Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

LENIN: Poder para el Pueblo

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 22 abril 2015

Lenin-Fidel Ernesto Vasquez

Fidel Ernesto Vásquez I.

Lenin, (nació en Simbirsk, Rusia, 22 de abril de 1870 y falleció en Gorki, 21 de enero de 1924) fue el seudónimo de Vladímir Ilich Uliánov, dirigente revolucionario ruso y líder del partido bolchevique. Fue el primer presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo (gobierno) de la Unión Soviética, elegido en el II Congreso de los Soviets (Comités) de diputados obreros y soldados de toda Rusia, (25 de octubre [7 de noviembre] de 1917). De pequeño se le llamaba Volodia. De mente muy lógica, se mostró excelente estudiante desde su más tierna infancia. Se distinguió en el estudio del latín y el griego. Pasó por dos tragedias en su juventud: en 1886, su padre murió de una hemorragia cerebral.

Al año siguiente, en mayo de 1887, su hermano mayor, Aleksandr Uliánov, fue detenido y fusilado por su participación en un complot contra el zar Alejandro III. El mismo fue arrestado al año siguiente y expulsado de la Universidad de Kazán por participar en protestas estudiantiles. Continuó estudiando de forma independiente (examinándose por libre en abril de 1891) y en 1892 obtuvo la licencia para la práctica de la abogacía. Ese año Ulianov organizó en Samara el primer círculo marxista de esta ciudad.

Al hacer una activa propaganda al marxismo, sus miembros entablaron contactos con los marxistas de otras ciudades de la cueca del Volga. Pero esto era ya poco para Lenin. Como en aquella zona casi no había industria y, por consiguiente, obreros, él aspiraba a trasladarse a San Petersburgo, a la sazón capital del país, una ciudad con un millón de habitantes, una parte considerable de los cuales era el proletariado industrial.

Vladimir había visitado ya la capital dos años antes: habiendo obtenido, por fin, la autorización oficial, rindió brillantemente los exámenes del curso universitario completo de Derecho.

En el otoño de 1893 se mudó a San Petersburgo.

En enero de 1894 en Moscú se realizaba un congreso de médicos y naturalistas. Entre sus delegados había quienes se hallaban ya durante muchos años bajo la vigilancia policial. En forma de fiestas estudiantiles (era el período de vacaciones) organizaban reuniones de juventud revolucionaria.

Vladimir Ulianov hacía entonces frecuentes y violentas críticas al populismo. En el verano de 1894 cogió cuantas ponencias sobre este tema había amenazado a escribir aún en Samara, en un solo libro titulado Quiénes son los ‘amigos del pueblo’ y cómo luchan contra los socialdemócratas, demostrando que la fuerza más revolucionaria de la sociedad rusa era la clase obrera y que sólo ella era capaz de levantar a los demás trabajadores a la lucha contra la autocracia y los explotadores: los terratenientes y la burguesía que iba vigorizándose. Fue en este libro donde Vladimir Ulianov formuló por vez primera la gran idea de que únicamente la alianza de la clase obrera y el campesinado podía garantizar el éxito de su lucha.

Pero la clase obrera, para poder conducir a todos los oprimidos y explotados al asalto del mundo viejo, debía tomar conciencia de su misión histórica. En función de ello le era necesario hacer suyas las ideas el socialismo científico y sobre esta base ideológica fundar organizaciones sólidas que transformasen en batallas conscientes de clase las rebeliones, huel1as y otras protestas dispersas contra los distintos capitalistas.

¿Quién debía llevar las ideas del socialismo científico a las masas proletarias? ¿Quién debía fundir las organizaciones obreras? ¿Quién debía dirigirlas? Un partido obrero socialista revolucionario único. La tarea consistía en formarlo, uniendo a los diferentes círculos marxistas. En el transcurso de un decenio Vladimir Ulianov se consagraría por entero a esta labor verdaderamente titánica.

En el otoño de 1894 Ulianov propuso a los marxistas de San Petersburgo acometer la agitación económica y política directamente en el seno de las masas proletarias, sin debilitar la propaganda en los pequeños círculos obreros ilegales.

Consciente de lo difícil que era realizar la agitación directa en las masas obreras agobiadas por la miseria, analfabetas, sin formación política y que, igual que los campesinos, conservaban una fe ingenua en el zar, explicaba a sus correligionarios: cuanto más comprensibles, más concretas y más afines a las necesidades urgentes de los obreros fueran las consignas de la agitación, tanto más fácil sería cumplirlas. Lo cual permitiría a los hombres darse cuenta de la fuerza que representaban, les uniría, les desarrollaría. y atraería nueva gente a las filas del marxismo.

En el invierno de 1894-1895 Vladimir Ulianov conoció a varias maestras de una escuela dominical vespertina, a la cual asistían muchos obreros de los círculos que dirigía. Una de ellas era Nadeshda Konstantinovna Krupskaia, que le habló mucho de sus alumnos.

Ulianov mostraba el interés por cada detalle que caracterizaba la vida de los proletarios.

La cuestión de pasar de la propaganda de las ideas del socialismo científico a la agitación directa que llamaría a levantarse a la lucha por sus derechos, es decir, de unir el socialismo científico al movimiento obrero, fue debatida en la conferencia que reunió a los representantes de los círculos y grupos marxistas de las grandes ciudades industriales de Rusia y que adoptó la resolución de que aquello era necesario y oportuno.

En el otoño de 1895 tuvo lugar un acontecimiento relevante: se unieron todos los círculos marxistas San Petersburgo. En diciembre esta organización unida recibió el nombre de Unión de Lucha por la emancipación de la Clase Obrera.

La dirigió un grupo central, con Ulianov al frente. Los círculos obreros que constituyeron la base de la flamante Unión, contactaban con 70 fábricas de la capital. Se decidió editar un periódico clandestino: Rabocheie Dielo (La causa obrera).

Uniones de Lucha por el estilo de la petersburguense fueron creándose a través de todo el país. La influencia directa que los marxistas ejercían sobre el movimiento obrero en San Petersburgo no pasó inadvertida para la policía zarista, que en diciembre de 1895 detuvo a cuatro de los cinco miembros del grupo central de la Unión, incluido Vladimir Ulianov, y luego a muchos militantes. Pese a aquel deterioro, la Unión de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera resistió porque había echado ya raíces en el movimiento proletario. Los obreros progresistas, educados por ella, comenzaron a constituir círculos revolucionarios.

En febrero de 1897, al cabo de más de un año de prisión, fue dictada la condena a los dirigentes de la Unión de Lucha petersburguense: confinamiento en distintos lugares periféricos del Imperio Ruso por tres años. A Vladimir Ulianov se le confinó en la aldea de Shushenskoie, en Siberia Oriental.

En aquel entonces era un lugar sórdido. Quedaba a 600 kilómetros largos del ferrocarril más próximo, y a casi 4.000 kilómetros de la capital. El correo de San Petersburgo tardaba de 13 a 14 días en llegar a Shushenskoie.

No era fácil soportar el confinamiento, y difícil saberse desligado de la labor revolucionaria de todos los días. En su condición de confinado político, no tenía derecho a ejercer de abogado, pero daba en forma no oficial consejos jurídicos a los campesinos y les ayudaba a defenderse contra la arbitrariedad de las autoridades locales. Una vez acudió a él un obrero de las minas de oro, al que su patrono había despedido sin pagarle el trabajo. La consulta que recibió le ayudó a ganar el pleito en el tribunal.

A fines de 1897 Vladimir Ulianov escribió el folleto Tareas de los socialdemócratas rusos, en el cual exhortaba a todos los círculos obreros y grupos marxistas a fundar un partido obrero socialdemócrata único. Este folleto fue muy leído por los marxistas y obreros avanzados de Rusia. Lo encontraban durante los registros y detenciones en los más diversos lugares del país.

En mayo de 1898 a Shushenskoie llegó Nadezhda Konstantinovna Krupskaia.

También había sido condenada a tres años de deportación por la causa de la Unión de Lucha. Ya en San Petersburgo Vladimir Ulianov se le había declarado en una de las cartas secretas, químicas (escritas con leche), que le enviaba.

Más tarde, encontrándose ya en Siberia, la pidió unirse con él.

Krupskaia informó a Ulianov de las últimas noticias. Eran muchas, tanto alegres como tristes. En marzo de 1898 se logró reunir un congreso de representantes de las Uniones de Lucha, que aprobó el manifiesto sobre la formación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) y eligió su Comité Central.

Pero a los diez días escasos la policía realizó redadas en 27 ciudades a la vez. Detuvo a más de 500 personas, entre ellas a dos miembros del Comité Central y a la mayoría de los miembros de la organización moscovita, muy importante.

Pero era ya imposible dar marcha atrás al desarrollo revolucionario del proletariado en Rusia. Las huelgas organizadas por la Unión de Lucha petersburguense en 1895 y 1896 compelieron al Gobierno a dictar varias leyes restrictivas de las arbitrariedades prácticamente ilimitadas de los empresarios.

Las restricciones eran míseras: la más importante consistía en reducir la jornada a 11 horas y media. Pero muchos obreros creyeron en que les era posible mejorar bastante su condición también bajo el régimen reinante, es decir, bajo el zar.

Aquellos estados de ánimo influyeron también en ciertos socialdemócratas, quienes comenzaron a llamarse economistas, porque exhortaban a limitar la labor en el seno del proletariado a la organización de las manifestaciones de carácter meramente económico y no atentar contra las bases del sistema político.

La aparición de los economistas en Rusia coincidió en el tiempo con el aumento de la influencia que en el seno de la socialdemocracia internacional iban ganando los partidarios del conformismo con los capitalistas, quienes también llamaban a desistir de la lucha política revolucionaria.

A Lenin, forzosamente aislado de la labor revolucionaria práctica, le preocupaba el camino que escogería el movimiento obrero: se inspiraría en la ideología socialista y libraría una lucha audaz y consecuente contra el zarismo y el capitalismo, hasta que la clase obrera tomase el poder, o se adaptaría al zarismo y el capitalismo.

Por fin, el plazo del confinamiento terminó. Pero las autoridades zaristas prohibieron a los ex dirigentes de la Unión de Lucha residir en la capital y en otras ciudades universitarias e industriales.

Vladimir Ulianov se instaló cerca de San Petersburgo. Su máxima ambición era unir a los numerosos comités del POSDR dispersos por todo el país.

En los viajes que hacía a las grandes ciudades -a las prohibidas San Petersburgo y Moscú inclusive-, en las reuniones que tuvo con los socialdemócratas volvió a cerciorarse de que los comités carecían de un plan de acción único y se limitaban a realizar la labor local. Tampoco había unidad en lo que se refería a los objetivos del movimiento obrero y a las vías y métodos para alcanzarlos. En muchos comités eran influyentes los economistas. Su periódico Rabochaia Misl (Pensamiento obrero) y revista Rabocheie Dielo (La causa obrera) eran las casi únicas fuentes de las que los socialdemócratas podían informarse del marxismo.

Al principio Vladimir Ilich decidió participar en las conversaciones sobre la convocatoria del II Congreso del Partido, pero las detenciones masivas realizadas en el sur del país le demostraron que era necesario encontrar otro camino para la unión.

Sí, pero ¿cuál? Hubo quienes propusieron convocar una conferencia más reducida y en ella completar el Comité Central. Pero, ¿había garantía de que una tal conferencia no correría la misma suerte que el I Congreso? Además, Ulianov estaba convencido de que era imposible acabar con la división sin poner fin a las disensiones ideológicas.

De ahí que antes de convocar el congreso fuese necesario decir abiertamente que existían dos opiniones opuestas respecto a los objetivos del movimiento obrero de Rusia: la de los economistas y la de los socialdemócratas revolucionarios. Era necesaria una amplia propaganda de las concepciones de estos últimos, ya que los economistas divulgaban las suyas. Esto permitiría a las organizaciones locales elegir de manera consciente entre las dos corrientes. Y sólo después de realizada esta labor se podría convocar el congreso del Partido.

Vladimir Ulianov había recapacitado en ello en Shushenskoie. Pensaba en que era necesario comenzar más bien a editar un periódico marxista clandestino en Rusia, que publicara el proyecto de Programa del Partido y organizara los debates en torno del mismo. Esto movilizaría los esfuerzos de las organizaciones locales a la causa de todo el Partido. Pero, en vista de las persecuciones policiales, se podía organizar la edición sistemática de tal periódico solamente en el extranjero.

Viviendo cerca de la capital y viajando de una ciudad a otra y manteniendo una correspondencia intensa. Lenin volcó todos sus esfuerzos en crear una red sólida y bien camuflada de corresponsales y distribuidores del periódico a editar.

Concluida esta labor, se fue a Suiza, a Ginebra. Allí, previa discusión con el grupo Emancipación del Trabajo (fundado en 1883 por el marxista ruso Jorge Plejanov), que aprobó la idea de crear un periódico de toda Rusia, quedó decidido comenzar a editarlo. Integraron la redacción seis personas: tres miembros del grupo Emancipación del Trabajo (Plejanov, Axelrod y Zasulich) y tres socialdemócratas de Rusia (Lenin, Martov y Potresov). Para un perfecto camuflaje se decidió no editar el periódico en Suiza, donde a la sazón estaban agrupados los centros extranjeros de la socialdemocracia rusa, sino en Alemania, en Munich: allí la vigilancia era menor.

El periódico se llamó Iskra (La Chispa).

Su primer número salió en enero de 1901. Vladimir Ilich llegaba al fondo de todas las cuestiones relacionadas con la edición del periódico: trazaba el plan de cada número, redactaba los artículos, se carteaba con los corresponsales y contribuía al máximo a que los números impresos llegaran a Rusia.

En abril de 1901 por fin llegó Krupskaia a Munich, que trabajó como secretaria de la redacción.

Iskra se llevaba ocultamente a Rusia por diferentes vías: Londres, Estocolmo, Ginebra, Marsella (en este último caso ayudaban a hacerlo los marinos de los barcos que navegaban a los puertos rusos del Mar Negro), en maletas de doble fondo, en las pastas de los libros, etc.

En Rusia, los distribuidores se encargaban de que los artículos publicados en el Iskra se reprodujesen con regularidad en otras publicaciones. Encontraban corresponsales y recursos necesarios, mantenían a la redacción informada sobre la vida del Partido y del movimiento revolucionario nacional. En torno a Iskra fueron uniéndose y cohesionándose los activistas del Partido, los revolucionarios profesionales, los obreros avanzados.

Uno de los principales méritos de Iskra fue la lucha enérgica que sostuvo contra el economismo. Lenin escribió su famoso libro ¿Qué hacer? para resumir los resultados de aquella lucha, para dilucidar prácticamente todo lo que preocupaba a la socialdemocracia de Rusia; en primer término, la cuestión clave: la del Partido en tanto que fuerza revolucionaria, dirigente y organizadora del movimiento obrero.

Los contactos entre el Iskra y Rusia fueron proliferando. La redacción recibía cartas de San Petersburgo y Moscú, del oriente y el sur del país. Muchas veces viajaron a Ginebra los propios corresponsales para informar del estado de las cosas, dejar sus señas: quién y dónde vivía, cuál era su ocupación, en qué podía ser útil.

Lenin estaba muy atareado: además de escribir el libro ¿Qué hacer?, redactaba permanentemente los artículos para el Iskra y el texto del Programa del Partido. El Programa -consignaba- es una declaración sucinta, clara y exacta de cuanto el Partido procura alcanzar, de cuanto es objetivo de su lucha.

Entonces se hizo peligroso continuar imprimiendo el Iskra en Munich: los agentes de la policía zarista habían dado con su pista, y aquello podría echar por tierra la red de corresponsales en Rusia.

En junio de 1902 salía en Londres, adonde se había mudado la redacción, el número del Iskra con el texto definitivo del proyecto de Programa. Se podía ya convocar el Congreso.

El 30 de julio de 1903, en el local de un almacén de harinas de Bruselas, ocultándose de los agentes de la policía zarista y belga, se reunieron aquel día 43 socialdemócratas rusos en representación de 26 organizaciones (21 actuantes en Rusia y 5 en el extranjero).

La gran ventana del almacén, la taparon con un paño rojo. Improvisaron una tribuna. Jorge Plejanov, veterano del movimiento socialdemócrata internacional y de Rusia, populista en su juventud y a la sazón uno de los marxistas más reputados, anunció con solemnidad la apertura del II Congreso del POSDR. Todos estaban muy emocionados, todos comprendían la importancia del acontecimiento. Plejanov fue elegido presidente; Lenin, vicepresidente del Congreso.

En la agenda había cerca de 20 cuestiones, de las cuales las siguientes tres eran de máxima importancia: los debates en torno al Programa y de los Estatutos y su adopción; las elecciones a los órganos centrales del Partido.

En el congreso estaban representadas cuantas corrientes ideológicas existían a la sazón en el Partido. Esto no pudo dejar de repercutir en sus labores.

Las discrepancias se acentuaron al máximo al discutirse el proyecto de Programa presentado al Congreso por la redacción de Iskra. Sólo Akimov, un economista propuso 21 enmiendas. Esto se debía a que en el Programa se formulaba lisa y llanamente el objetivo final del movimiento obrero de Rusia: la revolución, socialista y la irnplantación del poder político de la clase obrera en alianza con el resto de los trabajadores. Con igual claridad se definían las tareas inmediatas: derrocar al zarismo, instaurar la república, adoptar una Constitución que diese al pueblo derechos políticos (Rusia era el único país de Europa que carecía incluso de un asomo de Constitución).

Tras largas discusiones, el Congreso aprobó por inmensa mayoría el Programa del Iskra, señaló los relevantes méritos del periódico para la fundación del Partido y anunció que sería el órgano central del POSDR.

En las elecciones al Comité Central y a la redacción del Iskra los revolucionarios consecuentes, partidarios de Lenin, obtuvieron la mayoría.

Desde entonces les empezaron a llamar bolcheviques (por asociación con el vocablo ruso bolshinstvo, es decir, mayoría); los oportunistas, que quedaron en minoría, recibieron, por analogía, el nombre de mencheviques.

El II Congreso del POSDR terminó sus labores el 23 de agosto de 1903.

En enero de 1905 en la capital estalló espontáneamente una huelga general.

La encabezaron los activistas de la Asamblea de los Obreros Fabriles Rusos de San Petersburgo, fundada un año antes con permiso y con recursos de la policía. En los clubes especiales -salones de té- donde los obreros se reunían, se les impartían conferencias en el espíritu de la fidelidad al zar. Las autoridades necesitaban aquella organización reaccionaria, compuesta por más de 10.000 miembros, para poder controlar el descontento espontáneo del proletariado.

El domingo del 9 de enero de 1905 se lanzaron a las calles de San Petersburgo 140.000 personas. Creían que el zar, al enterarse de la penosa situación del pueblo, mostraría solicitud por él. Iban familias enteras. Pero el zar recibió a los indefensos obreros con ráfagas de balas, sables y vergas. Más de 1.000 obreros cayeron muertos, cerca de otros 5.000 resultaron heridos. Muchos niños que había trepado a los árboles para ver al zar sucumbieron víctimas de las balas.

Los obreros se vieron estremecidos por la brutal masacre. Hasta la parte más atrasada de la clase obrera que sinceramente deseaba entregar al mismísimo zar las peticiones del pueblo atribulado, recibió una lección inolvidable. Al anochecer, en los barrios apartados se levantaron barricadas.

Al día siguiente del domingo sangriento comenzó una huelga en Moscú. No había ciudad en que los obreros dejasen de declararse en huelga y de salir a las calles formulando reivindicaciones políticas. La primera consigna fue ¡Abajo la autocracia!

En el artículo El comienzo de la revolución en Rusia Lenin escribió que la educación revolucionaria del proletariado ha avanzado en un día como no hubiera podido hacerlo en meses y años de vida monótona, cotidiana, de opresión. Y luego: Cualquiera que sea el desenlace de la actual insurrección en el propio San Petersburgo, será en todo caso, irreversible e inexorablemente, el primer peldaño hacia una insurrección más amplia, más consciente y mejor preparada.

Los acontecimientos revolucionarios en auge imponían la máxima responsabilidad al Partido, que en aquellas circunstancias debía elaborar su táctica y definir su política. Para ello había que ir inmediatamente al Congreso.

Lenin propuso convocar el Congreso a los representantes de todos los comités del POSDR, tanto bolcheviques como mencheviques. Pero los mencheviques se negaron a acudir y convocaron en Ginebra su propio Congreso. En vista de que estuvieron representados sólo 8 comités, lo llamaron Conferencia.

El III Congreso del POSDR se reunió en Londres en la primavera de 1905. Tanto en él como en la Conferencia menchevique se abordó una misma cuestión: la valoración de los acontecimientos revolucionarios en Rusia y la elaboración de una política del Partido.

Pero las resoluciones adoptadas fueron completamente diferentes. Dos Congresos, dos Partidos: así valoró Lenin la situación.

A diferencia de los mencheviques, que dejaban a la burguesía el papel de la fuerza principal de la revolución comenzada, los bolcheviques captaron el carácter paliativo de la burguesía, afirmando que lo más que ésta haría, sería detenerse a mitad del camino y no permitiría que el pueblo demostrase su autonomía revolucionaria, su iniciativa y sus energías. Mientras que los mencheviques temían que el excesivo espíritu revolucionario ahuyentaría a la burguesía, la haría rechazar a la revolución y de esta manera dejaría al proletariado solo frente a toda la contrarrevolución, los bolcheviques estaban seguros de que aquello no sucedería, si la clase obrera -la principal fuerza revolucionaria- supiera formar la alianza con el campesinado, que no podía por sí solo, sin ayuda del proletariado, apropiarse de la tierra.

Los bolcheviques y los mencheviques divergieron también en lo referente a la insurrección armada. Los mencheviques insistían en que era necesario orientar el desarrollo de la revolución a la vía pacífica, parlamentaria, sin emplear la fuerza armada.

Lenin planteó la cuestión de una manera meramente práctica: ¿quiénes efectuarían las elecciones al parlamento?, ¿qué garantías había de que las autoridades zaristas, apoyándose en sus bayonetas, no intervendrían en el propio procedimiento electoral? o, de no lograrlo, ¿no podrían, apoyándose en las mismas bayonetas, disolver un parlamento molesto? De ahí la conclusión: la fuerza armada de la contrarrevolución podría ser vencida sólo por la fuerza armada de la revolución. Por eso el III Congreso del POSDR encomendó a todas las organizaciones socialdemócratas adoptar las medidas más enérgicas para armar al proletariado, así como para elaborar un plan de insurrección armada y de dirección inmediata de ésta.

Los acontecimientos fueron desarrollándose en Rusia con rapidez. Hubo grandes huelgas en muchas ciudades industriales. Se multiplicaron los levantamientos campesinos: en el verano de 1905 se registraron en uno de cada cinco distritos. Tambaleó también el pilar armado del zarismo que era el ejército: se sublevaron los marinos del acorazado Potemkin, de la Flota del Mar Negro.

En vista de los acontecimientos que se desarrollaban impetuosamente, Lenin planteó a las organizaciones del Partido pasar a la lucha armada. Estimó que era de singular importancia formar destacamentos de combate en las grandes ciudades. Los bolcheviques desplegaron también una intensa labor de propaganda y agitación entre los soldados y los marinos, para los cuales editaban más de 20 periódicos.

Asustado por los acontecimientos revolucionarios, el zar prometió convocar el parlamento: la Duma de Estado. Lenin adivinó que con aquella maniobra el zar esperaba aplacar el ímpetu revolucionario del pueblo.

En octubre de 1905 comenzó la huelga política general en que participaban en masa los obreros de Rusia; se sumaron a ellas tabién los ferroviarios y los empleados de correos y telégrafos.

E1 proletariado revolucionario empezó a fundar por todas partes los Soviets de Diputados Obreros. Elegidos en fábricas y talleres, éstos se encargaron no sólo de dirigir la huelga, sino también de proteger el orden. Se hicieron más frecuentes los levantamientos campesinos. Lenin se desvivía por volver al país,

para volcarse de lleno en la lucha revolucionaria.

El 30 de octubre el zar, asustado de muerte, emitió un edicto prometiendo que en las elecciones a la Duma de Estado participarían todas las clases de la población, y que la Duma pasaría a ser legislativa, mientras que el pueblo recibiría las bases inamovibles de la libertad civil: una verdadera integridad personal, libertad de conciencia, de palabra, de reunión y de asociación. A las tres semanas de publicado el edicto, Lenin y otros muchos bolcheviques llegaban a la Rusia revolucionaria.

En Petesburgo, a pesar de la Constitución que el pueblo le había arrancado al zar, Lenin y otros revolucionarios se vieron obligados a ocultarse de la policía.

Lenin tuvo que pasar a la clandestinidad, cambiando a menudo de domicilio.

No obstante, podía, por fin, dirigir el Partido y estar en el centro de la lucha.

Participó en las sesiones del Comité Central del POSDR y del Comité petersburguense del POSDR, presentó informes en las reuniones y conferencias del Partido, se entrevistó con los cuadros que acudían de todas partes de Rusia. Por último, orientó toda la labor del periódico bolchevique Novaia zhin (Vida nueva).

En diciembre de 1905 la revolución alcanzó en el país su punto álgido. La huelga política general comenzada en Moscú se transformó al otro día en la lucha de barricadas. Durante nueve días varios miles de obreros libraron heroicos combates sin parangón contra las tropas gubernamentales que les superaban en número. Tras Moscú las insurrecciones estallaron en otras muchas ciudades industriales. Pero todas estas acciones desunidas fueron aplastadas.

Sin embargo, el pueblo no se rendía. Las huelgas no cedían. En la primera mitad de 1906 las conmociones campesinas abarcaban ya buena parte del país. Se sublevaron los marinos revolucionarios del Mar Báltico, a quienes se unieron los soldados acantonados en las fortalezas de Sveaborg y Kronstadt.

Pero las fuerzas eran demasiado desiguales, y en la primavera de 1907 el movimiento revolucionario comenzó a extinguirse.

Las autoridades zaristas emprendieron una furibunda ofensiva contra la revolución. Fue disuelta la Duma de Estado, muchos de sus diputados fueron detenidos; fue modificada la ley electoral, restringiendo los mínimos derechos de los obreros y campesinos. Por todo el país menudeaban las expediciones punitivas; miles de hombres fueron fusilados o ahorcados; otros miles, encarcelados o deportados para trabajos forzados.

La policía se puso a buscar a los dirigentes bolcheviques que estaban en la clandestinidad. En vista de ello, Lenin y sus compañeros de lucha se vieron obligados de nuevo a abandonar Rusia.

Lenin volvió a vivir los difíciles años de exilio. De Rusia le llegaban noticias alarmantes. La policía acometía contra las organizaciones del Partido, infiltraba provocadores en ellas y por sus denuncias detenía en primer lugar a los militantes expertos y acreditados. Las cárceles estaban repletas, una tras otra se dictaban penas capitales.

A diferencia de los mencheviques que afirmaban que no había sido necesario empuñar las armas, Lenin y los bolcheviques estaban seguros de que habría otro auge revolucionario, porque las tareas fundamentales de la revolución habían quedado sin cumplir: los campesinos seguían sin tierra; los obreros, sin la jornada laboral de 8 horas. Sobrevivió el régimen autócrata que odiaba el pueblo. A éste le arrebataron los pocos derechos políticos que había conseguido en 1905.

La certidumbre de Lenin de que habría un nuevo auge revolucionario se basaba en que el año 1905 había enseñado al proletariado la fuerza que poseía, la fuerza de la solidaridad de clase.

Al mismo tiempo Lenin explicaba al Partido que mientras el movimiento revolucionario estaba desangrado, era absurdo exhortar a la huelga general política y menos aún a la insurrección (en el Partido había cabezas locas que lo creían posible). La táctica ofensiva debía sustituirse por la táctica defensiva, de concentración de fuerzas: era necesario poner los cuadros en la clandestinidad y realizar el trabajo en las organizaciones ilegales, pero sin perder contacto con las masas, para lo cual había que aprovechar todas las posibilidades legales.

Lenin estimaba que una de las tareas más importantes del Partido era estudiar la experiencia de la revolución, sus triunfos y sus reveses. ¿Qué enseñanzas proponía? Ante todo, las mejoras importantes en la vida del pueblo y en la administración del Estado podían lograrse sólo mediante la lucha revolucionaria de las masas. Luego, no era suficiente socavar y limitar el poder de la corona, había que destruirlo, porque el Gobierno del zar y de sus acólitos hacía tiempo que se había convertido en el primer obstáculo para el normal desarrollo nacional. Por último: sólo el proletariado, la fuerza rectora de la revolución -y el campesinado, su aliado, podían garantizar el triunfo de la revolución.

Lenin tenía razón: tras varios años de la más cruel reacción, en Rusia comenzó un nuevo ascenso revolucionario. En 1910 en muchas fábricas de San Petersburgo y Moscú estallaron huelgas. Se reanudaron manifestaciones, mítines y otras acciones revolucionarias. Las represalias y persecuciones no podían parar el movimiento que iba creciendo.

En aquel período volvió a observarse una gran afluencia de obreros al Partido.

Conscientes de que a muchos de los nuevos militantes les faltaban conocimientos y hábitos de la labor partidista, Lenin y sus compañeros organizaron en 1911 una escuela del Partido. Funcionaba en las inmediaciones de París. Los bolcheviques enseñaban allí los fundamentos de la economía política y de la filosofía, la teoría del socialismo científico. Las clases se desarrollaban como charlas en que participaban todos los presentes. El trabajo era enorme, intenso. Al concluir su preparación, los alumnos volvían a Rusia para continuar la labor práctica del Partido.

La animación del movimiento obrero planteó al Partido una tarea impostergable: trazar un programa claro a las organizaciones del Partido en Rusia. Por eso entre las encomiendas que se daban a los egresados de la escuela figuraba también la de participar en la organización de las elecciones de los delegados a una Conferencia del Partido que se estaba preparando. Esta conferencia se reunió a comienzos de marzo de 1912 en Praga. La mayoría de los delegados eran bolcheviques, representantes de 20 grandes organizaciones del Partido. Por eso la Conferencia declaró con plena razón que podía considerarse órgano máximo del Partido.

Lenin habló en la apertura, presidió algunas sesiones, presentó informes y levantó acta de toda la labor de la Conferencia. La Conferencia de Praga eligió al Comité Central del POSDR a hombres firmes y valerosos, probados como tales durante largos años de trabajo revolucionario.

El 5 de mayo en San Petersburgo, conforme a una de las resoluciones adoptadas en Praga, salió el primer número del periódico obrero Pravda (Verdad), órgano legal nacional del Comité Central del POSDR. Se editaba con los recursos reunidos y enviados por los obreros y las acciones económicas de los grupos armados bolcheviques.

Sin esta ayuda permanente el periódico no hubiera podido existir a causa de las persecuciones policiales: muy a menudo se le imponían multas pecuniarias.

Contra sus redactores fueron instruidos 36 procesos judiciales, y tuvieron que pasar en la prisión 47′5 meses en total durante poco más de dos años. En este mismo período Pravda fue 8 veces clausurado por el Gobierno, pero continuaba apareciendo bajo otros títulos. De los 636 números que se imprimieron, 41 fueron confiscados. Lenin dijo que en tales circunstancias la edición del periódico era una notable prueba de la conciencia, la energía y la cohesión de los obreros rusos.

En junio de 1912 Lenin se trasladó a Polonia, a la ciudad de Cracovia, fronteriza de Rusia. De allí pudo entablar los más estrechos contactos con la redacción del Pravda, con los socialdemócratas que eran diputados a la nueva Duma de Estado y con las organizaciones del Partido en distintas localidades.

Su correspondencia aumentaba con rapidez y llegó a alcanzar varios cientos de cartas por mes. Sólo el Pravda publicó más de 280 artículos grandes y pequeños de Lenin.

Siendo un periódico legal, Pravda desplegó también una vasta actividad clandestina: hacía llegar las directrices de Lenin y del Comité Central a los comités del POSDR de distintas localidades, los cuales informaban a aquellos de su labor.

Otra tribuna legal en que los bolcheviques podían dirigirse al pueblo en forma directa era la Duma de Estado. Las nuevas elecciones a ésta se realizaron en el otoño de 1912. La ley permitía elegir tan sólo a 6 diputados obreros, de los mayores distritos industriales. Los bolcheviques ganaron los 6 escaños.

Apoyándose en Pravda, y en los diputados bolcheviques de la Duma de Estado, el Partido consolidó su influencia en las organizaciones obreras legales. Logró atraer a su lado a los sindicatos del metal, del textil y artes gráficas. Obtuvo una importante victoria también en las elecciones a las cajas obreras del seguro de enfermedad, a cuyas direcciones más del 80% de los miembros fueron elegidos por las listas de los bolcheviques.

En agosto de 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial. La desataron dos grupos de países capitalistas enemistados. Al frente de uno de ellos estaba Alemania; al frente del otro, Inglaterra y Francia. La Rusia zarista se sumó al segundo grupo, llamado Entente. Las tropas y flotas de 28 países sostenían una cruentísima guerra en los campos de Europa, Asia y Africa, en las aguas de los océanos Atlántico, Indico y Pacífico. Lenin escribió sobre el particular: La lucha por los mercados y el saqueo de países ajenos, la aspiración a reprimir el movimiento revolucionario del proletariado y de la democracia dentro de los países y el afán de embaucar, desunir y aplastar a los proletarios de todos los países… constituyen el único contenido y significación reales de la guerra.

Advirtiendo en reiteradas ocasiones de que los capitalistas estaban preparando la guerra, Lenin llamó a los partidos socialdemócratas de todos los países a evitarla y, si estallaba, a denunciar sus objetivos reales, profundamente ajenos a las masas populares.

Pero el 4 de agosto de 1914 los diputados socialdemócratas del Reichstag se solidarizaron con los diputados burgueses votando en pro de conceder al Gobierno un préstamo para que condujese aquella guerra injusta. A1 otro día se portaron de la misma manera los parlamentarios socialdemócratas de los países de la Entente: Francia, Inglaterra y Bélgica.

Desde el día de hoy dejo de ser socialdemócrata y me hago comunista, dijo Lenin el 5 de agosto, al enterarse de lo que había pasado en el parlamento alemán.

Un solo partido -el bolchevique- se manifestó abiertamente contra la agresiva política del Gobierno zarista. Los diputados bolcheviques de la Duma de Estado se negaron a votar por los créditos de guerra.

El 5 de septiembre de 1914 Lenin habló en Berna (Suiza) a un grupo de bolcheviques sobre la actitud del Partido hacía la guerra. Las tesis de este informe fueron enviadas a otras secciones extranjeras del POSDR y a Petrogrado, de donde, al cabo de un mes, se comunicó que los miembros del Comité Central que se hallaban en Rusia, los bocheviques diputados de la Duma de Estado, la organización capitalina y otras organizaciones del POSDR se habían solidarizado con esas tesis, sobre cuya base el Comité Central emitió el manifiesto titulado La guerra y la socialdemocracia de Rusia.

Los diputados bolcheviques de la Duma de Estado recorrieron muchas ciudades, donde en las numerosas asambleas obreras explicaron el manifiesto.

Denunciaron la antipopular política de los partidos burgueses que exhortaban a conducir la guerra hasta la victoria y a concertar la paz entre las clases en aras de la victoria. Las consecuencias no se hicieron esperar: fueron detenidos y, pese a su inmunidad parlamentaria, procesados.

La burguesía de Rusia y sus cofrades de otros países de la Entente vertieron sobre los bolcheviques mentiras y calumnias a raudales, cuyo lema era que los bolcheviques menospreciaban los intereses de la patria, que les faltaba patriotismo. En respuesta Lenin escribió y publicó el artículo El orgullo nacional de los rusos explicando lo que significa el patriotismo de verdad. ¿Nos es ajeno a nosotros, proletarios conscientes rusos, el sentimiento de orgullo nacional? ¡Pues claro que no! Amamos nuestra lengua y nuestra patria… Nada nos duele tanto como ver y sentir las violencias, la opresión y el escarnio a que los verdugos zaristas, los aristócratas y los capitalistas someten a nuestra hermosa Patria. Nos sentimos orgullosos de que esas violencias hayan promovido resistencia en nuestro medio, entre los rusos… Nos invade el sentimiento de orgullo nacional porque la nación rusa… ha demostrado que es capaz de dar a la humanidad ejemplos formidables de lucha por la libertad y por el socialismo.

El patriotismo no consistía en apoyar al zar y a la burguesía, que se mezclaron en la carnicería mundial por conquistar y despojar a otros pueblos, sino en luchar contra el zar y la burguesía. Lenin insistía: al lanzar la consigna de la derrota de la autocracia zarista en la guerra imperialista, al pelear contra el régimen social reaccionario que había dado origen a esa guerra injusta, los bolcheviques procedían como patriotas de verdad.

En todos los países beligerantes los verdaderos patriotas deberían asumir una actitud análoga. Sobre todo, en el seno de los partidos socialistas y socialdemócratas. En medio de la patriotería que cundió en dichos países, era un llamamiento a la unidad internacional de todas las fuerzas progresistas.

La inmensa labor que acometió Lenin requería una extraordinaria tensión de fuerzas. Pero las condiciones materiales de su vida se hacían cada vez más duras. Lenin se ganaba la vida con el trabajo literario. Y en aquel período escribió, por excelencia, artículos y libros de contenido antimilitar, que casi nadie quería publicar. Nunca vivió tanta penuria como en aquel entonces.

Cualesquiera que fueran las condiciones en que tenía que vivir, Lenin siempre trabajó con perseverancia y distribuyendo con habilidad su tiempo. En Suiza, al realizar una infatigable actividad revolucionaria, estudió a fondo la vida económica y política de los países capitalistas. El producto de estos estudios fue el libro El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en 1916.

Casi 15 años (excepto la estancia en San Petersburgo durante la revolución de 1905-1907) Lenin vivió en el exilio. Según él mismo confesaba, conoció muchas dificultades, la mayor de las cuales era la distancia de las masas obreras y campesinas, cuyo contacto anhelaba.

Aquel distanciamiento se hizo insoportable cuando en febrero de 1917 en Rusia estalló una nueva revolución, en la cual el pueblo insurrecto derrocó al zar. Ustedes no pueden imaginar qué tormento es para todos nosotros permanecer aquí en tales tiempos, escribió Lenin.

Lenin se desvivía por regresar a Rusia. Pero aquello no era fácil. El camino directo de Suiza a Rusia pasaba por Alemania y Austria-Hungría, pero estos dos países estaban entonces en guerra con Rusia. Había otro camino: vía Francia e Inglaterra, países aliados de Rusia, y luego por mar. Fue justamente así como viajó sin trabas Plejánov: en un destructor británico escoltado por torpederos. En aquel entonces, él y otros mencheviques, apoyaban los ánimos belicosos de la burguesía de Rusia y eran partidarios de que la guerra continuase hasta la victoria. Por eso los sectores gobernantes de la Entente creían que su actividad en Rusia les sería útil.

Completamente distinto era el caso de Lenin, bolchevique. Inglaterra no me dejará pasar nunca ni a mí, ni a los internacionalistas en general -escribía en marzo de 1917-. Está claro que Miliukov y Co. son capaces de admitir cualquier cosa, el fraude, la traición, cualquier cosa que impida a los internacionalistas a regresar a Rusia.

Quedaba una sola oportunidad: obtener la autorización de atravesar Alemania.

Cuando los socialistas de la Suiza neutral le ayudaron a recabarla, Lenin y un grupo de compañeros emprendieron el regreso a Rusia.

En la primera estación después de cruzada la frontera -Belostrov- le recibieron los parientes, los representantes del Comité del POSDR y los obreros de la cercana fábrica de armas de Sestroretsk. En la estación de Finlandia de Petrogrado le reciben formados marinos y soldados. Cuando Lenin sale del vagón, se cuadran. Al escuchar el parte, Lenin se dirige a la guardia de honor con un breve discurso terminándolo con un viva a la revolución socialista.

En la plaza de la estación inundada por la luz de los proyectores que iluminan cientos de banderas y a decenas de miles de personas, Lenin, subido en un carro blindado que se pone lentamente en marcha, saluda a los reunidos y vuelve a exclamar: ¡Viva la revolución socialista!

Al día siguiente, el 4 (17) de abril de 1917 Lenin habló a los bolcheviques activistas de Petrogrado exponiéndoles el plan de lucha por transformar la revolución democrática burguesa (la de febrero de 1917) en revolución socialista (Tesis de abril).

En la primavera de 1917 en el país se gestó una situación bastante insólita: pese a que después de derrocado el zar el poder había pasado formalmente al Gobierno provisional, cuyo apoyo era la burguesía, grande y pequeña, de hecho disponían de la fuerza los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, cuyo apoyo era el pueblo armado: la Guardia Roja obrera y los grandes contingentes de soldados revolucionarios.

Ni el menor apoyo al Gobierno provisional fue la consigna que Lenin adelantó en sus Tesis de abril . Tenemos que basarnos sólo en la conciencia de las masas, repetía, y señalaba que el proletariado no estaba todavía lo suficientemente organizado y consciente, por lo cual el Partido bolchevique estaba en minoría en los Soviets.

¿Por qué sucedió que los bolcheviques, que aún hacía poco (en 1912-1914) habían conducido a cuatro quintas partes del proletariado consciente, se vieron en minoría en los Soviets? ¿Acaso fueron vanos todos los años en que la clase obrera había venido educándose en el espíritu del socialismo? En absoluto. El heroísmo y el desprendimiento que mostraron los obreros y que hubieran sido imposibles si no hubiesen tenido conciencia de clase, contribuyeron grandemente a la victoria sobre el zarismo.

Pero en la revolución se vio involucrada una inmensa masa de hombres descontentos con el zar, muy distantes de comprender los verdaderos objetivos de la lucha política consciente. Eran sectores atrasados de la clase obrera y del campesinado, así como pequeños burgueses. Y esa gigantesca ola pequeñoburguesa lo ha inundado todo; ha arrollado al proletariado consciente no sólo por la fuerza de número, sino también desde el punto de vista ideológico.

Como resultado, los Soviets de que formaron parte representantes de dichos sectores, no eran a la sazón más que un germen del poder revolucionario. Por eso Lenin consideró inoportuno cumplir de inmediato la consigna ¡Abajo el Gobierno provisional! para entregar el poder a los Soviets: Sin una mayoría firme (es decir consciente y bien organizada) del pueblo al lado del proletariado revolucionario, esa consigna o es una mera frase u objetivamente se reduce a tentativas de carácter aventurero. Sólo cuando las masas dejasen de confiar ciegamente en el Gobierno provisional, se convenciesen de que era antipopular y dijesen ¡basta!, todo el poder pasaría por vía pacífica a los Soviets.

Para hacer avanzar el movimiento, era necesario exonerarlo de la influencia burguesa, señalaba Lenin. El problema que más preocupaba entonces a toda Rusia era la guerra. Entre tanto, fue en esta cuestión en que a la burguesía la apoyaba hasta cierta parte de la clase obrera. Muchísimas gente se dejó influencias por el Gobierno provisional que aseguraba que después de derrocado el zar la guerra cambió radicalmente de carácter, tornándose netamente defensiva, revolucionaria, justa.

Lenin se mostraba intransigente. Explicaba que los capitalistas de Rusia, igual que el resto de los capitalistas del mundo, no podían conducir una guerra que no fuese imperialista. Por eso llamar a la defensa revolucionaria -lo que hacían los partidos burgueses y pequeñoburgueses, así como los mencheviques con Plejánov al frente- significaba apoyar la guerra imperialista.

De ahí que la tarea del Partido bolchevique consistiera en explicar a los defensores de buena fe de entre los obreros y campesinos (los soldados eran en su grueso de procedencia campesina) que una paz justa sería posible sólo cuando la clase obrera en alianza con los demás trabajadores quitase el poder a los capitalistas y lo tomase en sus manos.

En las Tesis de abril Lenin planteó también un problema que, al parecer, era completamente formal, pero políticamente muy acuciante: propuso cambiar el nombre del Partido. En vista de que muchos partidos socialdemócratas habían desistido de los ideales socialistas y traicionado el principio de la unidad internacional, Lenin propuso llamar el Partido como le llamaran Marx y Engels: comunista.

A las dos semanas de publicadas las Tesis de abril, llegó a conocerse el contenido de un memorándum que el ministro de Relaciones Exteriores Miliukov había enviado a Francia, Inglaterra y otros aliados de lo que había sido el Imperio Ruso y en el cual el Gobierno provisional prometía conducir la guerra hasta el fin victorioso y cumplir cuantos compromisos había asumido el zar.

Los obreros y soldados avanzados salieron a las calles. Su manifestación impetuosa tropezó con la de la burguesía en apoyo del Gobierno provisional.

Una clase se enfrentó a otra. Estalló una crisis política. Miliukov tuvo que dimitir.

El Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado tenía entonces posibilidad de apartar del poder al Gobierno provisional. Pero como se hallaba bajo una fuerte influencia de los mencheviques y eseristas (SR: Socialistas Revolucionarios), hizo todo lo contrario: promovió al Gobierno a varios miembros suyos. Los bolcheviques condenaron de plano esa táctica de conformismo con la burguesía.

En junio de 1917 se reunió el I Congreso de los Soviets de toda Rusia. Los bolcheviques estaban en él en minoría: eran poco más de 100 frente a 700 u 800 mencheviques, eseristas y representantes de otros partidos. Pero fueron explicando con perseverancia a los delegados que era necesario denunciar la política antipopular del Gobierno provisional, que el conformismo con la burguesía era nefasto para el país y que continuar la guerra significaba que otras decenas de miles de personas se destruyesen mutuamente sin razón.

En respuesta, el menchevique Tsereteli, ministro del Gobierno provisional, declaró: -Actualmente en Rusia no hay un partido político que diga: entreguen el poder a nuestros manos y váyanse, nosotros ocuparemos su lugar.

Pero de entre los reunidos acallados le interrumpió la voz alta, segura y decidida de Lenin: -¡Sí, lo hay! Ningún partido puede renunciar al poder, y el nuestro no renuncia: está dispuesto en todo instante a hacerse cargo de él íntegramente.

Lenin subrayó una y otra vez que la cuestión se planteaba sólo así: avanzar o retroceder. Entretanto, la guerra que continuaba, el desbarajuste económico y el aumento de la carestía hicieron aumentar el descontento con la política del Gobierno provisional. En las fábricas y los cuarteles de Petrogrado empezaron las conmociones. Acrecentándose de modo continuo, desembocaron en una potente manifestación antigubernamental a mediados de junio.

Se lanzaron a la calle casi 500.000 personas. En las banderas llevaban inscrito: ¡Abajo la guerra!, ¡Abajo a los ministros capitalistas!, ¡Todo el poder para los Soviets! Eran consignas de los bolcheviques. A las dos semanas hubo otra manifestación de obreros, soldados y marinos, más vigorosa aún. Su primera reivindicación fue: ¡Todo el poder para los soviets!

Pero la dirección de los Soviets, recién elegida en el I Congreso de toda Rusia, en el cual habían prevalecido los eseristas y mencheviques, declinó esta reivindicación de las masas y anunció que la manifestación era un complot bolchevique.

Con su consentimiento en Petrogrado se implantó el estado de sitio y de los frentes fueron llamadas con urgencia las tropas fieles al Gobierno.

Al amanecer del otro día fue destruido el local de la redacción del Pravda. A los pocos días el Gobierno provisional dispuso arrestar y procesar a Lenin y a otros bolcheviques acusándoles de conspiración. Lenin estaba tan indignado que decidió utilizar el proceso público para denunciar las maniobras políticas de las autoridades.

-Pero no te dejarán siquiera llegar a la cárcel, te matarán en el camino -le decían su mujer, su hermana y los camaradas.

La inquietud y la profunda comprensión de la responsabilidad por la vida de Lenin determinaron la decisión que tomó el Comité Central del Partido bolchevique: obligar a Lenin a no comparecer ante los tribunales y encontrar para él un refugio seguro.

Al poco tiempo en Petrogrado se reunió el VI Congreso del POSDR. El Partido bolchevique contaba entonces ya con 240.000 militantes y sus delegados eligieron por unanimidad a Lenin presidente del Congreso.

El mismo Lenin vivía a la sazón en las inmediaciones de Petrogrado, en una choza situada a orillas de un lago. De allí dirigió las labores del Congreso.

Entre los delegados fue distribuido el artículo leninista A propósito de las consignas lanzado en forma de un folleto. Muchos de ellos conocían también las tesis de Lenin publicadas poco antes del Congreso bajo el título La situación política y en las que el dirigente comunista explicaba que el desarrollo pacífico de la revolución rusa había sido imposible, porque el Gobierno provisional pasaba a la ofensiva, y el pueblo podía tomar el poder sólo en la lucha armada.

Tras analizar la situación, el Congreso resolvió preparar la insurrección armada.

Lenin recibía de Petrogrado noticias a cual más alarmante. La situación económica del país iba empeorando, gravitaba el hambre. La burguesía llamó a asfixiar a la revolución con el esquelético brazo del hambre y con la abierta dictadura militar. El general Kornilov, comandante en jefe del ejército, intentó implantar aquella dictadura. Pero su intento fue frustrado por las fuerzas unificadas de soldados, marinos revolucionarios y los obreros armados de Petrogrado.

Había también otras noticias. Por ejemplo, que los Soviets de Petrogrado y de Moscú habían criticado a los eseristas y mencheviques, aprobado las resoluciones bolcheviques sobre la toma del poder por los soviets.

En el artículo La crisis ha madurado, Lenin caracterizó los acontecimientos nacionales en todos sus aspectos y constató: La crisis ha madurado. Está en juego el futuro de la revolución rusa. Aguardar al Congreso de los Soviets equivaldría a perder semanas; y en el momento actual, semanas, y aún días, deciden todo; equivaldría a dar al Gobierno la posibilidad de reunir tropas fieles para el día neciamente indicado de la insurrección.

Al analizar en éste y en otros artículos escritos en octubre de 1917 la correlación de fuerzas de clase en el país, Lenin insistía: el triunfo de la revolución socialista estaba garantizado. Realmente, la clase obrera seguía a los bolcheviques, se hicieron más frecuentes las manifestaciones campesinas contra el Gobierno, toda la Flota del Báltico negó obediencia al Gobierno provisional, de los 17.000 soldados de la guarnición de Moscú, 14.000 apoyaban a los bolcheviques. El Comité Central resolvió en una reunión proponer a Lenin trasladarse a Petrogrado, para poder estar en contacto permanente y estrecho con él.

El 7 (20) de octubre de 1917 Lenin regresó clandestinamente a Petrogrado. El plan que trazó para la insurrección armada era el siguiente: garantizar en Petrogrado y en sus alrededores una considerable superioridad de las fuerzas sobre las tropas contrarrevolucionarias; actuar simultáneamente desde fuera y desde dentro, apoderarse por sorpresa y cuanto antes de la ciudad, atacando desde los barrios obreros; ocupar y mantener el teléfono y el telégrafo, las estaciones ferroviarias y los puentes.

La cuestión no era que el Congreso de los Soviets votara si tomaban el poder o no. Lo que Lenin planteaba era primero tomar el poder, y cuando se abriera el Congreso decirle a los Soviets: ahí tienen el poder, ahora hagan lo que quieran con él.

En una reunión del Comité Central fue elegido el Centro Militar Revolucionario, cuyos miembros formaron parte del Comité Militar Revolucionario, instituido antes por el Soviet de Petrogrado. Así se formó el Estado Mayor de la insurrección.

Lenin montó en cólera cuando al día siguiente leyó en el periódico un artículo del miembro del Comité Central, Kamenev, informando de los planes del Comité Central y declarando, que él y otro miembro de este organismo –Zinoviev- no amitían la insurrección armada que venía preparando el Partido bolchevique.

El enemigo, advertido, comenzó a tomar medidas urgentes. El jefe de la circunscripción militar de Petrogrado prohibió toda clase de manifestaciones y mítines en la vía pública, ordenando a los jefes de las unidades militares detener a los individuos que exhortaran a la acción armada. El ministro de Justicia volvió a ordenar la detención de Lenin.

El Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado dispuso enseguida que todas las unidades de la guarnición capitalina cumpliesen únicamente órdenes que llevasen su firma y sello. Al mismo tiempo, designó comisarios suyos para todas las unidades militares, las estaciones ferroviarias, centros de comunicaciones y Estado Mayor de la circunscripción militar de la ciudad.

A fin de evitar la insurrección, el Gobierno provisional adoptó varias medidas urgentes. Al amanecer del 24 de octubre (6 de noviembre) un destacamento de cadetes se presentó en la imprenta que editaba los periódicos bolcheviques y la cerró. Pero la Guardia Roja y los soldados expulsaron a los cadetes de la imprenta por orden del Comité Militar Revolucionario.

El mismo día, al anochecer, los cadetes intentaron levantar los puentes sobre el Neva, que unían el centro de la ciudad con los suburbios obreros. Al enterarse de ello, Lenin, que se hallaba en una casa clandestina situada en uno de esos suburbios, envió aviso al Comité Central, pidiendo que le autorizara el traslado al Instituto Smolny, donde se ubicaba el Comité Militar Revolucionario y se reunía el Comité Central.

Lenin escribió a los miembros del Comité Central: La situación es crítica en extremo. Es claro como la luz del día que hoy en verdad aplazar la insurrección es la muerte. Quiero con todas mis fuerzas, convencer a los camaradas de que hoy todo pende de un hilo, de que en el orden del día hay cuestiones que no pueden resolverse por medio de conferencias ni de congresos (aunque fueran, incluso, congresos de los Soviets), sino únicamente por los pueblos, por las masas, por medio de la lucha de las masas armadas… La historia no perdonará ninguna dilación a los revolucionarios que hoy pueden triunfar (y que triunfarán hoy con toda seguridad), que mañana correrán el riesgo de perder mucho, tal vez de perderlo todo.

Anochecía, y del Smolny llegaban noticias. Entonces Lenin decidió ponerse en camino sin demora, para dirigir en persona la insurrección.

El Smolny quedaba lejos y el camino era peligroso. Varias veces Lenin fue interpelado por patrullas de cadetes. Por fin llegó. La luz de las ventanas del local y el fuego de las fogatas que ardían en la plaza adyacente iluminaban el siguiente cuadro: carros blindados alineados, camiones y motos que iban y venían; a la entrada, cañones y ametralladoras; centinelas formando junto a la puerta.

Desde entonces, los acontecimientos se precipitaron; Lenin manejaba todos los hilos de la lucha armada.

En la mañana del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 los periódicos, la radio y el telégrafo hicieron público el llamamiento ¡A los ciudadanos de Rusia!: El Gobierno provisional ha caído. El poder del Estado ha pasado al Comité Militar Revolucionario, órgano del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, que está al frente del proletariado y de la guarnición de la ciudad.

De día en Smolny se convocó una reunión extraordinaria del Soviet de Petrogrado. Al son de los jubilosos y prolongados aplausos de los diputados Lenin anunció: La revolución obrera y campesina, de cuya necesidad han hablado siempre los bolcheviques, se ha realizado… Se inicia hoy una nueva etapa en la historia de Rusia, y esta tercera revolución rusa deberá conducir, en fin de cuentas, a la victoria del socialismo.

Aquella noche en Smolny se inauguró el II Congreso de los Soviets de toda Rusia, que dispuso que todo el poder en las localidades pasase a los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos. Se abría una nueva página en la historia del país, en la historia de la humanidad.

Lo primero que hizo el poder soviético fue el Decreto sobre la Paz, cuyo proyecto fue redactado por Lenin. Proponía a los Gobiernos y los pueblos de los países beligerantes el cese inmediato de las operaciones militares y concertar la paz.

En la misma sesión Lenin propuso al congreso adoptar también el Decreto sobre la Tierra, por el cual toda la tierra propiedad de terratenientes se entregaba a los campesinos, que comenzaron a apartarse poco a poco del partido de los eseristas. No era de extrañar: en los ocho meses que éstos habían estado en el poder, no habían hecho nada para satisfacer las necesidades más apremiantes de los campesinos, pese a que se decían sus defensores.

El Congreso dio su aprobación al nuevo Gobierno obrero-campesino: el Consejo de Comisarios del Pueblo, para el cual fue designado Lenin presidente.

A las instituciones del Estado fueron comisionados miles de obreros instruidos y políticamente maduros, así como representantes de la intelectualidad trabajadora.

Ya en febrero de 1917 los obreros comenzaron a imponer sus viejas exigencias: implantar la jornada laboral de 8 horas y el control sobre la contratación y el despido de los trabajadores, haciéndolo a despecho de los capitalistas patronos de las fábricas. La Revolución de Octubre lo legitimó.

Lenin firmó la ley sobre el particular el 11 de noviembre de 1917.

Por iniciativa de Lenin fueron instituidos también nuevos órganos estatales de gestión económica; en primer lugar el Consejo Supremo de la Economía Nacional. En diciembre fueron nacionalizados los bancos e instituciones crediticias privados y se procedió a nacionalizar grandes empresas industriales.

El 15 de noviembre Lenin firmó la Declaración de derechos de los pueblos de Rusia que proclamaba la plena igualdad de todos los pueblos -más de cien- del inmenso país. Todas estas y otras muchas medidas que tomó el poder soviético fueron consolidando cada vez más la unidad de los trabajadores en la gigantesca labor que habían emprendido para transformar la vida nacional, en la formación del primer Estado obrero-campesino del mundo.

Pero la situación seguía siendo difícil.

Ante todo era necesario acabar la guerra mundial que continuaba. Los soldados, extenuados (más de 8 millones), ansiaban volver a sus hogares. Sin embargo, los Gobiernos burgueses no hacían caso a los reiterados llamamientos del Consejo de Comisarios del Pueblo y se negaban a entablar negociaciones de paz con Alemania y sus aliados. Entonces Lenin propuso concertar la paz por separado.

En marzo de 1918 se firmaba la paz con Alemania. El VII Congreso del Partido bolchevique, reunido inmediatamente, se pronunció por ratificar el Tratado de Paz. En aquel Congreso el Partido cambió e nombre. Según Lenin había propuesto en sus Tesis de abril, empezó a llamarse Partido Comunista (bolchevique) de Rusia.

El 11 de marzo el Gobierno soviético y el Comité Central se trasladaron de Petrogrado a Moscú, donde el 14 de marzo se reunió el Congreso de los soviets de toda Rusia, que ratificaría el Tratado de Paz con Alemania.
Como la paz fue obtenida y había comenzado la tregua, se pudo concentrar toda la atención en los asuntos económicos urgentes.

Los tres años y medio de guerra imperialista habían sido nefastos para la economía nacional. Estaban cerradas muchas fábricas, el transporte funcionaba pésimamente; el hambre amenazaba a la población.

En aquel momento el Consejo de Comisarios del Pueblo había dictado ya un gran número de decretos nacionalizando fábricas e industrias enteras. Al firmarlos, Lenin siempre subrayaba que quitar a los capitalistas una u otra empresa era mucho más fácil que dirigirla. Decía a cada delegación obrera que acudía a él, en su calidad de jefe del Gobierno soviético, exigiendo nacionalizar su empresa: Ustedes quieren que la fábrica sea confiscada. Bien, tenemos listos los formularios del decreto, lo firmaremos al instante. Pero díganme: ¿pueden ustedes hacerse cargo de la producción; han hecho el cálculo de la producción; conocen la correlación real entre la producción local y el mercado ruso e internacional? Con frecuencia resultaba que a los obreros les faltaban conocimientos y hábitos.

Los viejos especialistas eran los que tenían conocimientos y experiencia. Y Lenin propuso la única solución racional; aprender de ellos, tomar de ellos la experiencia de administrar la economía capitalista. Estaba seguro de que mucha de esa experiencia sería útil al flamante Estado soviético.

Entretanto, los primeros pasos prácticos en aquel sentido se habían dado ya. A comienzos de 1918 el sindicato de curtidores había concertado un convenio con la asociación de propietarios curtidores por el cual, un tercio de miembros del Comité principal de Curtidores eran representantes del sindicato; otro, representantes del personal técnico; otro más, representantes de los propietarios de las fábricas. Se llego a convenios análogos en las industrias textil y azucarera.

A comienzos de abril de 1918 el Comité Central del Partido encomendó a Lenin elaborar las tesis sobre la situación del momento. Lenin lo hizo. Nosotros, el Partido bolchevique -escribió- hemos convencido a Rusia. La hemos reconquistado de manos de los ricos para los pobres, de manos de los explotadores para los trabajadores. Ahora debemos gobernarla.

Las tesis fueron bastante extensas. Lenin explicaba con detalles cómo organizar con la máxima racionalidad el control sobre la producción y su distribución, en qué condiciones y con qué fines contratar a los viejos especialistas, cómo incrementar la productividad del trabajo, y otras muchas cuestiones referentes a la gestión económica nacional. A los dos días las tesis fueron publicadas en la prensa bajo el título de Tareas inmediatas del Poder soviético.

La tregua duró poco. Los viejos explotadores, la burguesía y los terratenientes no querían resignarse con la pérdida de su dominio y desataron una cruenta guerra civil. Emprendieron tentativas armadas de derrocar el poder soviético.

En el verano de 1918 acudieron en ayuda suya los capitalistas de Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Japón y otros países, grandes y pequeños. Los eseristas y los mencheviques acabaron por traicionar definitivamente la causa del pueblo: llamaban a declararse en huelgas y sabotear todas las resoluciones del poder soviético.

El 30 de agosto de 1918 Lenin, igual que otros muchos dirigentes del Partido y el Estado, habló en mítines en Moscú. En sus discursos explicaba a los trabajadores el peligro que se cernía sobre la Rusia soviética y les instaba a combatir con todas sus fuerzas a la contrarrevolución exterior e interior.

Terminado uno de los mítines, se dirigió, a la vez que seguía conversando con los obreros, al coche. Entonces resonaron varios disparos. Las balas envenenadas que disparó la dirigente de los eseristas Kaplan, causaron a Lenin graves heridas y pusieron su vida en peligro.

Apenas su estado de salud mejoró un poco, exigió se le informase todos los días, aunque fuese en breve, de los asuntos más importantes. A los médicos, que le prohibieron trabajar, les contestaba: No es el momento para ello.

Al cabo de una semana comenzó ya a dictar cables para las tropas. El 16 de septiembre los médicos le permitieron reanudar el trabajo. Lenin se consagró a su tarea principal: fortalecer al recién formado Ejército Obrero-Campesino Rojo y organizar la resistencia a las superiores fuerzas enemigas.

En el país se implantó el estado de sitio. Aquello significaba que una disciplina férrea se imponía no sólo en el ejército, sino también en el transporte, en la industria militar, en los organismos estatales de acopios y distribución de víveres. Para llevar a la práctica las medidas pertinentes se instituyó el Consejo de Defensa Obrera y Campesina, con Lenin al frente.

La actividad de Lenin fue extraordinariamente intensa en aquel periodo. Al llegar por la mañana al despacho lo primero que hacía era tomar la carpeta de los partes militares los leía con rapidez y marcaba en los mapas el movimiento de los frentes.

Luego escuchaba los informes sobre el curso de las operaciones bélicas.

Hasta los militares profesionales se asombraban de la rapidez y precisión con que Lenin se orientaba en las más complejas y especiales cuestiones del ejército. Pero él mismo solía decir: No presumo en absoluto de conocer el arte militar.

Sin embargo, estudiaba a fondo los libros de temas militares y conocía perfectamente la historia de las guerras. Al analizar la situación en los frentes, siempre sabía determinar la tarea principal y centrar los esfuerzos para cumplirla. Dado que al país le faltaban fuerzas para realizar operaciones militares activas simultáneamente en todos los frentes (que se extendían a miles de kilómetros en el sur, el norte, el oeste y el este), esto era de singular importancia, vital.

En aquel periodo aciago, Lenin realizaba también todos los días un trabajo colosal en el Comité Central del Partido, en el Consejo de Defensa Obrera y Campesina y en el Consejo de Comisarios del Pueblo.

Los enemigos tenían la esperanza de que el poder soviético se hundiría con rapidez. Pero frustraron sus planes la infatigable actividad del Partido Comunista y el heroísmo masivo de los combatientes y jefes del Ejército Rojo que hicieron lo imposible por defender a la revolución y el desprendimiento de los trabajadores de la retaguardia. La guerra civil terminó con la victoria total del pueblo revolucionario.

Se podía volver a acometer de lleno el trabajo pacífico creador. Pero la inmensa tensión de fuerzas, las cargas sobrehumanas y las heridas no pudieron dejar de repercutir en la salud de Vladimir Ilich, que desde finales de mayo de 1922 empeoró violentamente. Por consejo de los médicos Lenin se instaló a 40 kilómetros de Moscú, en Gorki. Allí trabajaba todo lo que le permitían las fuerzas: mantenía una extensa correspondencia y exigía que le enviasen regularmente libros, periódicos, revistas.

El 2 de octubre de 1922 Lenin regresó a Moscú. Reanudó su trabajo en el Comité Central, presidió las reuniones del Consejo de Comisarios del Pueblo y pronunció varios discursos.

A mediados de diciembre volvió a sentirse mal. Los médicos le convencieron a duras penas de que dejase de trabajar. Pero, incluso gravemente enfermo, Lenin mantenía una extraordinaria fuerza de voluntad, claridad de pensamiento y optimismo. Le preocupaban el presente y el futuro del país soviético, y el avance de la burocratización.

En poco más de dos meses, del 23 de diciembre de 1922 al 2 de marzo de 1923 dictó algunos artículos y cartas, dilucidando en diferentes aspectos una sola cuestión clave: cómo construir la sociedad socialista.

El 10 de marzo de 1923 Lenin tuvo otro ataque, que le dejó aún más incapacitado.  Murió el 21 de enero de 1924, a las 6′50 de la tarde.

La ciudad de Petrogrado fue renombrada Leningrado en su honor; nombre que la ciudad conservó hasta la caída de la Unión Soviética en 1991.

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