Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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La crisis, cuatro años después. ¿Por qué es más bien Marx y no Keynes quien regresa?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 7 abril 2012

Por Esteban Mercatante

Paradojas de la historia, que se suman a las recurrencias efectistas de cierta prensa norteamericana. El semanario Newsweek publicó hace unas semanas una amarga reflexión de Robert Samuelson a cuatro años de comenzada la crisis de las hipotecas subprime, titulada “Bye-Bye Keynes” (19/12/2011). Se trata del mismo medio que, hace algo más de veinte años, proclamaba alegremente en su tapa la muerte de Marx, embriagado por la avanzada de la restauración burguesa en los ex Estados obreros degerados de la URSS y Europa del Este. Este semanario disecciona ahora la impotencia de las recetas diseñadas desde los años treinta en adelante bajo inspiración de las teorías del principal economista del siglo XX, que como nadie trabajó en el empeño de crear líneas de acción para que el modo de producción capitalista lograra sobreponerse mediante la intervención pública a sus propias contradicciones. Piedra filosofal cuya búsqueda no podía más que resultar infructuosa, siendo finalmente la Segunda Guerra la única vía que permitió restablecer plenamente las condiciones para un nuevo boom capitalista bajo comando del imperialismo norteamericano, al precio de una formidable destrucción de fuerzas productivas, incluyendo millones de personas aniquiladas (ver al respecto Paula Bach, “Apuntes a propósito de Keynes, el marxismo y la época de guerras, crisis y revoluciones”, en Lucha de Clases nº 9).
Los primeros tiempos de esta crisis iniciada en 2007, y profundizada a partir de la quiebra de Lehman Brothers en setiembre de 2008, dieron mucho que hablar sobre una vuelta en simultáneo de Marx y de Keynes. Pero cuatro años de crisis han cambiado profundamente este panorama. Muchos vieron en los comienzos esta crisis como una falla del neoliberalismo, de la falta de Estado como regulador, lo que dio lugar al desenfreno e irresponsabilidad financieras. Se trataba entonces de restablecer el lugar del Estado como disciplinador, y todo volvería a ponerse en orden en poco tiempo. Estas ideas no sólo estuvieron presentes en sectores de izquierda o progres: el 28 de setiembre de 2008, el presidente de Francia Nicolás Sarkozy sostenía que era necesario repensar el modelo de Estados liberales puros, sin capacidad de intervención en el mercado. La crisis era el catalizador para el comienzo de una nueva época, el retorno a un paradigma de regulación económica, finanzas controladas, y hacia un nuevo patrón distributivo, menos regresivo. “Esta vez es diferente”, “hemos aprendido las lecciones de 1930”, son varias de las afirmaciones que se escucharon desde que los “brotes verdes” de una incipiente recuperación comenzaron a verse durante 2009.
Pero las esperanzas de que esto había sido suficiente para pasar el mal trago empezaron a caer bajo el agobiante peso de una crisis que desafía las ingenierías hechas para contenerla. Cierto: a pesar de la fuerte caída del comercio y la actividad económica en los primeros meses que siguieron a la caída de Lehman, los masivos planes de estímulo, y la hiperactividad de los bancos centrales para inyectar liquidez y reservas en los bancos, evitaron hasta el momento una depresión como la de los años ’30. No hay parangón con lo ocurrido en esta ocasión. Aunque la producción industrial mundial se redujo en un 13% entre fines de 2008 y la primera mitad de 2009, la caída de la misma había sido de casi un 40% en la década de 1930. Las tasas de desempleo de América y Europa se elevaron a algo más de un 10% en la reciente crisis, se estima que superaron el 25% en la década de 1930.
Pero hasta ahí llega la cosa. Control de daños y resolución de la crisis son cosas muy distintas. Y la crisis, lo estamos viendo, no puede resolverse a fuerza de estímulos. Las medidas de contención de la crisis, tomadas en 2008 y 2009, sirvieron para comprar tiempo. Pero el corazón de los problemas, vinculados a los activos “tóxicos”, “infección” que corroe a las instituciones financieras, permanece intacto. Una montaña gigantesca de activos incobrables sigue afectando los balances de las insituciones financieras de EEUU y Europa. Y, desde 2010, a esto se suma una nueva “infección” que corroe las finanzas globales: la crisis fiscal de numerosas naciones europeas, que no es otra cosa que el costo de socializar los quebrantos privados (los de los bancos, no los de los millones de individuos que perdieron sus casas y empleos, y en el mejor de los casos lograron un seguro por unos meses).
Y no es que los cimientos -ideológicos y políticos- del edificio neoliberal no se hayan visto sacudidos. Como señala un artículo reciente del Financial Times, la crisis barrió “las certezas antiguas sobre la imparable marcha de los mercados” (Gideon Rachman, “Por qué me siento extrañamente austríaco”, 4/1/2012). El mismo artículo señala que durante los años de ofensiva burguesa (1978-2008) “a pesar de las diferencias nominales entre los comunistas de China, los capitalistas de Nueva York y la izquierda blanda de Europa, sus acuerdos eran más llamativos que sus enfrentamientos. Los líderes políticos de todo el mundo hablaban el mismo idioma sobre fomentar el libre mercado y la globalización”. Este consenso se ha hecho añicos, bajo los golpes de la crisis. Sin embargo, este lugar no ha sido reconquistado por los impulsores de políticas de tipo keynesiano. Como reacción a las ideas y políticas que orquestaron la ofensiva neoliberal, “no existe ninguna nueva teoría que haya establecido una ‘hegemonía’ ideológica, utilizando el concepto que hizo famoso Gramsci. Sin embargo, algunas ideas están cobrando una nueva fuerza. En términos generales, las cuatro tendencias más fuertes que están surgiendo son las siguientes: la tendencia populista de extrema derecha, la socialdemócrata-keynesiana, la hayekiana-libertaria y la socialista anticapitalista”.

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