Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Fidel Castro, absuelto por la Historia

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 15 octubre 2011

Por Noel Manzanares Blanco

El aniversario 58 de La historia me absolverá , nombre con el cual trascendió el juicio a Fidel Castro el 16 de octubre de 1953 en la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil de Santiago de Cuba por los sucesos de los Asaltos a los Cuartes “Guillermón Moncada” y “Carlos M. de Céspedes” el 26 de julio del mismo año en el Oriente de la Isla, me sirve de pretexto para abordar este título.
Grosso modo, aparece que Fulgencio Batista encabezó el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. En correspondencia, paulatinamente se fueron agravando las condiciones objetivas para la Revolución. Tal fue el contexto en el que se produjeron los referidos acontecimientos del 26 de julio de 1953.
Así, quien encabezó la última etapa del Movimiento de Liberación Nacional en Cuba, interpretando el sentir del pueblo y considerando las condiciones histórico-concreta que vivía la nación, elaboró una concepción revolucionaria cuyo eje central era el vínculo con las masas, la unidad basada en el pensamiento martiano y una táctica de lucha que garantizara derrocar a la dictadura e iniciar un proceso de profundos cambios cuantitativos y cualitativos en la estructura de la sociedad.
Por esta razón, en el mencionado juicio Fidel Castro expuso:
“El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo; he ahí concretados los seis puntos a cuya solución se hubieran encaminado resueltamente nuestros esfuerzos, junto con la conquista de las libertades públicas y la democracia política”.
Como resultado de la acción del 26 de julio de 1953, al presidio en la Isla de Pino (hoy, de la juventud) fueron a parar los moncadistas. Tras el Exilio, vino el Granma, la Sierra Maestra, el Gran Primero de Enero de 1959. Todo, con la certera guía del Máximo Líder de la Revolución Cubana.
Hablo del fundador de la vanguardia político-revolucionaria cubana. Hablo del mismo Comandante en Jefe que condujo al pueblo a la rotunda victoria en Playa Girón (Bahía de Cochinos, 1961), al honroso desenlace de la Crisis de Octubre (Crisis del Caribe, 1962), al éxito durante la Lucha Contra Bandidos (al amparo del Águila Imperial, primera mitad de la década del sesenta) y a salir airosos en diversos y complejos escenarios internos y externos durante los treinta años que le siguieron a aquel Gran Enero.
Hablo del mejor discípulo de José Martí que hacia mediados de los ochenta de la pasada centuria nos condujo al Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, una fórmula encaminada a perfeccionar el quehacer revolucionario en Cuba, para nutrir y solidificar el Socialismo; quien, cuando la contrarrevolución externa e interna apostó a que Cuba sería la próxima víctima después del derrumbe del socialismo al estilo soviético —él lo anticipó en Camagüey el 26 de julio de 1989—, convirtió lo invencible en cotidiano desde bases realistas y optimistas; el que, con la emergencia de este siglo, justamente en la alborada de la Batalla de Ideas, expresó que lo asombroso no era tanto lo que habíamos hecho, sino lo que nos quedaba por hacer.
Se trata de una personalidad tal que, justamente cuando la vida le interpuso una zancadilla, un lustro atrás, entre otros elementos nos convocó a trabajar más y mejor cada minuto, todos los días a favor de no dejar lastimar a la Revolución Cubana “ni con el pétalo de una rosa” —al decir de gente de pueblo.
Por ese entonces brotó su descomunal esfuerzo devenido “Cien horas con Fidel”, un libro fruto del diálogo con el politólogo y ensayista Ignacio Ramonet cuyo Capítulo 26 “Después de Fidel, ¿qué?”, devela la certeza de su concepción alrededor de la creación de la irreversibilidad de la Patria Revolucionaria y Socialista, construyendo nuestra invulnerabilidad militar, socio-económica e ideo-política.
Otro tanto debo apuntar acerca de cómo su Magisterio adquirió peldaños incalculables desde que inició su ofensiva periodística —precisamente reflejando la aberración que significa la sociedad de consumo contra la triada persona-sociedad-naturaleza— hasta los días que corren.
Entonces, me sobran razones para exclamar a corazón abierto: Fidel Castro, absuelto por la Historia.

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