Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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Encontrarás dragones y la guerra cultural del Opus Dei

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 13 agosto 2012

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Después de haber tocado la gloria en la época de Wotyla como una pieza indispensable en restauración neoliberal, el Opus Dei ha vivido una fase de “mala prensa“ en el que la literatura y el cine, no han sido ajenos. Sin ánimos de resultar exhaustivo, anotemos simplemente tres películas que le han afectado duramente. Dos de ella de un estimable valor fílmico, y otra, netamente inferior, pero que ha llegado a todo el mundo como una peli de “multinacional” (que es lo que te decían en los video-club para advertirte de que se trataba de un producto de primera)…
Las primeras son, respectivamente, el documental Opus Dei. La cruzada silenciosa. (2006) de la chilena Marcela Said, que plantea la posibilidad de que un miembro del Opus, heredero del pinochetismo, llegase a ser candidato a la presidencia en Chile (Joaquín Lavín, un tipo que quería que su país olvidara el gran terror como se había hecho aquí), una historia que le llevó a la directora a preguntarse sobre las aspiraciones políticas e ideológicas de la organización, y sus complicidades con los “milicos” y las multinacionales; y Camino (2008), realizada por Javier Fesser conquistó seis premios Goya e indignó a los responsables de la prelatura. Fesser describe la historia de una niña santa (Alexia González Barros en la vida real) a la que el Opus quiso canonizar, una obra conseguida (sobre todo en la parte actoral), que no dejado indiferente a nadie.
Pero mientras que la primera ha tenido una distribución muy minoritaria, y la segunda solamente ha tenido un éxito relativo, en el caso de El Código da Vinci (USA, 2006), la cosa cambian. Es de esas películas que goza de una distribución mundial, que se emite constantemente en la pequeña pantalla. Dirigida por el irregular Ron Howard, era una adaptación del celebérrimo best seller de Dan Brown. Literariamente la obra no quedará para la posteridad, pero su eficacia narrativa enganchó a millones de lectores que pudieron percibir al Opus como una poderosa secta en la sombra con criminales monjes albinos incluidos. No hay que decir que la Obra puso el grito en el cielo, con Franco o con Pinochet esto no hubiera pasado. Pero el resultado fue que la película tuvo una secuela Ángeles y demonios (USA, 2009), no menos multinacional que la anterior e igualmente protagonizada por Tom Hanks, y seguramente, no menos execrable.
Con esta ofensiva crítica, llegamos a un momento cualquier conversación cotidiana sobre la Obra tiende sin dificultada al reconocimiento de sus partes más sórdidas. Una parte que ya se hizo evidente en el tardofranquismo, aunque, como tantas otras cosas más, la anemia política y moral de la llamada “sociedad civil”, y las miserias de la izquierda institucional le permitió influir como en lo mejores tiempos, y si hace falta una muestra no habría más que recordar el repulsivo espectáculo que las cadenas de televisión dieron con el sepelio del penúltimo monarca del Vaticano. El mismo que había bendecido la “contra” mundial, y que había tratado de aniquilar la “Teología de la Liberación”, sin reparar en medios, ni tan siquiera la liquidación de monseñor Romero.
Un “lobby” con un poder y con las complicidades (el neoliberalismo ha hecho su matrimonio de conveniencia con todos los fundamentalismos religiosos, sobre todo los que además bendicen los buenos negocios), como el Opus Dei, no podía por menos que tratar de desarrollar una contraofensiva.
En este cuadro se inscribe la contratación de un realizador con un cierto prestigio como el británico Roland Joffé, al que se le encargó un ambicioso “biopic” sobre Escrivá de Balaguer canonizado en 1992 por Wotyla como parte de un proceso de beatificaciones en los que se podían distinguir no pocos representantes de un catolicismo cómplice, no ya con los grandes negocios, sino también los fascismo, incluyendo los que creyeron que Franco era Caudillo por la gracia de Dios.
Joffe había logrado un gran prestigio trabajando con el inteligente productor David Puttman. Gracias a esta colaboración consiguió dos nominaciones al Oscar, primero en 1984 con Los gritos del silencio (The Killing Fields), un alegato contra el estalinismo que no se olvida de dejar clara la responsabilidad del Imperio (Iñaki), y sobre la cual habría mucho que hablar, nominación que repitió dos años más tarde con La misión ((The Mission), no menos apasionante que, por más que se pudieran hacer reparos históricos, suponía un alegato en defensa de las comunidades indígenas…Estas películas contaron con grandes guiones, de Bruce Robinson la primera , de Robert Bolt la segunda, una ventaja de partida que ya no volvió a contar, de tal manera que no volvió a realizar ninguna otra película memorable, ni tan siquiera la mitad de la mitad de memorable. Según el Wikipedia, Joffe se declara agnóstico y de izquierdas, y que “incluso ha apoyado públicamente la Labour Party”, todo un detalle considerando que el autor de “Camino” haya sido más de izquierdas que Tony Blair.

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