Fidel Ernesto Vásquez I.

“Patria es Humanidad”

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.@NicolasMaduro Con Argimiro ingresa al Panteon Nacional la alegria, los poemas y sus sueños, q son los nuestros.Como no amar su existencia.

Posted by Fidel Ernesto Vásquez I, en 15 julio 2017

“Y para hacer justicia histórica, justicia humana, justicia divina, tuvo que llegar nuestro jefe de Estado, el mismísimo Presidente Obrero Defensor de la Patria, nuestro líder de la Revolución Bolivariana Nicolás Maduro Moros a emitir un decretó para que sus restos sean trasladados al  Panteón Nacional, y más aún, que se efectué en  un día como hoy 15 de julio  fecha de especial  significado histórico.

Que más decir, que no sea que con Argimiro Gabaldón ingresa al Panteón Nacional la alegría, los  poemas y  sus sueños, que son los nuestros. Pero los héroes no mueren para la historia.”

Fidel Ernesto Vásquez

 

Argimiro Enrique de la Santísima Trinidad Gabaldón Márquez, nuestro Argimiro Gabaldón, el Comandante Carache o simplemente Chimiro, como lo llamaban en familia, nació en la hacienda Santo cristo, ubicada entre las poblaciones de Biscucuy y Guanare, del estado Portuguesa, el 15 de julio de 1919 y murió a la edad de 45 años en un lamentable accidente de guerra, el 13 de diciembre de 1964. Los peones de la hacienda le enseñaron sus primeras lecciones de vida, el arte de pelear garrote, las mañas de la casería, disciplinas que le fueron formando el sentido del coraje. Su apego a la naturaleza lo llevó a ser un excursionista incansable.

Estudió arquitectura en Argentina. En el tercer año de su carrera, detuvo su visión arquitectónica para adentrarse en el mundo de la pintura, la literatura y el arte. Luego se fue a Brasil, proyectándose como poeta, novelista, periodista, dibujante, matemático, maestro alfabetizador y profesor de Artes plásticas. Tenía un gusto muy particular por la historia patria, materia que con los años impartiría en el liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto. Entendió que había que conocer la historia del país para poder actuar sobre ella, y se dedicó a formular preguntas y a encontrar respuestas.

Regresó a Venezuela en 1945. Las actividades políticas lo llevaron a Caracas, incorporándose a las luchas y huelgas estudiantiles organizadas por la Federación de Estudiantes de Venezuela. La tradición revolucionaria de su padre, el General José Rafael Gabaldón, encarnó en él. Las lecturas de otros personajes históricos referenciales también marcaron su rumbo: Bolívar, Martí, Sandino, Lenin.

Argimiro se inició en las células clandestinas del PCV en El Tocuyo desde 1938, cuando para la época, ser comunista era ya ser un héroe.

A la hora de la lucha contra el perezjimenismo, fue el primero en plantear que no se trataba sólo de cambiar al dictador por otro gobernante, sino que había que ir a la raíz de ese acontecer para que los cambios fuesen trascendentes y no formales. Fue entonces cuando comenzó a discutir la tesis de la necesidad de la lucha armada, como respuesta a un gobierno represivo y criminal. Para el momento del III Congreso del PCV (1958), fue quien planteó la necesidad de ir hacia otras formas de lucha. Es el inicio de la experiencia guerrillera en Humocaro. En octubre de 1961 se cuenta el comienzo de las guerrillas. Al incorporarse a las guerrillas, tenía 22 años de militancia y 40 años de edad.

Desde fines del 61 hasta el 13 de diciembre de 1964, estuvo al frente de esa lucha como Primer Comandante del Frente guerrillero Simón Bolívar. Para Argimiro “la lucha armada es una salida de masas”. Precisaba que debía ser “un movimiento de masas armado que no excluyese ninguna forma de lucha”. No para regalarle mesianicamente “revoluciones” al pueblo, sino para que este asumiera su papel histórico, sin reformas que debilitaran la necesidad del cambio radical.

“La guerra es la única escuela de la guerra. La revolución es la única y verdadera escuela de los revolucionarios”, decía. La guerra popular y prolongada era parte de su convencimiento: “No estamos en capacidad de calcular cuánto tiempo le costará a la revolución venezolana alcanzar la victoria. ¡Pero vencerá!”

Reunió muy bien lo político y lo militar, culturizando el argumento ideológico. Dícese que “discutía con ironía y con una risita que picaba como el chirele y daba mucha arrechera.”

Argimiro Gabandón buscaba ganarse hasta al que parecía más enemigo del movimiento, decía que era obligatorio hablar con todo el mundo. Con su carácter jovial hablaba un lenguaje claro y sin titubeos que todos entendían.

En su conversación sencilla daba una clase de política que siempre acompañaba con un chiste, manteniendo contentos y regocijados a sus oyentes.

Formó 125 comités del FLN en igual número de caseríos, lo que implicaba una influencia en unos 75.000 habitantes. Con gran capacidad de convencimiento, argumentaba en pocas palabras el por qué y el para qué de la lucha. Para él, nuestros campesinos eran permeables a la lucha porque “siempre han soñado con una revolución”.

Tenía el don de la palabra, sus paisanos lo consideraban “el hijo del rico que comprendía las penalidades de los pobres”. Era terrible con el enemigo para el momento de la pelea, aún cuando confesaba que “No era un guerrero, y nunca lo había pensado ser, pues amaba la vida tranquila”. Era fiel a la palabra empeñada.

Ese era Argimiro, el que sintetizó el discurso emancipador con radicalismo y ternura. Se recuerda una oportunidad cómo en el vesperal de la vida cimarrona le leyó con lágrimas en los ojos un poema de su soledad a dos guerrilleros centrales que tristes recordaban su vida urbana.

Más que la muerte le debe haber dolido morir de bala amiga, morir a destiempo, morir inconcluso, cuando apenas se iniciaba el camino duro del que tanto había hablado y para el cual tanto se había preparado.

Pero los héroes no mueren para la historia.

En los pueblos que caminó se encuentra en cada casa la causa de su vida. La eternidad de los héroes del pueblo, sobresale a cada rato en las distintas situaciones de la vida cotidiana. Son un recuerdo que perdura en cada caserío: “Acuérdate de Carache”, “Argimiro decía…” o “Por aquí pasó Chimiro”.

Sobre su muerte se revelan las versiones de tres personajes referenciales del momento histórico: José Díaz, Tirso Pinto y Carlos Betancourt. El Comandante Gavilán, José Díaz, rememorando esta muerte, increíble por absurda, nos contó cómo se resbaló el fusil M2 -y eso lo vio todo el mundo- para caer sobre una saliente rama que penetrando al guardamonte del gatillo disparó, justo cuando Argimiro se levantaba a repartir unos caramelos a los combatientes. Nos narraba que Jesús Vethencourt (“Chuchú” o Comandante Zapata), causante de la tragedia, al írsele el disparo “desesperado, decía mil cosas, e intentó suicidarse y tuvo que ser sometido a la fuerza”. El fatal episodio lo marcó, desequilibrando su psiquis para siempre. Posteriormente, Carlos Betancourt, Comandante Gerónimo, nos lo ratifico en Sanare de 2012: “Fue accidental, yo presidí el juicio que se le hizo a Zapata.” Los fusiles de los participantes a la reunión habían sido chequeados por la escuadra de seguridad para constatar que no había balas, pero Chucho Vethencourt llegó tarde al encuentro y no fue revisado. Zapata, le había quitado la caserina al fusil pero no se percató que había un proyectil en la recámara, pues había prestado su arma para una guardia y recién la recuperaba. Serán cosas de la mala suerte o groserías de la vida, pero esta es la versión que, con pocas alteraciones, se ha recogido de ese terrible episodio.

El infortunio ocurrió en las afueras del caserío El Hato, del estado Lara. Argimiro sabiéndose mortalmente herido, pidió que lo afeitaran para ser bajado a El Tocuyo. Con entereza mantuvo su capacidad de mando.

Se despidió de sus más allegados con breves consejos y como un gesto final, donde afloró su grandeza humana, extrajo de su morral unos chocolates, tesoro de una guerrilla, y los repartió entre sus hombres.

Para el momento de su muerte, Argimiro era una figura emblemática encarnada en los campesinos de Lara y Portuguesa. Ella estaba asociada, como continuación histórica, no sólo a la lucha antigomecista de su padre, en esos mismos parajes, sino que se remontaba aún más allá, abarcando las guerras de Independencia y Federal, que mantenían ese espíritu levantadizo y cimarrón trasmitido por vía oral entre generaciones, simbolizando al ídolo extraviado en lo por hacer.

Argimiro esta más vigente que nunca y vive, vive en nuestra idea, visión, en nuestros corazones y bendice la paz de nuestra patria.

Y para hacer justicia histórica, justicia humana, justicia divina, tuvo que llegar nuestro jefe de Estado, el mismísimo Presidente Obrero Defensor de la Patria, nuestro líder de la Revolución Bolivariana Nicolás Maduro Moros a emitir un decretó para que sus restos sean trasladados al  Panteón Nacional, y más aún, que se efectué en  un día como hoy 15 de julio  fecha de especial  significado histórico.

Que más decir, que no sea que con Argimiro Gabaldón ingresa al Panteón Nacional la alegría, los  poemas y  sus sueños, que son los nuestros

Pero los héroes no mueren para la historia.

 

“SOMOS LA VIDA Y LA ALEGRÍA EN CONSTANTE LUCHA CONTRA LA TRISTEZA Y LA MUERTE…”

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