Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

.@NicolasMaduro Hace 37 años fue Asesinado por los mismos de Siempre… MONSEÑOR OSCAR ARNULFO ROMERO

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 24 marzo 2017

Transcurría el año 1980 en El Salvador. El 24 de marzo, a las seis y media de la tarde, cuando Monseñor Oscar Arnulfo Romero oficiaba una misa en la capilla del Hospital de Cancerosos La Divina Providencia en la Colonia Miramonte, en el preciso momento de la Eucaristía, su cuerpo se desplomó sin vida al ser alcanzado su corazón por una rafaga de proyectiles de un francotirador, quien oculto entre la multitud allí congregada, cumplía el encargo de segar la vida de aquel que, a pesar de presentir la muerte, no quiso claudicar en su entrega ni abandonar el compromiso con su pueblo.

Pero, ¿que acontecimientos precedieron y en que contexto tuvo lugar el asesinato del Arzobispo de San Salvador? ¿Cuál había sido su trayectoria y que factores influyeron para que Monseñor Romero, considerado por algunos de posición conservadora, se convirtiera en pastor de los pobres y un importante factor de movilización de las masas humildes y desposeídas salvadoreñas? ¿Quienes fueron sus enemigos y quienes fraguaron y ejecutaron su eliminación física? ¿Cuál es la vigencia del legado de este hombre, que por su profetismo y martirologio por la causa de los pobres, ha devenido en San Romero de América?

Una mirada retrospectiva sobre el escenario Latinoamericano muestra que la hegemonía alcanzada por Estados Unidos en la década del cincuenta se había debilitado, y entró en crisis a partir de los años sesenta, con el despertar de los movimientos de liberación latinoamericanos impulsados entre otros factores por el triunfo de la Revolución Cubana.

Un conjunto de acontecimientos socio-políticos reflejó el desarrollo de una conciencia y práctica revolucionaria en el continente. En distintas naciones ocurrieron en esta época convulsa hechos que demostraron la decisión de cambiar la injusta realidad predominante, la cual se expresó por una parte en diversas formas de lucha y por otra en la participación junto a los oprimidos de elementos de la pequeña burguesía e incluso de miembros de los ejércitos nacionales, como consecuencia de un incremento de las desigualdades y la exclusión, que extendía su alcance  a otros estratos sociales.

La reacción no se hizo esperar: desde el poder se implantaron, con apoyo de Estados Unidos, cruentas dictaduras en Chile, Perú, Argentina, Uruguay y Brasil, entre otros países. Así, la década del setenta significó para la generalidad de los países del área un período de represión y retroceso. Miles de familias padecieron luto, dolor y desesperación por los asesinatos, torturas, secuestros y desapariciones de seres queridos a manos de los escuadrones de la muerte, bandas paramilitares y efectivos de las fuerzas armadas asesoradas y entrenadas por los servicios especiales norteamericanos, que como la tristemente conocida Operación Cóndor, plagaron de terror el continente.

No fueron pocos los casos de sacerdotes, religiosos y religiosas que por defender los derechos humanos y acompañar la lucha de sus pueblos, fueron secuestrados, torturados, asesinados y en el mejor de los casos expulsados de sus países. Otros perdieron la vida en accidentes, bajo condiciones sospechosas o no aclaradas, como les ocurrió en Argentina al ex seminarista católico Juan García Elorrio y al Obispo de La Rioja Monseñor Enrique Angelelli, muerto el 4 de agosto de 1976, 17 días después del secuestro y asesinato de los sacerdotes de Chamical, Gabriel Longueille y Carlos de Dios Murias, hecho éste que Monseñor Angelelli había investigado y denunciado.

El Salvador fue tal vez uno de los países más golpeados por esta ola represiva, y sometido a cincuenta años de dictaduras militares presentaba un panorama sombrío en los 70:

–              El 50% de los habitantes vivían bajo límites de pobreza.

–            Solo el 16% de la población económicamente activa tenia trabajo regular durante todo el año.

–            El 0.5% de los propietarios poseía del 38% de la tierra cultivable mientras que el 91% únicamente era dueño del 23%.

–            El 60% de los campesinos y el 40%  de los habitantes en las ciudades no sabían leer ni escribir.

El pueblo, dominado durante medio siglo por tiranías militares, vio acrecentarse la violencia en la medida que se acentuaba la crisis económica. La propia Iglesia calculó que, entre enero y marzo de 1980, mas de 900 civiles fueron asesinados por fuerzas de seguridad, unidades armadas o grupos paramilitares, entre ellos sacerdotes, religiosos y miembros de las Comunidades Eclesiales de Base. El gobierno actuaba en estrecha relación con el grupo terrorista Orden y los Escuadrones de la Muerte.

El fracaso de la política de Estados Unidos hacia América Latina se evidenció, una vez más, con el surgimiento de procesos nacionalistas en algunas naciones del continente, como Perú y Granada; la firma del Tratado Carter-Torrijos sobre el Canal de Panamá y el triunfo en 1979 en Nicaragua del Frente Sandinista de Liberación Nacional que derrocó la dictadura de Somoza históricamente sostenida por Estados Unidos.

En el  Salvador se gestó entonces un movimiento popular organizado en el que estuvo comprometido un sector de la Iglesia Católica, que sensibilizado con la situación política y social reinante y alineado a los cambios proclamados por el Concilio Vaticano II y la Conferencia Episcopal de Obispos Latinoamericanos celebrada en Medellín, Colombia, en 1968, hacían suyas la “opción preferencial por los pobres y desposeídos’’.

No hay que perder de vista que las condiciones existentes en América Latina durante la década del sesenta, no sólo fueron favorables para el auge de los movimientos de liberación nacional y de diversas y pujantes organizaciones revolucionarias, sino además dieron lugar al surgimiento de nuevas corrientes y movimientos religiosos progresistas.

En este período comenzó a desarrollarse una tendencia renovadora al interior de la Iglesia Católica, que cobró mayor fuerza después del referido Concilio Vaticano II y la Conferencia de Obispos de Medellín y sobre la cual también incidió positivamente con posterioridad la Tercera Conferencia de Obispos celebrada en Puebla, México en 1979.

Surgen así diversos movimientos religiosos de izquierda integrados por católicos y cristianos protestantes progresistas y revolucionarios, sensibilizados con los problemas socio-políticos que afectan al pueblo, tales como Cristianos por el Socialismo en Chile, Movimiento Tercermundista en Argentina, ONIS en Perú, Golconda en Colombia, e Iglesia y Sociedad en Uruguay.

Después de la muerte del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo, se organiza el Movimiento Camilista, fundado por el argentino Juan García Elorrio, director y fundador también de la Revista católica de izquierda Cristianismo y Revolución, que reflejaba las opiniones del catolicismo tercermundista, y surge el Movimiento Ecuménico de América Latina integrado por los sectores mas avanzados de diversas iglesias cristianas.

En este contexto tiene su génesis la Teología de la Liberación, que opuesta a la teología tradicional se fundamenta en el análisis de la realidad social concreta y aboga por cambios en las estructuras sociales, encaminados a la verdadera liberación de los oprimidos. El pensamiento de los teólogos de la liberación influyó en los sectores cristianos tanto católicos como protestantes más progresistas y revolucionarios.

Con el triunfo de la Revolución Sandinista, se originó una experiencia de gran trascendencia para el continente y es que por primera vez los cristianos, dentro de estos clérigos, religiosos y laicos, no solo formaron parte activa de la lucha insurreccional, sino también estuvieron presentes en el proceso de reconstrucción nacional. Se hacía realidad la unidad estratégica proclamada entre cristianos y marxistas verificando que entre cristianismo y revolución no hay contradicción. Este fenómeno se manifestó hacia el interior de El Salvador y como respuesta desde el poder se desató una represión brutal sobre de los sectores de la Iglesia Católica más avanzados.

En el plano internacional el triunfo electoral de Ronald Reagan en 1980 significó un regreso al conservadurismo, cuyo paralelismo en el ámbito religioso se halla en la toma de posesión del nuevo Pontífice, el polaco  Karol Wojtyla – Juan Pablo II – que da inicio a un proceso de derechización y “restauración¨ al interior de la Iglesia, lo cual significó un retroceso con respecto al Concilio Vaticano II.

La Teología de la Liberación fue condenada por el Papa y por el Cardenal alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Fueron perseguidos y “descalificados” sus principales exponentes y al mismo tiempo se ejerció presión sobre los obispos, sacerdotes y religiosos progresistas para que abandonaran sus posiciones.

Los principales cargos del Consejo Episcopal Latinoamericano (C.E.L.A.M.) con sede en Colombia, y de las Conferencias Episcopales nacionales fueron ocupados por jerarcas eclesiásticos comprometidos con las oligarquías locales y alineados a la política de Estados Unidos. Lo mismo ocurrió con los nombramientos de los nuevos cardenales y obispos y para los cargos de la estructura eclesiástica. Los planes de estudios de los seminarios para la formación de los sacerdotes y religiosos fueron intervenidos y modificada la orientación de los estudios teológicos.  El propio Arzobispo Oscar Arnulfo Romero, en el período más agudo de la crisis salvadoreña fue objeto de estas presiones.

La ofensiva ideológica ocupó un lugar de especial importancia en la política exterior de la administración de Reagan. Dentro de ésta, la religiosa constituyó un elemento clave. Estados Unidos valoró, como lo hace ahora, el peso que lo religioso tiene para gran parte de América Latina, y se reforzó la manipulación de la fe en respaldo a sus intereses. Reagan le confirió a esta ofensiva religiosa un carácter de política de estado, y en tal sentido ella contó con la participación personal del presidente de Estados Unidos.

En fecha tan temprana como 1969, precisamente un año después de celebrarse en Medellín en 1968 la Segunda Conferencia Episcopal Latinoamericana, la situación religiosa e América Latina fue abordada en un documento presentado al presidente Richard Nixon, conocido como el ‘’Informe Rockefeller‘’, en el que se señalaba: ‘’Pese a que no se reconoce ampliamente, los establecimientos militares y la Iglesia Católica se encuentran hoy también entre las fuerzas en favor del cambio social y político en las otras repúblicas americanas’’. Dicho documento reconocía que este era un papel nuevo para la iglesia, la cual había trabajado, desde el arribo de los conquistadores hacía mas de 400 años, hombro con hombro junto a los terratenientes con el objeto de proveer estabilidad, al igual que habían hecho los militares.

‘’Poca gente se da cuenta de hasta que punto ambas instituciones están ahora rompiendo con sus pasados. Están, de hecho, adelantándose rápidamente hacia el frente como fuerzas a favor del cambio social, económico y político. En el caso de la Iglesia, esto es el reconocimiento de la necesidad de responder más a la voluntad popular’’

Con respecto a la Iglesia se señalaba que ella se había visto impactada por las comunicaciones modernas y al papel de la educación, lo que la convertía en una fuerza dedicada al cambio, que podría llegar a incluir el cambio revolucionario.

Al informe Rockefeller le sucedió posteriormente el documento conocido como ‘’Santa Fe I :Una nueva política interamericana para la década de los ochenta’’, que luego de reafirmar que la Doctrina Monroe era la piedra angular histórica de la política de los Estados Unidos hacia América Latina, expresaba: “La manipulación de los medios de información a través de grupos vinculados a las diferentes Iglesias y de otros grupos de presión denominados de defensa de los Derechos Humanos, ha desempeñado un papel cada vez mas importante en el derrocamiento de gobiernos autoritarios, pero favorables a Estados Unidos’’  y en su propuesta número tres recomendaba que la política exterior de Estados Unidos debía empezar a contrarrestar y no solo a reaccionar en contra de la Teología de la Liberación.

Es así que se produce un consenso dentro de las estructuras dominantes, donde los defensores del sistema capitalista asumen la lucha ideológica política en el espacio religioso y específicamente en el cristiano  como una instancia decisiva y convergente con la diplomática y militar, lo cual se reconoce en las publicaciones especializadas de la época.

La situación de Centroamérica y el Caribe constituía una prueba viva de la trascendencia de esta problemática, y en ese escenario se desplegaron conocidas y complejas operaciones integrales de contrainsurgencia ejercidas sobre los procesos de movilización popular, fundamentalmente en Nicaragua y  El Salvador.

La confluencia teórica y política de cristianos y marxistas en los movimientos de liberación latinoamericanos significó un cambio esencial que ponía en riesgo a las formas de dominación existentes, y por su peligrosa potencialidad estratégica las clases dominantes no escatimaron medios de combatirlo. Ello produjo una abierta confrontación al interior de las iglesias de toda América. Las reacciones solidarias u hostiles, que se suscitaron con intensidad inédita, crearon repercusiones que sobrepasaban las  instituciones eclesiales mismas.

En este debate, cuya trascendencia histórica se visualiza hoy en sus reales proporciones, estaban involucrados, entre otros, la Iglesia Popular, el C.E.L.A.M., el neoconservadurismo norteamericano, además de grupos y partidos políticos de diverso signo de todo el continente, lo cual permite dimensionar su relevancia y su rol teórico-práctico.

Quebrando todo pronóstico y la tradición predominantemente protestante norteamericana Ronald Reagan estableció relaciones diplomáticas, por primera vez, con el Vaticano. Antes, los vínculos se reducían a la presencia de un ‘’delegado apostólico’’ en Washington, función  que en el período presidencial de Reagan, correspondía al italiano Pio Laghi nombrado Cardenal posteriormente. Pero ante la situación creada se hizo ineludible la intensificación del vínculo entre estos polos de poder.

En esta dirección se acentuó una ingente labor de católicos que figuraban entre los principales ejecutores de la administración norteamericana como William Casey, director de la C.I.A.; William Clark, asesor para la Seguridad Nacional; Vernon Walter, embajador itinerante entre Washington y el Vaticano; Alexander Haig, Secretario de Estado; Richard Allen, primer asesor de Reagan para Seguridad Nacional y William Wilson, el primer embajador de dicho presidente ante la Santa Sede; los cuales consideraban las relaciones E.E.U.U.- Vaticano como una ‘’ Santa Alianza .’’

Sobre este hecho, un artículo de la revista Time señaló que reconocer al Vaticano para convertirlo en un aliado, y el establecimiento de las relaciones diplomáticas con él, tenía en su base una razón mayor: ‘’Reagan y Juan Pablo II se negaban a aceptar un trascendente hecho político de su época: la división de Europa como se había estipulado en Yalta y el dominio comunista en Europa del Este.’’ Polonia libre y no comunista, afirma el autor – seria una daga en el corazón del imperio soviético; y si Polonia se tornaba democrática, otros estados  europeos la seguirían -, idea que resume la comunidad de intereses que existía entre Estados Unidos y el Vaticano con respecto a la necesidad de eliminar el sistema socialista.

‘’La conformación y lanzamiento de una ofensiva conservadora pujante por parte de Karol Wojtyla, signada por la ortodoxia doctrinaria, la centralización del gobierno de la Iglesia y el fortalecimiento y revitalización del papado, constituyó una reacción y un avance permeado por formaciones ideológicas antiliberales y  antimarxistas, que gesto importantes zonas de contacto con el renacimiento conservador en Estados Unidos.’’

Igual convergencia se da en el escenario latinoamericano, considerado por Estados Unidos como su traspatio natural por una parte, y por otra un continente de la mayor prioridad para el Vaticano cuyos habitantes representan más del 60% de los católicos  en el mundo.

La estrategia ideológica del imperialismo en este ámbito estaba dirigida a   desacreditar a la iglesia nacida de las luchas populares y a la Teología de la Liberación presentándolas como ¨instrumentos del comunismo soviético¨, y como reconocieron las publicaciones especializadas de la época – lo mas preocupante era que junto a esa lucha de ideas se realizaban acciones concertadas entre agentes eclesiásticos y personalidades de la administración estadounidenses, en una total coincidencia de objetivos   entre la administración Reagan y Juan Pablo II.

Habría entonces que preguntarse justamente, si los ideólogos de esta ‘’Santa Alianza’’, considerando el nivel de los nexos y dependencia económica de Cuba con la U.R.S.S. y los países socialistas de Europa del Este, estimaron, calculando erróneamente la capacidad de resistencia del pueblo cubano, que como un efecto directamente en cadena, más que como un resultado secundario, la revolución cubana se asfixiaría y los Estados Unidos podrían alcanzar su objetivo de destruirla, después de empeñarse infructuosa y sostenidamente en este propósito.

Haciendo un paréntesis sobre el tema principal que nos ocupa, vale apuntar que esta estrategia, después de consumados los propósitos imperialistas con respecto a Europa del Este, se mantuvo vigente, y un ejemplo de ello es la divulgación en Cuba en 1993,  de la Pastoral del Cardenal de La Habana Jaime Ortega Alamino ‘’El  amor todo lo espera‘’, precisamente en un momento excepcionalmente difícil para el país , que dio lugar a la adopción de medidas extremas en lo que se denomino ‘’período especial’’.

Tal documento, que  para algunos constituye la ‘’plataforma programática de la Iglesia Católica en Cuba’’ fue rechazado y severamente criticado por personalidades católicas internacionales y nacionales, que lo calificaron de oportunista, contestatario y reaccionario y, por supuesto, acogida con beneplácito en los círculos contrarrevolucionarios de Miami, que equivocándose una vez mas, calcularon que los días de la Revolución estaban contados.

La trayectoria eclesiástica de Monseñor Oscar Arnulfo Romero quien había nacido el 15 de agosto de l917, en el Departamento de San Miguel, El Salvador, se inicia en la década del 40. Muy tempranamente ingresó al seminario y posteriormente es enviado a Roma donde continuó sus estudios hasta ser ordenado sacerdote el 4 de abril de l942, a los 25 años.

Cuando tiene lugar, en 1932, el aplastamiento de la insurrección campesina que encabezara el líder popular Farabundo Martí al costo de la perdida de 30 mil vidas, Arnulfo Romero era un adolescente y hay quien le atribuye a estos hechos sangrientos, junto a otros acaecidos en la sociedad salvadoreña de su época, un peso importante en la formación de su carácter retraído y callado, de honda espiritualidad, lo cual hizo que no pocos  lo tomaran por  conservador, sin comprender su individualidad, esencialmente construida alrededor de la fe y un amor al prójimo entendido como un anhelo de justicia y dignidad humana.

Regresa al país en l943 siendo nombrado párroco de la ciudad de Anamoros y  posteriormente fue nombrado Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador. En l970 es designado Obispo Auxiliar de San Salvador y en 1974 Obispo de la diócesis  de Santiago de María, en el Departamento de Usulutan, en donde permaneció tres años, hasta que el 23 de febrero de 1977 es promovido a Arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI.

Cuando Monseñor Romero asume la archidiócesis de San Salvador, el país presentaba una clara situación de represión y persecución hacia los sectores mas comprometidos de la Iglesia salvadoreña, y el General Carlos Humberto Romero había sido proclamado fraudulentamente vencedor de las Elecciones Presidenciales de 1977.

De manera que, de primer momento, su nombramiento no fue acogido con satisfacción por los sectores progresistas y renovadores de la Iglesia y por el contrario agradó a las esferas del gobierno y los grupos de poder que, equívocamente, consideraban a Monseñor Romero como la figura idónea para poner freno a las actividades que estaban  llevando a cabo  elementos de la Iglesia vinculados a la Archidiócesis, de compromiso y apoyo a los mas pobres y desfavorecidos de la sociedad y que desarrollaría una pastoral puramente espiritual y desentendida a los problemas de injusticia y opresión que sufría el pueblo.

Pero la oligarquía ultraconservadora y los militares se equivocaron. La continua represión y crímenes contra la población y en particular el asesinato perpetuado el 12 de marzo de 1977 del sacerdote Rutilio Grande provocaron una reacción en Monseñor Romero, quien a partir de esta fecha comenzó a hacer públicas sus denuncias las cuales lo enfrentaron cada vez más a los poderes militares, mediáticos y políticos y se hizo cada vez más ostensible la ausencia de la Iglesia a los actos oficiales.

El recién electo Arzobispo instó  al Presidente a que investigara el crimen del Padre Rutilio y ante la pasividad del gobierno y el silencio de la prensa censurada, dispuso el cierre de las escuelas y colegios católicos por varios días, y canceló además todos los servicios religiosos del domingo 20 de marzo, reduciéndolos a  una sola misa que fue celebrada por él delante de la Catedral de San Salvador, a la que asistieron unas cien mil personas, oportunidad en que Monseñor Romero pidió el fin de la violencia.

Los ataques contra la Iglesia continuaron, una bomba estalló en los locales del periódico católico Orientación, vocero de la arquidiócesis. A la muerte de Rutilio Grande, le siguieron los asesinatos de los sacerdotes Rafael Palacios, Octavio Ortiz Luna y Alfonso Navarro Oviedo, entre otros, y nuevos secuestros, detenciones y expulsiones del país.

El propio Monseñor Romero, encontrándose participando de la Tercera Conferencia Episcopal Latinoamericana celebrada en Puebla, había autorizado la realización de una marcha el 30 de enero de 1979 por el centro de San Salvador, en la que tomaron parte 380 sacerdotes y 600 religiosos, que encabezaba una pancarta que decía ‘’Basta Ya’’. La Iglesia salvadoreña a finales de 1980 había contabilizado el asesinato de unos 28 religiosos, incluyendo el del Arzobispo, 21 detenidos, además de acciones terroristas como 14 bombas, 41 ataques con ráfagas de ametralladoras, 15 robos y 33 asaltos y tomas de iglesias.

La actitud asumida en  defensa de los derechos humanos en el Salvador por Monseñor Romero alcanzó notoriedad internacional. Le fueron conferidos varios honores, entre ellos, el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Lovaina, Bélgica; Doctor Honoris Causa por parte de las Universidades Harvard y Georgetown de Estados Unidos , el Premio por la Paz de la organización Acción Ecuménica Sueca y fue nominado al Premio Nobel de la Paz.  De regreso de su viaje a Bélgica, visitó Roma donde fue recibido por Juan Pablo II, a quien le transmite su inquietud ante la terrible situación en El Salvador.

A su regreso de  Europa, Monseñor Romero envía una carta al Presidente de los Estados Unidos James Carter, en la que señala  su oposición a la ayuda que Estaos Unidos brinda al gobierno salvadoreño, planteando que solo  sirve para reprimir al pueblo. La misiva expresa :

‘’Me preocupa bastante la noticia de que el Gobierno de EE.UU. este estudiando la forma de favorecer la carrera armamentista de El Salvador enviando equipos militares y asesores para entrenar a tres batallones  salvadoreños  en logística, comunicaciones e inteligencia . En caso de ser cierta esta información periodística, la contribución de su Gobierno en lugar de favorecer una mayor justicia y paz en El Salvador agudizará sin duda la injusticia y la represión en contra del pueblo organizado que muchas veces ha estado luchando porque se respeten sus derechos humanos más fundamentales. ‘’

‘’ Por tanto, dado que como salvadoreño y Arzobispo de la Archidiócesis de San Salvador, tengo la obligación de velar porque reine la fe y la justicia en mi País, le pido que si en verdad quiere defender los derechos humanos,

–            Prohíba se dé esta ayuda militar al Gobierno salvadoreño.

–            Garantice que su gobierno no intervenga directa o indirectamente con presiones militares, económicas, diplomáticas, etc., en determinar el destino del pueblo salvadoreño.

Sería injusto y deplorable que por la intromisión de potencias extranjeras se frustrara al pueblo salvadoreño, se le reprimiera e impidiera decidir con autonomía sobre la trayectoria económica y política que debe seguir nuestra Patria. ‘’

En respuesta, Carter solicitó al Vaticano que llamara al orden al Arzobispo Romero, mientras se acrecentaba el reconocimiento internacional a su persona.

La represión trabaja aceleradamente. En febrero de 1980 recibe varias amenazas de muerte, a comienzos de marzo vuelan   una cabina de la Emisora La Voz Panamericana, que transmitía sus homilías dominicales. Los días 22 y 23 de marzo, las religiosas que atienden el Hospital de la Divina Providencia, donde residía el Arzobispo, reciben llamadas telefónicas anónimas con amenazas de muerte. El 24 se producía su asesinato.

Un día antes de su muerte hizo un enérgico llamamiento al ejercito salvadoreño : ‘’Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejercito. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la Policía, de los cuarteles…Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que de un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: No matar. Ningún  soldado esta obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día mas tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión.’’ 

Los funerales del que fue considerado ‘’La Voz de los Sin Voz’’, se llevaron a cabo en la Catedral de San Salvador, ante una multitud de unas cincuenta mil personas que inundaban la plaza y luego de sentirse explosiones de francotiradores apostados en el Palacio Nacional y edificios aledaños, entre la muchedumbre aterrorizada se contaban unos 40 muertos y decenas de heridos, al punto que los funerales fueron suspendidos, mientras que los cadáveres junto al féretro de Monseñor Romero eran introducidos en la Catedral, llenando más de luto al pueblo salvadoreño.

Placido Erdozain, sacerdote español muy próximo a Monseñor Romero refirió sobre sus últimos días y su muerte: ‘’Hubieran querido que fuera de otra manera. Mandaron a muchos embajadores norteamericanos a hablar con el, a prometerle que se harían cosas, que había soluciones: Todman, Devine, Vaky, Bowdler…embajadores de EE.UU. fueron pasando por los pasillos del arzobispado. Habían recurrido a Roma. Y llegaron los ‘’visitadores apostólicos’’ y los servicios oficiosos de nuncios vecinos. Monseñor seguía señalando que era más obligatorio obedecer a Dios antes que a los hombres. El domingo, víspera del asesinato, el embajador norteamericano fue visto en la misa de Monseñor. Y al día siguiente, el mismo embajador daba, como si fuera noticia oficial, que el asesinato había sido obra de un experto, que podía ser de extrema derecha o de extrema izquierda. Y el en el centro, lavándose las manos, ‘’

Las comunidades cristianas y el pueblo denunciaron públicamente a los asesinos de Monseñor: el imperialismo, los ricos y sus instrumentos de dominación, el gobierno de la Junta democristiana y la Tiranía, así como la complicidad de altos jerarcas de la Iglesia que habían abandonado y combatido a Monseñor por lo que no fueron admitidos en sus funerales. Una gran pancarta a la puerta de la Catedral prohibía entrar al Nuncio, y a los obispos: Pedro Aparicio y Quintanilla, José Álvarez Ramírez y Mario Revelo Contreras. Nunca se había visto un compromiso tan activo de los feligreses nacido de la comunión con Monseñor Romero y su defensa inclaudicable y valiente de los intereses del pueblo.

‘’ Solo Monseñor Arturo Rivera y Damas, obispo de Santiago de María, estaría presente de los jerarcas de la Iglesia de El Salvador. Y los obispos venidos del extranjero, pero solidarios con nuestro pueblo y con nuestra Iglesia en medio de el.’’

‘’ Todas las organizaciones populares se manifestaron repudiando el vil asesinato de Monseñor Romero y se comprometieron a redoblar su accionar para lograr la liberación definitiva anunciada por el Obispo asesinado.’’

Después de este trágico suceso, continuó la represión sobre elementos del clero comprometidos con el pueblo. El 2 de diciembre de 1980, fueron violadas y asesinadas por miembros de la Guardia Nacional las religiosas norteamericanas Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan. Las mismas pertenecían a las Congregaciones de las Hermanas Maryknoll y de las Hermanas Ursulinas de Nueva York. Estas después de haber sufrido violación, fueron asesinadas por disparos de arma de fuego.

Por este crimen, en 1984 fueron condenados a treinta anos de cárcel los cinco agentes de la Guardia Nacional, tres de ellos dejados en libertad cuatro años después. Este hecho, que trascendió a la opinión publica estadounidense, provocó que el gobierno norteamericano suspendiera la ayuda militar al régimen salvadoreño…’’por un mes.’’ El Comité de Abogados para los Derechos Humanos de Nueva York, inició en el año 2000, una demanda penal por homicidio contra los generales salvadoreños, residentes en la Florida, Eugenio Baldes Casanova y José.

La historia de nuestros Pueblos seguirá siendo para poder lograr su liberación y soberanía, de “Unidad, Lucha, batalla y Victoria”, como lo dijo de manera preclara nuestro Comandante Supremo y Libertador del siglo XXI, Hugo Chávez Frías.

Aquí vamos, en la tierra de Bolívar y Chávez, este ejercito de unidad cívico-militar, de la mano de nuestro líder, el Presidente Obrero Nicolás Maduro dando la batalla diaria, sin descanso contra aquellos que son los mismos asesinos de siempre, los mismos opresores de siempre, para ejemplo de la humanidad, porque sin duda alguna, Venceremos. Venceremos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: