Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

El martirio de Giordano Bruno, Héroe de las Ciencias

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 17 febrero 2013

Filippo Bruno-Fidel Ernesto Vasquez

Hoy se cumple el 413 aniversario de que esa mezcla de Hiroshima y Abú Ghraib que llamamos Inquisición quemara en la hoguera a un eminente filósofo y astrónomo por afirmar que la Tierra da vueltas alrededor del Sol y que hay una cantidad inmensa de soles y planetas en el universo.

1-. REBELDE CONTRA LA ESTUPIDEZ

Filippo Bruno nació en Nola, región de Campania, Reino de Nápoles, en el año 1548 –se desconoce el día y el mes–. A los 17 años entró en la Orden Dominica, en el monasterio San Domenico Maggiore de Nápoles, adoptando el nombre de Giordano.
A pesar que desde muy joven mostró rebeldía de pensamiento y afición por los libros prohibidos por la Iglesia, se mantuvo o­nce años en la vida eclesiástica y en una ocasión viajó a Roma para enseñarle al papa Pío V su sistema de memoria, parecido al que hoy se conoce como mnemotecnia, que comenzó a desarrollar desde muy joven. Su sistema le permitió memorizar capítulos enteros, y hasta párrafos palabra por palabra, de los libros que leía una sola vez.
A los 28 años, Giordano renunció a sus hábitos como fraile dominico. Viajó, entonces, al puerto de Noli, en Génova, y después a Savona, Turín y Venecia. Aquí publicó su primer libro “Sobre el Cambio de los Tiempos”, en el que ya expresaba, aunque en forma discreta, algunos criterios que diferían del catolicismo.
De Viena fue a Padua y Bérgamo y, cruzando los Alpes, entró a Francia, pasó por Chambery y Lyon y se quedó un año en Toulouse, en cuya universidad obtuvo el doctorado en Teología y pronunció conferencias sobre filosofía. En el verano de 1581, a los 33 años de edad, llegó a París.
París no era entonces la capital mundial de la cultura como llegaría a ser un siglo y medio después. Las capitales eran, entonces, Florencia y Amsterdam y, en cierta forma, Roma, a pesar del Papa.
En París, Giordano pronunció decenas de conferencias teológicas y se hizo famoso por su memoria excepcional que algunos atribuyeron a poderes mágicos, aunque él siempre lo negó, aduciendo que era un atributo personal que nada tenía que ver con los misterios. Enrique III manifestó su admiración por sus poderes memorizadores y sus conferencias y lo ayudó en su viaje a Inglaterra, adonde llegó como protegido y huésped del embajador francés.
En Inglaterra vivió tres años y en este tiempo terminó algunas de sus obras principales: “Diálogos Italianos”, “Sobre la Causa, el Principio y la Unidad”, “Sobre el Universo Infinito y los Mundos”, “La Expulsión de la Bestia Triunfante”, “Sobre el Heroico Frenesí” y otros.
Regresó a París en 1585, creándose varios problemas al plantear sus tesis contra las ciencias naturales de Aristóteles, aceptadas por la Iglesia.
Al año siguiente viajó a Alemania. Durante dos años pronunció conferencias filosóficas en la Universidad de Wittenberg.
En 1588 fue a Praga, capital entonces del Reino de Bohemia, asociado al imperio austriaco de los Hapsburgo, y fue nombrado profesor en la Universidad de Helmstedt, pero tuvo que huir al ser excomulgado por los luteranos, tan fanáticos como los católicos. En este período escribió varias de sus obras: “Sobre la Magia”, “Recuento General del Vasallaje” y “Sobre la Composición de Imágenes, Signos e Ideas”.
A principios de 1591 se hallaba en Fráncfort, pero en agosto, creyendo que la Inquisición había perdido parte de su poderío terrorista, regresó a Italia por invitación del patricio veneciano Giovanni Mocenigo, tratando, sin éxito, que le otorgaran la cátedra de matemáticas en la Universidad de Padua, que un año después ocupó Galileo.
No hay evidencias de que Galileo y Giordano se conocieran cuando aún el primero no había expuesto sus obras y ya el segundo había alcanzado cierta fama.
Hasta marzo de 1592, fue huésped y tutor de Mocenigo. Este aristócrata del incipiente capitalismo comercial traicionó a su maestro, que había tratado de enseñarle la verdad de las ciencias, entre ellas la Teoría Heliocéntrica de Aristarco y Copérnico y sus ideas sobre el universo infinito, y lo denunció a la Inquisición el mismo día en que planeaba salir de Venecia para iniciar su regreso a Praga.

2-. LA INTEGRIDAD DE LOS PRINCIPIOS

El 22 de mayo de 1592, Giordano Bruno fue arrestado por los agentes de la Inquisición veneciana. La acusación inicial que se le hizo fue de blasfemia y de creer en la pluralidad de los mundos. Se defendió con gran pericia alegando el carácter filosófico de sus ideas y enseñanzas, admitiendo que tenía dudas sobre algunos de los dogmas de la Iglesia.
A pesar de la crítica cautelosa que le hizo a los dogmas católicos ante el tribunal veneciano, la Inquisición Romana, controlada directamente por el Papa Clemente VIII, ordenó su traslado a Roma, en febrero de 1593.
Fue encerrado en la Torre de Nona durante siete años. Ante el terror y el abuso extremo, fortaleció su posición y reafirmó con más fuerzas sus ideas científicas. En el extenso juicio que se le siguió, las acusaciones principales de la Iglesia fueron las siguientes:
1-. Mantener opiniones contrarias a la fe católica y hablar en contra de ella y de sus ministros.
2-. Mantener opiniones erróneas sobre la Trinidad, la divinidad de Jesucristo y la Encarnación.
3-. Mantener opiniones erróneas sobre Jesucristo.
4-. Mantener opiniones erróneas sobre la misa y la Transubstanciación.
5-. Mantener que hay muchos mundos eternos en el universo.
6-. Creer que las almas humanas pueden reencarnar en los animales.
7-. Practicar la magia y la adivinación.
8-. Negar la virginidad de María.
Aunque el tribunal no lo inculpó por defender la Teoría Heliocéntrica, enfrentándose a la opinión de la Iglesia de que la Tierra es el centro del universo y todos los cuerpos celestes dan vueltas alrededor de ella, se daba por sentado que ésa era la causa principal contra él.
Su juicio fue controlado por el cardenal inquisidor Roberto Belarmino, el mismo que tres décadas después aterrorizó a Galileo enseñándole en el sótano de una iglesia los instrumentos de las más salvajes torturas, y lo obligó, además, a abjurar de sus ideas y lo mantuvo preso en su hogar los últimos siete años de su vida.

3-. LA COSMOLOGÍA DE GIORDANO

Fue el primer filósofo de la historia que planteó que el universo está poblado de innumerables estrellas, como el Sol, alrededor de las cuales pudieran orbitar planetas habitados por seres inteligentes. Afirmó que el Sol es una más de las innumerables estrellas que pueblan el universo.
El universo, para él, es infinito, inmóvil, sin límite, principio ni final. Está formado por un aire puro, al que llamó éter, que se mueve por su propio ímpetu –dos mil años antes, Aristóteles había planteado lo del “éter incorruptible” como substancia esencial del universo–. Se enfrentó a la idea, promovida por la Iglesia y muchos filósofos y astrónomos que aceptaban la predominante Teoría Geocéntrica– y planteó que el Sol y nuestro planeta no son nada más que dos cuerpos celestes que se hallan en un universo formado por un número inmenso, incalculable, de los mismos cuerpos celestes. Se aventuró a decir que así como nuestra estrella, el Sol, tiene un sistema planetario, todas las demás estrellas deben tenerlo también. Nadie, hasta ese momento –y, de hecho, hasta el Siglo XX–, había planteado nada similar y el tiempo le ha dado la razón, como hemos visto en los artículos anteriores sobre los descubrimientos de la Estación Espacial Kepler y de la nave interestelar Voyager 1.
Giordano no se enfrentó a la idea de Dios como creador del universo, pero puso en duda que Jesucristo y la llamada Virgen María tuvieran relación con ese supuesto Ser. Ya esto, de por sí, era una gran rebelión personal contra el falso concepto de “Dios” que predominaba en los países de Europa y América, y con sus propios dioses en las demás religiones del mundo.
Planteó que el universo es homogéneo y está integrado por los mismos elementos que forman nuestro planeta: agua, tierra, aire y fuego. Por supuesto que Leucipo, Demócrito, Aristarco, Copérnico, Giordano, Galileo, Newton y otros filósofos y astrónomos anteriores al Siglo XX, no podían conocer los muchos elementos que forman el universo y mucho menos que las cuatro fuerzas elementales de la Naturaleza son el electromagnetismo, la gravedad, la fuerza atómica fuerte –que mantiene unido el núcleo del átomo–, y la fuerza atómica débil –que determina su decaimiento radioactivo–, a pesar de que Giordano se atrevió a decir lo que sólo se comprobaría el siglo pasado: que las leyes físicas que rigen el Sol y nuestro planeta deben ser las mismas en todo el universo. Una de estas leyes sería descubierta y divulgada por Isaac Newton 87 años después del crudelísimo asesinato de Giordano.
Giordano rechazó, en su concepto de un universo sin principio ni fin, las falsas ideas religiosas de la Creación y el Juicio Final.

4-. EL CALVARIO

Estuvo de acuerdo en renunciar a algunas de sus ideas, pero no a que en el universo existen pluralidad de mundos. Belarmino exigió que tenía que abjurar a todas y cada una de sus ideas que no estuviesen de acuerdo integralmente con el dogma católico. Él se negó.
Las torturas que debe haber sufrido en esos siete años para que renunciara a sus ideas hubieran horrorizado a los monstruos de Abú Ghraib, pero para no morir en la más terrible de las muertes, la de ser quemado vivo, acudió al papa Clemente VIII para que le permitiera hacer una renuncia parcial de sus ideas.
El Papa le exigió una abjuración absoluta e incondicional… (algo que nos recuerda la actitud de Harry Truman, tres siglos y medio después, cuando le exigió la rendición a Japón usando las mismas palabras de Clemente VIII, para obligar al gobierno de Tokio a no aceptar tan insolente ultimátum y arrojar las bombas en Hiroshima y Nagasaki, las que había decidido lanzar de todas formas, con las que asesinó a más de 200,000 seres humanos, en más de un 90% niños menores de 16 años, hombres mayores de 63 años y mujeres de todas las edades)
La Inquisición lo encontró culpable de herejía y lo condenó a morir en la hoguera. Él se puso de pie para oír su sentencia y mirando, fijamente, a sus jueces, con palabra serena, les dijo:
–Tal vez ustedes pronuncien esta sentencia con más temor del que yo siento al recibirla.
Giordano Bruno fue quemado en la hoguera, en el Campo de Fiori, al centro de Roma, el 17 de febrero del año 1,600 y sus cenizas fueron lanzadas al Tíber.
Su gran obra, y el ejemplo magistral de su heroica vida, se mantendrán en la memoria de todas las personas sensibles hasta que la vida se extinga en nuestro amenazado planeta.

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