Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 17/07/12

Los capitales de la droga: capitales y punto

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 julio 2012

Las noticias sobre el lavado de dinero proveniente del narcotráfico y otros negocios “ilegales” en el banco HSBC, dan una muestra clara de cómo funcional el sistema capitalista.
Mientras los funcionarios y banqueros se rasgan las vestiduras y sermonean discursos inflados de moralina, lo que se revela es que los multimillonarios negocios que se hacen con el narcotráfico, la venta de armas, el tráfico de personas, etc. son parte intrínseca del movimiento de capitales a nivel mundial, por el que los bancos del sistema terminan siendo, indefectiblemente, los que “lavan” ese dinero para que así se continúe con el proceso de concentración y centralización de capitales a escala planetaria.
El mismo senador norteamericano, Carl Levin, presidente del subcomité que dio a conocer la denuncia, declaró que este tipo de casos “levantan profundas dudas sobre el sistema bancario internacional”. En realidad, más que dudas lo que se levantan son precisas certezas acerca del papel que juegan los bancos en el lavado de dinero.
Si el capitalismo es capaz de arrasar regiones enteras, sin importar la muerte de miles de seres humanos ni la irracional explotación de los recursos naturales, ¿se le puede pedir que “controle” el origen de los capitales? Pensar lo contrario sería concederle honorabilidad a los capitalistas; sería lo mismo que pedirle racionalidad a la bestia cuando va detrás de su presa.
Los motivos de las revelaciones también tienen que ver con esto. No están fundadas en la intención de limpiar el negocio de deshonestos capitalistas, sino que se debe enmarcar en la lucha intermonopolista mundial en la que hoy le tocó perder parte del millonario negocio al HSBC, como en años anteriores le tocó al Citibank o el Wells Fargo. Además, se trata de capitales provenientes del narcotráfico mexicano el cual está íntimamente ligado a las multinacionales de origen estadounidenses tanto en este negocio como en el del tráfico de armas.
Así como el capital no tiene patria, tampoco se le pide “certificado de origen”; son capitales y punto. Y por lo tanto, deben pasar a engrosar las arcas del capital financiero internacional sin más explicaciones. Son leyes objeticvas del capitalismo que se guía solamente por el afán de lucro y caunto más rápido, mejor.

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Quino en sus 80: Soy hijo de republicanos españoles, anticlerical a muerte

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 julio 2012

Los cumpleaños que no le festejaban. La ventana en la que calcaba Mafalda. La pensión que compartía con Rodolfo Walsh. Los originales perdidos en un taxi. La chica que dibujaba trenes para Hugo Pratt.
Antes de cumplir ochenta años, Quino confiesa haberse puesto de muy mal humor. “Tenía un humor de mierda”, resume el padre de Mafalda, sin tenerles miedo a las malas palabras. Usará muchas durante esta charla, aunque en rigor de verdad casi ninguna de las que usa se puede contar a esta altura –del nuevo siglo, de los usos y costumbres, del diccionario– como realmente tan mala. Carajo, por ejemplo, será una de las más usadas. Quino es un hombre encantador, que camina con pasos cortísimos, casi deslizándose sobre el piso, un Chaplin de la vejez, y que dice mucho carajo. Ese es Quino, entre tantas otras cosas.
“Estuve deprimido, medio jodido, de todo. Pero ahora que ya cumplí los ochenta todo eso se fue. Ya no me pasa nada con la edad”, aclara ante la mirada atenta de Miguel Rep, su colega y amigo, prácticamente uno de los hijos que nunca tuvo, con el que ahora comparte –a pesar del conocido gusto de Quino por un buen vino– un par de porrones de cerveza. El lugar es el living del departamento que Quino y su mujer Alicia tienen en el centro de Buenos Aires. La hora es al final de la tarde, luego de una tanda de firmas en la Feria del Libro Infantil porteña. “Lo único que me aturde es el desfile de nombres, uno atrás del otro, para las dedicatorias”, explica. Y la excusa para la reunión, por supuesto, es un cumpleaños con números tan pero tan redondos. “¿Siempre los números redondos ponen así, de mal humor?”, quiere saber Rep, quien asegura guardar aún una tarjeta con la que Quino, dos décadas atrás, lo invitó a celebrar sus sesenta años. “No”, responde enseguida Quino. “Nunca les di bola a esas cosas. Porque en mi familia nunca se festejaron los cumpleaños. Algo que a Alicia la hace sufrir mucho, porque siempre me olvido de esas fechas.”
En estos días de celebración casi colectiva de sus ochenta, Quino recuerda que el primer cumpleaños que le celebraron fue recién después de que muriesen sus padres, cuando ya estaba viviendo con su tío Joaquín Tejón, un dibujante publicitario gracias al cual el pequeño Joaquín Lavado decidió dedicarse a lo que lo llevó a ser llamado Quino.
Cada vez que nombra a su tío, Quino mira hacia un cuadro de ese otro Joaquín que está colgado en una de las paredes del living. Muestra a la maja desnuda de Goya, colgada en el museo, pero tapada –vestida– por los curiosos que la están mirando. “Fue mi tía la que me festejó mi primer cumpleaños”, precisa. “Me acuerdo de que compró bombones de Bonafide.”
Rep: ¿Cuándo fue eso?
Quino: Debe haber sido en 1948, después de la muerte de mi madre primero y mi padre después. Recién entonces me festejaron algunos cumpleaños, pero tampoco es que hayan sido tantos los festejos…
R.: ¿Por qué no los celebraban?
¿Por algo en especial?
Q: Me parece que en España es así, porque tenemos un amigo español que tampoco los festeja.
Aunque no se encoge de hombros, los silencios de Quino son como si lo hiciera. Amable y de voz baja, parece decidido a recordar en esta noche de cerveza y ochenta años. “Mi madre se murió cuando se estaba terminando la Segunda Guerra Mundial. Como yo iba al cine solo desde los 8, me había visto todos los noticieros de la guerra. Por eso cuando me cosieron la franja de luto en la manga me sentí como un nazi al que le estuviesen cosiendo el brazalete con la esvástica. ¡Fue terrible!” En esa época, dice Quino, además del luto en la manga se usaba la corbata negra y la tirita negra en la solapa. “No se podía escuchar la radio, y se tenía que dejar entornada la puerta de zaguán durante tres meses”, explica. “Antes de mi madre murió mi abuelo, y después de ella fue mi padre. Así que prácticamente me pasé de luto de los diez a los dieciocho años.”
R: ¿Eso le formó la personalidad? ¿Antes era un niño más alegre?
Q: Claro que sí. Lo fui hasta que mi madre se enfermó de un cáncer que la tuvo dos años en cama. Cuando fui a ver Gritos y susurros de Bergman, casi me tengo que ir del cine. No lo aguantaba.
R: ¿Y cómo fue la relación con su padre?
Q: Mi papá hablaba muy poco, pero cuando abría la boca era muy gracioso. Un andaluz gracioso. Era muy de café y jugar a las cartas, y una tarde de café se enojó con un amigo. No sé qué estaba diciendo el otro, pero mi padre le respondió: “¡Cállate ya, membrillo!”. A partir de entonces al otro le quedó el Membrillo. Lo cagó para siempre.

YANKIS Y MARXISTAS

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