Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 18/06/11

Las revoluciones árabes

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 18 junio 2011

Mark Zuckerberg

El creador de Facebook (el antipático protagonista de la película La red social), señalaba en un encuentro en París en mayo de 2011 lo siguiente: “Las revoluciones árabes recientes no han existido gracias a Facebook. Se han producido porque la gente de allí se ha hecho con las riendas de su destino, aunque Internet ha ayudado, claro está”. Quien bien pudiera apuntarse el éxito de las revueltas sociales árabes da en el clavo: “Pensar eso sería arrogante e irreal”. Las redes sociales han posibilitado lo que la represión de los regímenes árabes impedía: articular fuera de las desarboladas estructuras políticas tradicionales las perennes reivindicaciones colectivas. También se ha afirmado que las revoluciones árabes han sido alentadas por Al-Yazira, arrojando con ello una duda sobre su espontaneidad y objetivos. Ciertamente Qatar, cuya familia real es propietaria de la cadena, rentabiliza políticamente su capacidad mediática, también en relación con las protestas ciudadanas árabes (por ejemplo, albergando la primera cumbre internacional sobre el conflicto en Libia en abril de 2011), pero ello no cuestiona su radicalidad germinal y su genuino carácter.

Si el vehículo de propagación de las revueltas en los países árabes puede sorprender (la modernidad inimaginable en un mundo que imaginamos paralizado y arcaico), su desencadenante es muy significativo, aparentemente antitético al recurso utilizado: la inmolación de Tariq Tayyib Mohammed Bouazizi, un joven tunecino, vendedor ambulante de la localidad costera de Sidi Bouaziz, a quien la policía había humillado y golpeado tras confiscarle su carricoche de vendedor ambulante. ¿Qué hay tras esta extrema acción? No el ideario regresivo de los suicidas islamistas, sino la expresión inerme de toda la impotencia y la desesperación de este mundo. Este es el combustible de las revueltas árabes y, como yesca acumulada, fácil de inflamarse. Como Zuckerberg, sin duda el joven Bouazizi afirmaría que su ejemplo tuvo la simple virtualidad de prender una mecha ya tendida hacia la explosión árabe, el más inesperado y esperanzador acontecimiento de la primera década del siglo XXI.
Así ha sido. Desde entonces, el gesto simbólico del indignado Bouazizi ha desencadenado revueltas en la gran mayoría de los países árabes, tanto en el Magreb como en el Maxreq, e incluso en alguna petromonarquía del Golfo. Las revueltas árabes se han llevado por delante ya a dos dictadores —Ben Ali primero y Mubarak después— y quizás ya a un tercero, Ali Abdalah Saleh, presidente de Yemen, quien en estos momentos se encuentra en Arabia Saudí. Siempre pacíficas, tras su inicial triunfo en Túnez y Egipto, en otros países han derivado en abierto conflicto armado o están siendo reprimidas con un gradiente de violencia que va desde la moderada de Marruecos a la sangrienta de Siria. En Bahréin y en Libia han motivado intervenciones armadas exteriores que, interesadas en ambos casos, expresan la complejidad y el carácter impredecible que pueden tomar los acontecimientos. También ha habido convocatorias y manifestaciones en Gaza y en Cisjordania, que —en esto sí se ponen de acuerdo— han sido reprimidas con igual brutalidad por Hamas y por la Autoridad Palestina, respectivamente. La reconciliación de ambas facciones palestinas en El Cairo se debe al cambio interno que la revuelta de la Plaza Tahrir ha producido en Egipto, pero también a la creciente indignación de la población palestina, cautiva por partida doble.

 

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Un imperio de bases militares

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 18 junio 2011

Antes de leer este artículo, trate de responder a esta pregunta: ¿cuántas bases militares tiene Estados Unidos en otros países: a) 100 b) 300 c) 700 ó d) 1000.
De acuerdo con la lista del propio Pentágono (1), la respuesta es de alrededor de 865, pero si se incluyen las nuevas bases en Iraq y Afganistán la cifra asciende a más de mil. Estas mil bases constituyen el 95 por ciento de todas las bases militares que los demás países mantienen en territorio ajeno. En otras palabras, Estados Unidos son a las bases militares lo que Heinz es al ketchup.
La vieja manera de hacer colonialismo, practicada por los europeos, consistía en hacerse cargo de todo un país y administrarlo. Pero el procedimiento era chapucero. Estados Unidos ha sido pionero de un enfoque más ágil de imperio mundial. El historiador Chalmers Johnson afirma: “La versión norteamericana de la colonia es la base militar”; Estados Unidos, añade, tiene un “imperio de bases militares.”
Estas bases no les salen baratas. Excluyendo sus bases en Afganistán e Iraq, Estados Unidos gasta alrededor de 102.000 millones de dólares al año en la gestión de sus bases en el exterior, según Miriam Pemberton, del Institute for Policy Studies. Y en muchos casos, tenemos que preguntarnos para qué sirven. Por ejemplo, los Estados Unidos tiene 227 bases en Alemania. Tal vez tuvieran sentido durante la Guerra Fría, cuando Alemania estaba dividida en dos por el telón de acero y los responsables de la política estadounidense trataban de convencer a los soviéticos de que el pueblo estadounidense consideraría un ataque a Europa como un ataque a EE.UU. Sin embargo, en una nueva era en que Alemania está reunificada y Estados Unidos está preocupado por otros focos de conflicto en Asia, África y Oriente Próximo, tiene tanto sentido para el Pentágono mantener sus 227 bases militares en Alemania que tendría para el servicio de correos mantener una flota de caballos y calesas.
Ahogada en burocracia, la Casa Blanca está desesperada por recortar gastos innecesarios del presupuesto federal. El congresista por Massachusetts Barney Frank, demócrata, ha sugerido que el presupuesto del Pentágono podría reducirse en un 25 por ciento. Tanto si consideramos políticamente realista el cálculo de Frank como si no, las bases en el exterior son sin duda un objetivo apetitoso para las tijeras del recortador de presupuestos. En 2004, Donald Rumsfeld, estimó que Estados Unidos podría ahorrar 12.000 millones de dólares con el cierre de unas 200 bases exteriores. El coste político sería casi nulo dado que las personas económicamente dependientes de las bases son ciudadanos extranjeros y no pueden votar en las elecciones estadounidenses.
Sin embargo, las bases extranjeras parecen invisibles a los que pretenden recortar el presupuesto del Pentágono, que alcanza los 664.000 millones de dólares anuales. Tomemos el artículo del New York Times The Pentagon Meets the Real World (El Pentágono ante el mundo real (2) El editorialista del Times pedía a la Casa Blanca que tuviera el “coraje político” de recortar el presupuesto de defensa. ¿Sugerencias? Suprimir los programas de adquisición del caza F-22 y del destructor DDG-1000, y reducir el Sistema de Combate Futuro del ejército de tierra, a fin de ahorrar 10.000 millones más al año. Todas son sugerencias aceptables, pero ¿qué pasa con las bases en el extranjero?
Aunque los políticos y los expertos mediáticos parecen ignorar estas bases y entienden el estacionamiento de tropas de EE.UU. en todo el mundo como un hecho natural, el imperio de bases militares estadounidenses atrae la atención de académicos y activistas, como lo demuestra una conferencia sobre las bases exteriores celebrada en la American University a fines de febrero. NYU Press acaba de publicar el libro de Catherine Lutz Bases of empire, un libro que reúne a académicos que estudian las bases militares de EE.UU. y activistas opuestos a estas bases; Rutgers University Press ha publicado el libro de Kate McCaffrey Military Power and Popular Protest, un estudio de la base militar de Vieques (Puerto Rico) que tuvo que cerrar sus puertas ante las protestas masivas de la población local. Y Princeton University Press está a punto de publicar Island of Shame, de David Vine, un libro que cuenta la historia de cómo Estados Unidos y Gran Bretaña acordaron en secreto deportar a los habitantes chagos de Diego García a Isla Mauricio y las Seychelles, para que su isla pudiera convertirse en una base militar. Los estadounidenses hicieron un trabajo tan refinado que incluso gasearon a todos los perros chagos. A estos pobladores indígenas, chagos, se les ha negado hasta hoy el acceso a los tribunales de Estados Unidos, pero ganaron su causa contra el gobierno británico en tres juicios, aunque al final la sentencia fuera anulada por el más alto tribunal del país, la Cámara de los Lores. Ahora están interponiendo recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

 

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