Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Racismo, Alienación y Emancipación en el Pensamiento de Frantz Fanon

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 7 diciembre 2011

El espíritu de nuestra época entre civilización y barbarie *

“Al asistir a la liquidación de sus sistemas de
referencia en el derrumbe de sus esquemas
culturales, no le queda al autóctono más que
reconocer con el ocupante que ‘Dios no está de su lado’. “

(Frantz Fanon)

Introducción

Frantz Fanon lo expresó en términos cristalinamente claros: El racismo no es un fenómeno ‘innato’ en los hombres, ni tampoco una disposición psicológico-mental. Es una forma de discriminación social que va de la mano con la aniquilación cultural, la dominación política y la opresión militar de los pueblos colonizados en el marco de la explotación económica capitalista del hombre por el hombre, del Tercer Mundo por los países metropolitanos.

Históricamente y desde la aparición del capitalismo, el racismo ha cumplido una función vital para el sistema. Ha proporcionado y sigue proporcionando la justificación de los genocidios cometidos contra los pueblos del Tercer Mundo en el paso arrollador y aniquilador del capitalismo europeo-occidental. Con el ‘argumento’ de una ‘misión civilizadora’, basada en la supuesta ‘superioridad’ de la ‘raza blanca’, ha justificado, ayer y hoy, la intervención brutal y directa de los países metropolitanos en los asuntos de sus ex colonias en perjuicio y detrimento de sus poblaciones. Es por eso que no se puede ser racista inconscientemente, como sostiene Fanon. El racismo tiene método. El racismo es un método. Es un método de explotación, dominación, subyugación y deshumanización. Está en todas partes para cumplir su misión nefasta: justificar las ‘nuevas guerras del siglo XXI’ que no son otra cosa que las viejas guerras del siglo XX con un disfraz distinto, libradas por los recursos naturales estratégicos y el acceso a mercados. Al mismo tiempo, el racismo impide que se conozca la razón de fondo de estas guerras, esto es, la producción capitalista de ganancias a toda costa que camina sobre cadáveres y mientras tanto, sobre planetas enteros.

En la dinámica del proceso de descolonización de los años 50 y 60 del siglo pasado, enmarcado en la confrontación de los bloques, se respiró un aire de cambio que quedó captado por el Zeitgeist de aquella época, que oscilaba entre el principio de la coexistencia pacífica, de un ‘tercer camino’ y el de la contra-violencia emancipadora, de la ruptura categórica con un mundo esencialmente inhumano y explotador. El Espíritu de Bandung y el Espíritu del Manifiesto de los Condenados de la Tierra, marcaban el espíritu de la época.

El término Zeitgeist -espíritu de la época- se refiere a la verdadera esencia de una época, tal y como queda reflejada en las ideas, opiniones, corrientes intelectuales, pensamientos filosóficos y cosmovisiones que la caracterizan.

Para el filósofo alemán G.W.F. Hegel, quien opina que nadie puede ‘escaparse’ de su tiempo histórico ya que el espíritu de su época es, pues, su propio espíritu, Zeitgeist es simplemente la filosofía de una época. En términos marxistas, es lo específico que marca la sobreestructura de una época la cual, a su vez, es un reflejo de las realidades y tendencias de su fundamento material-económico.

Si tratáramos de captar el Zeitgeist de nuestra época, esta que ha comenzado con el cambio del siglo y sus esperanzas de poder dejar atrás, de una vez por todas, la época de guerras calientes y frías del siglo XX con sus incontables muertes y miserias humanas, si tratáramos de medir sus particularidades que ya se están perfilando, nos encontraríamos con algo muy desencantador: Por ahora, parece que no hay nada realmente nuevo bajo el sol. Lo viejo de siempre se nos presenta en ropa nueva y las ideas nuevas no son sino una reedición de las mismas ideas del siglo pasado. Lo peculiar de esto, sin embargo, reside en una verdad contradictoria: Por un lado, nunca antes en la historia ha sido más fácil ver la evidente bancarrota del capitalismo mundialmente establecido que trata de rejuvenecerse en vano, y por otro lado, nunca antes en la historia ha sido más difícil romper el velo que sigue cubriendo los cinco pilares sobre los que está edificado y a los que no nos cansamos de mencionar: la explotación económica, la dominación política, la discriminación social, el genocidio militar y la alienación humana. El velo que los cubre es la ideología, son las ideas dominantes de las clases dominantes, el control mental. Lo que marca el Zeitgeist de nuestra época, es esta doble verdad: No obstante las verdades abiertas, no obstante la realidad evidente, no obstante un modo de destrucción que acarrea ruinas y cadáveres por doquier, no podemos o no queremos verlas, ni actuar en consecuencia, porque ya no nos quedan ojos para ver, ni oídos para escuchar, ni cerebro para pensar, ni corazón para sentir nuestra propia agonía, que es la de la especie humana. Somos y seguimos siendo seres encadenados, seres controlados, seres alienados.

Nuevamente y cuando apenas termina la primera década del nuevo milenio, nos encontramos frente a un choque de fuerzas a escala global por otra ‘repartición’ más del mundo. Viejas y nuevas potencias, entre las que figuran los EE.UU., la Unión Europea, Rusia y China, en configuraciones que oscilan entre la cooperación y la confrontación, se están disputando el acceso a mercados y recursos naturales que han empezado a convertirse en una cuestión de vida y muerte como lo es el caso de las reservas de petróleo y agua. La carrera desesperada por asegurarse los referidos recursos se traduce en una especie de ‘recolonización’ de regiones claves del planeta, ricos en recursos naturales y ubicados en países de África, Asia y América Latina, mediante la ocupación militar. Las ‘razones’ que esgrimen las estrategias de seguridad, en este caso de los EE.UU. y de la Unión Europea para justificar el aseguramiento militar de los recursos naturales del Tercer Mundo, son las supuestas amenazas modernas del siglo XXI: El terrorismo, las armas de destrucción masiva y los llamados ‘Estados fallidos’ – producto, supuestamente, de una gestión ineficaz de sus respectivos gobiernos.

Las razones ideológicas que acompañan y subyacen a esta clase de tesis no son más que una reedición del viejo ‘argumento’ colonialista-racista que sostiene la inferioridad de los pueblos del Tercer Mundo con la que se justifica la ‘responsabilidad moral’ de Occidente de intervenir en la conducción de sus destinos. Deliberadamente se hace caso omiso de los estragos causados por el neoliberalismo con sus políticas de privatización, reducción de las funciones sociales del Estado, apertura de los mercados internos mediante los tratados de libre comercio, desregulación de los mercados financieros, etc., para culpar a los países del Tercer Mundo por no haber logrado, en las cinco décadas desde el fin del colonialismo, resolver sus graves problemas económicos, políticos y sociales, ellos mismos. Se alude entonces ante el casi colapso de sus sociedades, a un ‘deber moral’ por parte de los antiguos amos coloniales de Occidente, de retomar las riendas de sus ex colonias para el supuesto bien de sus poblaciones. Hasta se escuchan voces que claman por un ‘imperialismo postmoderno’ para restablecer y asegurar la estabilidad social en aquellas regiones del planeta en las que los ‘valores’ occidentales de probada ‘validez universal’ no han podido triunfar y en las que persiste el peligro de que sus conflictos ‘internos’ se desborden hacia Occidente. Por casualidad, las regiones en cuestión suelen poseer los recursos codiciados por este último.

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