Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Fritz Brupbacher, ¿marxista-anarquista o viceversa?

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 8 agosto 2012

Este artículo trata de ofrecer una breve información sobre un reconocido revolucionario suizo que se debatió entre las dos corrientes surgidas de la I Internacional. Va acompañado de un trabajo suyo sobre James Guillaume.

En la voluntad expresada por la Fundación Andreu Nin por recuperar cierta tradición fronteriza entre el marxismo y el anarquismo, es obligatorio hacerlo de Fritz Brupbacher, destacado anarcomarxista suizo (Zurich, 1874-Id.1945) militante, doctor en medicina y pensador social, ideológicamente situado en la frontera entre el anarquismo y el marxismo de izquierdas, amigo de Kropotkin y de la legendaria Vera Figner, siempre se identificó con las posiciones de su amigo Pierre Monatte. Brupbacher fue miembro del Partido Socialista suizo entre 1898 y 1914, fecha de su expulsión, un tiempo en el que fue atraído por el sindicalismo revolucionario y también por las ideas de Kropotkin y Guillaume. Su obra Marx and Bakounine (Munich, 1913) causó un poderoso impacto en la izquierda socialista helvética y alemana; Brupbacher luego militó en el Partido Co­munista desde 1920 hasta 1933, fecha en la que fue expulsado por su oposición al estalinismo; algunos especialistas lo han comparado con Víctor Serge, del que fue buen amigo. Brupbacher fue un apasionado defensor de Serge en Suiza, formando parte del comité Internacional que trataba de rescatarlo de las garras estalinistas en la URSS y su inconformismo libertario.
A pesar de su militancia marxista no cesó nunca de ser, en lo fundamental, un anarquista particularmente preocupado por cuestiones entonces heterodoxas como la libertad sexual. Nettlau dirá de él: “Nadie ignora que la revolución rusa le fascinó más tarde, como un gran fenómeno convertido en realidad, al menos desde hace ya un número de años. Pero permanece observador crítico e inspirado en sentimientos como los expresados en 1911 en su obra Aufgaben des Anarchismu in demokrat ischem Staate. Observa los hombres, las cosas y las ideas como médico, que no tiene el derecho ocultar los aspectos débiles de un organismo, y su crítica no puede obrar mejor sí nos engañamos. Entre los apologistas oportunistas, aduladores, diría yo, y los hombres de la crítica seria, ¿quién no prefiere a estos últimos?”. En 1935, Brupbacher publicó su autobiografía, 60 años de la vida de un hereje, de la que existe una edición francesa (Tête de Feuilles, Paris, 1971). En los años cuerante trabajó en las redes solidarias con la CNT en Zürich.
En 1956 apareció una recopilación de sus escritos con el título Socialisme et liberté. Brupbacher es un absoluto desconocido en estos pagos, y lo único que he encontrado sobre él, es este retrato de Guillaume que se reproduce en el primer volumen de la antología Ni Dios ni amo, de Daniel Guérin, con el que, por cierto, tuvo tanto en común.
James Guillaume nació el 16 de febrero de 1844 en Londres. Su padre, suizo de Nachátel, se había naturalizado inglés; su madre era francesa. Su familia paterna vivía en Fleurier, en el Val-de-Travers. Su abuelo había fundado allí, hacia 1815, una casa de relojería con una sucursal en Londres. Era republicano y hubo de refugiarse un año o dos en el cantón de Vaud, a con­secuencia de los motines de 1831. El padre de James Guillaume llegó a Londres a los veinte años, ya buen relojero, para reem­plazar a su tío en la dirección de la sucursal. No era él un hombre ordinario, y la civilización le interesaba más que el co­mercio de relojería. No se contentó con aprender, en sus horas de ocio, el alemán y el español, sino que incluso estudió las ciencias naturales, que le interesaban particularmente, y la fi­losofía. Se casó en 1832 con una joven muy cultivada, de una familia de músicos En 1848, habiéndose proclamado la república en Neuchátel, el padre de James Guillaume, ardiente republicano también volvió al país. Pronto fue nombrado juez, luego prefecto del Val-de-Trevers, y a partir de ese momento sólo se ocupó de los asuntos públicos. Elegido consejero de Estado en 1853, fue reele­gido continuamente durante treinta y cinco años.

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