Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Julio Verne el más desconocido de los hombres (SE ANEXAN LIBROS Y VIDEOS PARA DESCARGAR)

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 8 febrero 2011

                                                                Un escrito pensando en la bella poeta Daniela Moreno Urdaneta 

                                                                   

  Infancia y juventud (1828 – 1847)

 

Una ciudad portuaria

 

 Nantes, es una ciudad francesa de origen bretón, que a inicios del siglo XIX, era uno de los más importantes puertos de Francia; en sus muelles atracaban goletas y bergantines dedicados al tráfico de tejidos y especias con las colonias galas de América Central. Pero el comercio también enseñaba allí su otra cara: el rigor de los libros mayores, la rutina disciplinada de las oficinas de embarque, la gravedad de las transacciones bancarias, en otras palabras, el orden. Los comerciantes coloniales de Nantes se enriquecieron a tal punto, que se convirtieron en dueños de veleros sobre el río Loira y de viviendas en las Antillas. Su opulencia era casi fabulosa, y las gentes del puerto les llamaban «plantadores de Santo Domingo», cuyas cuantiosas fortunas se habían cimentado básicamente sobre el trabajo, el sudor y la muerte de sus esclavos negros en las plantaciones de caña de azúcar.

 

Una isla en medio de un río

 

 En 1723, ochenta de estos comerciantes se dispusieron a adquirir un islote arenoso prácticamente deshabitado, enclavado en el río Loira cerca de su desembocadura al mar Atlántico, en pleno corazón de la ciudad. Su único habitante el molinero Grognart, protestó y así obtuvo un buen precio por su molino. Feydeau de Brou, intendente de Bretaña, ratificó el acta de cesión y bautizó la isla con su nombre. Luego que, por medio de pilotes y de un piso de maderas exóticas, creyeron fijar para siempre este suelo aluvionario, los compradores levantaron, para su único uso, ochenta lujosas casas, repartidas en ocho bloques regulares, a lo largo de una calle central, la calle Kervegan. Estas moradas, a las cuales el desnivel de su subsuelo acuático ha hecho perder la vertical, se ornaron de balcones labrados, cariátides de estilo clásico y local, tapicerías y otras maravillas.

Los grandes hombres de negocios, vivían exclusivamente entre ellos en aquella especie de ciudad privada. En las noches de verano se les veía ir y venir en el jardín triangular de aquella Pequeña Holanda, conversando de sus negocios, de la blanca azúcar y de los bosques de ébano, bajo los balcones del voluptuoso marqués de la Villestreux, supremo potentado de la isla. Las guerras napoleónicas, el derrumbe de la Compañía de Indias, el Tratado de París, la rebelión de los negros que daría origen a Haití, y la abolición de la esclavitud, arruinaron y dispersaron a los plantadores de Santo Domingo. La isla Feydeau se vio, poco a poco, abandonada por sus primeros dueños. Las crecidas del río Loira obligaron a levantar el nivel del suelo, mientras que las antes señoriales banquetas comenzaron a poblarse de puestos populares. Más tarde, los nuevos habitantes, ansiosos de amueblarse al gusto del día, vendían las reliquias del gran pasado. Las casas, los muebles y las demás riquezas pasaron a manos de los miembros de las profesiones liberales. En la actualidad, la isla Feydeau, víctima del urbanismo, ha desaparecido, a causa de las constantes crecidas del río Loira y a la naturaleza precaria de su suelo.

 

Nacimiento

 

 En el otoño de 1825, en la época en que la isla Feydeau se mantenía aún anclada como un barco al Loira como si se dispusiera a zarpar de un momento a otro, un joven abogado, procedente de la ciudad de Provins, se convirtía en un habitante de aquel distrito insular. Su nombre era Pierre Verne. Había realizado sus estudios de leyes en París y con el fruto de sus ahorros acababa de comprar el bufete de abogado del maestro Paqueteau. Por aquel entonces quedó prendado de una paseante encantandora de la isla, a la cual pidió volver a ver. Desde ese momento ambos corazones se aproximaron y no se alejarían ya. Dos años después, el 19 de febrero de 1827, contrae matrimonio con aquella joven: Sophie Nanine Henriette Allotte de la Fuÿe, descendiente de una familia de origen bretón y escocés, compuesta por marineros y gente de letras.

Los registros del Ayuntamiento de Nantes y los de la Parroquia de Santa Cruz mencionan que: «Pierre Verne, hijo de Gabriel Verne, juez de Provins, y de la señora Masthie Prévost, se casó con Sophie, hija de Jean Louis Augustin Allotte de la Fuÿe y de la señora Marie-Sophie Adélaïde Guillochet de la Perrière domiciliada, como sus padres, en la calle Olivier-de-Clisson, isla Feydeau». Por los escasos medios económicos del joven abogado, el nuevo matrimonio burgués, debió de instalarse en la casa de los padres de Sophie, en la isla Feydeau. En esta isla urbana, nacería el 8 de febrero de 1828, el primer hijo de esta unión, al cual le dieron el nombre de Jules, Julio, por recomendación de su abuelo paterno Gabriel, quien hizo un largo viaje desde Provins, donde era magistrado, hasta Nantes, para asistir al día del bautizo de su nieto. Aquel día, Pierre Verne anunció que su hijo sería también abogado, y que se haría cargo de su bufete cuando él muriese.

El nacimiento del niño en la casa de la abuela materna, decidió a los padres de Julio, buscar un nuevo hogar, instalándose ahora en el número 2 del muelle Bart, muy cerca del despacho del flamante y ambicioso procurador Pierre Verne. Después del nacimiento de Julio, le seguirán el de Paul en 1829, Anna en 1836, Mathilde en 1839 y Marie en 1842, quedando así conformada la familia Verne, por los padres, dos hermanos y tres hermanas.[1]

El origen de los Verne y de los Allotte

El apellido paterno Verne, lleva la semilla de los celtas, y eso los hace inquietos y viajeros y pueda que de sangre real. El nombre de Verne o Vergne equivale al de aulne en celta, siendo este el nombre de un pequeño árbol que crece en Europa central.

El apellido materno Allotte es de origen escocés y data en Francia desde la llegada a ese país de un tal Allott junto con la guardia escocesa del rey Luis XI. Los servicios del esforzado Allott debieron de ser tan nobles, que el monarca tuvo a bien concederle el «derecho de la Fuÿe». Tal privilegio real le autorizaba la construcción de un palomar, y el arquero escocés levantó su castillo, aportando al clan una nobleza regalada, naciendo así Allotte, señor de la Fuÿe, estableciéndose en Loudun. Pero ya en el siglo XIX, el nombre de la Fuÿe, como el de sus parientes, los de la Celle de Châteaubourg y los Du Crest de Villeneuve, revelaban las preocupaciones nobiliarias de una burguesía cuyo triunfo sobre la nobleza era aún reciente.

Una familia burguesa

Pierre, por su condición de hijo y nieto de abogados, era un representante del mundo burgués. De apariencia severa y autoritaria, veneraba la posición social basada en el poder económico, culto al dinero, seriedad, amor al orden, pragmatismo, dogmatismo religioso y un respeto maníaco por la puntualidad, la exactitud y la disciplina; sin embargo, no se le debe considerar como a un padre frío o distante. Sus familiares lo recuerdan como una persona afectuosa, de inteligencia curiosa, algo poeta, amante de la conversación y apasionado de la música. Julio mantendrá con él relaciones ambiguas, que siempre se moverán entre la rebeldía y el respeto. Sophie Allotte, la madre, era una mujer emparentada con una de esas antiguas y arruinadas familias de armadores y marinos. Ella aportaba a aquel nuevo hogar el calor, la fantasía y la sensibilidad artística. Su pariente, el pintor Françisque de la Celle de Châteaubourg, buen amigo y retratista del escritor Chateaubriand, será quien cuente a los niños las primeras historias literarias. Otro familiar, el tío Prudent, un antiguo armador de buques, que Julio Verne recordará con cariño, llenará con sus nostalgias y remembranzas marinas la mente de los infantes. Julio le dará años después su nombre a uno de los personajes de su novela Robur el Conquistador.

Una revolución popular

En 1828, cuando Julio Verne vino al mundo, detentaban el poder en Europa una serie de monarquías absolutas, que, tras la derrota de Napoleón en 1815, intentaron aniquilar los frutos que la revolución francesa de 1789 había producido. Pero el resultado final de aquella revolución que abrió la Edad Contemporánea, es decir, el paso al poder político, social y económico de la burguesía, podía ser obstaculizado, mas no detenido.

En 1830, la presión social derriba a Carlos X, el último monarca Borbón de Francia, que pretendía gobernar en forma absolutista, y pone en su lugar a Luis Felipe de Orléans, «el rey burgués». El bueno de Luis Felipe, sería al comienzo un rey muy popular gracias a sus inclinaciones democráticas y su sencillez, dando inicio a la Edad de Oro de la burguesía, que, bajo el lema «enriqueceos» acumulará grandes fortunas, merced a sus actividades mercantiles y empresariales. De él dependerán los destinos de Francia, durante la niñez y juventud de los hermanos Verne.

La pasión por el mar y los viajes

El pequeño Julio y su hermano Paul, vivieron su infancia en la Nantes provinciana y marítima de la época, sus primeros recuerdos serían pues, los veleros y las gabarras que subían y bajaban por el río Loira y el hermoso puente que unía las dos riberas, delante mismo de su casa, en la ancha y sucia calle Kervegan.

El caserón de sus abuelos maternos era muy grande y viejo, en los desvanes se podían encontrar objetos raros y retratos de marineros barbudos, que a los hermanos Verne les llamaba la atención. Pudieron compartir además la fascinación por la correspondencia de sus antepasados que encontraban dentro de los cofres ubicados en los desvanes del caserón; en aquellos legajos se hablaba de tierras y mares lejanos, relaciones de productos exóticos y de noticias de mundos misteriosos apenas explorados. No es difícil comprender que, criados en este ambiente de comercio fluvial y rodeados de recuerdos marítimos por parte de su familia materna, los inseparables hermanos quisieran ser marineros, para embarcarse rumbo a tierras desconocidas y vivir en ellas las más emocionantes aventuras. De los dos, sólo Paul podrá realizar el sueño de ser marinero, sueño vedado a Julio que, como hijo primogénito, estará obligado a seguir la carrera de Derecho, para hacerse cargo del bufete paterno. Paul llegará a convertirse en el gran colaborador de Julio Verne en sus novelas, por sus aportes en el conocimiento de las artes marinas.

Un antepasado de la familia Verne, François de la Perrière, fue un distinguido explorador de las regiones boreales y se le menciona con frecuencia en las tertulias familiares, sobre todo en aquellas a las que asiste el tío Alexandre Allotte, armador de barcos de Nantes, y cuya conversación gira naturalmente alrededor de los viajes y riesgos de las empresas navieras que patrocina. Ese mundo alucinante de viajes, aventuras y maravillas técnicas contrasta con la monótona vida del tranquilo hogar de los Verne.

 

La etapa parisina (1848 – 1865)

 

París y sus peligros

 

Los estudios de Derecho podrían reanudarse en París, pero cuando se disponía a partir a inicios de 1848, estalló la revolución, o mejor dicho, el movimiento revolucionario que se extendió por gran parte de Europa entre 1848 y 1849, trayendo consigo la aparición de una nueva fuerza social: el proletariado. En la capital, la prensa denunciaba la corrupción del régimen de Luis Felipe, quien se había ido alejando cada vez más, de los sentimientos y necesidades del pueblo, para convertirse en un gobernante autócrata. En vista de tantos abusos, el pueblo de París protestó, se agitó, y se lanzó al motín y a la revuelta. La desazón general era grande en la ciudad, y la confusión y el desorden imperaban por todas partes.

A causa de la revolución, la madre de Julio Verne se negó a su partida, pues teme por su seguridad, y para el colmo de males, la severa tía-abuela Charrüel, aterrorizada por los disturbios y barricadas, había escapado a sus propiedades de Chartredde. Pero estaba su tío Paul Garcet, profesor de letras y matemáticas. Su padre se contacta con él y asegura la segunda estancia de Julio en París. La solución le agradó, pues las relaciones con su primo Henri, hijo de Antoinette Verne, hermana de su padre, y de Paul Garcet, eran entrañables.
El partir por segunda vez a París a seguir rindiendo exámenes de Derecho era para Julio una forma de ahorrarse el espectáculo de la boda execrable de su prima; por otro lado hizo una solemne promesa a su amigo Aristide Hignard, oriundo de Nantes y siete años mayor que él, con el que convivirá de 1851 a 1855, trabajando juntos en cuatro óperas cómicas. Por esa época Hignard proseguía con éxito sus estudios en el conservatorio de París y le solicitaba a Verne su presencia en París y en una carta le responde: «Me voy, puesto que no me han querido, pero unos y otros verán de qué clase de madera está hecho este pobre muchacho llamado Julio Verne».

Ya al regreso, la confirmación de la noticia de la consumación de la boda lo vuelve a entristecer, convirtiendo sus noches en pesadillas, imaginando a su amada en los brazos de otro. Los tres meses que permaneció entre Nantes y Chantenay antes de su definitiva partida hacia París, fueron realmente de tristeza y asfixia, pues al permanente dolor del desprecio de Caroline, se suma la nueva negativa de su padre ante un nuevo intento de Julio por permitirle ser marino al igual que su hermano. Estaba dispuesto que sería abogado, pero en el interior de Julio Verne se van trazando nuevos rumbos, el teatro que le fascina tiene su capital en París, así que sus estudios de Derecho se convertirán en la coartada perfecta.

El 10 de noviembre de 1848, Julio parte definitivamente a París, no sin antes jurar, que no tomará parte de las barricadas políticas; lo hace en diligencia acompañado de su amigo Édouard Bonamy para cursar sus estudios de Derecho, conforme lo ha dispuesto la voluntad de su padre. Bonamy al igual que Julio, estudiaría Derecho; así, ambos amigos compartirán viaje, techo y universidad. Bonamy tenía veinte años también, era romántico y amante de la libertad, conviertiéndose en el compañero ideal. Al mismo tiempo que Julio partía para la capital francesa, su hermano Paul se embarcaba rumbo a las Antillas.
La llegada a París del futuro escritor, coincide con la presentación de la Constitución Republicana, redactada por Lamartine, el genio romántico de la época, en la Plaza de la Concordia. Aún con el ambiente político un tanto caliente, los dos jóvenes deciden instalarse en una modesta habitación del Quartier Latin o Barrio Latino, en la rue de l’Ancienne-Comédie N° 24, dado que sus familiares se encuentran fuera de París por los temores causados por la revolución.
A pesar de lo incómodo de su situación, no desperdiciará la libertad que le ha concedido su padre, para aprovecharla en beneficio de sus propios intereses. Julio Verne le escribe acerca de su situación y éste toma la decisión, de enviarle lo estrictamente necesario para sus gastos, a fin de que no se pervirtiese, en una ciudad donde no lo podía controlar.

La revolución ha terminado, Luis Felipe no pudo sostener más su inestable trono, iniciándose la Segunda República, bajo el gobierno de Napoleón III. Julio nunca se dejó arrastrar por el torbellino político, siempre se mantuvo al margen de los acontecimientos, asumiendo el papel de un simple espectador, una actitud que mantendrá durante toda su vida.

Vida bohemia

Pasado el momento de las barricadas, los adoquines vuelven a su sitio y el remozado París se convierte en el foco literario más importante de Europa. Es entonces que el joven estudiante provinciano se lanza al descubrimiento de la capital apenas entrevista en sus primeras estancias, gozando de su recién adquirida libertad. Pero más que las calles, plazas y bulevares de la gran ciudad, son las librerías las que ejercen sobre él extraordinaria fascinación. Una gran constelación de estrellas brilla en sus escaparates: Balzac, Stendhal, recientemente desaparecido, Dumas, Victor Hugo, George Sand, Flaubert, Gautier, Musset, Lamartine, Merimeé, entre otros.

En el Barrio Latino, Julio Verne trabó conocimiento con el pintoresco y bullanguero mundo de la estudiantina internacional que allí se reunía, frecuentando con asuidad, las tertulias y cenáculos literarios, donde empezó a dar pruebas de su talento. Sus estudios de Derecho, realizados por puro respeto a su padre y a la familia de éste, pero sin la menor vocación, fueron grises y escasamente provechosos. Pisaba la Facultad de Derecho de La Sorbona contadas veces en la semana, dedicando mucho más su tiempo a leer y escribir teatro, que a estudiar su carrera, pues el joven estudiante de leyes, sueña con destacar entre las luces y talentos que abundan en la capital francesa.
    El escaso presupuesto económico que le ha asigando su padre, lo obliga a estar seis días, tomando sólo pan y leche, para poder comprarse las obras completas de Shakespeare y Moliere, pues las consideraba indispensables para pretender ser un buen dramaturgo. Aunque las lee en ayunas, estas obras lo dejan gratamente impresionado. Su vestimenta se ve también afectada, tal es así que solía pedir en cartas a su madre, que le envíe camisas y calcetines. Posee un único terno para acudir a los actos artístico-sociales, pero lo tiene en propiedad compartida con su amigo Bonamy; ambos lo usaban rigurosamente por turno, hasta el punto de llegar a no saber a quién pertenecía realmente.
Hacia 1849 se conservaba en París, la costumbre de mantener veladas de conversación en los famosos «Salones de Madame», organizadas por damas de la alta sociedad, quienes se disputaban el honor de tener entre sus invitados a los personajes célebres del momento. En dichas reuniones, las anfitrionas solían poner a disposición de los participantes, un gran buffet.

Para hacerse invitar a estos Salones, era necesario tener buenas relaciones. Julio se sirve a este fin de su tío Châteaubourg, quien lo recomienda a varias damas que abren sus Salones en días fijos. Gracias al apoyo de su buen tío, el joven provinciano, desconocido, es recibido en uno de los más famosos círculos, el «Salón de la Señora Barrère», ubicado en la calle Fermes-des-Mathurins. Julio Verne, como ya sabemos, no anda muy bien vestido y se preocupa que no se le note el hambre en las comidas, sin embargo, comienza a establecer relaciones con personajes distinguidos, a los cuales cae en gracia, dado su ingenio y buen sentido del humor.

Verne tropieza con Dumas

    El primer encuentro importante que tuvo Julio Verne durante su agitada vida en París, fue sin duda con Alejandro Dumas padre, figura aclamada e indiscutida por entonces de las letras, autor de exitosas novelas como Los tres mosqueteros y El Conde de Montecristo. Dumas llegará a convertirse en su protector y consejero literario, todo un lujo para un joven provinciano y sin dinero como Verne. La forma en que se conocieron no ha sido hasta hoy esclarecida completamente. Sin embargo, existen algunas versiones, siendo la más popular de ellas, la mencionada en la mayoría de biografías, donde Verne conoce a Dumas de una forma casual y un tanto cómica. El biógrafo Bernard Frank fue el primero en mencionar este encuentro, diciendo haberlo reproducido de un artículo publicado en un periódico belga, cuyo nombre no cita. Esta versión es la siguiente:

    «En una de estas veladas en casa de la señora Barrère, mientras bajaba las escaleras, Julio se tropieza con un voluminoso señor que subía en forma agitada, el grueso señor agita su bastón furiosamente ante la cara del joven, pero éste en vez de excusarse ante el enojado caballero le pregunta:

   -¿Ha cenado usted señor?

   -Perfectamente joven, y nada menos que una tortilla de tocino a la nantesina y…

   -Las tortillas de tocino a la nantesina de París no valen nada señor, ¿me oye?, hay que echarles azafrán, para que se entere…

   -¿Así que sabe usted hacer tortillas, joven?

   -¿Que si sé hacer tortillas, señor?, sobre todo me las sé comer. ¿No llevará usted ahí alguna?

   -¡Que insolente es usted!, tenga mi tarjeta…es inútil que me dé la suya… vendrá usted este miércoles a mi casa…a hacer una tortilla…

    De visita en casa de Hignard, Julio cuenta el incidente al joven compositor, y al llegar al lance del desafío, saca la tarjeta y…grita estupefacto: ¡Alejandro Dumas!»

Las otras versiones las podemos tomar de dos de sus entrevistas, en la primera de ellas realizada por el periodista Robert Sherard,[1] el propio Verne declara:

 «Pero el amigo a quien le debo la deuda más profunda de gratitud y afecto es a Alejandro Dumas, el hijo, que conocí a la edad de veintiuno. Nosotros nos hicimos buenos amigos casi al instante. Él fue el primero en animarme. Pudiera decirse que él fue mi primer protector. No nos hemos encontrado desde hace un buen tiempo atrás, pero mientras yo viva, nunca me olvidaré de su bondad ni tampoco la deuda que le debo. Él me presentó a su padre; él trabajó junto a mí en colaboración.»

El periodista Adolphe Brisson, que también tuvo oportunidad de entrevistar al escritor, publica en su entrevista: «El caballero d’Arpentigny, quiromántico célebre, el émulo de Desbarolles, lo presentó a Alejandro Dumas”. Esta versión toma cierta fuerza, puesto que d’Arpentigny y Alejandro Dumas padre, solían frecuentar el Salón de la Señora Barrère.

Sea como fuere la forma en que se conocieron Verne y Dumas, lo que sí se sabe es que a partir de ese entonces, Julio mantendrá una gran amistad con Dumas, viendo en él, no sólo a un gran escritor que le puede ayudar en su carrera, sino también al padre que hubiese querido tener, en vez del severo abogado de Nantes. A su vez, Dumas padre apreciaba mucho el entusiasmo y la imaginación de Julio Verne, así como la insospechable erudición de la que daba muestra en las más diversas materias.

Verne pudo ser testigo de las relaciones entre Dumas padre y su hijo, el cual era cuatro años mayor que él, ganándose el aprecio de ambos, gracias a la imaginación que por entonces ya empezaba a relucir. Dumas no podía siquiera sospechar, que su protegido provinciano, lo llegaría a superar en popularidad y en tirajes, si lo hubiera sabido, es probable que no haya sido tan generoso, dada su reconocida vanidad.

Julio sigue frecuentando Salones de conversación, ya no sólo el de la señora Barrère, sino también otros como el de la Señora Mariani, en busca de encontrar las amistades que necesita para conseguir un lugar, en ese mundo de las letras que tanto le apasiona.

Primeros estrenos teatrales

 En febrero de 1849, Dumas se hace cargo del Teatro Histórico, que había sido cerrado por la revolución de 1848, iniciando su nueva etapa, con una adaptación de «Los tres mosqueteros». La noche del estreno, Julio tuvo el honor de compartir el palco con el mismo Dumas, indudablemente su empeño lo estaba haciendo ir de prisa en el mundo de la literatura. Junto a Dumas, parece despertarse en Julio Verne su vocación, orientada en un principio por el teatro, pues su mismo protector le había recomendado en cierta ocasión «El género de más brillante porvenir es la pieza teatral dramática, como el vodevil o la opereta. Escoge uno de estos dos estilos y te aseguro que triunfarás».
Siguiendo sus consejos, escribe aquel año dos dramas históricos: Abdallah y Un drama bajo Luis XV, los cuales se mantienen inéditos hasta hoy, puesto que no entusiasmaron a Dumas para ponerlos en escena. Sin embargo, su protector escogería una obra menos ambiciosa, un ligero juego escénico en un acto y un verso para llevarlo a la escena. El 12 de junio de 1850, el Teatro Histórico estrena: Las pajas rotas, la primera obra de teatro de Julio Verne en ser representada por su protector. Aunque sólo se mantendrá doce días en escena, el joven autor se siente feliz, pues la crítica se mostró indulgente con su obra, lo que significaba que había empezado a forjarse su propio camino. Es verdad que su éxito fue muy modesto, pero lo poco que ganó, se lo gastó alegremente con sus amigos de la Sorbona: Lelarge, Genevois, Hignard, entre otros. Hignard se convertirá más adelante en el compositor de la música de varias de sus obras de teatro.

Este estreno le sirvió también de pretexto, para culminar sus estudios de leyes que nunca le agradaron. Pierre Verne acabará por reducirle la pensión que le pagaba, como una forma de obligar a su hijo a que regrese a Nantes e incorporarse en el bufete paterno una vez terminada su carrera; pero Julio Verne no está dispuesto a abandonar la libertad que había conquistado, comenzará entonces a pasar verdaderos apuros económicos, viéndose obligado a conseguir dinero dando clases de Derecho.

Continuando en pleitos con su severo padre, y aún con el mal recuerdo de su prima Caroline, se junta con otros muchachos y forman la peña: Los once sin mujeres, era para aquellos que habían recibido una decepción amorosa. La existencia de este club comportaba diversos ritos. Si uno de los socios deseaba casarse, era el cub quien daba el consentimiento, previo pago de un canon, bien en dinero o en especie. El tributo consistía en una cena preparada por mujeres, a la que sólo asistían hombres. Las bromas en torno al matrimonio se sucedían sin pausas ni miramientos, y al parecer era de buen tono salir de la misma más o menos vacilante. Uno de los miembros de esta peña, era Charles Maisonneuve, un rico nantés, paisano de Julio, que pagó la impresión de su obra de teatro Las pajas rotas, que en agradecimiento se la había dedicado a Dumas. Y para coronar el éxito, el teatro Graslin de Nantes estrena la obra ante la burguesía de la ciudad, siendo representada así ante su familia, sus amistades y sus vecinos. Para su padre era todo un dolor de cabeza, pero guardaba la esperanza de que a su hijo se le acabaran estos arranques literarios, pues le faltaba muy poco para que termine sus estudios y abandonase definitivamente los peligros de París.

La literatura ante todo

  Aunque en este periodo de su vida, Julio Verne fue a medias estudiante y bohemio, logró obtener la licenciatura en Derecho, el 6 de agosto de 1850. Convertido ahora en todo un parisino, podía mofarse de sus amigos provincianos. Pero una vez terminados sus estudios, Pierre Verne reclama la presencia del flamante abogado en Nantes para que fuera a trabajar con él. Sin embargo, y a pesar de las recriminaciones de su padre, Julio decide abandonar el Derecho para siempre. Al presentársele esta encrucijada, no dudó en seguir su vocación, que le llamaba a continuar en el ambiente literario de la ciudad capitalina. Pierre se desespera ante tal acontecimiento, ¡Haber trabajado duramente tantos años para legarle un bufete próspero, haberle pagado los estudios y, al final ver inutilizado sus esfuerzos! Le plantea a su hijo la posibilidad de que pueda realizar las actividades de literato y de abogado en forma simultánea, pero Julio le responde: «La literatura ante todo, puesto que sólo en ella puedo triunfar. Mi espíritu está irrevocablemente fijado en este punto. ¿Para qué insistir a este respecto? Tú conoces bien mis ideas, querido padre, y sabes muy bien que, pronto o tarde, ejerza o no el Derecho unos años, si las dos carreras son proseguidas simultáneamente, una de ellas matará a la otra, y conmigo tu bufete no tendría muchas posibilidades de longevidad.»
El padre aterrado por el destino de su hijo, le propone regresar a Nantes sólo por dos años para que sus ideas se aclaren. Pero nuevamente Julio le responde: «Ausentarme de París durante dos años es perder todas mis relaciones, anular el resultado de mis gestiones, dejar al enemigo reparar sus brechas, reconstruir sus fortificaciones, colmar sus fosos. Es volver a ponerme, al cabo de dos años, en presencia de los obstáculos que ya he franqueado, con menos ardor para combatir, menos fuerza para avanzar, menos juventud para esperar.» Finalmente Pierre Verne abandona la esperanza de que su hijo vuelva al camino que él le había trazado, es así que humillado le retira definitivamente la pensión de estudiante que le ayudaba a sobrevivir en París. Julio busca entonces la intercesión de su madre, a la que escribe una carta en estos términos: «El dinero es mi mayor preocupación en medio de mis preocupaciones de todas clases. Así pues, la pensión paterna es para mí como una gracia especial. Si la situación se prolongara, tomaría caracter de un préstamo.»
El padre no cede ante las peticiones del hijo, pues le plantea que: «la miseria es buena consejera». No dando su brazo a torcer el hijo le responderá: «la miseria es la piedra de toque de las almas ricas.» A pesar de sus problemas creará dos piezas teatrales más: La Guimard y Las mil y dos noches con música de Aristide Hignard. Son obras no muy esperanzadoras, pero él seguirá adelante en este camino que ha emprendido lleno de entusiasmo y optimismo. Las penurias económicas siguen siendo su vía crucis, las lecciones de Derecho mal pagadas ya no le alcanzan para sacarlo de la miseria, aún así, rechaza la oportunidad de trabajar como pasante de un abogado, ya que no estaba dispuesto a laborar un año y medio en forma gratuita como condición para tomar la vacante.

 

La estancia en Le Crotoy (1866 – 1871)

 

Escribiendo frente al mar

 

 En 1866, a raíz de la gran aceptación de sus primeros relatos, el editor decide darle un nombre a la colección de novelas que seguirán apareciendo en los años sucesivos. Cuando Hetzel le pregunta a Verne qué nombre podrían darle, éste decide llamar a su obra: Viajes Extraordinarios, probablemente en honor a las «Historias Extraordinarias» de Edgar Allan Poe, que siempre le fascinaron. Es así que la primera novela perteneciente a esta serie es Aventuras del Capitán Hatteras, acabada de publicar ese año con la aparición de la segunda parte de la misma: «El desierto de hielo».

Con este nuevo éxito, la fortuna le es nuevamente propicia, mudándose a una casita frente al mar en la costa de Le Crotoy, pequeño pueblo de pescadores en el estuario de la bahía del Somme, debiendo para ello vencer la oposición de su esposa, quien se queja en su correspondencia: «Julio hace siempre exactamente lo que quiere». Una vez instalado, Verne viajará a París ocasionalmente sólo por cuestiones comerciales. Su nuevo hogar es acogedor, pues la casa que ha alquilado preside el espléndido panorama de la bahía, en un paisaje saturado por los vientos marinos, que desalojan toda vegetación. Nada se interpone, pues, entre su mirada y el lejano, sereno, idéntico y siempre cambiante horizonte, surcado de cuando en cuando por el vuelo raudo de las gaviotas o el lento discurrir de las chalupas de pesca. Es en esta localidad que vuelve a su mente aquel viejo sueño infantil de cruzar el Atlántico. Años antes, cuando estuvo en Glasgow, había prometido embarcarse en el «Great Eastern» el día que tuviera el dinero suficiente; pero para sufragar el costoso viaje a Estados Unidos, tendrá que multiplicar su trabajo.

De esta necesidad de dinero, Verne acepta la propuesta de Hetzel, de hacerse cargo de una obra enciclopédica: Geografía Ilustrada de Francia y de sus colonias, la cual había sido dejada inconclusa por Théophile Lavallée, a causa de su muerte, y que venía siendo publicada por entregas, por Hetzel. En su refugio marítimo va escribiendo esta obra de no-ficción, alternándola con la que escribía en esos momentos para su serie de los Viajes Extraordinarios: Los hijos del capitán Grant. No es de extrañar que Verne aceptara esta proposición, a pesar de interrumpir sus proyectos referentes a su contrato, ya que es un amante de la geografía, un apasionado de los viajes de Alexander Von Humboldt, además, es contínuamente influenciado por los trabajos de uno de sus amigos, el geográfo Elisée Reclus.

En esa época comienza a escribir el libro que inicialmente debía titularse «Viaje bajo las aguas», luego «Viaje bajo los océanos», después «Veinticinco mil leguas bajo el mar» y, finalmente, Veinte mil leguas de viaje submarino. Al igual que la evasión de la Tierra, el descenso a las profundidades marinas era un viejo sueño de la humanidad, sueño que Verne se propuso exorcizar por recomendación de George Sand, escritora de la época que el año anterior le había enviado una carta en donde le decía: «Espero que nos conduzca bien pronto a las profundidades del mar y que haga viajar sus personajes en esos aparatos sumergidos que su ciencia y su imaginación pueden permitirse perfeccionar.» Y es que la ilusión del novelista por el tema es obvia, dada su pasión por el mar. A Hetzel le escribe ese año: «El barco avanza. Será maravilloso. Estoy enamorado de esta amalgama de clavos y tablas, como se puede estarlo a los veinte años de una amante. Le seré aún más fiel. ¡Ah, el mar, qué belleza, incluso en Le Crotoy, donde no se le ve más que dos veces al día!»

A punto de terminar la Geografía Ilustrada de Francia, vuelve a París por unas semanas en diciembre. Este trabajo suplementario, le escribe en una carta a sus padres: «dará a Honorine los millares de francos necesarios para la casa y para poder vestirse, y a mí para permitirme hacer con Paul la travesía en el Great Eastern, del que tanto les he hablado.» Es entonces que el 16 de marzo de 1867 viaja con su hermano Paul a Liverpool, a cumplir ese deseo contenido en años de abordar el gran trasatlántico. El 18, dos días después, compran los boletos e inician el viaje, que para Julio será el más largo que emprenda durante toda su vida. Llegará sin problemas a Estados Unidos, donde es invitado a dictar conferencias, dado el enorme éxito que causó la publicación en ese país de su novela De la Tierra a la Luna. En el lapso de una semana de estadía, visita Nueva York, las catarátas del Niágara, entre otros lugares, que le causaron una impresión inolvidable y que aparecerán repetidamente en su obra. Inspirado en los recuerdos de este viaje, publicará unos años más tarde la novela Una ciudad flotante.

De regreso, tras una breve escala en Brest, en casa de su cuñado, el capitán de fragata Du Crest de Villenueve, vuelve a Le Crotoy para continuar con la culminación de un gran libro que tiene en mente. También en este año de 1867 aparecen las primeras traducciones al inglés de algunas de sus novelas.

El viaje a Estados Unidos y la incapacidad de resistir por más tiempo el llamado del mar que tiene cerca, lo motiva a comprar en 1868, un pequeño velero de regular porte, por intermedio de su amigo Alfred Berlot. Después de algunas necesarias modificaciones, lo bautiza como Saint-Michel, nombre dado en honor a su hijo. La tripulación la formaba Alexandre Delong, su maestro en el arte de navegar, el ya mencionado Berlot, el marinero Lelong y el grumete Michel Verne. En dicha embarcación pasará maravillosos ratos de ocio, paseará sobre las aguas, que según se dice, le curan las neuralgias. Este velero lo convertirá en una especie de gabinete flotante, desde el cual trabajará incansablemente.

En mayo de ese año, Julio Verne y Hetzel firman su cuarto contrato, donde se ratifica el derecho de publicación de los cuentos escritos por Verne para el Musée des Familles, y que la obra Geografía de Francia y de sus colonias sería propiedad exclusiva y completa de Hetzel, dándole al autor una mensualidad por la realización de este trabajo.

 El gozo del novelista es únicamente empañado por las quejas de Honorine y de sus hijas, a las que exaspera la monotonía de aquella vida solitaria. ¡Su familia añora París y le exige regresar a la capital! Sin embargo, y a pesar de estos inconvenientes publica aquel año su gran novela geográfica: Los hijos del capitán Grant.

Esta novela es en opinión de los críticos, si no la más perfecta del escritor, la mejor construida, que al hilo del argumento desarrolla un auténtico curso de geografía recreativa, valiéndose de las peripecias de los protagonistas para describir el paisaje, la fauna, la flora, las costumbres y la historia de países tan exóticos y lejanos para los europeos del siglo XIX, como lo son Sudamérica, Australia y Nueva Zelanda.

 

La aventura submarina

 

 En 1869 comienza a publicar por entregas, en la Revista de la Educación y la Recreación: Veinte mil leguas de viaje submarino, que terminarán de ser publicadas el siguiente año. Aquí Julio Verne crea el submarino Nautilus. La idea de un sumergible que sea un auténtico hogar para el hombre es otra de sus geniales anticipaciones, pues habrá de pasar casi un siglo para que, en la década de 1950, la tecnología atómica construya el primer submarino autosuficiente, un submarino capaz de mantenerse sumergido indefinidamente, capaz de cruzar el casquete polar por debajo del gran banco de hielo, como lo hace el Nautilus al mando del capitán Nemo.

Sin embargo, una contrariedad enojosa oscurece la alegría que pone el escritor en su trabajo. En un periódico llamado Petit Journal, comienza a aparecer, a finales de 1867, una novela por entregas titulada Viaje bajo las olas, escrita por Aristide Roger, pseudónimo del doctor Jules Rengade, en el que aparece el submarino Relámpago, manejado por el «capitán Trinitus». A pesar de que la novela apareció en varias ediciones de 1867 a 1877, quedará definitivamente hundida por el Nautilus. Verne llegaría a escribir al director del Petit Journal, puntualizando que hace un año había empezado a escribir su novela submarina. Es curiosa su preocupación para que no lo tomen por plagiario, cuando en realidad el tal Roger es el que escribe imitando claramente a Verne.
El argumento de Veinte mil leguas de viaje submarino inicia cuando la fragata americana Abraham Lincoln parte en busca de un monstruo marino de extraordinarias proporciones al que se le atribuyen múltiples naufragios. El monstruo aparece precipitándose sobre el barco expedicionario y lo echa a pique, llevándose con su espinazo al naturalista francés «Pierre Aronnax», su criado «Conseil» y al arponero canadiense «Ned Land». El monstruo resultará ser un enorme submarino, el Nautilus, en el cual los tres hombres pasarán cerca de diez meses hospedados por el enigmático capitán Nemo, artífice del invento. A bordo visitarán los tesoros sumergidos de la Atlántida, lucharán contra caníbales y pulpos gigantescos, llegarán al Polo Sur y asistirán a un entierro en un maravilloso cementerio de coral. Nemo, hostil e iracundo, no tardará en revelarse como un proscrito, un sublevado solitario cuyo manto de misterio esconde una identidad principesca y una pesadumbre tenebrosa que lo llevarán a convertirse en un «sombrío justiciero». Se podría señalar a Nemo como el reflejo de Verne, partiendo del nombre mismo del personaje, pues Nemo es la traducción del latín de «Nadie». Ambos viven encerrados, solos e incomprendidos, Nemo lo hace en su coraza de acero, y Verne lo hará en la soledad de su gabinete de trabajo, ambos refugiados tras el disimulo y el secreto.

La correspondencia dirigida a Hetzel, muestra que éste se había sobresaltado al descubrir el personaje de Nemo y su odio implacable. Verne trató de apaciguar la emoción de su sensible amigo, disminuyendo el rigor de su héroe. En una carta escrita en Le Crotoy aproximadamente en 1867 le dice al editor: «haré desaparecer el horror que, al final, Nemo inspira a Aronnax, suprimir la actitud de odio del capitán al ver hundirse el navío, e incluso no hacerle asistir al hundimiento.» Otro tema que discutieron fue el de la nacionalidad de Nemo, el escritor en un principio planteaba que fuera ruso o polaco, pero Jules Hetzel que conocía la impopularidad de Rusia en Francia, que en esa época venía dada por la feroz represión que el zar Alejandro II sometió a los polacos por la insurrección de 1863, lo convenció de hacerle cambiar de opinión. El origen y la nacionalidad de Nemo se conocerá con más detalle en La isla misteriosa, novela publicada unos años más tarde. Pero la concepción de la actitud vengadora de Nemo también fue discutida.

En alguna ocasión Hetzel le recriminó la actitud asesina de Nemo en algunos pasajes de la novela, pero Verne le respondió: «Nemo no ataca. Responde al ataque. Nunca, pese a lo que diga su carta, admitiré que un hombre mate por matar.» Sin duda que Nemo fue uno de los personajes más polémicos creados por la pluma de Julio Verne. Mientras escribía la rebelde epopeya submarina del capitán Nemo, Verne intenta modestamente llegar a París en su Saint Michel, embarrancando en un banco de arena y alcanzando al fin la capital con el yate llevado por un remolcador. Lo amarra en el corazón de París, al pie del Pont des Arts, a pocas brazas de la escalinata de la Academia Francesa, una escalinata que nunca franqueará. Entonces entrega a Hetzel el manuscrito de su obra, mientras su cansino y humilde yate se ve contemplado por toda la capital francesa, sorprendida ante el hecho. Por aquellos días, Verne renta una mansión en Amiens, la ciudad natal de su esposa, en la que pronto se instalará definitivamente.

Michel comienza a dar problemas

En estos años Verne sufre atrozmente del comportamiento de su hijo, que manifestaba un carácter profundamete perturbado. La permanente evasión del medio familiar en que vivía, mediante su trabajo, sus escapadas a París y sus travesías, había llevado a Julio Verne, «el educador de la juventud», a desentenderse de la educación de su hijo, confiándolo a la madre. En este ambiente, Michel creció malcriado y consentido, llegando Verne y su esposa a claudicar siempre una y otra vez a cumplirle sus caprichos, con tal de tranquilizarlo. A los ocho años, el carácter perturbado de Michel planteaba tales dificultades que hubo que confiarlo a los métodos educativos de un internado especial. La severidad de estos métodos sólo consiguió exacerbar la rebeldía del niño hasta tal punto, que hubo de recurrirse a la asistencia psiquiátrica, con resultados aún peores. En medio de estas preocupaciones, va escribiendo Historia de los grandes viajes y de los grandes viajeros y Una ciudad flotante. A su retiro en Le Crotoy, le llegan tardía y fragmentariamente las noticias de actualidad, que confirman que el Segundo Imperio hace crisis, desde hace ya un buen tiempo, y que probablemente estalle un nuevo conflicto.

Un escritor en medio de una guerra

En febrero de 1870, Ferdinand de Lesseps, en la cúspide de la gloria por la reciente inaguración del canal de Suez, llevado de su entusiasmo por la obra de Verne, había pedido para éste, a través de su secretario, el polifacético Nadar, la condecoración de la «Legión de Honor», dada su influencia ante las majestades, y el ministro solícitamente se la concede. Pero antes que firme el Emperador el decreto, estalla súbitamente, el 19 de julio la guerra franco-prusiana, que llena a Verne, idealista y pacifista a ultranza, de una gran ira, peor aún cuando Hetzel, le tiene lista para publicar Veinte mil leguas de viaje submarino.
El conflicto se presenta por parte alemana, el genio político de Bismarck busca una guerra y una victoria espectacular, que le sirvan para fortalecer la unidad de los reinos alemanes. Provoca maquiavélicamente a Francia, y ésta cae en la trampa de declarar la guerra. Una breve campaña les basta para que caiga el Imperio de Napoleón III. Este es derrotado y hecho prisionero por los prusianos en Sedán. Luego se proclama la Tercera República, pero el cambio de régimen no va a ser un simple cambio de etiquetas, hay un sector social que ha esperado y pretende un cambio revolucionario: «el proletariado». Los derrotados de 1848 vuelven a levantarse, y en marzo de 1871, establecen en París el «Gobierno de la Comuna», el primer poder proletario de la historia.

La Emperatriz regente, Eugenia de Montijo, firma a la vez el decreto y la orden de movilización de Verne y de su embarcación, como guardia nacional en el mismo Le Crotoy. El Saint Michel, lleva como tripulación doce veteranos de la guerra de Crimea, tres fusiles y un pequeño cañón absolutamente inofensivo. Los tranquilos servicios de vigilancia le sirven para escribir la novela Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral. Aunque la obra se ciñe demasiado a un argumento científico, escrita al estilo peculiar de Verne, cabe resaltar que su contexto es completamente antibelicista.

La guerra civil supone una desgracia concreta para Julio Verne. A consecuencia de los disturbios, los bombardeos y los incendios, el editor ha perdido su taller y se encuentra prácticamente arruinado. Por otra parte, los ahorros del escritor han volado durante esos meses de guerra, es por eso que se ve obligado a dejar a su familia en Amiens, ciudad natal de su esposa Honorine, a donde la había mandado durante la guerra como medio de precaución, y vuelve a la Bolsa de París a intentar ganar otra vez el sustento con su antigua profesión de agente. Afortunadamente, la crisis de Hetzel dura poco, y tan pronto como la editorial vuelve a funcionar, publica: Veinte mil leguas de viaje submarino y Alrededor de la Luna, las cuales solucionarán la situación económica, tanto para el autor, como para el editor.

A mediados de 1871, Verne cede ante los reclamos de su esposa que no soporta su permanencia en Le Crotoy.[1] Le exigía vivir en Amiens, su ciudad natal que se encontraba a dos horas de París en tren, ciudad en la que además, sus hijas habían ennoviado mientras que vivieron allí durante la guerra de 1870. Verne no tenía otra solución, si no aceptaba, tendría que conformarse a trabajar rodeado de reclamos y quejas constantemente. Así, la próxima mudanza será a la residencia en Amiens que venía alquilando desde 1869 en el boulevard Saint Charles nº 3. Aunque su esposa, Michel y sus hijastras se trasladaron a Amiens, Julio Verne no se trasladaría del todo hasta el próximo año, pues durante 1871 vivió alternando entre las dos ciudades. Mientras tanto, su editor va publicando por entregas Una ciudad flotante, basada en sus experiencias realizadas por su viaje a EE.UU. a bordo del Great Eastern.

 Aquel año, Hetzel se da cuenta de la gran laboriosidad de Verne, que por causa de los contratos a que lo somete se ve obligado a escribir sin descansar, poniendo a prueba sus fuerzas físicas en exceso. Por temor a complicar la salud de su escritor, le firma un nuevo contrato en setiembre de ese año, donde se estipula que: «En lugar de tres volúmenes al año, el escritor entregará solamente dos, y recibirá 1.000 francos al mes, osea, 12.000 al año, en vez de 9.000. A cambio, el escritor concede la prolongación de tres años para el derecho de uso de las ediciones no ilustradas, y por ello sin retribución por los libros aparecidos o por aparecer». Verne aceptó publicar dos volúmenes en un año en lugar de los tres que estipulaba el contrato, además exigió publicar un volumen compuesto por cuentos publicados anteriormente en la revista Musée des familles bajo las mismas condiciones de un trabajo inédito. Este volumen del cual habla Verne sería publicado, luego, como una colección de cuentos bajo el título de El doctor Ox.

En 1871 se produjo también, la muerte de dos de sus familiares, el primero de ellos en fallecer fue Henri Garcet, el generoso colaborador que había aplicado laboriosos cálculos matemáticos a los sueños de su primo. Una muerte que será seguida en breve, el 3 de noviembre, por la de su padre, en presencia de toda la familia, pero no de Julio, quien llega tan sólo para asistir al entierro.

 

El retiro definitivo en Amiens (1872 – 1905)

 

Amiens recibe al escritor

En 1872 se libera de la Bolsa, ahora que su situación económica es mejor, y a petición de su esposa Honorine, se traslada definitivamente a la ciudad Amiens, donde ella y su hijo lo reclamaban, pues Verne prefiere Le crotoy, permaneciendo alejado de su responsabilidad de esposo y de padre. Con las ganancias de sus novelas, comprará una soberbia mansión ubicada en el boulevard Longueville nº 44 en el centro de Amiens, demasiado grande para la familia, pues las dos hijas de Honorine habían ya contraído matrimonio. En esta mansión, Honorine organizará pretensiosas reuniones de sociedad, que provocarán en Julio Verne un mayor distanciamiento de la vida familiar, encerrándose en sí mismo cada vez más. A sus amigos, que no comprenden su decisión de recluirse en una ciudad provinciana, responde:
«A petición de mi mujer, voy a instalarme en Amiens. Amiens está cerca de París, lo suficientemente cerca para que le llegue el reflejo, sin el ruido insoportable y la agitación estéril. Y para decirlo todo, mi Saint Michel está anclado en Le Crotoy.»

Amiens lo recibió con todos los honores. La burguesía ilustrada se apresuró a rendirle homenaje concediéndole un sillón en la Academia de la ciudad. En un rasgo de ironía, Verne lee como discurso de ingreso en la Academia, una comedia inédita sobre los amores de Leonardo y la Gioconda, una de aquellas mediocres obras de teatro, que escribía antes de la «novela de la ciencia» y que todo el mundo ha olvidado. En esos días de su instalación en Amiens, llevaba ya muy avanzada la obra que a la celebridad ya adquirida, le añadiría la fortuna. En este año publica Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África austral. Posteriormente a su instalación definitiva, Julio Verne hace un viaje con destino a Inglaterra, visitando las ciudades de Londres y Woolwich.

En la cumbre del éxito

 En 1873, siendo ya un escritor consagrado, alcanzará su máxima popularidad, con la publicación de su obra más exitosa: La vuelta al mundo en 80 días, en forma de folletón en el diario Le Temps. Esta novela lo catapulta a la fama mundial, pues producirá en el público una conmoción y un interés aún superior al de De la Tierra a la Luna, ya que las principales compañías de navegación, que ven las inmensas posibilidades publicitarias que puede ofrecerle la novela, entablan una competencia cerca de Julio Verne para conseguir que éste embarque a sus personajes en los vapores de sus empresas. Sus representantes ofrecen considerables sumas de dinero al escritor para inclinarle hacia una u otra línea de navegación, pero considera estas ofertas como intentos de sobornar su independencia de autor y las rechaza indignado.

La obra narra las peripecias de «Phileas Fogg», un caballero británico, extremadamente exacto, flemático y ordenado, que tras haber apostado su fortuna a que dará la vuelta al mundo en 80 días, empleará todos los medios de locomoción a su alcance: trenes, barcos, coches, y hasta un elefante y un trineo. Pero esta vuelta al mundo, donde se combinan, el humor, la aventura y el heroísmo, reserva una sorpresa: la apuesta que le hace perder un policía que lo sigue a través de todo su viaje, acusándolo de un gran robo en el Banco de Inglaterra, se la hará ganar el sol de forma inesperada. La idea argumental, le fue sugerida a Verne por un anuncio de la «Agencia Cook», que comienza a ofrecer a sus clientes viajes turísticos alrededor del mundo en 1871, aunque el desenlace de la novela, la podemos encontrar en el cuento de Edgar Allan Poe titulado «Tres domingos en una semana». Sin embargo el verdadero origen de la novela, se encuentra en un artículo publicado en 1870 en Le Magasin Pittoresque, que muestra un itinerario casi idéntico al descrito por Phileas Fogg.

El éxito de la novela y el suspenso que generó en el público fue tal, que se llegaron a cruzar apuestas sobre si Phileas Fogg, «el hombre menos apurado del mundo», lograría llegar a la meta en tan breve tiempo. Incluso no faltó quien le desafiara, asegurando estar dispuesto a realizar el viaje en menos tiempo. Fue precisamente una periodista del World, llamada «Nellie Bly», la cual, antes de la creación del ferrocarril transiberiano, logró su meta e hizo el viaje en ocho días menos, recibiendo la efusiva e irónica felicitación de Julio Verne, quien en definitiva, no sólo había puesto de moda los viajes alrededor del planeta, sino que había probado a sus coetáneos, que el mundo era ya treinta o cuarenta veces más pequeño que a principios de ese siglo. El 29 de setiembre de 1873, Verne es el protagonista de una aventura real al mismo estilo de su obra Cinco semanas en globo, pues asciende en un globo por encima de la ciudad de Amiens durante veinticuatro minutos. También publica ese mismo año El país de las pieles y estrena la obra teatral Un sobrino en América.

En este año, los llantos y travesuras de Michel se prolongan cada vez más. Desesperado ante el carácter de su hijo, Verne decidió consultar a varios médicos, uno de ellos, el doctor Blanchard, le recomendó la estancia en un sanatorio. Y a sus doce años, Michel conocería esta vez el espanto de la soledad por espacio de dos años.

Adaptaciones teatrales

En 1874, un empresario teatral pide a Verne, una adaptación de su obra La vuelta al mundo en 80 días para la escena. Es entonces que decide con buen juicio confiar dicha versión teatral a un experimentado dramaturgo: Adolphe d’Ennery, que la estrena el 7 de noviembre de 1874, en el Teatro de la Porte-Saint-Martin a modo de gran espectáculo, con una escenografía fabulosa para la época. El día del estreno, Julio Verne experimentó la única experiencia de su vida digna de sus personajes: insistió en revisar personalmente la canastilla que conduciría a Phileas Fogg y a su inseparable criado Passepartout sobre un elefante verdadero. La caída de una parte del escenario asustó al animal, que salió despavorido del teatro con el autor a cuestas, para recorrer el Boulevard de los Capuchinos hasta que el domador los alcanzó en las Tullerías.

La pieza conoció un éxito sin precedentes que le deparó una cuantiosa fortuna, pues consigue que durante dos años seguidos se coloque el cartel de «no hay entradas», en la taquilla. ¡Qué lejos estan aquellas representaciones de sus primeros estrenos! El éxito de la adaptación escénica significó la fortuna. Sin embargo, Verne es capaz abandonar la mitad de sus derechos, que eran del 50 por 100, ya que d’Ennery se llevaba el resto, a Édouard Cadol, que había hecho una primera adaptación rechazada por los teatros, argumentando por tanto ser coautor de la adaptación teatral. Aunque de su adaptación no quedara nada en la que fue llevada a la escena, él y sus descendientes se enriquecieron con ese 25 por 100 concedido gracias a la generosidad de Verne. En esta época Verne tiene el humor de escribir un breve trabajo satírico: Una ciudad ideal, Amiens en el año 2000, que leyó en la Academia local. En este discurso, se pueden apreciar muchas similitudes con París en el siglo XX.

El mito del robinsonismo

En estos momentos que es alabado por todos, y libre ya de apuros económicos, va a alcanzar una cima mucho más importante que las anteriores, la cima de su propia obra, pues publica su novela La isla misteriosa, con la cual se inicia en el género robinsoniano, iniciado anteriormente por Defoe y Wyss. En efecto, La isla misteriosa es la coronación del proyecto inical de los Viajes Extraordinarios, y es probable que no hubiera surgido en la forma que la conocemos, de no haber rechazado airadamente Jules Hetzel el manuscrito que Verne le había entregado con el título de El tío Robinson, influido indudablemente por el éxito alcanzado por El Robison suizo de Wyss, un libro aparecido un poco antes. Tal fue la indignación de Hetzel que criticó a su autor en estos términos luego de leer los manuscritos: «¿Dónde está aquí la ciencia?…Ochenta y dos páginas de texto y ninguna invención que no hubiese hallado el último cretino…Resuma todo vivamente, casi alegremente…Son todos lentos, ni uno vive. Los personajes de sus libros son la vida misma, la energía misma…Éstos son un montón de seres lánguidos, ninguno es vivaz, vivo, ingenioso…Deje a todos estos tipos y recomience con nuevos personajes.»

Verne acepta las censuras y se pone a trabajar en una nueva novela sobre robinsones, documentándose bastante como siempre. Dolido por la crítica que Hetzel le hiciera de su falta de cientifismo, le dice al editor: «Estoy estudiando química. Paso mi tiempo con profesores de química y en fábricas de productos químicos, en las que mis trajes han atrapado manchas de las que pasaré la cuenta, pues La isla misteriosa será una novela química.» Esta novela narra la historia de cinco hombres que escapan de una prisión federal en Richmond, usando un globo. En plena fuga, son azotados por una tormenta que los lleva hacia una isla desierta en el Pacífico Sur. Los náufragos, guíados por el ingeniero Cyrus Smith, tienen que utilizar todo su ingenio para poder sobrevivir. Durante su estancia en la isla, los prófugos reciben la generosa ayuda de un misterioso hombre, que resulta ser el Capitán Nemo, quien reaparece después del trágico final de Veinte mil leguas de viaje submarino. De otro lado, La isla misteriosa es también una novela educativa. Julio Verne escribirá una carta al coronel Hennebert: «El lector, no pide sólo que se le instruya sino también que se le divierta, y cuando se quiere instruir hay que hacerlo sin que se note, de modo que si la instrucción no se desliza en la acción, se falla el objetivo.»
Tras La isla misteriosa, comienza la etapa pesimista de Verne, que no será más que el reflejo de su tiempo. Ese mismo año de 1874 también publica la colección de cuentos: El doctor Ox, la cual contiene: Una fantasía del doctor Ox, otros de sus relatos de juventud: El maestro Zacarías, Un drama en los aires y Una invernada entre los hielos, y una historia escrita por su hermano Paul: La cuadragésima ascención francesa al Mont Blanc.

Una molesta acusación

     En 1875, la celebridad de Julio Verne, le produjo un incidente enojoso, pues en ese año recibió una carta de Polonia de un tal Olschewitz, en la que éste le decía que era su hermano y que hacía treinta y seis años que no se veían. Esta carta fue seguida de otra dos meses más tarde, carta que precedería a la visita de un periodista polaco; el contenido de la entrevista es el siguiente: «Señor Verne, todo el mundo lo cree francés, pero es inútil ocultármelo a mí. Yo sé, de fuente segura, quién es usted, y su existencia entera me es conocida. Usted es en realidad un judío polaco, nacido en Plock, cerca de Varsovia. Su nombre verdadero es Olschewitz, nombre derivado de Olscha, que en polaco tiene la misma significación que en francés el de Vergne o Verne. Es usted mismo quien ha traducido al francés su nombre. Hallándose en Roma, en 1861, abjuró usted de la religión hebraica, a fin de contraer matrimonio con una princesa polaca de gran fortuna. Su abjuración fue hecha en la congregación polaca, en Roma, de los padres resurreccionistas. Tuvo usted como confesor al padre Semenko. Habiéndose roto su noviazgo con la princesa Kryzanoska, el gobierno francés, por consejo de la Santa Sede, le ofreció un empleo en el Ministerio del Interior. Francia le compró su pluma y, desde entonces, jamás ha confesado usted sus orígenes israelitas… Se equivoca usted en algunos puntos caballero, repuso Julio Verne. Esa polaca se llamaba princesa Crac…ovitz. Yo la rapté, y nos fuimos a vivir a orillas del lago Leman, adonde ella se tiró un día tras una violenta querella amorosa. Este es el eterno remordimiento de mi conciencia. Pero, en cuanto a mis orígenes, silencio, por favor. Yo deseo pasar aquí por un cristiano completo». En resumen, el periodista polaco acusa a Verne de poseer una falsa identidad, que no es francés ni se llama así, sino que se trata de un judío polaco emigrado que ha cambiado su nombre eslavo, para adoptar la identidad de un burgués de Nantes. Sin embargo al final de la entrevista, Verne termina su broma referente a lo de la princesa, diciendo que deseaba pasar por un cristiano completo. Esta leyenda se ha prolongado hasta fechas recientes, a pesar de la publicación hecha por el canónigo nantés Durville, de todos los documentos que prueban incontrastablemente las raíces bretonas de Verne.

En mayo de ese año, Verne firma el sexto y último contrato con su editor Hetzel, el más extenso de todos los contratos. En él se resumen los cinco anteriores. Este nuevo acuerdo entre Hetzel y Julio Verne sería definitivo, destacando que «Los señores Jules Hetzel y Co., deseosos de hacer partícipe al Sr. Julio Verne del éxito creciente de su trabajo, han declarado, hace unos meses su intención de renunciar a la ganancia del contrato de setiembre de 1871, que debía cesar en el año 1881, y faltando aún seis años para que el contrato expire, se ha decidido renunciar al sistema de pago basado en una mensualidad fija, preferida por él hasta ese momento, y asociar el éxito de sus obras futuras la percepción de un derecho de autor basado en el número de copias vendidas». El editor Hetzel murió en marzo de 1886, y su hijo Louis-Jules Hetzel, quien formaba junto a su padre los Señores Hetzel y Co, continuará aplicando este contrato, de común acuerdo con Julio Verne. A tal efecto ambos firman en junio de 1889 la ratificación del último de los contratos entre Verne y Hetzel. Mientras tanto, han pasado los dos años de la nueva reclusión de Michel Verne en un sanatorio. Pero la supuesta cura, no hizo más que empeorar al muchacho.

Al salir, contando con catorce años, Michel ya roba, bebe y miente. Su próximo destino será la penitenciaría de Mettray. Luego de unos meses de encierro, los encargados de la penitenciaría temen que el hijo del escritor esté al borde de la locura o del suicidio. Esto motivará a Verne, a devolverlo al ambiente familiar. Por lo pronto, publica El Chancellor, una novela con un realismo y una crueldad terribles. Es evidente la influencia de Poe en esta narración, pues la novela asustó al mismo Hetzel cuando la leyó por primera vez. Verne le escribió a su editor acerca de esta obra, en la época en que la elaboraba: «Le llevaré un volumen de un realismo espantoso. Se titula El Chancellor. Creo que la balsa de la Medusa no ha producido nada tan terrible, creo sobre todo que tendrá un aire verídico, a menos que me equivoque.»

ALGUNOS ESCRITOS DE JULIO VERNE QUE PODRAS DESCARGAR SOLO PULSANDO EL RESPECTIVO NOMBRE:

Ante la bandera         

Clovis Dardentor

De la Tierra a la Luna

Diez horas de caza (BV)

Dueño del mundo (BV)

El archipiélago de fuego

El camino de Francia

El castillo de los Carpatos

El conde de Chanteleine

El faro del fin del mundo

El rayo verde

Frritt-Flacc (BV)

Gil Braltar (BV)

Hector Servadac (BV)

La estrella del Sur (BV)

Las Indias negras

Las tribulaciones de un chino en China

Los amotinados de la Bounty

Los forzadores de bloqueos

Los piratas del Halifax       

Maestro Zacarías

Martín Paz

Miserias felices de tres viajeros en Escandinavia

Un drama en Livonia

Un drama en los aires

Un drama en México

Una ciudad flotante           

Una fantasía del doctor Ox

Una invernada entre los hielos             

A propósito del Gigante

Edgar Poe y sus obras

El destino de Juan Morenas

El eterno Adán

El humbug

El matrimonio del señor Anselmo de los Tilos

El señor re sostenido y la señorita mi bemol

La familia Ratón

La jornada de un periodista americano en el 2890

Pierre-Jean (BV)                        

 Recuerdos de infancia y juventud

San Carlos (BV)

Veinticuatro minutos en globo

ALGUNOS VIDEOS DE LOS TEXTOS…

 

 

Tomado de: http://www.jverne.net

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Una respuesta to “Julio Verne el más desconocido de los hombres (SE ANEXAN LIBROS Y VIDEOS PARA DESCARGAR)”

  1. Isidro said

    Hola, deseaba darle las gracias por la información que usted brinda.
    He visto por su sitio y la velocidad de carga es envidiable, le
    agradezo por la calidad de navegación para las personas

    Estoy sorprendido de saber que se puede llegar este artículo de información con tanta efectividad y conocimiento en el tema
    tratado.

    Encantando voy a comenzar a suscribirme a su weblog para poder contener mayor cantidad de información en mi casilla de correo.
    Se da las gracias por dedicarse unos mins en ver
    mi comentario, se le desea una buena semana.

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