Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Santiago Carrillo: otra vuelta a la “Tuerka”

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 4 diciembre 2011

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Si hubiese sido inglés, la Corona habría nombrado Lord a Santiago Carrillo (Oviedo, 1915), seguramente en la misma ceremonia que Fraga Iribarne, por cierto, ambos protagonista de “Últimos testigos: Fraga Iribarne – Carrillo, comunista” (1) es una obra cinematográfica formada por dos documentales diferentes basados en un mismo concepto, realizados sobre y con la participación de los que los autores señalan como los dos líderes políticos más significativos de la segunda mitad del siglo XX: Manuel Fraga y Santiago Carrillo. Estas presuntas “vidas paralelas” sin embargo, pierden cualquier similitud a finales de los años sesenta, tiempo en el que Fraga culmina su proyecto de reconstruir el partido conservador de Canovas del Castillo que se alterna con el partido liberal de Maura, lugar que ocupará el PSOE en un diseño bipartidista y social casi perfecto. En este diseño, el PCE pasa de ser “el Partido” a rozar la marginalidad, y a la clase obrera se le asigna un lugar en el servicio, en franco retroceso, con una capacidad de respuesta incluso inferior al que lo pudo tocar en aquellos lejanos tiempos en los que Rey no gobernaba pero mandaba…
Desde este lugar en el reparto, Carrillo cuenta al menos con el respeto de la élite política agradecida, y se le permite figurar como el “comunista” en entrevistas que ya no son como lo las que escenificaron en los años setenta, cuando desde TVE se planificaron diversos encuentros que, en realidad, resultaron ser juicios en los que Carrillo tuvo una y otra vez que justificar su oscuro pasado estaliniano respondiendo a las preguntas (de comisarios del orden establecido como Bernard Henri-Levy, Fernando Arrabal), etc. Ahora Carrillo es muy libre de seleccionar sus entrevistas, no le abre la puerta a cualquier historiador, y cuando va a una entrevista esta claro que no tendrá enfrente a nadie que le apriete las turcas. Eso está claro en la parte de “Últimos testigos”, como lo está en la entrevista que le hace Pablo Iglesias Turrión en el programa de “La Tuerka”.
De esta manera, sin debate posible, Carrillo puede hablar como un testigo privilegiado, como un anciano de salud envidiable y dictaminar las cosas a su gusto al tiempo que la cronología sufre curiosos saltos. Él sabe lo que tiene que decir, no le faltan lo que se dice tablas, nunca ha tenido problemas de desparpajos, y baste como muestra la anécdota que cuenta Pelai Pagès, reconocido como historiador de la revolución española, del POUM y biógrafo de Andreu Nin (2). Hace unos cuantos años, Pelai se vio obligado a cenar con Carrillo como parte de las funciones de un Foro sobre la Transición organizado por la revista valenciana por Eliseu Climent desde la revista catalanista El Temps. En medio de la cena, salió a relucir Ramón Mercader, al parecer sin mala intención, pero faltó tiempo para que Carrillo saliera al paso para declarar que ya él había denunciado estas cosas en su tiempo. Lo mismo ocurre en las entrevistas citadas.
Así por ejemplo, Carrillo habla de su fase como líder de las juventudes socialistas, las mismas que desde la segunda mitad de 1933 se sitúan en la avanzada de un proceso de radicalización motivado por la frustración reformadora del primer bienio republicano, y por el ascenso del nazismo, lo que en España se traduce en el de la CEDA, un partido que se proclamaba dispuesto a seguir el camino de Hitler, o sea acabar con el movimiento obrero. Esta corriente aparece como contraria a la derecha socialista que en Alemania ha optado por regir la alianza obrera con los comunistas (totalmente enloquecidos por el virus estaliniano, afirmaban que la socialdemocracia era el enemigo principal, y que la victoria de los nazis sería el prólogo de la suya propia), y se habían dejado llevar al matadero. Esa radicalización es internacional, y se orienta hacia las posiciones de Trotsky al que reconocen todavía como el compañero de Lenin, pero sobre todo como el gran defensor del frente único obrero contra el fascismo…En esta época, las JJSS cortejaron a Trotsky y al “trotskismo”, y hasta bien entrado 1936, insisten en que los comunistas que han formado el POUM (3) se integren en el PSOE para ganar la mayoría para el marxismo. Carrillo pues, combatió con los “trotskistas” en esta batalla, participó con ellos en las luchas de octubre del 34, y mantuvo una relación fraternal, sobre todo con Maurín y con Wilebaldo Solano. Todo cambió tras su viaje a Moscú, donde todo le pareció perfecto.
Encuentro muy curiosa la pervivencia de este Santiago Carrillo que habla de la revolución, como la conquista del poder por la “democracia obrera” (términos que solamente figuraban en el programa del POUM), del imaginario socialista, y que esto no lo relacione como sería de recibo, con los problemas tácticos y estratégicos de un proceso revolucionario abierto, de la importancia de unificar la mayoría trabajadora y de pactar con los sectores de la clase media…Identifica la revolución con su liderazgo y con la Rusia soviética que le recibe como un personaje relevante. Lo cuenta Claudín en su biografía, los anfitriones saben de las “veleidades trotskistas” del invitado, pero no se equivocan cuando confían en que va cambiar. Se le ofrece liderar la unificación de las juventudes bajo la égida de la Internacional Comunista cuyo VII Congreso se presenta como una propuesta revolucionaria en la que la unificación proletaria es condición previa para liderar la “democracia”….Esta no será la interpretación que se dará después, ni en la Francia de la no-intervención ni en la España del Frente Popular, sin embargo, Carrillo sigue hablando de una revolución, aunque se olvida que para el Komintern y para el PCE los que querían hacer la “revolución social” eran aquellos que , liza y llanamente, “hacían el juego a los enemigos de la República”.

 

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