Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Cultura basura

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 noviembre 2010

Por Carlo Frabetti

Alaska, Albert Boadella, Gustavo Bueno, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Escohotado, José Luis Garci, Luis Racionero y Fernando Savater, entre otros, han firmado un manifiesto de apoyo a Fernando Sánchez Dragó a raíz de las críticas de que este ha sido objeto por alardear, tanto literaria como literalmente, de sus relaciones sexuales con niñas.

      ¿Qué tienen en común los defensores y el defendido, amén de su rentable oficio de payasos del circo de la cultura? Bastantes cosas. Por ejemplo, su derechismo flagrante, su condición de mediocres encumbrados o el hecho de que la mayoría de ellos, si no todos, defienden abiertamente las corridas de toros. Pero de igual modo que sería tendencioso establecer una relación directa entre la pederastia y la tortura de animales (más allá de la evidente relación que hay entre todas las formas de crueldad y abuso), no lo sería menos convertir a Sánchez Dragó en chivo expiatorio de una degradación ética y estética cuyos responsables, cómplices y beneficiarios notorios se cuentan por docenas. Que nadie se rasgue las vestiduras ante la incontinencia del patético viejo verde oficial de la derechona, porque si él y sus no menos patéticos defensores (entre los que hay dos ex directores de la Biblioteca Nacional y dos filósofos institucionales) están donde están y pueden decir públicamente lo que dicen, es porque un amplio sector de la sociedad -y lo que es más grave, del mundo de la cultura y de los medios de comunicación- les ríe las gracias desde hace décadas (no hay que olvidar que el propio Sánchez Dragó se hizo rico y famoso con Gárgoris y Habidis, una delirante “historia mágica de España”, en la estela del “realismo fantástico” de Pauwels y Bergier, por la que la crítica seria lo calificó de fascista, confusionario y analfabeto).

      Pero si convertir a Sánchez Dragó en chivo expiatorio sería claramente tendencioso (no hay más que ver quiénes piden su cabeza), pretender erigirlo en mártir de la libertad de expresión es sencillamente grotesco (el antes aludido manifiesto de apoyo se titula nada menos que Contra la quema de libros); tan grotesco como lo fue, no hace mucho, intentar convertir a Garzón en un mártir de la democracia y el antifranquismo. Hitler era vegetariano, pero para defender la noble causa del vegetarianismo no es necesario ensalzar al Führer.

      En Política basura (www.kaosenlared.net/noticia/politica-basura) intenté señalar recientemente los paralelismos y sinergias entre la degradación de la televisión, la de la comida y la de la política. Y dado que la cultura lo abarca todo, parecía redundante hablar también de cultura basura. Pero puesto que, en sentido restringido, se entiende por cultura el conjunto de las actividades literarias y artísticas, no está de más señalar que también en ese terreno supuestamente “elevado” se observa la misma degradación galopante.

      Tras la farsa de la “transición”, los poderes establecidos -los mismos de antes, los mismos de siempre- comprendieron que era más fácil comprar a los intelectuales que reprimirlos, y además salía más barato. Desde entonces, los grandes grupos mediático-culturales y sus partidos políticos asociados han ido creando y promocionando sus respectivas cuadrillas de escritores, periodistas, cineastas, cantantes, etc., a la vez que condenaban a la invisibilidad a los pocos y pocas que no se dejaban comprar. Que nadie se sorprenda, pues, ante las vilezas y zafiedades de los bufones de uno y otro bando, de una y otra banda (cada vez más semejantes, a menudo indistinguibles): a pesar de sus ocasionales patinazos, se limitan a desempeñar dócilmente el papel que les ha sido asignado en esta siniestra corte de los milagros de la que todos somos, como decía Sartre, medio cómplices y medio víctimas.

      Aunque habría que matizar lo de medio y medio, no vaya a ser que se entienda en el sentido literal de un reparto al cincuenta por ciento entre la complicidad y la victimidad (no confundir con el victimismo). Porque algunos son mucho más cómplices que víctimas y otros son mucho más víctimas que cómplices. Y a los segundos no hace falta protegerlos contra la quema de libros, como al pobre Sánchez Dragó, porque, para evitarles problemas, no se les deja publicar lo que escriben. Si es que tan siquiera pueden llegar a escribir o a decir lo que piensan.

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