo de la escalera se ve una especie de fosa llena de agua: “Es ahí”, dice Machozi, “donde arrojaron a las mujeres, es ahí donde las tuvieron en cuclillas varios días. Oíamos sus gritos y lamentos, porque las habían golpeado en la cabeza con palos y las habían herido con las bayonetas. Antes de echarlas al agua, habían arrojado sal y los militares habían cubierto a las mujeres de pili pili y las habían abierto las vaginas con cuñas de madera para meterles dentro pimientos picantes…”

Otras dos mujeres interrumpen, se trata de Angelina Bibiha y Naluwinja Andropine, que también recuerdan: “las mujeres todavía estaban vivas cuando las sacaron de la cárcel. Las empujaron hasta el centro de Mwenga, totalmente desnudas, heridas, aunque todavía caminaban. Habían cavado una gran fosa en el suelo y las obligaron a bajar. Los militares comenzaron a arrojarles encima paletadas de tierra y las fueron enterrando mientras lloraban y gritaban de angustia…” Todos los habitantes de Mwenga asistieron al suplicio, pero las mujeres insisten: “en el gentío nadie se movió, ni un grito de protesta, ni una lagrima, los militares amenazaban con disparar al menor ruido. Decían que nos debía servir de lección, que no debíamos ayudar a los Mai Mai, nuestros hijos que luchaban contra los invasores llegados de Ruanda…”

En el descampado enlodado que debía de servir como pista de aterrizaje para los helicópteros que jamás llegaron por las lluvias torrenciales, una muchedumbre compacta se arremolina detrás de pancartas que reclaman justicia, la partida de los militares, reparación de los daños. En uno de los cartelones, que portan los “huérfanos de Mwenga” hay unos nombres pintados en rojo, los de los asesinos de las mujeres: Kasereka (probablemente un apodo), que era entonces el comandante militar, originario del Norte de Kivu, Ramazani, un soldado de Uvira, y su jefe, Amisi Tango Tour. Los dos primeros, nos dicen, “se esconden en las filas del ejercito congolés”. El tercero, Gabriel Amisi, ha ascendido como premio: hoy es comandante en jefe de las fuerzas de tierra. Todos ellos eran entonces auxiliares de una Ruanda que quería controlar el este del Congo.

Gracias a los acuerdos de paz de 2002, hoy se han integrado en las fuerzas gubernamentales y, en algunos casos, han cambiado de nombre. Por eso en Mwenga desconfían del ejército. “Algunas caras, nos hacen temblar” dicen Machozi y las otras mujeres…

Dando brincos por los baches de la pista de tierra roja durante horas, una pista escurridiza como si fuera de jabón, las delegaciones de la Marcha Mundial de Mujeres, van descubriendo, aldea tras aldea, las planicies abiertas del Congo: colinas desiertas, que hoy todavía ocupan los rebeldes humus que todavía saquean y matan cuando tienen la oportunidad, las aglomeraciones sobre pobladas donde se han refugiado los civiles expulsados de sus campos, toda esa gente que grita, que se abalanza pidiendo que se les ayude. Las mujeres tienen que hacer frente a una multitud de crímenes impunes: en Kasika, los aldeanos han bloqueado la carretera para explicar a la caravana como, el 24 de agosto de 1998, su Mwami (rey tradicional de los Bashi) fue asesinado en la Iglesia, como su mujer, embarazada de gemelos, fue abierta en canal sobre el altar, como fueron masacrados los curas y sus fieles.

En estos campos del Sur de Kivu, las violaciones y los asesinatos continúan y los aldeanos denuncian las operaciones militares en curso: los rebeldes de vengan de nosotros, los militares nos roban, la guerra nos impide cultivar la tierra…”

El domingo, miles de mujeres venidas de América, Europa y toda Africa (a excepción muy significativa de Ruanda) se reúnen en Bukavu. Depositan flores en un modesto memorial creado por las refugiadas de la guerra y, sobre todo, atraviesan el poblado cantando, gritando su solidaridad y reclamando justicia y reparación para sus hermanas congolesas. A Mwenga, la coordinadora local de la Marcha resume el sentimiento general y agradece a las mujeres del mundo entero haber hecho semejante viaje: “durante mucho tiempo, cuando contábamos los horrores que hemos padecido, temíamos que no nos creyeran. Hoy habéis visto y escuchado…”.-  17 de octubre del 2010

2 ¿Hasta cuando retumbaran los gritos de las mujeres de Bukabu?

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Algunos datos sobre la barbarie capitalista en el mundo de hoy

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 6 noviembre 2010

Población mundial: 6800 millones, de los cuales
* 1020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)
* 2000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)
* 884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)
* 924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)
* 1600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)
* 2500 millones sin sistemas de dreanajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)
* 774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)
* 18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)
* 218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006).

* Entre 1988 y 2002, el 25 % más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1.16 por ciento al 0.92%, mientras que el opulento 10% más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71.1 % de la riqueza mundial. El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.

* Ese solo 6.4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70 % de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y

2002 del 10 % más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate a la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social.

Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”, es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado.

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