Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

Archive for 21/06/13

En deuda con Fabricio Ojeda: Los asesinos nunca fueron castigados

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 21 junio 2013

 

Fabricio Ojeda-Fidel Ernesto Vasquez

Hace 47 años fue vilmente asesinado

Las fuerzas represivas no tuvieron compasión. La orden impartida fue la de asesinar. No dejar huellas. Siempre lo fue. La alianza AD, Copei y los sectores empresariales aunados con la oligarquía y la burguesía criolla habían trazado su meta:

Impedir a toda costa que el movimiento revolucionario, el pueblo, ocupara espacios.
El de Fabricio fue un asesinato más de los cometidos por tales agrupaciones, casi desde su inicio. Amparados por una supuesta “lucha por la democracia”, se cometieron innumerables crímenes.

Fabricio Ojeda, periodista y guerrillero venezolano; nacido en Boconó el 6 de febrero de 1929 y ultimado en Caracas. Esa mañana del 21 de junio de 1966, hace exactamente 47 años, este insigne luchador social amaneció colgado de los barrotes de los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA). Los culpables de su muerte nunca fueron castigados. Gobernaba el país para entonces Raúl Leoni.

Su detención

Ese 19 de junio de 1966 Fabricio se encontraba en una “concha” del Litoral Central para cumplir una misión. Hubo una delación y fue detenido por las fuerzas policiales del régimen. Luego de ser publicitada su detención, fue trasladado a los calabozos del Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), en Palacio Blanco, frente al Palacio de Miraflores.

Ramón Florencio Gómez, oscuro ministro de la defensa del régimen, fue comisionado para dar la noticia. Fabricio Ojeda se suicidó. La Comisión de Política Interior de la Cámara de Diputados del entonces Congreso de la República, exigió que se llevara a cabo una profunda investigación.

Fabricio Ojeda trabajó como periodista en los diarios La Calle, El Heraldo y El Nacional. Fue presidente de la Junta Patriótica que logró poner fi n a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Como venezolano, acunaba la esperanza de un cambio en el país. El oprobio, la vergüenza, había finalizado. Era lo que suponía, pero no contaba con el Pacto de Punto Fijo, convalidado luego el 31 de octubre de 1958.

Fue entonces cuando algunos líderes reflexionan y deciden tomar las armas, entre ellos Fabricio Ojeda, quien en 1958 había sido electo diputado al Congreso Nacional por Unión Republicana Democrática; renunció a su cargo de parlamentario e hizo famosa su carta de renuncia el 30 de junio de 1962 y entre unos de los párrafos sostenía: “Este país que es el más rico de toda la América Latina, muestra ante los ojos angustiados de su gente, un panorama de males y penurias que se ahonda en la existencia misma de grandes contradicciones: mientras unos lo tienen todo, comodidades, lujos, placeres y bonanza; otros nada poseen, ni nada les espera, a no ser la muerte en la más completa pobreza. Mientras unos tienen en bancos y cajas fuertes millones de bolívares, otros carecen de recursos más elementales de la vida humana. Mientras unos pueden mandar a sus hijos a los mejores colegios, otros tienen que resignarse a ver a los suyos crecer en la ignorancia. Mientras unos viven como parásitos, sin trabajar ni producir, otros no encuentran dónde colocar su fuerza de trabajo. Mientras unos ven a sus mujeres dar a luz en clínicas lujosas, otros, los más, tienen que conformarse con verlas parir como animales en sus ranchos inmundos”.

Agrega en otra de sus partes: “Por ello cuando hacemos armas contra este Gobierno, las hacemos por la restitución de la constitucionalidad democrática, por la Cámara de Diputados escarnecida y atropellada, por la independencia de los poderes públicos, por la democracia

y la justicia. Convoque, pues, señor Presidente, al suplente respectivo porque yo he salido a cumplir el juramento que hice ante ustedes de defender la Constitución y las leyes del país. Si muero no importa, otros vendrán detrás que recogerán nuestro fusil y nuestra bandera para continuar con dignidad lo que es ideal y saber de nuestro pueblo.

¡Abajo las cadenas! ¡Muera la opresión! ¡Por la Patria y por el Pueblo! ¡Viva la Revolución!”

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Fabricio Por Siempre!!

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 21 junio 2013

Fabricio Ojeda por siempre-Fidel Ernesto Vasquez

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Fabricio Ojeda: 47 años de su asesinato

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 21 junio 2013

Fabricio Ojeda-Fidel Ernesto Vasquez

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A Fabricio Ojeda nos lo asesinaron un 21 de Junio

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 21 junio 2013

Fabricio Ojeda-funeral--Fidel Ernesto Vasquez

El 21 de junio, los militantes revolucionarios de las décadas del sesenta y setenta, recordamos a Fabricio Ojeda, joven jefe de la Revolución que presidió la Junta Patriótica contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y detectó precozmente, la traición del Pacto de Punto Fijo al espíritu popular del 23 de Enero, por lo que renunció al cargo de diputado al Congreso Nacional para asumir la lucha armada como vía a la conquista de la liberación nacional y el socialismo. Eran los tiempos del Frente de Liberación Nacional-Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FLN-FALN).

A Fabricio lo asesinaron en 1966 los esbirros torturadores de la democracia adeco-copeyana, esos que se formaron con criminales de la talla de Posada Carriles. Simularon un suicidio que nadie creyó. En agosto de 1976, en un encuentro de jóvenes dirigentes del PRV-Ruptura realizado en la facultad de Ingeniería Forestal de la ULA, la compañera de Fabricio expreso su testimonio vital sobre aquél héroe de la Patria que sólo pensaba en cómo recobrar la libertad para reorganizar las escasas fuerzas revolucionarias que quedaban, y continuar la lucha.

Creer que una Revolución puede triunfar y sostenerse sin estar atento a defenderla, es engañarse. El Che lo dijo a su modo, claro y monolítico: “porque en una Revolución se muere o se triunfa, si es verdadera”. No hay cambio pacífico posible cuando se trata de transformar sociedades dominadas por minorías privilegiadas. Las clases opresoras se aferran de tal manera a su predominio, que son capaces de promover la violencia más letal. Asesinan en masa para conservar el poder y conspiran sin descanso para recuperarlo, cuando lo han perdido como en el caso venezolano.

Las venezolanas y los venezolanos tenemos razones históricas poderosas para sentirnos orgullosos de las generaciones que dieron sus vidas por la Revolución, nuestros héroes y mártires del siglo XX, precursores de la idea socialista y constructores, con su propia sangre, de los revolucionarios de hoy. Ellos son ejemplo para nosotros y para nuestros hijos; ejemplo de desprendimiento y valor. Ellos son gente como: Carlos Aponte, Chema Saher, Tito González Heredia, Noel Rodríguez, Alberto Lovera, Choropo, Argimiro Gabaldón, Jesús Márquez Finol “El Motilón”, Américo Silva, Amadito Petit, Jorge Rodríguez, y todos los campesinos, estudiantes y obreros caídos en la lucha por una sociedad más justa.

Los nuevos militantes revolucionarios deben conocer la historia de estos compañeros y tantos otros que nos precedieron. Su ejemplo es un aliciente espiritual para nuestras convicciones y para el fortalecimiento del compromiso que significa en este momento la defensa de la Revolución ante los ataques –lógicos, por demás- de la contrarrevolución.

El imperialismo no va a descansar en su afán de detenernos y apoderarse, con la ayuda de los lacayos internos, de las principales reservas petroleras del mundo.
Esta Venezuela revolucionaria que es el espejo donde hoy se miran los pueblos de América, debe recordar con amor a aquellos que aún sin posibilidades reales de triunfar, prefirieron exponerse a la muerte antes que claudicar.
Perseveraron y abrieron un camino.

Nuestro Comandante Supremo, Hugo Chávez, logro ese sueño de devolvernos la patria y construir los cimientos para la construcción de la patria socialista.

Por Hombres y mujeres cono Fabricio y nuestro Comandante Supremo Hugo Chávez,  estamos obligados a vencer.

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