Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Sobre la fundación del Partido Comunista chino: Parte 2. Los fundadores

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 8 julio 2011

 

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

En un trabajo anterior se hablaba del montaje del gobierno chino tomando como pretexto el 90 aniversario de La fundación de un partido, para realizar una superproducción cinematográfica en la que se exalta de manera espectacular una versión de la historia oficial, que poco o casi nada tiene que ver con la historia tal como sucedió. Al parecer, el régimen había quedado tan satisfecho de con una película anterior, La fundación de una República (2009), que ha vuleto a hacer el encargo a los mismos realizadores, Hans Camping y Hung Jianxin, aunque estos han quedado supeditado a los criterios dominantes en el aparato del partido. Según diversas fuentes, La fundación de un partido ha sido patrocinada por la General Motors, cuya idea del socialismo o la democracia ya sabemos. Se cuenta igualmente que los actores están haciendo la promoción a bordo de lujosos Cadillac, todo lo cual nos lleva al menos a un punto: la película poco tendrá que ver con la investigación histórica…

Entre nosotros, dicha investigación no ha sido lo que se dice una asignatura brillante. En los últimos tiempos, la mayor parte de libros publicados tratan de alguna manera sobre cómo despertó china a través de un Partido comunista de tradiciones sumamente autoritarias, y como se orientó hacia el capitalismo y el consumo, exacerbando los abismos sociales. No obstante, en los años sesenta-setenta se publicaron buena parte de los grandes trabajaos de investigación académica, y se conformó una cierta bibliografía al compás de un cierto debate que acabó cuando el fin de la llamada “banda de los Cuatro” cerró toda una época, y el maoísmo casi se extinguió de la península. En el apartado anterior publicamos un extracto que detallaba las condiciones en que se formó dicho partido, ahora damos a conocer a los dos fundadores, a los grandes personajes que abrieron la puerta para lo que iba a ser un encuentro histórico impresionante: el despertar del pueblo chino y el referente de la revolución rusa de Octubre de 1917…

(Fragmento de la Historia del Partido Comunista chino, 1921-1949, de Jacques Guillermaz, Ed. Península, Barcelona, 1970, tr. Juan-ramón Capella).
Dos profesores universitarios, muy próximos entre sí por sus preocupaciones y por su manera de actuar, pero muy sensiblemente diferentes por su temperamento y porque les esperaban destinos opuestos, son los responsables de la creación del Partido comunista chino: Ch’en Tu-hsiu y Li Ta-chao.

El primero, más conocido que el segundo, fue el organizador de los primeros grupos de estudio marxistas y primer secretario general del partido. Se nos presenta como un personaje de transición, primero arraigado por sus orígenes en la vieja cultura y en la vieja sociedad, pasando luego a las fórmulas democráticas y liberales occidentales y finalmente seducido por el marxismo, tras el «Movimiento del 4 de mayo» y la Revolución Rusa. En 1927 fue destituido de sus funciones de secretario general y posteriormente expulsado del partido; fue trotskista durante un breve período, y por último, antes de morir —en Chunking, el 24 de mayo de 1942- volvió a ser nacionalista y miembro más o menos sincero del Kuomintang.

La historia comunista oficial le juzga con mucha severidad, acusándole de no haber sido más que un «revolucionario demócrata burgués”, lleno de prejuicios y contradicciones. Sólo trata de recordar sus errores, habla cada vez menos de él, y atribuye a Li Ta-chao, ejecutado en 1927 por Chang-Tsolin, el papel principal en la introducción del marxismo en China.
Casi resulta innecesario añadir que es difícil encontrar materiales de estudio abundantes sobre Ch’en Tu-hsiu, un tránsfuga del Partido comunista chino al que el Kuomintang, por su parte, sólo podía aceptar con grandes reservas.

Ch’en Tu-hsiu —llamado a veces Ch’en Ch’ien-sheng o Ch’en Chung-tze— nació en 1879 en Hwaining, ciudad de la provincia del Anhwei, en el seno de la familia de un mandarín militar.

Educado por su abuelo y posteriormente por su hermano en el espíritu de la cultura clásica, se convirtió en bachiller (hsiu-ts’ai) en 1898 y se orientó primero hacia las técnicas navales. Tal vez como consecuencia de preocupaciones nacionales, pues la armada era entonces la mejor expresión del poderío de los extranjeros. Inició estudios en este sentido, que interrumpió muy pronto, en Hangchow, en Chekiang, en el Instituto Ch’iu Shih (Búsqueda de la Verdad). Entre 1900 y 1902 le encontramos en el Japón, primero en la Escuela Normal de Tokio y luego en la Universidad Waseda. Allí se inicia realmente en la acción política. Entra en una Asociación de la Juventud china creada por Feng Tzu-yu, uno de los primeros camaradas de Sun Yant-sen. Vuelto a China, a Shanghai, en 1902, participa en el lanzamiento de una revista y posteriormente, en 1910, en el “Diario de Angie”.

Tras un segundo y breve viaje al Japón en 1906, Ch’en Tu-hsiu marcha a Francia en 1907, donde permanece, al parecer, hasta 1910. Esta larga estancia, de la que no sabemos nada, ha de marcarle muy profundamente. Francia se le aparece como el país de la cultura y del liberalismo por excelencia. Uno de los primeros artículos que escribió para «Juventud nueva», con el título de Francia contemporánea, expresa con fuerza su apego y su admiración por ella.

A Francia —dice substancialmente— el mundo le debe tres grandes aportaciones: la igualdad política, afirmada en la declaración de los derechos del hombre; el evolucionismo., descubierto por Lamarck con anterioridad a Darwin, y el socialismo de Babeuf, fourier y Saint-Simon, que prolonga la revolución política al inspirar una sociedad más justa. . Cualquiera que sea el final de la guerra (escribe esto en 1916) —concluye retomando una frase de Nietzsche posterior a 1870— Francia ha vencido ya a todos los pueblos al darles la civilización. 1

Vuelto a China en 1910, el futuro secretario general del Partido comunista chino parece que no participó de manera especialmente activa en la revolución de 1911. Sin embargo, casi enseguida, le encontramos como comisario de Educación para la provincia de Anhwei. Cuando Yüan Shih-’ai disuelve el primer parlamento chino y se hace nuevamente con la administración, Ch’en Tu-hsiu abandona sus funciones e inicia una nueva estancia de dos años en el Japón, de 1913 a 1915.

Desde el Japón, Ch’en Tu-hsiu regresa una vez más a Shanghai. Se instala en la concesión francesa, y funda allí, en septiembre de 1915, la célebre revista «Ch’ing Nien» a la que más tarde añade el subtítulo en francés de «Jeunesse».2 Su vida pública comienza realmente con el lanzamiento de esta revista.

Ya desde el primer número, Ch’en Tu-hsiu hace un llamamiento a la tuerza que representa la juventud china. La juventud, cuyo poder garantiza la renovación de la naturaleza, tiene su paralelismo en la sociedad. Pues contrariamente a las sociedades occidentales, que se transforman sin cesar, la sociedad china es vieja, está estancada y corrompe a la misma juventud.
«De cada diez jóvenes, cinco son ya viejos físicamente, y de cada diez jóvenes que permanecen jóvenes físicamente, nueve son viejos por su mentalidad.»

Propone a la nueva juventud china seis mandamientos, cada uno de los cuales tiene un desarrollo particular:
«—Sed independientes y no serviles (a ejemplo de Nietzsche).
—Sed hombres de progreso y no de rutina (alusión a Bergson y a la Evolución creadora).
—Sed atrevidos y no timoratos (condena de Tagore y elogio de Cristóbal Colón).
—Sed internacionalistas y no aislacionistas (el futuro de una nación depende, al menos en la mitad, de las demás naciones; ejemplos extraídos de la historia china).
—Sed prácticos y no formalistas.
—Sed científicos y no quiméricos (llamamiento a la razón y a la ciencia, en oposición a la religión, al arte y a la literatura).»
Ch’en Tu-hsiu insistiría a menudo sobre este tema de la juventud y de la renovación social.
La nueva revista de Ch’en Tu-hsiu hace también un llamamiento «a la Democracia y a la Ciencia>’, ambas, como la juventud, generadoras de fuerzas nuevas que han de emancipar al individuo, destruir la vieja sociedad conservadora y pasiva y rehacer China.
«Si la Europa moderna va por delante de lo demás pueblos, es porque allí el desarrollo de las ciencias no es menos importante que la teoría de los derechos del hombre.» 3
Con todo, aunque ataca violentamente la tradición y difunde el modernismo occidental, «Juventud» se mantiene todavía al margen de las luchas políticas propiamente dichas.
Dos acontecimientos, sin embargo, contribuyeron considerablemente a la popularidad de Ch’en Tu-hsiu y, por ello, a la difusión del marxismo.

El primero fue el éxito del movimiento por la revolución cultural y literaria, uno de cuyos puntos esenciales era el abandono de la lengua literaria y su sustitución por la lengua vulgar. El gran educador Hu Shih, fallecido en 1962, fue quien planteó el problema en el número de enero de 1917 de «Juventud nueva». Ch’en Tu-hsiu le apoyó, a partir del mes siguiente, en un artículo muy vigoroso titulado Revolución en la literatura china. Se trata, sin duda, de eliminar la afectada literatura de los pequeños círculos y de crear, por decirlo con sus mismas palabras, «la literatura popular de una sociedad viva».

La cuestión de la reforma de la literatura y de la lengua produjo vivas controversias que tuvieron enorme resonancia en los ambientes intelectuales y universitarios. En cuanto al empleo, cada vez más generalizado, de la lengua vulgar, no podía menos que ampliar la audiencia de futuro Partido comunista. Más adelante veremos que aparecieron periódicos obreros apodados ‘”periódicos-mosquito», porque no emplea se necesitan entre tres o cuatro mil.

El otro acontecimiento importante fue el reagrupamiento, en torno al nuevo rector de la Universidad de Pekín, Ts’ai Yuan-p’ei, de un equipo de profesores modernos y liberales. Ts’ai Yuan-p’ei, antes de tendencias anarquistas, nombrado ministro de Educación en 1911, había contribuido mucho al envío de varios centenares de estudiantes chinos a Francia. En torno a él la Universidad se convirtió, tal como deseaba, en el centro de coincidencia de diversas tendencias, según un criterio que él definía como sigue: «Todas las teorías capaces de ser, sostenidas sobre una base razonable y que no hayan caducado por el proceso natural de eliminación, podrán expresarse en la Universidad de Pekín].»4

Ch’en Tu-hsiu, nombrado, en 1916, profesor de la Facultad de Letras de la Universidad de Pekín, evolucionó de un modo natural hacia las preocupaciones políticas de este nuevo ambiente, en el que encontró a varios de los colaboradores de «Juventud nueva» y en particular a Li Ta-chao. Con este último creó, en diciembre de 1918, «Crítica semanal», cuyo carácter político era más acentuado que el de la «juventud nueva» de la misma época.

En mayo de 1919 «juventud nueva» publica un número especial dedicado enteramente al marxismo. La contribución más interesante es la de Li Ta-chao, con el título de Nuestra concepción del marxismo. Hacia la misma época, exactamente el 11 de julio, C´hen Tu-hsiu es encarcelado por difusión de propaganda y esta participación suya en el «Movimiento del 4 de mayo» hace crecer su fama. Sin embargo, sólo fue puesto en libertad en septiembre, y entre mayo y noviembre «Juventud nueva» dejó de aparecer.

Este difícil período parece haber orientado a Ch’en Tu-hsiu hacia opiniones más radicales todavía. A partir del momento en que sale de la cárcel organiza una Sociedad de la Juventud nueva y lanza con este motivo, en nombre de la revista, un manifiesto de rara violencia.
«… Creemos que el militarismo y el culto a la fuerza han causado ya al mundo males sin cuento, y deben ser rechazados.
»Creemos que en cada país muchos conceptos heredados en materia de políticas de moral y de economía son un obstáculo para la evolución y carecen de razón de ser.
»Si queremos que la vieja sociedad evolucione, no podemos dejar de aplastar estos prejuicios “sagrados” e “inmutables”.
»Por una parte, debemos rechazar estos viejos conceptos, y, por otra, aliar las ideas de los sabios de otros tiempos a las de los sabios de hoy, a nuestras propias ideas, para crear nuevos conceptos en materia de política, de moral y de economía, para implantar el espíritu de la nueva época, para adaptarnos al medio de la nueva sociedad.
«Nuestra, nueva sociedad ideal de la nueva época será honesta, progresiva, activa, libre, igualitaria, creadora, bella, buena, pacífica, fraternal, laboriosa y alegre, y hará la felicidad de todos.
»Esperamos que se atenúen poco a poco, hasta desaparecer, la hipocresía, el conservadurismo, la pasividad, la coerción, las clases, las tradiciones, la fealdad, el mal, la guerra, las causas del desorden, la pereza, el aburrimiento y la felicidad para uno pocos.
Sin embargo, el programa político, que por lo demás se expresa con bastante vaguedad, sigue siendo liberal, sin que se adviertan huellas de comunismo:
«Aunque no creemos supersticiosamente en la omnipotencia d la política, pensamos que en la vida pública la política es importante. Creemos que en una democracia auténtica los derechos políticos deben ser atribuidos a todos, con el único criterio del trabajo y no el de los bienes… En cuanto a los partidos, reconocemos su utilidad en la política, pero no entraremos en ningún partido que defienda los intereses de la minoría, o de una clase, y que no se proponga la felicidad de toda la sociedad… »

Para algunos autores, este manifiesto está influido por la «Declaración de independencia del espíritu» publicada en Francia y firmada por numerosos intelectuales franceses y extranjeros —Barbusse, Rolland, etc.—; por lo demás, había aparecido una versión china de éste en el mismo número de «Juventud nueva».5
No puede decirse en qué momento exacto y en qué circunstancias particulares se reconoció marxista Ch’en Tu-hsiu. Aparece todavía como liberal y demócrata a finales de 1919, ero seguramente ya no lo era en el verano de 1920.
Mientras tanto, Ch‘en Tu-hsiu tuvo que abandonar Pekín para refugiarse en la concesión francesa de Shanghai. Allí entró en contacto con pequeños núcleos de tendencia socialista, anarquista y nacionalista, reunidos a partir de mayo de 1920 en un grupo heterogéneo, en el que algunos observadores ven la una primera versión del Partido comunista chino. Fue, también en Shanghai, donde conoció a Voitihky, a quien la Komintern acababa de encomendar una misión de información y de organización entre los medios simpatizantes del marxismo. Por último, a principios del año 1921, Ch’en Tu-hsiu fue llamado a Cantón por el general nacionalista Ch’en Chiung-ming, quien le invitó a acudir allí para reorganizar la educación nacional de la provincia de Kwangtung. En Cantón, al igual que en Shanghai y en algunas otras grandes ciudades, se forma un pequeño núcleo marxista. Los representantes de estos diversos grupos eran quienes fundarían, muy pronto, el Partido comunista chino.

A partir de la primavera o del verano de 1920, la historia personal de Ch’en Tu-hsiu se confunde realmente con la historia del movimiento comunista, y la encontraremos más adelante con este motivo.

Li Ta-chao

Li Ta-chao (Li Shou ch’ang), nacido el 6 de octubre de 1888 en el distrito de Liting (Hopei oriental), era bastante más joven que Ch’en Tu-hsiu. Era también de familia más modesta. Educado primero por su abuelo, en 1907 entra en el Colegio de Derecho y Ciencias Políticas de Peiyang, en Pekín, y posteriormente pasa dos o tres años en la Universidad Waseda, en el Japón de 1913 a 1916.
Como la mayoría de los estudiantes chinos en ese país, manifiesta vivos sentimientos nacionalistas que las «Veintiuna peticiones» exaltan todavía más. Sus primeros escritos políticos verdaderos, Notas sobre una vergüenza nacional, No hay que diseminarse, etc., se remontan a esta época. Era también naturalmente hostil a Yüan Shih-k’ai, y llegó a fundar una sociedad patriótica (Shen-chou Hsüeh-hui).
De regreso a Shanghai y luego a Pekín, Li Ta-chao entró por breve tiempo en la redacción del gran periódico «Ch’en pao» (La Mañana) antes de unirse al equipo de «Juventud nueva».
En febrero de 1918, Tsai Yüan-p’ei le nombró director de la biblioteca de la Universidad de Pekín, y unos meses más tarde, simultáneamente, profesor de Historia. Durante este mismo año de 1918 se afirma como uno de los principales colaboradores de Ch’en Tu-hsiu, con el cual funda la “Crítica semanal”. Contribuye también a los comienzos de la revista literaria «Hsin Ch’ao» (La Nueva Marea), creada el 18 de noviembre de 19L8, por una veintena de jóvenes literatos, preocupados a la vez por el espíritu crítico, por el espíritu científico y por la renovación de la lengua.
Al igual que Ch’en Tu-hsiu, Li Ta-chao cala en la juventud a la que pretende alzar contra las tradiciones y cuyo entusiasmo intenta despertar. Esta confianza en la juventud, posteriormente identificada con el mejor «optimismo revolucionario» de todo buen comunista, aparecía ya en 1916 en uno de sus artículos más célebres, titulado simbólicamente Ch’ing Ch’un (Primavera), y frecuentemente vuelve más tarde a encontrarse en él. 6 Por último, esta preocupación se concreta en la participación activa de Li Ta-chao en la creación de una Sociedad de Estudios de la Joven China.
Profundamente hostil al pasado, al «esqueleto descarnado» del confucionismo, advierte hasta qué punto los datos políticos y morales occidentales son de difícil aplicación en su país, todavía lleno de tradiciones. Las contradicciones de la China de su época, que se expresan hasta en los textos constitucionales y simbolizados por la supervivencia de la Corte manchú en el seno del régimen republicano, se manifiestan con fuerza en un breve artículo de mayo de 1918: ¡El Espíritu Nuevo! ¡El Antiguo!7.

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