Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

La crisis del capitalismo europeo

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 16 julio 2012

A la gente que ha perdido todo, no hace falta explicarle que es necesario un cambio fundamental: no se necesitan soluciones parciales o consignas “inteligentes”, sino el derrocamiento completo del actual sistema.

La crisis del Euro se parece a una muerte agónica interminable. Hay una cumbre “decisiva” tras otra, cada una proclamando el final definitivo a la crisis del Euro. Los mercados se recuperan durante unas pocas horas o días y luego caen de nuevo. El índice de los mercados bursátiles europeos se asemeja a un termómetro que registra el proceso de un paciente enfermo terminal.
Esta turbulencia en los mercados es un reflejo exacto del estado de ánimo de la burguesía, que se caracteriza por un nerviosismo extremo. Esto a su vez es un reflejo del alcance sin precedentes de la crisis actual. La burguesía se encuentra a la deriva en aguas desconocidas, sin mapa ni brújula.

El futuro del Euro

Nunca debemos perder de vista el hecho de que las barreras reales del crecimiento bajo el capitalismo son:
La propiedad privada de los medios de producción, y
El Estado nación.
La creación de la UE fue un intento por parte de la burguesía europea (principalmente francesa y alemana) de superar las limitaciones del Estado nación mediante la creación de un mercado común, que debía conducir a una mayor Unión. Se suponía que la introducción de una moneda común constituiría un paso importante en esa dirección.
Sin embargo, como ya hemos explicado otras veces, sobre una base capitalista, el intento de crear unos acuerdos sobre una moneda fuerte que debieran aplicarse por igual a economías tan diferentes como Alemania y Grecia estaba condenado al fracaso. Podía funcionar mientras durara el boom, pero la llegada de la recesión ha puesto de manifiesto todos los antagonismos y contradicciones nacionales. El camino hacia la Unión Europea ha alcanzado sus límites y está en retroceso. El Euro (y la propia UE) está colapsando.
El Euro no es la causa de la crisis del capitalismo europeo, pero ha agravado enormemente los problemas, especialmente de las economías más débiles como la de Grecia e Italia. En el pasado, la burguesía griega e italiana podían resolver parcialmente el problema devaluando su moneda. Ahora esta opción está vetada para ellos. La única alternativa es lo que ahora llaman una “devaluación interna”. Como los productos no pueden ganar competitividad a través de la devaluación de la moneda, deben disminuir los salarios en su lugar, del sector público y privado. Esto se traduce en un régimen de austeridad permanente y ataques a los niveles de vida.
Hagan lo que hagan ahora los mandatarios europeos, estará mal. Si continúan tratando de apuntalar el Euro, será una carga intolerable para los recursos financieros de la UE. Significa años y décadas de recortes, austeridad y caída del nivel de vida. Es una receta acabada para la lucha de clases. Pero si el Euro se desploma, será una catástrofe económica que hundirá a toda Europa (no sólo a la Eurozona) en una crisis aún más profunda.
Este dilema provoca divisiones y tensiones entre las diferentes burguesías nacionales, en particular entre Francia y Alemania. Francois Hollande obtuvo una amplia victoria electoral en las elecciones presidenciales y parlamentarias. Estará bajo presión para llevar a cabo al menos algunas de las reformas que prometió en la campaña electoral. Pero también ha prometido reducir el déficit público al 3% el año próximo. Estos dos objetivos se excluyen mutuamente.
Por otra parte, Angela Merkel exige la plena aplicación de los planes de austeridad y de los recortes. La burguesía alemana exige disciplina y equilibrio de los presupuestos. Hollande exige crecimiento; Merkel exige recortes. Más precisamente, la clase dirigente francesa quiere que la clase gobernante alemana pague para estimular la economía de otros países europeos, mientras que la clase dirigente alemana quiere que los dirigentes de los demás países capitalistas hagan pagar la crisis a sus trabajadores. ¿Cómo ponerse de acuerdo estas dos partes? Existe, por lo tanto, una escisión abierta en el corazón de Europa.
El pesimismo de la clase dirigente fue expresado en palabras del redactor económico de The Guardian, Larry Elliot, en la Cumbre del G-20:
“Sería ingenuo imaginar que el G-20 está preparando un plan para la recuperación global o que la crisis de la Eurozona terminará pronto. Los bancos centrales están en alerta máxima para hacer frente a las consecuencias de las elecciones griegas. ¿Por qué? Porque en este momento la economía mundial puede dividirse en aquellas Naciones que están en recesión, a punto de entrar en recesión o rápidamente perdiendo impulso. Por el momento, no hay buenos resultados, sólo malos y muy malos.” (The Guardian, 17 de junio de 2012)

La cuestión de la deuda

La expresión más gráfica de la crisis es la deuda pública. Sin embargo, no es la causa de la crisis, sólo un síntoma de la enfermedad del capitalismo. La deuda pública y, sobre todo, los déficits presupuestarios han aumentado significativamente como resultado del rescate de los bancos y de la propia recesión económica (que disminuye los ingresos fiscales, mientras que aumenta los gastos sociales en prestaciones al desempleo, por ejemplo).
En cada auge capitalista hay un elemento de especulación, que sólo se revela con el comienzo de la crisis. La única diferencia con esta crisis es el alcance realmente enorme de la especulación. Durante las últimas tres décadas, la burguesía intentó evitar el desplome con una expansión sin precedentes del crédito. En particular, la burguesía de EEUU, cayó en una verdadera orgía de especulación basada en una enorme expansión del crédito y en bajas tasas de interés. Esto fue fomentado activamente por Alan Greenspan y la Reserva Federal.
Marx explicó que el crédito bajo el capitalismo sirve para permitirle ir más allá de sus límites normales. Una crisis de sobreproducción puede retrasarse un tiempo ampliando artificialmente la demanda a través de crédito al consumo. Los bancos participaron activamente en esta orgía extendiendo crédito a personas a las que nunca se les habría concedido en el pasado. Esta fue la base de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y otros países.
El mismo fenómeno se produjo en Europa, especialmente en Irlanda, Islandia y España. Pero en todos los países, los bancos participaron de forma activa y entusiasta en lo que equivalía a una gigantesca estafa. Mientras continuaba la espiral ascendente, todos estaban contentos. El crédito era fácil y se hacían grandes ganancias. Pero al final, se alcanzó el límite y la precaria estructura comenzó a derrumbarse.
El resultado fue la crisis bancaria de 2008. El intento de salvar el sistema bancario mediante la inyección de enormes cantidades de dinero del Estado es uno de los principales factores que explica el reciente aumento masivo de la deuda del Estado, que ahora se pide a la clase trabajadora que pague. Todos los factores que se combinaron para empujar hacia arriba la economía mundial, ahora se combinan para empujarla a una espiral hacia abajo incontrolable . La burguesía se enfrenta ahora con las consecuencias de sus excesos anteriores. La consecuencia es una montaña de deudas acumuladas: públicas, privadas y corporativas. La pregunta es: ¿quién paga? Es la misma pregunta que se planteó en Francia en 1789 y, como entonces, la respuesta tendrá consecuencias revolucionarias.
Marx explicaba que cuando la crisis estalla, el crédito se agota, se detiene la inversión productiva, las fábricas se cierran y los trabajadores son despedidos. La burguesía exige ahora el pago de todas las deudas. Los prestamistas son despiadados. Ya no se aceptan los pagarés : Danos el dinero en efectivo! Esa es la demanda implacable, que se aplica a países y gobiernos, así como a empresas y particulares.

Alemania y el Euro

El Euro fue invención de la clase dirigente alemana. La reunificación de Alemania dio nueva vida a viejas ambiciones. Aunque en teoría Francia y Alemania son socios a partes iguales, todos sabemos que Alemania es la que manda. La burguesía alemana tiene en sus manos una poderosa economía basada en una industria fuerte. El Bundesbank controla las riendas de Europa.
Durante el boom, los niveles de vida en general subieron en Europa, pero fue un proceso muy desigual. Incluso en el periodo de auge, la burguesía presionó ferozmente a los trabajadores para aumentar la productividad, para trabajar más duramente durante más horas. Hubo un inevitable proceso de precarización, suplantando el empleo a tiempo completo por contratos a tiempo parcial con salarios más bajos y peores condiciones. Los trabajadores se sintieron mejor debido a las horas extras, al “pleno” empleo de toda la familia, a la bajada de los precios de los bienes de consumo, en parte como consecuencia de las baratas importaciones chinas y, sobre todo, debido a la desenfrenada expansión del crédito.
El capitalismo alemán, fuertemente dependiente de la exportación de sus productos industriales, exprimió sin piedad a los trabajadores para extraer la última gota de plusvalía. En la década anterior a 2008, los costos laborales aumentaron un 30% en Italia, 35% en España, 42% en Grecia, pero sólo el 7% en Alemania. Los salarios reales alemanes disminuyeron, se elevó la productividad y las exportaciones crecieron. Pero alguien tenía que importar lo que Alemania exportaba.
La creación del Euro beneficiaba al capitalismo alemán. Les proporcionó un gran mercado para sus exportaciones (el 60% va a parar a países de la UE), que se hicieron altamente competitivas por una combinación de bajada de los salarios y aplicación de la maquinaria más moderna. Con el fin de ampliar el mercado para sus exportaciones, Alemania presionó a otros países para aceptar préstamos y aumentar la demanda. El dinero que fue prestado a Grecia y otros países se utilizó para comprar bienes alemanes, que se produjeron a una escala masiva.
Ahora la burguesía alemana se queja de que fue engañada. Se quejan de que los griegos falsificaron las cuentas para poder entrar en la Eurozona. Es muy probable que eso sea cierto. ¿Pero la burguesía alemana no sabe de simple aritmética? No sabe contar? O, si la respuesta es negativa, ¿no disponen de contables competentes? Por supuesto que si. Pero en 2001 no estaban interesados en examinar demasiado al detalle las cifras, no más que los bancos de Estados Unidos, España e Irlanda que endosaron préstamos para casas a familias con pocos o ningún ingreso.
Si Alemania es un exportador y un acreedor, otras naciones europeas deben ser importadores y deudores. Esa relación entre deudores y acreedores resultó muy buena mientras que la economía estuvo en auge. Pero la crisis de 2008 reveló cruelmente la situación real. Había llegado el momento de la verdad. Pero cuando se presentó la factura, no había dinero para pagarla.

El eslabón más débil

Cada cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. Grecia es el eslabón más débil en la cadena del capitalismo europeo. Es el enfermo de Europa. Pero hay muchos enfermos en este hospital particular. Algunos ya están en cuidados intensivos (Grecia, Irlanda y Portugal). Otros están casi en la misma condición (España e Italia). Francia y Bélgica no están demasiado lejos. Los demás están en la sala de espera. Pero todos enfermarán al final.
La idea de que es posible que países como Alemania, Finlandia y Austria se puedan salvar de la enfermedad europea general es un engaño. Ya no hay ningún mercado nacional en Europa. Europa se ha formado como un mercado único con un alto grado de integración económica. El destino de uno tendrá efectos graves sobre el destino de todos. Eso es cierto incluso para el más pequeño, como Grecia.
Puede parecer una paradoja que la reciente Cumbre del G-20 en México pareciera obsesionada por el problema griego y especialmente por el resultado de las elecciones griegas. Pero aún más paradójico fue lo que sucedió después. A la burguesía (en particular la de los Estados Unidos) le preocupaba que una victoria de Syriza significara la inmediata salida de Grecia de la Eurozona, provocando una concatenación de circunstancias que pusieran en peligro el futuro del Euro, y causara una profunda depresión a escala mundial.
Cuando este resultado fue evitado por la estrecha victoria de Samaras y Nueva Democracia, la burguesía suspiró aliviada. Podría haberse esperado que la UE (es decir, Angela Merkel) lanzara un salvavidas a Samaras, o que al menos le hubiera dado alguna señal que pudiera interpretar como una promesa de alivio del sufrimiento del pueblo griego. En su lugar, la Canciller alemana le mostró un rostro pétreo a Atenas y advirtió que no se trataba en absoluto de renegociar nada.
Merkel originalmente accedió a “ayudar” a Grecia a pagar sus deudas, no por generosidad, sino porque la mayoría de estas deudas están contraídas con los bancos alemanes y franceses. La “ayuda” se acompañó de un feroz paquete de recortes que ha empujado a Grecia a una profunda recesión y la ha reducido a la mendicidad. Lejos de resolver el problema, las cosas han empeorado mucho más. Sin embargo, Merkel sigue exigiendo austeridad y “disciplina”.
En realidad, la clase dirigente alemana se encuentra en un dilema. Por un lado, no quieren hacerse cargo de las deudas de Europa y estarían encantados de dar la espalda a Grecia. Por otro lado, temen las consecuencias de una crisis bancaria europea que sería el resultado inevitable de la salida de Grecia de la Eurozona. Este dilema conduce a una especie de parálisis de las voluntades y a constantes altibajos, cuando se requiere una acción decisiva. Lo vimos nuevamente en la última cumbre de la UE. Los líderes de la UE se parecen a Nerón que tocaba el arpa mientras las llamas crecían por todas partes.

España

Las llamas han llegado a España, que ahora se encuentra en el ojo de la tormenta de la crisis económica europea. Grecia, Irlanda y Portugal son, en un sentido literal, los países periféricos de la UE. Pero España es más grande que los tres países juntos. E Italia es uno de los países centrales de la propia UE. Por lo tanto, un colapso económico en estos países tendría las más graves consecuencias para toda Europa.
Durante 14 años (1994-2008), España evitó una recesión. Tuvo una de las mayores tasas de crecimiento en Europa y creó más empleo que cualquier otro país de la UE. Parecía que el boom duraría para siempre. Pero el auge fue impulsado en gran medida por una burbuja especulativa, alimentada por crédito fácil y barato de los bancos y sobre todo de las cajas de ahorros.
El fin del boom ha puesto todas las contradicciones encima de la mesa. El mercado inmobiliario español se ha derrumbado. El precio de la vivienda se desplomó y muchas familias han perdido sus hogares, mientras que miles de propiedades permanecen vacías. Como resultado, la industria de la construcción está en crisis y muchos trabajadores de la construcción han perdido sus empleos, engrosando las filas del desempleo.
Las cifras oficiales señalan actualmente un 25% de desempleo, las más altas de la UE. Más de la mitad de la juventud de España está desempleada. El crecimiento del desempleo significa una caída pronunciada de la demanda y también de los ingresos fiscales. Los nuevos recortes sólo agravarán el problema, como ya hemos visto en Grecia.
Antes de 2007, España tenía un superávit presupuestario primario y estaba pagando en realidad sus deudas. Ahora el déficit es el equivalente al 9% del PIB, y se supone que debe reducirse al 3% para el próximo año.
España está en recesión desde hace cuatro años. Pronto se agotarán las prestaciones por desempleo, y muchas familias no podrán continuar manteniendo sus pagos de hipoteca. Esto conducirá a una nueva ola de embargos, aumentando el problema de la falta de vivienda, una nueva caída de los precios de la vivienda llevará a los bancos y cajas a quedarse con un número aún mayor de pisos vacíos que nadie quiere comprar.
Como resultado, el sistema bancario español se encuentra en una profunda crisis. Con el fin de evitar un colapso total, la UE se vio obligada a entregar hasta 100 mil millones de euros, aunque esta enorme suma no será suficiente para tapar el agujero negro en los balances de los bancos españoles. ¿Nadie conoce el verdadero alcance de las deudas de los bancos: 150 mil millones? ¿250 mil millones? Es imposible decirlo. Pero está claro que el préstamo de 100 mil millones es sólo el comienzo.
Esto queda claro para los mercados, que han reaccionado en consecuencia. Nadie quiere comprar deuda española a menos que reciban una tasa de interés elevada. La tasa de interés ya alcanzó el 7%. Tan ruinosas tasas de interés son imposibles de sostener por mucho tiempo.
Incluso antes de que los planes de austeridad y recortes masivos del nuevo Gobierno del PP fueran anunciados, ya vimos una ola tras otra de huelgas y movilizaciones regionales y sectoriales: el sector de la educación en Madrid, los funcionarios en Cataluña y Valencia, el movimiento de los estudiantes en Valencia, el movimiento del sector público de la educación, etc.. El movimiento de los indignados, con manifestaciones multitudinarias en mayo, junio y octubre de 2011, fue también un reflejo de esta acumulación de ira y ayudó a cambiar el estado de ánimo general entre la clase trabajadora.
España está siguiendo la misma ruta que Grecia, y los resultados serán similares, pero en una escala mucho mayor. El Gobierno de Rajoy es un gobierno de crisis. Su base electoral se está reduciendo rápidamente. Con los dirigentes del PSOE empujados hacia la unidad nacional, el beneficiario principal ha sido Izquierda Unida (IU) – a la izquierda del PSOE – alrededor del Partido Comunista que ha aumentado significativamente sus votos. En las encuestas nacionales de opinión IU ha subido del 6,9% en las elecciones de noviembre de 2011 al 11,6% ahora.
Esto confirma la misma tendencia hacia la izquierda que hemos visto en Grecia y Francia. Los estrategas serios del Capital ya advierten de las consecuencias revolucionarias de los recortes masivos en el gasto público. Un artículo del Financial Times, firmado por Wolfgang Münchau y titulado “España ha aceptado una misión imposible”, lo explica en términos realistas:
“El esfuerzo de España en la reducción del déficit no es sólo mala economía, es físicamente imposible, así que algo más tendrá que dar. O España fracasa en su objetivo, o el Gobierno español tendrá que despedir a tantas enfermeras y profesores que el resultado será una insurrección política.” (el énfasis es nuestro, FT, 15 de abril)

Italia

La situación del capitalismo italiano es, en todo caso, aún peor que la de España, que al menos ha recapitalizado en parte sus deudas con la ayuda de la UE. Pero el nivel de endeudamiento de Italia es aún mayor. Este ha sido el caso durante muchos años, pero ahora la situación se ha vuelto crítica.
La deuda italiana alcanzó el 120% del PIB en el pasado, pero no provocaba graves problemas ya que siempre podían devaluar la Lira para obtener una ventaja competitiva para las exportaciones italianas. En parte, la burguesía italiana compró la estabilidad social, manteniendo un alto nivel de deuda. Siempre pudieron encontrar compradores de deuda italiana en los mercados internacionales. Pero todo eso ha cambiado.
El advenimiento del Euro bloqueó esa salida. Italia perdió competitividad frente a Alemania, y el problema se vio agravado por la competencia de China. La economía italiana ha estado estancada por mucho tiempo. La falta de crecimiento ha llevado a un colapso de la confianza en los mercados, conduciendo a un incremento de los intereses que hace que Italia deba pagar para pagar a los bonistas.
Si se excluyen los pagos de interés, Italia tiene un superávit primario. Bajo el Gobierno de «izquierda» de Prodi, Italia comenzó en realidad a pagar sus deudas. Pero con tasas de interés del 6 o, incluso, 7%, el peso de la deuda se hace insostenible. Tras una década de estancamiento económico, Italia no puede permitirse financiar su deuda, que asciende a 1,90 billones de euros. Ahora tienen dificultades para vender bonos que nadie quiere comprar.
Ya que está bloqueado el camino de la devaluación, la única alternativa es lanzar un ataque contra los niveles de vida. Unos años atrás, incluso antes de que comenzara la crisis, The Economist señaló que, para que Italia recuperara su competitividad internacional, tendría que despedir a medio millón de trabajadores y los que permanecieran tendrían que aceptar un recorte salarial del 30%. Éste es el significado real de lo que se denomina una “devaluación interna”. Es el verdadero programa de la burguesía italiana.
El caso de Italia muestra el problema central de la burguesía europea: la fuerza de la clase obrera. Durante décadas los trabajadores de Europa se han acostumbrado a un cierto nivel de vida. Conquistaron unas condiciones de existencia al menos semi-civilizadas. A la clase dirigente le resulta ahora muy difícil retomar las reformas y concesiones del pasado.
El problema es que la burguesía italiana carece de un partido fuerte y un gobierno estable para implementar este programa. Berlusconi no pudo llevar a cabo lo que se necesitaba. El Gobierno de “Izquierda” de Prodi fue más allá, pero fue destruido en el intento. El Gobierno de “unidad nacional” de Monti ha visto su apoyo colapsado en pocos meses. Todos han fracasado ante la resistencia de la clase obrera italiana.
El camino está abierto para una explosión de la lucha de clases en Italia, y ofrecerá grandes oportunidades a los marxistas italianos. La perspectiva de un gobierno de Syriza causó una ola de pánico entre la burguesía de Grecia e internacionalmente. Organizaron una campaña masiva para alejar a la gente de Syriza, pronosticando una catástrofe económica si llegaba al poder. Eso fue suficiente para causar el pánico entre amplias secciones de la clase media, gente mayor y capas atrasadas y desviar el voto hacia Nueva Democracia.

Grecia

Sin embargo, el resultado electoral no ha resuelto nada. Los problemas económicos permanecen como antes. Hay una calma muy frágil y temporal de la situación, que no durará mucho tiempo. El estado de ánimo entre las masas es tan escéptico y pesimista, como lo era antes de las elecciones. Incluso entre quienes votaron a favor de Nueva Democracia, pocos creen que Samaras vaya a lograr nada. ¡Esto no da una base muy sólida para lanzar una nueva serie de ataques contra el nivel de vida del pueblo griego!
Después de tres años de continuas luchas y levantamientos también debe de haber un elemento de cansancio entre las masas griegas. Puede haber una tregua temporal. Pero nuevos cataclismos son inevitables en el próximo período. En realidad, Tsipras tuvo suerte de que no ganara las elecciones. Un gobierno de Syriza habría sufrido inmediatamente una enorme presión de la burguesía y las masas. Ahora Samaras tendrá que resolver una crisis que, sobre una base capitalista, no tiene solución.
El apoyo electoral de Nueva Democracia pronto comenzará a erosionarse. En oposición, Syriza crecerá. Esto ya está empezando a ocurrir. Hay muchos informes de personas que están tratando de encontrar a Syriza en sus áreas y comienzan a organizarse. Son principalmente los militantes avanzados pero también miles de jóvenes, especialmente desempleados y estudiantes.
Sin embargo, Syriza todavía es relativamente pequeño en cuanto a miembros. Muchos de sus cuadros están imbuidos con ideas reformistas, algunos son ex-estalinistas y un buen número son antiguos escépticos reformistas eurocomunistas. El problema se ve agravado por la afluencia de sectarios, cuya única experiencia es la de pulular sin hacer ningún esfuerzo serio para organizar a sus miembros. Estos son serios obstáculos para construir un verdadero partido comunista. Pero el partido se construirá en cualquier caso, y las masas sabrán cómo superar estos problemas.
Dentro de Syriza existen diferentes tendencias, tanto de derecha como de izquierda. El propio Tsipras se encuentra a la izquierda pero su programa es confuso. Y en una situación como ésta, la confusión es muy peligrosa. Los marxistas griegos dentro de Syriza tienen un papel importante que jugar ofreciendo claras ideas y perspectivas al partido en su totalidad.
En las últimas elecciones, Syriza obtuvo el 52% de los votos de los jóvenes de 18 a 24 años. Ese es un hecho muy importante. Esta capa jugará un papel muy importante en la transformación del partido. En 1917 los mencheviques acusaban a los bolcheviques de ser un “partido de niños”, lo cual era en gran parte cierto. Los miembros del partido bolchevique eran muy jóvenes. Los mencheviques eran principalmente antiguos sindicalistas, inclinados al reformismo.
Las principales consignas deben ser: ¡Organízate en Syriza! ¡Por un Syriza revolucionario! ¡Por la construcción de la tendencia marxista revolucionaria de Syriza! Sobre esa base una política marxista consistente puede pasar a primera plana. Estamos convencidos de la superioridad del programa e ideas marxistas, y estamos seguros de que después de un período de tiempo, sobre las bases de la experiencia, estas ideas se volverán las ideas de la totalidad del partido.

Una crisis del sistema

Trotsky explicó que son los cambios repentinos y bruscos en la situación lo que crea la conciencia revolucionaria de las masas. La crisis, en todas partes, está sacudiendo a las masas fuera de su apatía. Hay un creciente fermento en la sociedad. Se está desarrollando un estado de ánimo crítico y un cuestionamiento del sistema, que no era el caso antes.
La crisis actual está exponiendo rápidamente ante los ojos de las masas toda la podredumbre de la sociedad existente y sus instituciones. Una capa tras otra del Status Quo está siendo sentenciada ante la opinión pública y declarada culpable: banqueros, políticos, ministros y presidentes, magnates de la prensa y obispos. Quienes fueron respetados y reverenciados son despreciados o aborrecidos.
Las masas están buscando una manera de salir de la crisis. Esto se refleja en el plano electoral en violentas oscilaciones hacia la izquierda y hacia la derecha. Uno tras otro, los gobiernos suben y bajan. Cada posible combinación se intenta y fracasa, ya que sobre una base capitalista no hay forma de salir del impasse. Así, durante un período, los políticos, partidos, programas e ideas se ponen a prueba. Las masas aprenden poco a poco qué hay detrás de las promesas huecas.
Un ambiente de escepticismo está empezando a desarrollarse, se abre un signo de interrogación sobre el parlamentarismo y la política en general. Sin embargo, en Europa las ilusiones en el parlamentarismo están profundamente arraigadas. Las masas no abandonarán fácilmente a las organizaciones con las que se identifican. Pero cada una de estas organizaciones se pondrá a prueba. Habrá toda una serie de crisis, fermento y divisiones, con el surgimiento de nuevas formaciones políticas, como Syriza, Die Linke y el Frente de Izquierda, a partir de las viejas organizaciones. Los marxistas deben seguir atentamente estos desarrollos y estar preparados para intervenir enérgicamente para llegar a las capas más militantes de la clase y la juventud.
En el próximo período se verá una fuerte polarización hacia la izquierda y hacia la derecha, como ya vemos en Grecia y Francia. Por razones que hemos explicado muchas veces, no hay posibilidades para una reacción fascista o bonapartista en Europa en el futuro inmediato. Sin embargo, la subida de Amanecer Dorado es una advertencia de lo que se puede esperar si la clase obrera es incapaz de tomar el poder en Grecia. En el futuro inmediato, la burguesía está obligada a gobernar a través de los mecanismos de la democracia burguesa. En realidad, debe apoyarse en la capa superior de los sindicatos y los partidos de izquierda.
Sin embargo, cuanto más profunda sea la crisis, la burguesía decidirá que hay demasiadas huelgas, demasiadas manifestaciones, demasiado caos. Luego apelará al orden. Surgirán complots y conspiraciones, como la conspiración de Gladio en los años 70. Pero mucho antes de que pueda plantearse la cuestión de la reacción bonapartista, la clase trabajadora habrá tenido muchas oportunidades para tomar el poder. Un intento prematuro de un golpe de Estado, por ejemplo, en Grecia, provocaría una feroz resistencia que podría conducir a un recrudecimiento revolucionario.
Es cierto que la crisis se desenvuelve de manera desigual. Siempre es el caso. Avanza más rápida y con mayor intensidad en los países capitalistas más débiles, como Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, mientras que Alemania y Austria van detrás y Gran Bretaña en algún lugar en el medio. Pero todos los países serán arrastrados por la crisis general en un momento u otro.
En todas partes vemos la pesada carga del pasado, que pesa como una montaña en la conciencia de las masas y es particularmente notable en la dirección de las organizaciones de masas. Los dirigentes reformistas de los sindicatos y los partidos de izquierda están viviendo en el pasado. Incluso las mentes de los delegados y activistas sindicales están nubladas por el recuerdo de pasadas derrotas. Están infectados por un ánimo de escepticismo y cinismo.
Es aún más claro en el caso de las capas activas de los partidos de izquierda, las que fueron deformadas por el estalinismo y el reformismo en el pasado, que no confiaban en la clase trabajadora. Se necesitarán grandes acontecimientos para resucitar a esta capa, y muchos simplemente se quedarán totalmente al margen de la política y serán reemplazados por una nueva generación que no está agobiada por los recuerdos del pasado.
En general, el peso de la crisis capitalista cae más pesadamente sobre los hombros de los jóvenes. En España, la mitad de los jóvenes está desempleada. En Gran Bretaña, Cameron quiere suprimir la ayuda a la vivienda a los menores de 25 años, etc. De las filas de la juventud vendrán los mejores combatientes. Se verán atraídos por los sindicatos y partidos de izquierda en los que verán una referencia para cambiar la sociedad. Nos debemos basar en ellos. En palabras de Lenin: el que tiene la juventud tiene el futuro.

No hay salida

Algunos piensan que el único objetivo de la clase dirigente es salvar a los bancos. Es demasiado simple. Hay contradicciones entre las diferentes secciones de la clase capitalista, y los banqueros representan sólo una sección. En Gran Bretaña el peso del capital financiero es muy grande debido a la destrucción de la industria manufacturera británica. Pero, incluso, en Gran Bretaña, la coalición Tory-LibDem se ha visto obligada a ejercer presión sobre los bancos, investigar los asuntos de Barclays y RBS después del último escándalo en la fijación de la tasa de interés. Cameron exigió la renuncia del jefe de Barclays, mientras que el tímido líder Laborista pedía que Miliband fuera a la cárcel.
En Alemania, es el ala industrial de la burguesía la que impone las reglas. Están ejerciendo presión sobre los bancos para pagar y aceptar las pérdidas. En España, las acciones de Bankia perdieron entre el 80-90% de su valor, aun cuando se suponía que el valor de estas acciones quedaba “garantizado” por el Estado y el Gobierno estaba en manos del derechista Partido Popular.
Por todos lados vemos contradicciones insolubles. Crece la demanda de eurobonos. Pero alguien tendrá que suscribir estos bonos hipotéticos. ¿Quién será? Alemania, por supuesto! Cuando los Estados deudores proponen la creación de eurobonos, Merkel responde: “Ni pensarlo”.
El Ministro de Finanzas alemán dice que Grecia ha recibido más dinero que lo que Alemania obtuvo del Plan Marshall después de la segunda guerra mundial. Esto es una mentira. Después de 1948, Alemania recibió mucho más de los Estados Unidos para saldar las enormes deudas que había acumulado antes y durante la guerra. Sí, pero eso fue en un momento en el que Estados Unidos poseía dos tercios del oro mundial en Fort Knox y la economía capitalista mundial se encontraba en un tremendo auge.
¿Cuál es la posición ahora? La economía mundial está en la crisis más profunda de la historia. Estados Unidos tiene un déficit enorme – tanto externa como internamente. La mayor nación acreedora del mundo se ha convertido en una de las mayores deudoras. Y en cuanto a Alemania, no hay suficiente dinero en el Bundesbank para rescatar a España e Italia. sólo las deudas de Italia ascienden a casi 2 trillones de euros.
Alemania no quiere pagar, pero tampoco puede permitir el colapso del Euro. Por un lado, los bancos alemanes (y americanos) poseen grandes cantidades de deuda griega, española e italiana. Por otra parte, Alemania exporta sus mercancías a la zona euro.
A las insistentes demandas de eurobonos, Merkel responde: de acuerdo, pero exigimos que todas las deudas sean acordadas por la UE (es decir, por Alemania) antes de ser presentadas a los parlamentos nacionales. Además, exigimos que la Unión Europea (es decir, Alemania) tenga el derecho a interferir en sus presupuestos y vetar el gasto inaceptable, etc. Es como decir: Alemania sólo aceptará suscribir sus deudas cuando ustedes se comprometan a entregarnos su soberanía nacional.
Con una asombrosa mezcla de cinismo e insolencia, Cameron dice: estamos de acuerdo en que debe haber una Unión más estrecha de los Estados de la Eurozona para salvar el Euro [y proteger los intereses británicos] pero los británicos no seremos parte de ella y no pagaremos un solo centavo para ayudarles. Sin embargo, lo que Cameron diga o haga tiene pocas consecuencias para Europa hoy en día.
Es altamente improbable que Francia, Italia y España renuncien inmediatamente a su independencia para complacer a Merkel y el Bundesbank. Incluso aunque estuvieran de acuerdo Hollande, Rajoy y Monti, tendría que ratificarse por los parlamentos nacionales y probablemente tendría que someterse a referéndum, lo que podría tomar años y conducir a argumentos interminables. Sin embargo, la crisis del Euro está teniendo lugar ahora mismo y los mercados no esperarán hasta que el engorroso funcionamiento de la democracia parlamentaria decida la cuestión.
Los mercados y los inversionistas están perdiendo la paciencia. Ha habido lo que sólo puede describirse como una “lenta moción” a los bancos en Grecia y España. Es una muestra de lo que depara el futuro. Los bancos europeos están al borde de un abismo. Tarde o temprano un gran banco quebrará, como ocurrió con el Kreditanstalt de Viena, que se derrumbó en mayo de 1931. Tal acontecimiento puede ser el desencadenante de una crisis bancaria europea general y de una depresión profunda, que tendrá las más graves consecuencias para la economía del mundo entero.

Utopismo de los reformistas

Los reformistas no tienen ninguna solución para la crisis. Han aceptado el sistema capitalista. En su ceguera creen que los recortes son producto de la ignorancia o de una “motivación ideológica”. Algunos han intentado culpar a las agencias de calificación. Esto es como culpar a un termómetro del registro de una fiebre. Si se rompe el termómetro, la fiebre no desaparecerá. Sin las agencias de calificación, los mercados seguirán funcionando igual que antes. Y bajo el capitalismo, ¿Qué legislación puede impedirle al burgués que saque su dinero de mercados peligrosos o poco rentables para transferirlo a otros más seguros o más rentables?
Lemas como “impuestos a los ricos” pueden tener un efecto positivo como agitación, pero carecen de cualquier contenido científico. Hollande propone aumentar un 75% el impuesto a los altos ingresos. Esto sin duda le dio votos, pero si intenta ponerlo en práctica, conducirá inmediatamente a una salida masiva de capitales de Francia a Suiza o incluso a Gran Bretaña, donde Cameron dice que les dará la bienvenida con los brazos abiertos (esto no hizo nada para mejorar las relaciones entre París y Londres).
El problema con el reformismo (especialmente la variante de izquierda) es que, al interferir en el mercado, sin eliminarlo, hace imposible que el capitalismo funcione normalmente. En el caso de Francia, si Hollande intenta poner su programa en práctica, se encontrará con una huelga masiva del Capital para obligarlo a cambiar de rumbo. Eso es lo que le sucedió a Mitterrand en el pasado. Pero la situación es mucho peor ahora que en 1981 y la caída de Hollande será mucho más rápida y más abrupta. Esto provocará una nueva explosión de la lucha de clases, con un crecimiento del Frente de Izquierda y el fermento en las filas del Partido Socialista.
¿Cuál es el problema? La clase obrera ha demostrado que está dispuesta a responder a un llamamiento audaz a la acción cuando se le propone. Pero los dirigentes no tienen ninguna confianza en la clase trabajadora o en sí mismos. Incluso los mejores sectores de la izquierda se muestran reacios a ir hasta el final. Siempre están buscando alguna solución “inteligente” que permita evitar un conflicto directo con la clase dirigente. Pero sin tal confrontación ninguna salida es posible, y estos lemas “inteligentes” sólo provocarán una crisis aún peor.
Tsipras se ha vuelto muy popular a través de la imagen que ha proyectado de la izquierda y de su oposición a los planes de austeridad. Pero su programa es completamente utópico. Quiere que Grecia permanezca en la Eurozona, mientras rechaza los términos dictados por Bruselas y Berlín. Los líderes del KKE desean que Grecia vuelva al dracma. La primera opción es rechazada por los líderes burgueses de la UE, mientras que la segunda es una receta acabada para el colapso económico. En realidad, no hay ninguna solución para el capitalismo griego dentro o fuera del Euro. Decir lo contrario es engañar a la clase trabajadora.
La idea de que la solución es negarse a pagar la deuda, mientras que se mantiene el capitalismo es típica de las nociones utópicas de la pequeña burguesía radical. A menos que este lema esté vinculado a la expropiación de los banqueros y capitalistas, conduciría al colapso económico. Esto muestra el carácter limitado del programa de Tsipras, quien parece creer que Grecia puede evitar pagar sus deudas a los banqueros alemanes y franceses y seguir en la Eurozona. Esto es una utopía al extremo. Grecia pronto se encontraría no sólo fuera de la Eurozona, sino también fuera de la UE, excluida de los mercados económicos internacionales y sin poder pedir dinero prestado para pagar los salarios y las pensiones.
La única consigna correcta de transición sólo puede ser la nacionalización de los bancos sin compensación. Estos parásitos ya tienen demasiado dinero público. ¡Ni un solo centavo para los banqueros! Sólo mediante la nacionalización de los bancos y compañías de seguros será posible avanzar hacia una economía planificada racionalmente.
La expropiación del capital financiero ofrecerá muchas oportunidades para resolver los problemas que enfrenta la sociedad. Sin embargo, la nacionalización de los bancos es, en sí misma, insuficiente. Incluso si todo el sistema bancario fuera nacionalizado no pondría fin a la anarquía del capitalismo. Es necesario nacionalizar los grandes monopolios que dominan la economía, bajo la administración y control democráticos de los trabajadores. Las “grandes palancas” de la economía deben estar en manos del Estado, y éste en manos de la clase trabajadora. Sólo entonces será posible planear las fuerzas productivas de forma racional y armoniosa.
Debemos decir la verdad a la clase obrera de Grecia: sólo tiene una opción: tomar el poder y luego apelar a los trabajadores de Europa a seguir su ejemplo. Abajo con la Europa de los banqueros y capitalistas! Por los Estados Unidos Socialistas de Europa! Ese es nuestro lema. Si los trabajadores griegos toman el poder en sus manos, tendría un efecto eléctrico sobre los trabajadores de toda Europa, empezando por España, Italia, Portugal y Francia. Tendría repercusiones por lo menos tan grandes como la Revolución rusa en 1917. La situación se transformaría.
En países como Grecia y España, Portugal, Irlanda e Italia, el déficit presupuestario y la deuda nacional se están convirtiendo en cuestiones clave al punto que la clase dirigente se ve obligada a aplicar recortes masivos. Exigimos el cese inmediato de cualquier pago de intereses sobre la deuda nacional y el repudio de la deuda por completo (a diferencia de la consigna reformista de una auditoría). Esto plantearía inmediatamente la cuestión de cómo estos gobiernos financiarían sus gastos. A lo que respondemos: a través de la expropiación sin compensación de todo el sector bancario y de seguros y su centralización en un banco estatal nacional que se utilice para la planificación de la economía.
La nacionalización de los medios de producción, de distribución e intercambio permitiría el uso de estas fuerzas, que quedan inactivas por la anarquía del capitalismo. En España, los bancos y cajas poseen miles de propiedades vacías. Al mismo tiempo, hay un número grande y creciente de personas sin hogar. Exigimos que las casas vacías se entreguen a las personas sin vivienda.
Hay millones de parados (un 11% en toda la UE) y muchas necesidades sociales por cumplirse. La introducción inmediata de una semana de 35 horas sin pérdida de salario nos permitiría movilizar a millones de trabajadores desempleados para construir casas, escuelas, carreteras y hospitales para satisfacer las necesidades de la sociedad.
Sin embargo, no hay nada mágico en las demandas de transición, que, como dice Trotsky no son suficientes:
“Por supuesto que la escala móvil y la autodefensa de los trabajadores no son suficientes. Estos son los primeros pasos necesarios para proteger a los trabajadores de la miseria y de los cuchillos de los fascistas”. Son medios urgentes y necesarios de legítima defensa. Pero por sí solos no resolverán el problema. La tarea principal es allanar el camino a un mejor sistema económico para un uso más justo, racional y decente de las fuerzas productivas en interés de todas las personas.
“Esto no puede lograrse con los métodos ordinarios, ‘normales’, rutinarios de los sindicatos. No podemos estar en desacuerdo con esto, porque en las condiciones de decadencia capitalista los sindicatos aislados resultan ser incapaces de detener el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores. Son necesarios métodos más decisivos y profundos. La burguesía, que posee los medios de producción y posee el poder del Estado, ha traído a toda la economía a un estado de desorden total y sin esperanza. Es necesario proclamar en bancarrota a la burguesía y transferir la economía en manos frescas y honestas, es decir, en manos de los propios trabajadores”. (Discusión con un organizador de la CIO, 29 de septiembre de 1938, el énfasis es nuestro.)
Estas palabras de Trotsky expresan la esencia de las consignas de transición, que señalan el camino a la revolución socialista como la única salida. La gravedad de la crisis es tal que ya en países como Grecia muchas personas – no sólo los trabajadores avanzados y jóvenes – están sacando conclusiones revolucionarias. Debemos recalcar una y otra vez a los trabajadores más avanzados y a los jóvenes la necesidad de que la clase obrera tome el poder.
A la gente que ha perdido todo, no hace falta explicarle que es necesario un cambio fundamental: no se necesitan soluciones parciales o consignas “inteligentes”, sino el derrocamiento completo del actual sistema.

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