Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Sahara Occidental: treinta y cinco años de pesadilla

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 18 noviembre 2010

Por Juan Soroeta Liceras (Profesor de Derecho Internacional Público-Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea)

El pasado día 5 de noviembre tuve la oportunidad de acudir junto a otros juristas y representantes de la sociedad civil de diferentes países al juicio que se desarrolla ante los tribunales de Casablanca contra siete activistas saharauis de los derechos humanos. El objeto de nuestra presencia en condición de observadores internacionales era comprobar in situ el respeto por el poder judicial marroquí de las garantías procesales que deben asistir a todo procesado. En pocas palabras esto fue lo que ocurrió: al proclamar los activistas nada más entrar en la sala de juicios “Viva la lucha del pueblo saharaui” los abogados marroquíes, arengados por la policía “secreta”, se lanzaron sobre ellos, y ante la mirada complaciente de los jueces y horrorizada de los observadores, les propinaron una salvaje paliza a base de patadas, puñetazos… y mordiscos; luego les tocó el turno a los periodistas españoles, y más tarde a los observadores, que tuvimos más suerte, porque “solo” estuvimos retenidos durante dos horas después de recibir todo tipo de amenazas y algún que otro golpe. Este es un simple botón de muestra de los “importantes avances en materia de derechos humanos” experimentados en los últimos tiempos en Marruecos, que celebra continuamente el Gobierno español.

Desde principios de octubre, más de 20.000 saharauis montaron un campamento a 15 kilómetros de la capital de El Aaiún, la capital del antiguo Sahara Español, para protestar contra la ocupación marroquí del territorio y sus consecuencias. La semana pasada el ejército marroquí puso fin a esa protesta sembrando de fuego, pánico y víctimas el campamento (su número cierto, sin duda desgraciadamente elevado, se desconoce aún dado el cerco informativo impuesto por el Gobierno), y acentuando la represión en todo el territorio saharaui ocupado, donde las violaciones masivas de los derechos humanos (torturas, desapariciones, violaciones de hombres y mujeres) eran ya antes de estos hechos una práctica diaria, pero en el que ahora, sometido al toque de queda, el ejército marroquí tiene las manos libres para actuar aún con más impunidad.

Tras la ocupación del territorio por la Marcha Verde en 1975, el pueblo saharaui llevó a cabo una guerra de liberación nacional amparada por el Derecho Internacional durante más de tres lustros. En 1991 aceptó sustituir las armas por las urnas, confiando a las Naciones Unidas la confección del censo para el referéndum. Ese censo ya fue concluido hace años. Sólo falta que la ONU decida imponer la celebración del referéndum y la aceptación del resultado a las partes mediante una resolución del Consejo de Seguridad. Pero Marruecos conoce perfectamente que el resultado de un eventual referéndum será la independencia del territorio, y su incondicional aliado francés ejerce el derecho de veto que le reconoce la Carta de la ONU impidiendo esta posibilidad. Mientras esto sucede, pese a su responsabilidad en la génesis y el desarrollo del conflicto, nuestro país justifica sin pudor su inmoral pasividad con razones “de interés nacional” que, según parece, deben prevalecer sobre el respeto de los derechos humanos. El Gobierno, siguiendo el ejemplo de los que le precedieron, viola el Derecho Internacional, escudándose en una presunta política de “neutralidad activa”, solo traducible como parcialidad activa promarroquí: quien no está del lado de la aplicación del Derecho no es neutral, sino que toma partido por quien lo viola.

La situación actual no puede mantenerse mucho tiempo más. La paciencia de la población, tanto la de los refugiados como la de quienes viven en su tierra sometidos a la represión marroquí, empieza a dar señales de agotamiento. El campamento desmantelado es tan solo una prueba de ello. Las protestas se extienden por todo el territorio y van a ser muy difíciles de parar. La historia de la descolonización es la historia de la lucha de los pueblos sometidos hasta conseguir expulsar al invasor de su territorio, lucha acompañada casi siempre de sangre, y el pueblo saharaui lo sabe. Si finalmente se le impide decidir libremente su futuro mediante un referéndum de autodeterminación, tal y como establecen las resoluciones de las Naciones Unidas, nadie le podrá acusar de no haber explorado todas las vías pacíficas imaginables para poner fin a su sufrimiento.

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